El ser humano siempre ha tenido una obsesión por lograr volar. Míticas hazañas, bicicletas con alas y artilugios de gran ingenio hicieron posible tratar el aire como un fluido y poder flotar en el.
La mayoría de edad supone en muchas culturas el dejar el hogar familiar y una independencia total. En la nuestra, viajes de ida y vuelta, con compañía y descendencia, incluyendo mascotas.
"¿Has visto algún animal que vuele como un helicóptero?", me preguntó un veterano piloto de avioneta de extinción de incendios forestales en su base ubicada en mitad de La Resinera, y desde entonces me da mucho respeto este aparato.
"Primavera, la sangre altera", la Torre de la Biodiversidad de Coria del Río acoge en estos días en su jardín botánico mediterráneo, multitud de crías de gorriones y mirlos, volantones, alimentados por sus progenitores y protegidos por la biomasa de depredadores, incluidos gatos domésticos fuera de su legítimo hogar.
Siega selectiva de praderas urbanas en plena floración en fajas, permite a niños, y no tanto, la realización de ramos de flores silvestres, y a la fauna urbana completar su ciclo reproductivo para disfrute y salubridad de generaciones futuras.
Volando hay mayor probabilidad de supervivencia fuera del alcance de predadores especializados en los fijos ponederos, no hacen asiento ni son huérfanos, simple y por naturaleza han decidido buscar bajo el azul del cielo – posibilidad de medición con un cianómetro- horizontes vitales, humanos incluidos.
El ser humano siempre ha tenido una obsesión por lograr volar. Míticas hazañas, bicicletas con alas y artilugios de gran ingenio hicieron posible tratar el aire como un fluido y poder flotar en el.
La mayoría de edad supone en muchas culturas el dejar el hogar familiar y una independencia total. En la nuestra, viajes de ida y vuelta, con compañía y descendencia, incluyendo mascotas.
"¿Has visto algún animal que vuele como un helicóptero?", me preguntó un veterano piloto de avioneta de extinción de incendios forestales en su base ubicada en mitad de La Resinera, y desde entonces me da mucho respeto este aparato.
"Primavera, la sangre altera", la Torre de la Biodiversidad de Coria del Río acoge en estos días en su jardín botánico mediterráneo, multitud de crías de gorriones y mirlos, volantones, alimentados por sus progenitores y protegidos por la biomasa de depredadores, incluidos gatos domésticos fuera de su legítimo hogar.
Siega selectiva de praderas urbanas en plena floración en fajas, permite a niños, y no tanto, la realización de ramos de flores silvestres, y a la fauna urbana completar su ciclo reproductivo para disfrute y salubridad de generaciones futuras.
Volando hay mayor probabilidad de supervivencia fuera del alcance de predadores especializados en los fijos ponederos, no hacen asiento ni son huérfanos, simple y por naturaleza han decidido buscar bajo el azul del cielo – posibilidad de medición con un cianómetro- horizontes vitales, humanos incluidos.
Comentarios