Acompañar a más de 9.000 adictos a las drogas o a las pantallas en la provincia de Cádiz: "Me han salvado la vida"
El Centro de Tratamiento de Adicciones de Cádiz es un recurso gratuito que lleva 42 años ofreciendo tratamiento a personas que tienen la voluntad de mejorar sus vidas dominadas por cocaína o videojuegos
Mark Renton (Trainspotting, 1996) era adicto a la heroína, Jackson Maine (Ha nacido una estrella, 2018) lo era al alcohol y Adam (Amor sin control, 2012), al sexo. El cine, en su empeño por visibilizar la realidad de muchas personas, también ha retratado a aquellas que luchan contra comportamientos obsesivos. Adicciones incontrolables que dominan a quienes las padecen. Hay de todo tipo, al juego, a la pornografía, al alcohol, al tabaco, a las pantallas y, en casos más extremos, a masticar tiza, ingerir arena o comer papel higiénico. La más común es a las drogas.
El consumo de sustancias psicoadictivas cada vez se detecta a edades más tempranas. Según datos publicados por la Encuesta autonómica sobre el uso de drogas en alumnos de Enseñanzas Secundarias (Estudes), en 2025 un 27,5% de los hombres y un 26,4% de las mujeres entre 14 y 18 años afirmaron que habían fumado alguna vez y un 75,8%, que habían consumido alcohol alguna vez en su vida.
“La persona adicta a sustancias estupefacientes necesita esa sustancia porque le beneficia en algo. Ese comportamiento repetido le ayuda a otra cosa y eso es importante entenderlo”, dice la psicóloga María del Mar Crespo. Ella es una de las profesionales que, desde el Centro de Tratamiento de Adicciones (CTA) de Cádiz, se dedica a ayudar a personas adictas a interiorizar otras herramientas que frenen esa necesidad de consumo.
En este tipo de centros, repartidos por toda Andalucía, se ofrece una atención integral a pacientes con problemas de adicción mediante terapias personalizadas para su rehabilitación. El inicio de estos espacios se remonta a los años ochenta del siglo pasado, principalmente, por la devastadora epidemia de heroína –el 'caballo'– y el auge de la cocaína y el crack. El predominio de politoxicómanos en sus pasillos dejó a los CTA una imagen de la que todavía actualmente no consigue despojarse pese a que el perfil de pacientes ha cambiado.
María del Mar Crespo, psicóloga del CTA de Cádiz.
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JOSÉ MARÍA REYNA
Tratando adicciones desde 1984
El CTA de Cádiz fue el primero de la provincia en abrir sus puertas allá por el año 1984, momento en el que se crea este servicio dependiente de la Diputación de Cádiz y coordinado por la Consejería de Salud y Consumo de la Junta de Andalucía. En la actualidad se contabilizan 15 centros como este repartidos por Ubrique, Algodonales, Villamartín, Barbate, Conil o Alcalá de los Gazules, entre otros.
“Cuando entró el equipo de gobierno liderado por Almudena Martínez del Junco nos encontramos con una situación muy degradada de los centros. La gente se había ido marchando y muchos trabajadores habían dejado sus plazas vacantes. Algunos estaban en estado crítico. Entonces, nos planteamos devolverles esa dignidad”, explica Paula Conesa, diputada del Área de Servicios Sociales de Cádiz. La Diputación está en negociaciones para reabrir el CTA de Arcos de la Frontera, que se cerró por no cumplir con los requisitos, y, recientemente, ha absorbido al CTA de El Puerto gracias a un convenio de cooperación con el Ayuntamiento.
El objetivo es dotarlos de médicos, trabajadores sociales, psicólogos, técnicos y otros profesionales que componen un modelo coordinado con la Red Sanitaria y los Servicios Sociales. Su labor es fundamental para dar una respuesta inmediata. Sin embargo, hay falta de personal en algunos de estos centros. La diputada reconoce que no es fácil encontrar trabajadores. “Muchas veces se nos quedan desiertas las plazas. Creo que solo piensan en esa época de los 80. Tenemos que animar a las futuras generaciones que salgan de facultades de psicología, de medicina, a que conozcan esta parcela”, sostiene.
A principios de enero de este año se registraron 9.360 pacientes en toda la provincia gaditana y, actualmente, hay 1.124 en el centro de la capital. “En los últimos meses ha aumentado el número de asistencias. Aquí atendemos a personas de toda la provincia El paciente tiene el derecho a elegir donde quiere ser atendido”, comenta Daniel López, jefe del servicio de tratamiento de adicciones de Cádiz.
