Hace un par de días, con las urnas andaluzas todavía calientes, escuchaba a un conocido decir que en las últimas elecciones votó al Partido Popular, pero que en estas se había decantado por Adelante Andalucía. Me encantaría pensar que es fruto de un despertar ideológico y de clase provocado por el descontento con ciertas políticas del PP, pero lo dudo. También podría alegrarme, pero no. Claro está que la genial campaña, en todos los aspectos, del jerezano José Ignacio García (al menos, frente al resto de candidatos), puede ser un motivo de peso para darte cuenta de lo que realmente te conviene, y quizás este sea el caso. Ojalá.
Sin embargo, conociendo a más de uno y de una, y sin querer erigirme yo en el pedestal de creer saber con total certeza lo que a los demás les conviene, todo me hace llegar a la misma conclusión: este votante no sabe verdaderamente ni por qué lo hace. O quizás no sabía por qué antes votaba al PP. La cosa es que no lo sabe porque, en el fondo, no le interesa, aunque le afecte hasta en momentos tan cotidianos como pedirle a su jefe salir media hora antes para ir a ver el teatro de fin de curso de su hija. Le incumbe porque, si no consigue esa media hora vital, pensará que su jefe es un miserable, y lo pondrá vestido de limpio, pero para sus adentros. Porque sí, ser un jefe miserable también es, en el fondo, una decisión política.
Pero no quiero caer en eso de echar la culpa de todo a 'la gente', como durante años ha ocurrido dentro de la pretenciosa izquierda, y contra lo que precisamente también ha luchado y lucha activamente el ya citado José Ignacio García. Y por eso creo que este descarriado voto que fluctuó desde la centralista, liberal y no tan moderada derecha del PP hasta los escaños de un grupo abiertamente andalucista, anticapitalista, feminista y antifascista puede ser fruto del buen hacer y las palabras claras de estos últimos. Quizás le cayó bien 'El Gafa', o a lo mejor oyó algo que le conviene para el futuro de sus hijos. Tal vez, básicamente, le tocó el pechito ver el orgullo con el que cantan el himno que a todos nos enseñaron en el cole.
No obstante, el giro de guion es tan extremo que no deja de sorprenderme. Si Podemos en su día se llevó el voto del enfado de millones de personas, hoy también se lo lleva Vox. Y eso, a quienes intentamos tener aunque sea unos principios ideológicos básicos, nos choca. Nos choca porque intentamos estar mínimamente informados de las realidades de la vida y de cómo nos afectan, y no nos entra en la cabeza cómo alguien a quien le cala el discurso de Adelante Andalucía pudo estar de acuerdo antes con los herederos del franquismo. Y no es cuestión de ser más o menos listos, sino que, como dijo Jesús Quintero, quizás sea necesario pararse y "aspirar a un poquito más de profundidad" para hacer del voto un ejercicio de clase y responsabilidad.

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