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Trump sigue a lo suyo: un tribunal le tumba el arancel del 10%, justo cuando amenaza a la UE con el 25%

El Tribunal de Comercio Internacional falla que el uso de una ley de 1974 no es "correcto" para imponer el gravamen general a la importación que pretendía la administración estadounidense, que independientemente de esta resolución da hasta el 4 de julio a Europa para llegar a un acuerdo

  • Donald Trump, en un evento presidencial días atrás.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha sufrido un nuevo revés judicial en su particular manera de gobernar. Se trata, además, de un golpe, uno más, en uno de los temas estrella de su segundo mandato, el de los aranceles.

El Tribunal de Comercio Internacional de Estados Unidos ha fallado en contra del denominado 'arancel universal' del 10% a todos los productos del extranjero que aprobó la administración Trump en febrero de 2026, después de que el Tribunal Supremo tumbara previamente casi todo el muro proteccionista levantado durante 2025. Tras ese varapalo judicial, Trump y su gobierno decidieron acogerse a una Ley de Comercio de 1974 y ahora el propio Tribunal de Comercio ha fallado que su Administración no puede acogerse a dicha ley para sacar adelante los gravámenes a productos extranjeros que pretende.

El Tribunal de Comercio Internacional (que es un tribunal de carácter federal) ha fallado que "no es válido" el uso de esta ley antigua y que es "incorrecto" su uso para la instauración de estas nuevas tasas. En resumen, el tribunal afirma que invocar a desequilibrios en la balanza de pagos no es materia para el uso de dicha ley a la hora de establecer aranceles.  

El caso es que mientras Trump pretende continuar con su política arancelaria –como es marca de la casa, acompañada de deasafueros, amenazas y bravatas–, los propios tribunales estadounidenses le van segando la hierba y, lo que es peor para sus políticas, creando incertidumbre respecto a su puesta en marcha y, diríamos, creando incertidumbre en las relaciones comerciales internacionales. De hecho, la administración Trump tiene pendiente la devolución de unos 165.000 millones de dólares que se habrían cobrado irregularmente a las empresas, tanto importadoras como exportadoras.

Uso arbitrario de los aranceles

En realidad, Trump viene realizando un uso totalmente arbitrario de la imposición (o no) de aranceles, pese a las continuas trabas que viene encontrando en los tribunales. Se trata de un arma que, durante el año y medio que lleva de segundo mandato, viene utilizando a favor y en contra de sus amigos y enemigos (no necesariamente a favor de los primeros y en contra de los segundos, por cierto). Por ejemplo, a finales de 2025 firmó una orden para eliminar aranceles a unos 200 productos de fuera que tienen una incidencia directa sobre la cesta de la compra de los hogares estadounidenses si entrar en ningún tipo de consideración más allá que el de combatir la inflación. 

Justo después de poner a 0 los aranceles al café o a las frutas tropicales por dicho motivo –independientemente del país exportador–, amenaza ahora a la Unión Europea (UE) con ampliar los aranceles, sobre todo a los de vehículos, en un aparente intento de perjudicar a Alemania, sobre todo después de que el primer ministro Friedrich Merz cuestionara abiertamente el papel que las fuerzas armadas de Estados Unidos están llevando a cabo en Oriente Medio.

De hecho, Trump, tras hablar con la presidenta Ursula von der Leyen, acaba de lanzar un ultimátum a la UE para que antes del 4 de julio –fecha muy simbólica en Estados Unidos, es su día de la independencia– deje de aplicar gravámenes a productos estadounidenses, a fin de equilibrar la balanza de pagos. Es decir, la administración Trump pretende mantener e incluso subir los aranceles a sus aliados de la UE hasta un 25%... sin esperar ni a lo que digan sus aliados ni tampoco a lo que puedan decir después los tribunales de su país.

Aceite de oliva, vino, farmacia, derivados del petróleo... casi un año después del inicio de la guerra arancelaria los principales productos que exporta España a EE.UU preferirían al menos tener seguridad en su actividad económica.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha sufrido un nuevo revés judicial en su particular manera de gobernar. Se trata, además, de un golpe, uno más, en uno de los temas estrella de su segundo mandato, el de los aranceles.

El Tribunal de Comercio Internacional de Estados Unidos ha fallado en contra del denominado 'arancel universal' del 10% a todos los productos del extranjero que aprobó la administración Trump en febrero de 2026, después de que el Tribunal Supremo tumbara previamente casi todo el muro proteccionista levantado durante 2025. Tras ese varapalo judicial, Trump y su gobierno decidieron acogerse a una Ley de Comercio de 1974 y ahora el propio Tribunal de Comercio ha fallado que su Administración no puede acogerse a dicha ley para sacar adelante los gravámenes a productos extranjeros que pretende.

El Tribunal de Comercio Internacional (que es un tribunal de carácter federal) ha fallado que "no es válido" el uso de esta ley antigua y que es "incorrecto" su uso para la instauración de estas nuevas tasas. En resumen, el tribunal afirma que invocar a desequilibrios en la balanza de pagos no es materia para el uso de dicha ley a la hora de establecer aranceles.  

El caso es que mientras Trump pretende continuar con su política arancelaria –como es marca de la casa, acompañada de deasafueros, amenazas y bravatas–, los propios tribunales estadounidenses le van segando la hierba y, lo que es peor para sus políticas, creando incertidumbre respecto a su puesta en marcha y, diríamos, creando incertidumbre en las relaciones comerciales internacionales. De hecho, la administración Trump tiene pendiente la devolución de unos 165.000 millones de dólares que se habrían cobrado irregularmente a las empresas, tanto importadoras como exportadoras.

Uso arbitrario de los aranceles

En realidad, Trump viene realizando un uso totalmente arbitrario de la imposición (o no) de aranceles, pese a las continuas trabas que viene encontrando en los tribunales. Se trata de un arma que, durante el año y medio que lleva de segundo mandato, viene utilizando a favor y en contra de sus amigos y enemigos (no necesariamente a favor de los primeros y en contra de los segundos, por cierto). Por ejemplo, a finales de 2025 firmó una orden para eliminar aranceles a unos 200 productos de fuera que tienen una incidencia directa sobre la cesta de la compra de los hogares estadounidenses si entrar en ningún tipo de consideración más allá que el de combatir la inflación. 

Justo después de poner a 0 los aranceles al café o a las frutas tropicales por dicho motivo –independientemente del país exportador–, amenaza ahora a la Unión Europea (UE) con ampliar los aranceles, sobre todo a los de vehículos, en un aparente intento de perjudicar a Alemania, sobre todo después de que el primer ministro Friedrich Merz cuestionara abiertamente el papel que las fuerzas armadas de Estados Unidos están llevando a cabo en Oriente Medio.

De hecho, Trump, tras hablar con la presidenta Ursula von der Leyen, acaba de lanzar un ultimátum a la UE para que antes del 4 de julio –fecha muy simbólica en Estados Unidos, es su día de la independencia– deje de aplicar gravámenes a productos estadounidenses, a fin de equilibrar la balanza de pagos. Es decir, la administración Trump pretende mantener e incluso subir los aranceles a sus aliados de la UE hasta un 25%... sin esperar ni a lo que digan sus aliados ni tampoco a lo que puedan decir después los tribunales de su país.

Aceite de oliva, vino, farmacia, derivados del petróleo... casi un año después del inicio de la guerra arancelaria los principales productos que exporta España a EE.UU preferirían al menos tener seguridad en su actividad económica.

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