Daniel López, jefe del servicio, junto a Paula Conesa, diputada del Área de Servicios Sociales de Cádiz.
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JOSÉ MARÍA REYNA
Según explica, están coordinados con otros recursos de salud mental o servicios judiciales para ofrecer una atención completa. Además, realizan derivaciones a comunidades terapéuticas, a viviendas de supervisión al tratamiento o a unidades de desintoxicación hospitalaria en función de los casos.
Daniel desgrana los pasos habituales que se siguen desde que llega un nuevo paciente. En primer lugar se organiza un primer encuentro con el trabajador social donde expone su problemática. “Trabajamos con citas largas de hasta una hora aproximadamente”, dice. Tras determinar el diagnóstico, se le asigna un terapeuta de referencia, aunque será atendido desde todas las áreas. “Hacemos un tratamiento individualizado, aquí no se hace terapia de grupo”, explica.
"Entrar fue una alegría; estaba mal y tiraba de sucedáneos de la vida, de alcohol y drogas"
Todas las personas que se acercan a este centro lo hacen de forma voluntaria. Por diferentes motivos, deciden querer cambiar sus vidas y muestran su implicación en esa mejora. “A veces nos llaman las familias para que sus hijos vengan. Podemos dar cita pero si sus hijos no están dispuestos no los podemos obligar”, comenta Daniel, que también recibe casos en los que ha sido un juez el que ha indicado que la persona condenada debe iniciar un tratamiento de desintoxicación.
E., una mujer de 56 años, es una de esas pacientes que ha puesto todo de su parte por rehabilitarse. Llegó al CTA derivada de Salud Mental. “Aquí se dieron cuenta de que mi psicomanía era subyacente a un trastorno mental severo”, dice sentada junto a María del Mar, la psicóloga que la ha acompañado en el proceso.
La paciente conversa con su psicóloga María del Mar Crespo.
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JOSÉ MARÍA REYNA
“Para mí, entrar aquí fue una alegría porque yo me encontraba verdaderamente muy mal y tiraba de sucedáneos de la vida, de alcohol y drogas. Siempre estaba buscando arreglar mi vida así”, comparte con lavozdelsur.es.
En el CTA le cambiaron su farmacología y encontró ese apoyo que siempre agradecerá. “Tenían preocupación por lo que me causaba ese consumo, Salud Mental me da cita cada cuatro meses y aquí tenía dos a la semana. Se preocuparon por quién era yo, mostraban un gran interés por la persona”, dice esta mujer que lleva unos trece años de tratamiento.
E. sufría crisis somáticas con convulsiones y llegaba a entrar casi en coma. Tras “escarbarme”, identificaron el motivo. Su padre había abusado de ella desde los 9 a los 13 años. “Yo no fui consciente absolutamente hasta que me hicieron dibujar los malos tratos aquí”, dice con un hilo de voz.
Con 30 años, ese trauma infantil dio la cara y empezó a tener insomnio, a pegar puñetazos y a chocarse contra las paredes. Una serie de trastornos que le llevaron a la drogadicción como un “autotratamiento” para regularse emocionalmente. “Me hacían feliz y me olvidaba de las crisis. Era mi agarre”, dice.
El médico Fran Jiménez reflexiona sobre la forma de abordar el tratamiento de adicciones.
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JOSÉ MARÍA REYNA
La paciente reconoce que lo que verdaderamente le ha hecho sentirse mejor ha sido la terapia que lleva recibiendo estos años. No sufre crisis desde hace seis meses y su historia politoxicómana está totalmente abandonada. “Tengo una gran esperanza. Yo hoy siento que puedo volver a ser una persona normal. Y es gracias a ellos y a la voluntad que le echan”, expresa.
Entre este grupo de profesionales está el médico Fran Jiménez, que reflexiona sobre el origen de este tipo de adicciones. “Debajo de todo consumo siempre hay un malestar. Es la mejor herramienta que la persona ha encontrado para aliviar el dolor, para pasar un duelo o para calmar la ansiedad”, explica. El caso de E. es muy representativo en este sentido. Y la forma de abordarlo es a través de alternativas farmacológicas controladas que ayuden a regular el malestar mientras se lleva a cabo la terapia.
