Opinión

Regreso al pasado

En distintas épocas de la historia la unión hizo la fuerza. Y esto que apunto, no fue patrimonio de ninguna ideología. Al contrario. Incluso se puede analizar en distintos momentos cronológicos. Como por ejemplo la Santa Alianza que en los primeros años del siglo XIX reunió a varios reyes absolutistas y que conformaron un ejército -Cien Mil Hijos de San Luis-, que entre otras lindeces llegaron hasta la Bahía a perseguir a ciudadanos libres por mor de una Constitución que habían proclamado y que de paso también iría a la basura.

Mucho más cercano en el tiempo tenemos a los Aliados de la II Guerra Mundial. Previamente ya se había firmado otro Eje que en Europa estaba representado, principalmente, por Alemania e Italia. Cuando ya la situación era insostenible -pues durante años las valientes democracias europeas rehusaron frenar al fascismo que había prendido mecha en la joven República española-, sólo entonces, se unieron junto a Estados Unidos y lograron poner fin al mayor desastre humanitario del siglo XX. No sin, a cambio, el tío Sam llenarse los bolsillos con los créditos que a continuación dispuso para la reconstrucción.

Pero pasemos a lo local. Tomemos un microscopio y fijemos la mirada en un episodio que ha sucedido este pasado fin de semana. Sí, efectivamente, hablo de la Procesión Magna con motivo del 750 Aniversario del traslado de la diócesis episcopal de Medina Sidonia a Cádiz en el siglo XIII. Al parecer, y tras ojear el programa de actividades, junto a la exposición Traslatio sedis que podemos ver en la Catedral, ha sido el punto álgido de la conmemoración. No obstante, este evento que para algunos ciudadanos no es más que un ejemplo magnífico de poder disfrutar “del rico patrimonio que disponemos en nuestras calles” -y digo yo, el mejor sitio para el patrimonio escultórico de la Iglesia no es pasearlos encima de parihuelas, pasos o tronos, sino estar bien cuidados en el interior de las parroquias o en museos-, tiene, a nuestros ojos, mucho más de trasfondo y de unión de intereses como decíamos al principio.

El mejor sitio para el patrimonio escultórico de la Iglesia no es pasearlos encima de parihuelas, pasos o tronos, sino estar bien cuidados en el interior de las parroquias o en museos

Con apariencia inocente va tomando forma, conforme pasa el tiempo, esa idea de quien, con buena fe, cree que este tipo de eventos atrae turismo y llena los bares por una noche. Todo eso está muy bien. Y la hostelería tiene derecho a comer. Pero, ¿no entramos en una contradicción con el Evangelio? Recuerdan aquel episodio de Jesús contra lo mercaderes en el templo y bla, bla, bla. Por otro lado, que nadie se asombre, bien es conocido -dentro de las corrientes católicas-, la tendencia ultraconservadora del actual obispo Rafael Zornoza. Poco a poco ha ido cambiando a párrocos un tanto incómodos por otros afines a su pensamiento. Y está en su derecho. Pero yo, si fuera católico practicante de la diócesis me lo hacía mirar.

¿Qué quiero decir con todo esto? Pues que estamos ante una nueva alianza. Y de lo más curiosa. Por un lado la alta jerarquía eclesiástica que en la actualidad tienden su pensamiento atrás en el tiempo, nada más y nada menos que al Concilio de Trento. Por si no lo recuerdan les diré que está fechado en el siglo XVI. Dicho de otra manera, todos los avances de la Iglesia como tal en la segunda mitad del siglo XX, son desechados. Esta, vamos a llamar Alta Iglesia, en la diócesis de Cádiz está representada por, como hemos dicho, el Obispo Zornoza, el cual no debe ser amante del mundo cofrade -suponemos que es más de misa en latín-, pero de cara a afianzar su ideología y fe, no le importa usarlos y dar su visto bueno a cuantas procesiones magnas quieran hacerse. Al lado, aunque yo diría más abajo, los cofrades. Un submundo cultural -que antropologicamente me parece una maravilla-, y que nunca ha estado bien visto por las altas esferas católicas. Y sin embargo están haciendo un papel fundamental para hacer visible a esa Iglesia carca que representa Zornoza.

Y así, lectores míos, una vez más se firma una alianza con distintos intereses entre los firmantes. Unos siguen engrandeciendo sus egos delante de un cristo o una virgen (¿son de madera, verdad?) y otros van sacando (¿y tomando?) a la calle una religión que dentro de donde debe estar, las iglesias, cada vez flaquea más. Por su trasnochado discurso, por su separación con el pueblo y, como no, por no practicar con lo que preconizan.

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