Opinión

Como quiso Franco, como quiere la Iglesia

Tomar la parte por un todo no parece lo más justo pero a estas alturas de la película de nuestra democracia española que haya una voz, sólo una, que desde la Iglesia defienda al dictador Francisco Franco, es totalmente inadmisible. Inadmisible en un Estado de derecho y en una democracia, que una autoridad eclesiástica se arrogue el derecho de decidir si acatar o no una sentencia del Tribunal Supremo, como ha hecho el prior del Valle de los Caídos. Intolerable ya es escuchar a uno de los monjes de la Abadía en una entrevista a la Cadena Ser decir lo que ha dicho: “son muchos los españoles y del extranjero que nos apoyan y que quieren que las cosas estén como están y como quiso Franco en un principio”.

Así, sin más, a bocajarro. Porque hablar de franquismo sociológico no es ni ninguna falacia ni una moda de la izquierda de este país. Que la Iglesia, una parte que ya es mucha (sin contar cuando se pronuncia la Conferencia Episcopal), se siga inmiscuyendo en cuestiones de Estado, siga defendiendo a un genocida cuyo régimen practicó la represión hasta sus últimos días tiene mucho que ver con ese franquismo sociológico del que forma parte en sí mismo.

Porque esta Iglesia española, que todavía tiene que pedir perdón por la connivencia con el Régimen de Franco, por su silencio en la matanza fundacional del franquismo, por la persecución a las mujeres o a homosexuales, por su más que evidente relación con la trama de los bebés robados, se vuelve a posicionar a favor del ‘Caudillo’. Es cierto que hay otra Iglesia, la que en estos años ha estado con tantos y tantos españoles a los que la crisis les ha privado de todo y ha dejado atrás, la que trabaja en los barrios codo con codo con los vecinos y vecinas pero, viendo la actitud y escuchando a esta gente, queda claro otra vez que la Iglesia española vuelve a perder la oportunidad de desligarse de una época tan atroz y tan ‘poco cristiana’, como la dictadura franquista.

¡Y todavía tenemos que aguantar a este señor monje hablar de derechos fundamentales y de acudir al Tribunal Constitucional o al Tribunal Europeo de Derechos Humanos! No deberían ni siquiera pronunciarse en aras de la ‘sacrosanta’ –como a ellos les gusta- separación Iglesia-Estado que debería ser una realidad en una democracia como presume la nuestra, pero apelar a los derechos humanos es de una desfachatez absoluta y una falta de respeto a tantas y tantas familias que buscan en cementerios, cunetas, caminos y recodos a sus familiares asesinados vilmente y enterrados sin ‘caridad cristiana’ –como se les presuponía— alguna.

La exhumación de Franco nos saca los colores una y otra vez como sociedad. Y a los medios de comunicación, también. Y ahí tengo que hacer autocrítica por la parte que me toca como profesional de este oficio: vamos a llamar a las cosas por su nombre y a los que son fascistas –porque fue un régimen fascista- llamémosles fascistas y no nostálgicos, vamos a ser conscientes de la responsabilidad social que tenemos todas y todos los periodistas y no convertir en un espectáculo lo que debería ser normal, justo y necesario –como precisamente dice la liturgia-: que un dictador, responsable de que en nuestro país haya cientos de desaparecidos, deje de ocupar un lugar de honor, siga siendo venerado como un héroe y sea exhumado.

Escuché al filósofo Reyes Mate en la Universidad de Sevilla reflexionar sobre el olvido y, que frente al consenso mundial a la condena al Régimen Nazi, la dictadura española no suscitó de igual manera el mismo rechazo. Desgraciadamente, así ocurre por la falta de valentía de los partidos del Régimen del 78 en estos años de democracia.

Y las víctimas, en pleno siglo XXI, más de 80 años después, siguen siendo maltratadas y vejadas. Primero con el olvido y el silencio con la que la famosa “transición ejemplar” quiso pasar página sin hacer justicia pero ahora, con la afrenta directa de unos monjes o de unos representantes políticos como el secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, que injuria y se jacta de ello a trece mujeres fusiladas, las 13 Rosas, sabiendo que no tendrá consecuencias legales por su condición de aforado y que sus palabras coparán titulares de prensa y clicks en internet para que se siga hablando de ellos y su formación política.

Solo queda firmeza, resistencia y perseverancia. Frente a sus amenazas, frente a su desfachatez, su soberbia y su crueldad, la lucha. Sí, a estas alturas, otra vez, como siempre hicimos, como siempre hicieron. Pero que nadie se equivoque. Lucha y cumplimiento de la Ley. Nada de equidistancia, nada de dos bandos. Aquí o se está con los derechos humanos y con las resoluciones de la ONU para que España repare a las víctimas del franquismo o se está con el fascismo. Y de este país, nunca se fue.