Las adicciones más extendidas
La adicción a las drogas es la más repetida entre las personas que reciben tratamiento en este centro. En la mesa en la que se han reunido profesionales y representantes de la administración todos asienten. “La cocaína es la que más demandas de tratamiento está generando”, sostiene Carlos Atienza, responsable sociosanitario del CTA.
Irrumpió con fuerza en el año 2008, con la crisis inmobiliaria, y “ahora nos la estamos volviendo a encontrar”. También añade que, entre los jóvenes, la droga que más pacientes arroja es el cannabis, que contiene más de 500 compuestos químicos diferentes. Según recoge el Plan Nacional sobre drogas del Gobierno, a largo plazo, el consumo de cannabis puede afectar a la memoria, el aprendizaje y el rendimiento académico, además de aumentar el riesgo de abandono escolar y dependencia. También se asocia a trastornos emocionales, problemas respiratorios y cardíacos, y puede favorecer psicosis o esquizofrenia en personas predispuestas.
“El 30% de nuestras demandas de tratamiento son de menores de 25 años por culpa del cannabis”, señala Carlos, que pone sobre la mesa otra de las adicciones más extendidas. El alcohol. “Es la segunda droga más consumida y cada año tenemos unas 130 demandas de tratamiento”, dice.
Carlos Atienza, responsable sociosanitario del CTA, detalla cuáles son las adicciones más comunes.
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JOSÉ MARÍA REYNA
En los últimos años, el panorama ha evolucionado y a los estupefacientes se han sumado otras adicciones antes inexistentes. Así, han crecido los casos de ludopatía y de adicción a las TRICs (Tecnologías de la Relación, la Información y la Comunicación). Estas últimas, pueden derivar en el síndrome de hikikomori, aquellos que se sumergen en un aislamiento social voluntario para jugar.
Justo en una consulta paralela acaba de entrar un adolescente de 14 años que utiliza su móvil y juega a videojuegos durante más de ocho horas al día. “Nos encontramos que los pacientes que vienen cada vez son más jóvenes y con patologías duras. Esto nos hace pensar que los servicios deben ser reforzados con personal especializado en salud mental”, explica Carlos.
Los expertos comentan que el consumo recreativo de cannabis o del móvil está socialmente aceptado, pero el problema aparece cuando se descontrola y empieza a anular vidas. Deja de ser una conducta puntual para ser rutinaria y llegar a influir en otros ámbitos rutinarios. “Lo llamo una defensa, necesito esa droga o ese móvil porque no tengo capacidad para regularme al no haberlo aprendido y no tengo herramientas suficientes para transitar por un proceso emocional o porque tengo un déficit de control de impulsos”, explican Fran.
En esta línea, se tiende a focalizar el problema en el individuo, sin embargo, Carlos Atienza apunta que los valores de la sociedad y la industria también son un factor determinante en este ámbito. Por ejemplo, en el sector del juego cuenta con recursos para enganchar a los más vulnerables.
Fran Jiménez, María del Mar Crespo y Carlos Atienza, profesionales del CTA de Cádiz.
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JOSÉ MARÍA REYNA
“En las adicciones no podemos solamente centrarnos en el individuo como culpable, también hay que tratarlo como sociedad. El hecho de que un chaval esté enganchado a los videojuegos tiene que ver también con que dentro de estos hay patrones oscuros”, señala. A modo de resumen, los expertos apuntan que las adicciones están causadas por variables biológicas, psicológicas y sociales.
En el CTA trabajan juntos con cada persona, que se somete a tres fases que van oscilando en función de su evolución. La primera consiste en la desintoxicación, después, la deshabituación y, por último la incorporación sociolaboral. Todas fluctúan en un proceso en el que los profesionales establecen un vínculo con los pacientes. “Lo más importante es que la persona sienta que aquí tiene un refugio. A veces, somos como su familia, estamos muy disponibles y somos muy accesibles”, comenta María del Mar, que, como sus compañeros, ha aprendido a no frustrarse. Todos hablan de acompañar más que curar. En lo que va de año han registrado cinco altas terapéuticas de personas con las que plantearon unos objetivos, que muchas veces están relacionados con reducir el riesgo o el daño. “Tenemos a una mujer con conducta suicida. Hemos conseguido que cada vez que se encuentra mal venga aquí a buscarnos, eso para nosotros es un éxito terapéutico”, dicen.
