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Como Garcilaso: huyendo del mundanal ruido

Yo viví, durante unos siete años aproximadamente, en un pueblo, Paterna de Rivera en la provincia de Cádiz. Un pueblo con aproximadamente unos 5.500 habitantes y enclavado en la comarca de la Janda. Es un pueblo pequeño, sin atractivos físicos que comentar, pero con algunas singularidades que son reseñables por positivas, por ejemplo el flamenco. Nunca conocí un lugar donde la afición al flamenco fuera tan grande y transversal a toda la población. Gusta a mayores y pequeños, hombres y mujeres. Tienen un cante, el de peteneras, genuino de allí, y siendo su casco urbano pequeño será difícil encontrar un municipios con mas cantaores y cantaoras por kilómetro cuadrado. Paterna también tiene la gastronomía, o mejor dicho conserva entre sus tradiciones guisos y preparados que aunque no son específicos del lugar, si que es verdad que allí procuran mantenerlos como si de un pequeño tesoro antropológico fuera.

Paterna tiene un buen centro de salud, ambulancia, un precioso colegio de infantil, otro de primaria y un instituto de secundaria. Tiene biblioteca, Casa de Cultura, un pabellón deportivo cubierto, un campo de fútbol bastante apañado, una piscina pública, un centro con salas para jornadas, congresos, reuniones…tiene un tanatorio. Y todas esas cosas que en principio tienen, yo diría, todos los pueblos de Andalucía. Bien es verdad que la población en general tiende a buscar las grandes urbes o por lo menos ciudades que les den otras prestaciones que escasean en el ámbito rural, fundamentalmente el empleo.

En Andalucía —excepto en algunas zonas muy concretas y si no queremos ser exagerados— no cabe hablar de la España vacía —o vaciada como dicen algunos—, o por lo menos no con el dramatismo que se puede hacer en otros lares de nuestro país: las dos Castillas, Aragón… y si hablamos de la provincia de Cádiz menos aún, no tenemos demasiados pueblos pequeños, es una provincia eminentemente urbana.

Yo he vivido en una gran ciudad como Madrid. He vivido en conurbaciones como la que forma la Bahía de Cádiz, y he residido en San Fernando y ahora en la propia Cádiz, y he vivido en Paterna de Rivera, en lo rural. Son experiencias distintas, y posiblemente según vayan pasando los años más difícil de realizar por la gente porque efectivamente, sobretodo en las zonas mencionadas, el mundo rural está prácticamente despoblado, el número de municipios con menos de 1.000 habitantes crece cada año, y también con toda probabilidad, eso no tenga vuelta atrás, lo único por hacer es intentar que los habitantes que quedan en esos mini pueblos vivan de la mejor manera posible, más allá de que se puedan convertir, a base de hablar de ello, en parque temático, y de lo que el escritor Santiago Lorenzo llama en su novela “los asquerosos”, Mochufas, que somos esos domingueros que los fines de semanas como acto entre de contrición y de solidaridad con el vecindario “indígena”, vamos a esos pueblos, los invadimos por unas horas, nos hacemos selfies con lugareños que nos miran con cara de espantos casi pidiéndonos por favor que nos vayamos a tomar por culo.

Sin embargo vivir en un pueblo es no estar nunca solo, es un “buenos días” “buenas tardes”, es el cafelito en el bar a la sombrita, es tener la familia más extensa posible, son muchas cosas más que el no tener salas de cine y otras comodidades que se tienen en la ciudad y que su carencia es porque alguien las considera poco rentable, vamos que no es negocio.

Insisto que en Andalucía no podemos acuñar ese término de España vacía, y es probable, y bastante, que parte del éxito rural y el poco afianzamiento de los socialistas en Andalucía tenga que ver con una magnífica programación política en los años 80 y 90 en la dotación de servicios en los pueblos –y cierto desdén con lo urbano, con excepciones claro-, los cuales estaban abandonados de la mano de dios y en los que solo vivían bien los caciques con sus cortijos aledaños.

Hoy en Castilla o en Aragón –Teruel existe, pero poco—, lo único que se puede hacer es darle calidad de vida a esos pueblerinos irredentos que siendo los últimos mohicanos de lo rural, solo piden que puedan poner, por ejemplo, como había antes, una sucursal de correos y caja postal para así no tener que esperar que venga, si viene, una furgoneta a modo de banco móvil. Quieren, y es lógico, que haya un médico que les pueda atender con cierta regularidad porque eso no es que sea calidad de vida, es que es la frontera entre tener mayor o menor esperanza de vida. No es que pidan un colegio, si apenas hay niños, pero si es posible, que les arregles las carreteras y accesos para que esos pocos niños que se tienen que desplazar a otros municipios para ir a sus centros, puedan hacerlo con seguridad.

En definitiva, muy posiblemente el futuro, o ya el presente, nos dice que el proceso de despoblación rural y el de municipio abandonados es irreversible, que la población se desplaza a las grandes conurbaciones, a las grandes y medianas ciudades, y que del centro se desplazan a ser posible a la costa —cuidado con los que se vengan a la Bahía de Cádiz que han dicho que en el 2050 nos vamos a ahogar—. No obstante, yo recomiendo a los que se lo puedan permitir, vivir una buena temporada en lo rural, en un pueblo –no al estilo anacoreta de Santiago Lorenzo-, ya digo que en la provincia de Cádiz aparte de la propia Bahía, Jerez, la Bahía de Algeciras, la costa noroeste, hay un puñadito de pueblos donde vivir unos años es como un regalo que nos damos. Yo os recomiendo Paterna de Rivera porque aunque no tiene, como ya he dicho, monumentos a visitar y esas cosas, tiene lo más importante, lo más preciado: su gente.

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