Sociedad

Jugarse la vida por 25 céntimos la pizza

Dos jóvenes ex repartidores a domicilio relatan a lavozdelsur.es sus condiciones laborales, tras el fallecimiento de un trabajador de Telepizza en Arcos al caer de su moto en una entrega

“Pones en peligro tu vida por un par de pizzas… Y el dinero no compensa tampoco”, expresa a lavozdelsur.es un joven de 28 años que estuvo cinco años trabajando de repartidor en una conocida franquicia de comida rápida especializada en pizzas. ¿Por qué lo dejó? “Porque encontré otro trabajo mejor”, responde. No obstante, otro joven de 27 años, que estuvo cerca de un mes y medio de repartidor en una pizzería local, dice que lo dejó “sobre todo por el riesgo que conlleva”. Hace apenas unos días que un repartidor de Telepizza de 25 años de edad perdió la vida en el trabajo, tras caer de la moto, en Arcos.

En España, cada día se producen más de cuatro accidentes diarios de repartidores motorizados según los datos que refleja el Observatorio Estatal de Condiciones de Trabajo (OECT), ya que un total de 1.565 trabajadores del sector Servicios de comidas y bebidas tuvieron un accidente en moto en 2015. “No te merece la pena estar todos los días en la calle arriesgando tu vida en la moto por ese sueldo”, manifiesta uno de los repartidores contactados por este digital.

El que trabajó en una empresa local, tenía un contrato de 25 horas semanales en el que cobraba algo más de 3 euros la hora. Y el joven que estuvo cinco años en la plantilla de una franquicia, trabajaba 20 horas semanales —con horas extras remuneradas— y le pagaban 4,87 euros la hora, con un plus de nocturnidad de 40 céntimos. Además, por cada reparto, cobrara 90 céntimos, “pero porque yo llevaba mi moto propia, aquellos que utilizaban la moto de empresa le pagaban 25 céntimos por entrega”. Es decir, su sueldo rara vez alcanzaba los 500 euros al mes.

Si bien este sector es uno de los más precarios, se le suma el riesgo que corren sus trabajadores. Ambos comparten que tuvieron varios sustos en la carretera. “Lo típico”, dicen. “Que se te cuela algún vehículo, que se saltan algún semáforo…”, expresa uno de ellos. “Siempre pones en peligro tu vida por intentar hacer bien tu trabajo, que llegue a su hora”, destaca el otro. El joven que estuvo en el negocio local, cuenta que no sufrió presiones por parte de sus jefes para hacer las entregas en un mínimo de tiempo, pero el que trabajó en una conocida franquicia, resalta que, en todas sus entregas, tenía que llevar un cronómetro que luego debía mostrar al cliente. “Nunca me dejaron de pagar una pizza por llegar tarde. A los clientes les daba igual. Cuando se lo enseñaba me decían: Pues vale. Pero era una exigencia de la empresa”, señala.

Un repartidor de Uber Eats en Jerez. FOTO: MANU GARCÍA.

“No te echaban la bulla, pero te llamaban la atención si veían que tardabas mucho en hacer las entregas”, continúa. Además, la franquicia llevó a cabo un sistema que desconcertó a la plantilla de repartidores: “Al final de cada mes nos ponían una tabla donde aparecían los pedidos por hora que había hecho cada repartidor. Era como una competición. Y al que quedaba primero le daban 50 euros. Pero eso se acabó. ¿El motivo? No sé por qué”.

Los repartidores pueden hacer hasta tres entregas desde la pizzería, y se llevan circulando una media hora, hasta que regresan al local. Indican que el trabajo era “entretenido”,  que no paraban, y que el ambiente entre los compañeros y el jefe era muy bueno, “quitando las condiciones laborales… Yo estaba bien”. “Era poco dinero, y no estaba asegurado todas las horas”, afirma el repartidor de la pizzería local, que tan solo estaba asegurado 10 de las 25 horas que trabajaba.

Si bien este último curraba con la moto del negocio, su compañero de gremio da gracias por haber trabajado con su propio transporte. “Las motos de empresa eran lo peor que se despachaba en moto, de las más baratas”, critica. “Eran motos sin ITV, con un alumbrado malísimo… En pésimas condiciones. Es más, una vez una moto se partió por la mitad con uno de mis compañeros montado en ella. No sabemos si le dio un bordillazo… No sé. Pero daba miedo repartir en esas Peugeot”.

Siempre pones en peligro tu vida por intentar hacer bien tu trabajo, que llegue a su hora

Ante el reciente fallecimiento del repartidor de Arcos, desde CCOO denuncian que el sector de los trabajadores de reparto de comida a domicilio se caracteriza por unas condiciones que conllevan unos riesgos laborales específicos como es el alto ritmo de trabajo para cumplir con la hora de entrega comprometida con el cliente, desplazamientos constantes entre tráfico elevado, climatología, sueldo variable condicionado a la productividad… Situación que se agrava con la mayor precarización que sufren los falsos autónomos, “de ahí la importancia de concretar la relación laboral de este colectivo”.

En este sentido, el joven de 27 años estuvo trabajando en Uber Eats (plataforma de pedidos y entrega de alimentos en línea lanzada por Uber) tan solo una semana y media, “porque tenía que darme de alta de autónomo y tenía que poner mi vehículo. Y para lo que te pagaban…”. “Por cada envío, no llegaba a cobrar 4 euros, además de todas las horas muertas esperando a que te llegara algún pedido”, agrega. ¿Volvería a trabajar de repartidor a domicilio? “Por ahora, si no me hace mucha falta el dinero, no. No me vale la pena”, concluye.

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