"No sé cómo estoy vivo"
La psicóloga les acompaña en el giro radical de estilo de vida que conlleva abandonar el consumo. “Dejar de beber no es solo tapar la botella, requiere un cambio brutal”, comenta María del Mar. A su lado está sentado un hombre que sabe de lo que habla. A., de 63 años, está “destrozado por dentro”. Lleva un marcapasos por una miocardiopatía alcohólica, padece cirrosis y tiene la vesícula perforada. “El alcohol te mata. Yo no sé por qué estoy vivo”, dice.
Empezó a consumir con 13 años, primero hachís y luego otras drogas. El alcohol era la puerta de entrada a esas sustancias. Ha pasado por distintos síndromes de abstinencia pero para él, el del alcohol ha sido “el peor, cuando te coge, es muy difícil salir”. “Llegué a tener una dependencia tan grande que ya lo tomaba como una medicina”, relata. El cuerpo se lo pedía nada más despertar. “Me levantaba con unos temblores espantosos. Yo no tengo palabras para explicar lo que es pasar un síndrome de abstinencia del alcohol”.
El paciente comparte cómo ha vivido siendo alcohólico.
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JOSÉ MARÍA REYNA
A. se refugiaba en las copas para olvidar que padece un Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) que no soportaba. Tenía que repetir unos patrones cada vez que iba a salir de casa, como si su mente fuese teledirigida. “Me hice alcohólico para evitar el TOC, era lo único que me quitaba de ser esclavo de esta enfermedad. Me liberó al principio, pero después me hizo pasar un infierno”, reconoce.
“Cuando no estaba durmiendo, estaba consumiendo”. Incluso las tareas más sencillas se convirtieron en imposibles sin beber: “Yo iba al supermercado y tenía que tomar tres copas. Era incapaz de hacer nada sin estar bajo los efectos de una droga”.
Un día estaba tan afectado que le dijo a su amigo que necesitaba ayuda. Y aunque su reacción fue de burla, llegó al CTA. “Llegó un momento de mi vida en que me tomé en serio que era ya, o el alcohol, o moría. El primer paso es reconocer que tú eres impotente ante la droga y que tu vida se ha vuelto ingobernable”, expresa. A través de este centro accedió a un centro de desintoxicación, aunque reconoce que también tuvo recaídas. Después llegaron otros apoyos como Salud Mental, Alcohólicos Anónimos y la asociación FINE, donde participa en numerosos talleres.
Una de las partes que más le duele es la mirada social. “El alcoholismo es una enfermedad que no da pena”, lamenta. “La gente se cree que tú eres un vicioso y no saben por lo que pasamos”, comenta reclamando que se trate de verdad como una enfermedad y no como una lacra.
A. tuvo que romper con su vida anterior y dejar atrás amistades que incluso le dejaron de hablar cuando decidió rehabilitarse. Pese a ello, fue cambiando hasta llegar a apuntarse a un gimnasio. Él cuenta los años que lleva de vida desde que logró vencer a la adicción. “Voy a cumplir cinco”, dice orgulloso. No se arrepiente. “Aquí me han salvado la vida”, dice con emoción.
Un adicto en nuestro entorno
¿Cómo deben reaccionar los familiares y amigos de una persona con adicción? Los profesionales plantean que no es habitual que los pacientes tengan conciencia del problema. Más bien suelen ser sus seres queridos los que empiezan a verlos pasándose con los porros, con la cocaína, con las copas o con el uso de las pantallas.
“Es mejor ponerse al lado que enfrente y acompañar”, explican. Ante estas situaciones, el CTA es un recurso gratuito y abierto a la ciudadanía donde poder pedir información sobre cómo abordar ese acompañamiento. Además, no es necesario que las personas que acuden hayan pasado previamente por un médico de familia o por Salud Mental.
Fran Jiménez y Carlos Atienza comparten su experiencia como profesionales del centro asistencial.
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JOSÉ MARÍA REYNA
También ofrecen un programa de atención a las familias para facilitarles herramientas que les ayudan a manejar la situación.
La prevención es fundamental
La prevención de las adicciones se ha convertido en una de las líneas de trabajo que la Diputación de Cádiz quiere reforzar dentro de su red de atención. La diputada Paula Conesa insiste en que no basta con intervenir cuando el problema ya está instalado, sino que es necesario actuar antes, en los entornos familiares, educativos y comunitarios.