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Un comentario

  1. “Los tratados internacionales válidamente celebrados, una vez publicados oficialmente en España, formarán parte del ordenamiento interno. Sus disposiciones sólo podrán ser derogadas, modificadas o suspendidas en la forma prevista en los propios tratados o de acuerdo con las normas generales del Derecho internacional” (artículo 96.1 de la Constitución). En consecuencia, el tratado internacional entre España y el Vaticano, constituido por el Concordato de 1953, modificado por los Acuerdos de 1976 y de 1979, forma parte del ordenamiento jurídico interno español y obliga a todos, también a los tribunales de justicia españoles; y, así, el apartado 5 del artículo 1 del Acuerdo de 03/01/1979 sobre asuntos jurídicos garantiza la inviolabilidad de los lugares sagrados y el apartado 6 de dicho artículo extiende esa garantía de inviolabilidad a los archivos, registros y demás documentos pertenecientes a la Conferencia episcopal española, las Curias episcopales, las Curias de los Superiores mayores de las órdenes y congregaciones religiosas, las parroquias y a otras instituciones y entidades eclesiásticas; una garantía de inviolabilidad similar a la que gozan las embajadas de los países extranjeros en suelo español. Por todo ello, tanto la basílica católica del Valle de los Caídos, como su abadía benedictina y demás instalaciones anejas gozan de la garantía de inviolabilidad y ningún gobierno puede irrumpir en ellas, bajo ningún pretexto, sin la previa autorización del prior de la abadía, que es la autoridad eclesiástica que allí rige y que sólo le debe obediencia al prior general de la orden benedictina (en Francia) y al Papa. Sería muy ilustrativo de su falta de respeto por la legalidad ver cómo el gobierno de Sánchez irrumpe con la fuerza pública en la basílica del Valle de los Caídos contra la expresa prohibición del prior benedictino; ¿apalearán a los monjes si estos se interponen físicamente?
    Al margen de lo anterior, usted miente a los lectores. Franco no fue un genocida, pues la represión que hubo en la retaguardia del bando nacional (como también la hubo, inclusive más cruenta, en la retaguardia del bando gubernamental) y la represión de los primeros años de la posguerra no cumple ni por asomo los requisitos del tipo penal del delito de genocidio (delito que, por otra parte, entonces ni siquiera existía); lo que sí reúne todos los requisitos del tipo delictivo de genocidio es la persecución religiosa contra los católicos que se desarrolló con gran sadismo en la zona roja, la mayor matanza de católicos de la Historia desde la persecución de Diocleciano. El prior benedictino no ha defendido (ni atacado) a Franco; está defendiendo la inviolabilidad de su templo y el derecho de la familia a que su antepasado fallecido hace 46 años descanse en paz y se opone a que la política electoralista utilice su abadía para el guerracivilismo y para tratar vergonzantemente de vengarse póstumamente en su cadáver del general que derrotó al PSOE en la guerra civil que ese partido buscó pensando que la ganaría; un partido que hace antifranquismo ahora, cuando sale gratis e inclusive reporta beneficios, y no durante la dictadura, cuando de verdad entrañaba un riesgo muy serio, pues entonces sencillamente estaban acobardados y desaparecidos. Así, el prior benedictino no se está inmiscuyendo en cuestiones de Estado, sino que es el gobierno socialista quien se está inmiscuyendo en la basílica benedictina y montando todo este numerito para distraer la atención de los ciudadanos fuera de su falta de resultados reales y tangibles durante su caótico y estéril periodo de gobierno. La Iglesia Católica no tiene que pedir perdón por su colaboración con el régimen de Franco porque fue Franco quien la salvó de la eliminación física, del genocidio, que le estaban haciendo en el bando gubernamental. Son las izquierdas genocidas de la guerra civil quienes tienen que pedirle perdón a la Iglesia Católica por aquellos asesinatos en masa, muchos precedidos de torturas enormemente crueles, con amputaciones, violaciones…, verdaderos martirios en el sentido literal de la palabra que han merecido la canonización de cientos de víctimas de aquella barbarie. Apelar a los derechos fundamentales de la familia Franco, a la que inadmisiblemente se le niega su derecho a enterrar a su antepasado en una sepultura de su propiedad privada en la cripta de la Catedral de la Almudena, no solo no es ningún disparate sino que está alineado con la doctrina del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, al que la familia ya ha anunciado que recurrirá si es necesario, y cuya nada descartable sentencia favorable a la familia sería una vergüenza para España.
    Usted no es más que un ignorante sectario que suelta exabruptos sin conocimiento de nada, como la zafiedad de llamar “fascistas” a quienes no comulgamos con sus ruedas de molino ni con las de quienes solo buscan reabrir las heridas de la guerra civil ya cicatrizada desde hace décadas, las de los rencorosos a posteriori que no digieren que perdieron una guerra civil que provocaron, la de los “antifranquistas” de salón que, la gran mayoría, no conocieron a Franco y ninguno luchó contra él cuando estaba vivo cuando de verdad había que jugarse el tipo, porque, por si no lo sabía, Franco murió en la cama y gozando del apoyo de más del 65% de los españoles, cosa que seguro que le fastidia mucho, pero que fue así.
    Este asunto no va de franquistas (que no existen hoy) y antifranquistas (que tampoco existen hoy, solo es postureo fatuo), sino de totalitaristas, como usted, que quieren imponer su versión interesada de la Historia y “resucitar” fantasmas, para eludir la gran responsabilidad de la izquierda marxista española en aquella guerra civil y fracturar a la sociedad española actual en su beneficio, y demócratas que no aceptamos que nos impongan sus dogmas ni que traten de reescribir la Historia a su gusto ni de introducir falsos debates para evitar el verdadero debate que interesa: el del paro, el de la vivienda, el de las autonomías… y tantos otros. ¿A que no pide que saquen al dictador Lenin de su mausoleo en la Plaza del Kremlin de Moscú? ¿O a Mao Zedong de su mausoleo en la Plaza de Tiananmén? ¿O a Fidel castro de su tumba convertida en atracción turística?

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