La ofensiva enloquecida contra Sánchez amenaza con arrastrar la democracia española. A Zapatero no le perdonarán nunca que les ganara en 2004, que acabara con ETA y que todo eso lo hiciera sin ser la X del GAL, sin ser el Aznar del ántrax y sin ser el enigmático M. Rajoy de la corrupción y la policía patriótica. Tampoco le disculpan su mediación pacificadora y democrática con Venezuela y en toda la escena internacional latina. Hombre sereno y dialogante hasta la exasperación, nunca tuvo dudas en apoyar al PSOE y se implicó con Sánchez a muerte.
Ahora un juez de la Audiencia Nacional lo imputa. Las conexiones de parte de la cúpula de la judicatura española con la internacional negra fascista, muy vinculada al sionismo israelí, no le iban a dejar tranquilo. A la espera de saber qué supuestos hechos fundamentan la imputación, y visto lo visto con Begoña Gómez y con el fiscal general del Estado, no me extrañaría nada que estuviéramos ante otro montaje judicial. Toda la parafernalia del despliegue policial, los registros en los domicilios particulares, la búsqueda de cajas fuertes y escondrijos secretos sigue el protocolo Alaya, que también le funcionó en el caso de los ERE de Andalucía.
En ajedrez, la partida termina cuando cae el rey, no antes. Pero la estrategia ganadora no consiste en atacar al rey directamente desde el principio, sino en eliminar sistemáticamente todas sus piezas de protección: primero los peones, luego los caballos, los alfiles, las torres, la reina... hasta que el rey queda solo, sin escapatoria posible. Solo entonces se ejecuta el jaque mate. Aplicado a Sánchez: primero fueron a por su mujer, luego a por su hermano, luego a por sus ministros, luego a por sus socios de investidura, luego a por ZP... Están despejando el tablero pieza a pieza. Cuando el rey esté completamente solo y sin apoyos, irán a por el mate final. La diferencia con el ajedrez real es que en política el rey puede contraatacar, y Sánchez lo sabe. De ahí esa actitud "casi suicida" en sus movimientos: un rey que no espera pasivo el jaque mate sino que juega de forma agresiva, sacrificando piezas propias para ganar tempo y descolocar al rival. En ajedrez se llama juego activo del rey. Y a veces funciona. El patrón se repite: espectacularización policial y mediática del registro, filtración selectiva a medios afines, presunción de culpabilidad antes del juicio. El show judicial como arma política.
La Audiencia Nacional hunde sus raíces en la represión franquista. El Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo (1940), con más de 60.000 procesos, dio paso al Tribunal de Orden Público (1963), creado para blanquear internacionalmente la dictadura. Ambos persiguieron disidencia política con torturas y farsa judicial. En 1977, rebautizados como "democracia", se convirtieron en Audiencia Nacional, heredando edificio, magistrados y excepcionalidad. Sin equivalente en Europa, centraliza en Madrid delitos de terrorismo, crimen organizado y otros, vulnerando el principio del juez natural y acumulando históricas acusaciones de sesgo político.
El juez Calama instruyó el caso Pegasus con aparente diligencia pero resultado nulo. Solicitó cooperación judicial a Israel para interrogar a NSO Group, la empresa fabricante del espionaje, sin obtener respuesta alguna tras más de un año de requerimientos reiterados y lentitud manifiesta por parte del juez. Coordinó con Francia nuevas pericias técnicas que tampoco aportaron autoría identificable. Archivó el caso dos veces, alegando imposibilidad técnica de probar la infección y obstrucción israelí. Resultado: los móviles del presidente del Gobierno y tres ministros fueron espiados, y nadie ha respondido por ello. Y ahora procesan a Zapatero. Blanco y en botella lo ponen.
La ofensiva enloquecida contra Sánchez amenaza con arrastrar la democracia española. A Zapatero no le perdonarán nunca que les ganara en 2004, que acabara con ETA y que todo eso lo hiciera sin ser la X del GAL, sin ser el Aznar del ántrax y sin ser el enigmático M. Rajoy de la corrupción y la policía patriótica. Tampoco le disculpan su mediación pacificadora y democrática con Venezuela y en toda la escena internacional latina. Hombre sereno y dialogante hasta la exasperación, nunca tuvo dudas en apoyar al PSOE y se implicó con Sánchez a muerte.
Ahora un juez de la Audiencia Nacional lo imputa. Las conexiones de parte de la cúpula de la judicatura española con la internacional negra fascista, muy vinculada al sionismo israelí, no le iban a dejar tranquilo. A la espera de saber qué supuestos hechos fundamentan la imputación, y visto lo visto con Begoña Gómez y con el fiscal general del Estado, no me extrañaría nada que estuviéramos ante otro montaje judicial. Toda la parafernalia del despliegue policial, los registros en los domicilios particulares, la búsqueda de cajas fuertes y escondrijos secretos sigue el protocolo Alaya, que también le funcionó en el caso de los ERE de Andalucía.
En ajedrez, la partida termina cuando cae el rey, no antes. Pero la estrategia ganadora no consiste en atacar al rey directamente desde el principio, sino en eliminar sistemáticamente todas sus piezas de protección: primero los peones, luego los caballos, los alfiles, las torres, la reina... hasta que el rey queda solo, sin escapatoria posible. Solo entonces se ejecuta el jaque mate. Aplicado a Sánchez: primero fueron a por su mujer, luego a por su hermano, luego a por sus ministros, luego a por sus socios de investidura, luego a por ZP... Están despejando el tablero pieza a pieza. Cuando el rey esté completamente solo y sin apoyos, irán a por el mate final. La diferencia con el ajedrez real es que en política el rey puede contraatacar, y Sánchez lo sabe. De ahí esa actitud "casi suicida" en sus movimientos: un rey que no espera pasivo el jaque mate sino que juega de forma agresiva, sacrificando piezas propias para ganar tempo y descolocar al rival. En ajedrez se llama juego activo del rey. Y a veces funciona. El patrón se repite: espectacularización policial y mediática del registro, filtración selectiva a medios afines, presunción de culpabilidad antes del juicio. El show judicial como arma política.
La Audiencia Nacional hunde sus raíces en la represión franquista. El Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo (1940), con más de 60.000 procesos, dio paso al Tribunal de Orden Público (1963), creado para blanquear internacionalmente la dictadura. Ambos persiguieron disidencia política con torturas y farsa judicial. En 1977, rebautizados como "democracia", se convirtieron en Audiencia Nacional, heredando edificio, magistrados y excepcionalidad. Sin equivalente en Europa, centraliza en Madrid delitos de terrorismo, crimen organizado y otros, vulnerando el principio del juez natural y acumulando históricas acusaciones de sesgo político.
El juez Calama instruyó el caso Pegasus con aparente diligencia pero resultado nulo. Solicitó cooperación judicial a Israel para interrogar a NSO Group, la empresa fabricante del espionaje, sin obtener respuesta alguna tras más de un año de requerimientos reiterados y lentitud manifiesta por parte del juez. Coordinó con Francia nuevas pericias técnicas que tampoco aportaron autoría identificable. Archivó el caso dos veces, alegando imposibilidad técnica de probar la infección y obstrucción israelí. Resultado: los móviles del presidente del Gobierno y tres ministros fueron espiados, y nadie ha respondido por ello. Y ahora procesan a Zapatero. Blanco y en botella lo ponen.
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