“La prevención es algo igual o más necesario que la parte asistencial”, sostiene Conesa, que defiende que una estrategia sólida en este ámbito puede reducir en el futuro el número de personas que necesiten tratamiento.
“Si hacemos una buena prevención, una buena detección, creo que en un futuro el nivel asistencial reduciría mucho su número de pacientes. Y además se abarataría mucho el precio de invertir en lo asistencial”, expone.
La diputada explica que actualmente se está gestando “una pata potente” en materia preventiva, con un responsable provincial y referentes en cada centro. El objetivo es crear “una red de estrategias provinciales en materia de prevención de adicciones”, coordinada con los municipios donde no existe presencia directa de los CTA.
La diputada Paula Conesa, en las escaleras del centro dependiente de la Diputación de Cádiz.
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JOSÉ MARÍA REYNA
La Diputación desarrolla acciones de sensibilización e información y trabaja para que este enfoque esté presente también en áreas como infancia y adolescencia o violencia de género.
Uno de los aspectos que más preocupa es la repetición de patrones dentro de una misma familia. Después de años de trabajo en el centro, los profesionales han visto cómo, en algunos casos, acaban tratando a los hijos de antiguos pacientes.
También mantiene líneas de colaboración con centros penitenciarios, especialmente en territorios como El Puerto y Algeciras, por albergar prisiones.
Dentro de esa atención integral, destaca el programa Enlace, que permite poner en contacto a pacientes con personal legal y abogados. El objetivo es ofrecer asesoramiento jurídico a personas que, en muchos casos, arrastran causas judiciales, dudas o problemas legales vinculados a su situación.
“Es importante que se conozca este recurso porque es muy desconocido”, afirma la diputada. A su juicio, se trata de una red “muy eficaz”, pero que todavía no cuenta con el reconocimiento social que merece. Por eso, señala la importancia de dar visibilidad a este recurso público que pone a disposición profesionales especializados para quienes atraviesan un problema de adicción. El teléfono de contacto del centro gaditano es 956281261 y el correo electrónico drogo.cadiz@dipucadiz.es.
Mark Renton (Trainspotting, 1996) era adicto a la heroína, Jackson Maine (Ha nacido una estrella, 2018) lo era al alcohol y Adam (Amor sin control, 2012), al sexo. El cine, en su empeño por visibilizar la realidad de muchas personas, también ha retratado a aquellas que luchan contra comportamientos obsesivos. Adicciones incontrolables que dominan a quienes las padecen. Hay de todo tipo, al juego, a la pornografía, al alcohol, al tabaco, a las pantallas y, en casos más extremos, a masticar tiza, ingerir arena o comer papel higiénico. La más común es a las drogas.
El consumo de sustancias psicoadictivas cada vez se detecta a edades más tempranas. Según datos publicados por la Encuesta autonómica sobre el uso de drogas en alumnos de Enseñanzas Secundarias (Estudes), en 2025 un 27,5% de los hombres y un 26,4% de las mujeres entre 14 y 18 años afirmaron que habían fumado alguna vez y un 75,8%, que habían consumido alcohol alguna vez en su vida.
“La persona adicta a sustancias estupefacientes necesita esa sustancia porque le beneficia en algo. Ese comportamiento repetido le ayuda a otra cosa y eso es importante entenderlo”, dice la psicóloga María del Mar Crespo. Ella es una de las profesionales que, desde el Centro de Tratamiento de Adicciones (CTA) de Cádiz, se dedica a ayudar a personas adictas a interiorizar otras herramientas que frenen esa necesidad de consumo.
En este tipo de centros, repartidos por toda Andalucía, se ofrece una atención integral a pacientes con problemas de adicción mediante terapias personalizadas para su rehabilitación. El inicio de estos espacios se remonta a los años ochenta del siglo pasado, principalmente, por la devastadora epidemia de heroína –el 'caballo'– y el auge de la cocaína y el crack. El predominio de politoxicómanos en sus pasillos dejó a los CTA una imagen de la que todavía actualmente no consigue despojarse pese a que el perfil de pacientes ha cambiado.
María del Mar Crespo, psicóloga del CTA de Cádiz.
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JOSÉ MARÍA REYNA
Tratando adicciones desde 1984
El CTA de Cádiz fue el primero de la provincia en abrir sus puertas allá por el año 1984, momento en el que se crea este servicio dependiente de la Diputación de Cádiz y coordinado por la Consejería de Salud y Consumo de la Junta de Andalucía. En la actualidad se contabilizan 15 centros como este repartidos por Ubrique, Algodonales, Villamartín, Barbate, Conil o Alcalá de los Gazules, entre otros.
“Cuando entró el equipo de gobierno liderado por Almudena Martínez del Junco nos encontramos con una situación muy degradada de los centros. La gente se había ido marchando y muchos trabajadores habían dejado sus plazas vacantes. Algunos estaban en estado crítico. Entonces, nos planteamos devolverles esa dignidad”, explica Paula Conesa, diputada del Área de Servicios Sociales de Cádiz. La Diputación está en negociaciones para reabrir el CTA de Arcos de la Frontera, que se cerró por no cumplir con los requisitos, y, recientemente, ha absorbido al CTA de El Puerto gracias a un convenio de cooperación con el Ayuntamiento.
El objetivo es dotarlos de médicos, trabajadores sociales, psicólogos, técnicos y otros profesionales que componen un modelo coordinado con la Red Sanitaria y los Servicios Sociales. Su labor es fundamental para dar una respuesta inmediata. Sin embargo, hay falta de personal en algunos de estos centros. La diputada reconoce que no es fácil encontrar trabajadores. “Muchas veces se nos quedan desiertas las plazas. Creo que solo piensan en esa época de los 80. Tenemos que animar a las futuras generaciones que salgan de facultades de psicología, de medicina, a que conozcan esta parcela”, sostiene.
A principios de enero de este año se registraron 9.360 pacientes en toda la provincia gaditana y, actualmente, hay 1.124 en el centro de la capital. “En los últimos meses ha aumentado el número de asistencias. Aquí atendemos a personas de toda la provincia El paciente tiene el derecho a elegir donde quiere ser atendido”, comenta Daniel López, jefe del servicio de tratamiento de adicciones de Cádiz.
Daniel López, jefe del servicio, junto a Paula Conesa, diputada del Área de Servicios Sociales de Cádiz.
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Según explica, están coordinados con otros recursos de salud mental o servicios judiciales para ofrecer una atención completa. Además, realizan derivaciones a comunidades terapéuticas, a viviendas de supervisión al tratamiento o a unidades de desintoxicación hospitalaria en función de los casos.
Daniel desgrana los pasos habituales que se siguen desde que llega un nuevo paciente. En primer lugar se organiza un primer encuentro con el trabajador social donde expone su problemática. “Trabajamos con citas largas de hasta una hora aproximadamente”, dice. Tras determinar el diagnóstico, se le asigna un terapeuta de referencia, aunque será atendido desde todas las áreas. “Hacemos un tratamiento individualizado, aquí no se hace terapia de grupo”, explica.
"Entrar fue una alegría; estaba mal y tiraba de sucedáneos de la vida, de alcohol y drogas"
Todas las personas que se acercan a este centro lo hacen de forma voluntaria. Por diferentes motivos, deciden querer cambiar sus vidas y muestran su implicación en esa mejora. “A veces nos llaman las familias para que sus hijos vengan. Podemos dar cita pero si sus hijos no están dispuestos no los podemos obligar”, comenta Daniel, que también recibe casos en los que ha sido un juez el que ha indicado que la persona condenada debe iniciar un tratamiento de desintoxicación.
E., una mujer de 56 años, es una de esas pacientes que ha puesto todo de su parte por rehabilitarse. Llegó al CTA derivada de Salud Mental. “Aquí se dieron cuenta de que mi psicomanía era subyacente a un trastorno mental severo”, dice sentada junto a María del Mar, la psicóloga que la ha acompañado en el proceso.
La paciente conversa con su psicóloga María del Mar Crespo.
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“Para mí, entrar aquí fue una alegría porque yo me encontraba verdaderamente muy mal y tiraba de sucedáneos de la vida, de alcohol y drogas. Siempre estaba buscando arreglar mi vida así”, comparte con lavozdelsur.es.
En el CTA le cambiaron su farmacología y encontró ese apoyo que siempre agradecerá. “Tenían preocupación por lo que me causaba ese consumo, Salud Mental me da cita cada cuatro meses y aquí tenía dos a la semana. Se preocuparon por quién era yo, mostraban un gran interés por la persona”, dice esta mujer que lleva unos trece años de tratamiento.
E. sufría crisis somáticas con convulsiones y llegaba a entrar casi en coma. Tras “escarbarme”, identificaron el motivo. Su padre había abusado de ella desde los 9 a los 13 años. “Yo no fui consciente absolutamente hasta que me hicieron dibujar los malos tratos aquí”, dice con un hilo de voz.
Con 30 años, ese trauma infantil dio la cara y empezó a tener insomnio, a pegar puñetazos y a chocarse contra las paredes. Una serie de trastornos que le llevaron a la drogadicción como un “autotratamiento” para regularse emocionalmente. “Me hacían feliz y me olvidaba de las crisis. Era mi agarre”, dice.
El médico Fran Jiménez reflexiona sobre la forma de abordar el tratamiento de adicciones.
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La paciente reconoce que lo que verdaderamente le ha hecho sentirse mejor ha sido la terapia que lleva recibiendo estos años. No sufre crisis desde hace seis meses y su historia politoxicómana está totalmente abandonada. “Tengo una gran esperanza. Yo hoy siento que puedo volver a ser una persona normal. Y es gracias a ellos y a la voluntad que le echan”, expresa.
Entre este grupo de profesionales está el médico Fran Jiménez, que reflexiona sobre el origen de este tipo de adicciones. “Debajo de todo consumo siempre hay un malestar. Es la mejor herramienta que la persona ha encontrado para aliviar el dolor, para pasar un duelo o para calmar la ansiedad”, explica. El caso de E. es muy representativo en este sentido. Y la forma de abordarlo es a través de alternativas farmacológicas controladas que ayuden a regular el malestar mientras se lleva a cabo la terapia.
Las adicciones más extendidas
La adicción a las drogas es la más repetida entre las personas que reciben tratamiento en este centro. En la mesa en la que se han reunido profesionales y representantes de la administración todos asienten. “La cocaína es la que más demandas de tratamiento está generando”, sostiene Carlos Atienza, responsable sociosanitario del CTA.
Irrumpió con fuerza en el año 2008, con la crisis inmobiliaria, y “ahora nos la estamos volviendo a encontrar”. También añade que, entre los jóvenes, la droga que más pacientes arroja es el cannabis, que contiene más de 500 compuestos químicos diferentes. Según recoge el Plan Nacional sobre drogas del Gobierno, a largo plazo, el consumo de cannabis puede afectar a la memoria, el aprendizaje y el rendimiento académico, además de aumentar el riesgo de abandono escolar y dependencia. También se asocia a trastornos emocionales, problemas respiratorios y cardíacos, y puede favorecer psicosis o esquizofrenia en personas predispuestas.
“El 30% de nuestras demandas de tratamiento son de menores de 25 años por culpa del cannabis”, señala Carlos, que pone sobre la mesa otra de las adicciones más extendidas. El alcohol. “Es la segunda droga más consumida y cada año tenemos unas 130 demandas de tratamiento”, dice.
Carlos Atienza, responsable sociosanitario del CTA, detalla cuáles son las adicciones más comunes.
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JOSÉ MARÍA REYNA
En los últimos años, el panorama ha evolucionado y a los estupefacientes se han sumado otras adicciones antes inexistentes. Así, han crecido los casos de ludopatía y de adicción a las TRICs (Tecnologías de la Relación, la Información y la Comunicación). Estas últimas, pueden derivar en el síndrome de hikikomori, aquellos que se sumergen en un aislamiento social voluntario para jugar.
Justo en una consulta paralela acaba de entrar un adolescente de 14 años que utiliza su móvil y juega a videojuegos durante más de ocho horas al día. “Nos encontramos que los pacientes que vienen cada vez son más jóvenes y con patologías duras. Esto nos hace pensar que los servicios deben ser reforzados con personal especializado en salud mental”, explica Carlos.
Los expertos comentan que el consumo recreativo de cannabis o del móvil está socialmente aceptado, pero el problema aparece cuando se descontrola y empieza a anular vidas. Deja de ser una conducta puntual para ser rutinaria y llegar a influir en otros ámbitos rutinarios. “Lo llamo una defensa, necesito esa droga o ese móvil porque no tengo capacidad para regularme al no haberlo aprendido y no tengo herramientas suficientes para transitar por un proceso emocional o porque tengo un déficit de control de impulsos”, explican Fran.
En esta línea, se tiende a focalizar el problema en el individuo, sin embargo, Carlos Atienza apunta que los valores de la sociedad y la industria también son un factor determinante en este ámbito. Por ejemplo, en el sector del juego cuenta con recursos para enganchar a los más vulnerables.
Fran Jiménez, María del Mar Crespo y Carlos Atienza, profesionales del CTA de Cádiz.
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JOSÉ MARÍA REYNA
“En las adicciones no podemos solamente centrarnos en el individuo como culpable, también hay que tratarlo como sociedad. El hecho de que un chaval esté enganchado a los videojuegos tiene que ver también con que dentro de estos hay patrones oscuros”, señala. A modo de resumen, los expertos apuntan que las adicciones están causadas por variables biológicas, psicológicas y sociales.
En el CTA trabajan juntos con cada persona, que se somete a tres fases que van oscilando en función de su evolución. La primera consiste en la desintoxicación, después, la deshabituación y, por último la incorporación sociolaboral. Todas fluctúan en un proceso en el que los profesionales establecen un vínculo con los pacientes. “Lo más importante es que la persona sienta que aquí tiene un refugio. A veces, somos como su familia, estamos muy disponibles y somos muy accesibles”, comenta María del Mar, que, como sus compañeros, ha aprendido a no frustrarse. Todos hablan de acompañar más que curar. En lo que va de año han registrado cinco altas terapéuticas de personas con las que plantearon unos objetivos, que muchas veces están relacionados con reducir el riesgo o el daño. “Tenemos a una mujer con conducta suicida. Hemos conseguido que cada vez que se encuentra mal venga aquí a buscarnos, eso para nosotros es un éxito terapéutico”, dicen.
"No sé cómo estoy vivo"
La psicóloga les acompaña en el giro radical de estilo de vida que conlleva abandonar el consumo. “Dejar de beber no es solo tapar la botella, requiere un cambio brutal”, comenta María del Mar. A su lado está sentado un hombre que sabe de lo que habla. A., de 63 años, está “destrozado por dentro”. Lleva un marcapasos por una miocardiopatía alcohólica, padece cirrosis y tiene la vesícula perforada. “El alcohol te mata. Yo no sé por qué estoy vivo”, dice.
Empezó a consumir con 13 años, primero hachís y luego otras drogas. El alcohol era la puerta de entrada a esas sustancias. Ha pasado por distintos síndromes de abstinencia pero para él, el del alcohol ha sido “el peor, cuando te coge, es muy difícil salir”. “Llegué a tener una dependencia tan grande que ya lo tomaba como una medicina”, relata. El cuerpo se lo pedía nada más despertar. “Me levantaba con unos temblores espantosos. Yo no tengo palabras para explicar lo que es pasar un síndrome de abstinencia del alcohol”.
El paciente comparte cómo ha vivido siendo alcohólico.
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A. se refugiaba en las copas para olvidar que padece un Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) que no soportaba. Tenía que repetir unos patrones cada vez que iba a salir de casa, como si su mente fuese teledirigida. “Me hice alcohólico para evitar el TOC, era lo único que me quitaba de ser esclavo de esta enfermedad. Me liberó al principio, pero después me hizo pasar un infierno”, reconoce.
“Cuando no estaba durmiendo, estaba consumiendo”. Incluso las tareas más sencillas se convirtieron en imposibles sin beber: “Yo iba al supermercado y tenía que tomar tres copas. Era incapaz de hacer nada sin estar bajo los efectos de una droga”.
Un día estaba tan afectado que le dijo a su amigo que necesitaba ayuda. Y aunque su reacción fue de burla, llegó al CTA. “Llegó un momento de mi vida en que me tomé en serio que era ya, o el alcohol, o moría. El primer paso es reconocer que tú eres impotente ante la droga y que tu vida se ha vuelto ingobernable”, expresa. A través de este centro accedió a un centro de desintoxicación, aunque reconoce que también tuvo recaídas. Después llegaron otros apoyos como Salud Mental, Alcohólicos Anónimos y la asociación FINE, donde participa en numerosos talleres.
Una de las partes que más le duele es la mirada social. “El alcoholismo es una enfermedad que no da pena”, lamenta. “La gente se cree que tú eres un vicioso y no saben por lo que pasamos”, comenta reclamando que se trate de verdad como una enfermedad y no como una lacra.
A. tuvo que romper con su vida anterior y dejar atrás amistades que incluso le dejaron de hablar cuando decidió rehabilitarse. Pese a ello, fue cambiando hasta llegar a apuntarse a un gimnasio. Él cuenta los años que lleva de vida desde que logró vencer a la adicción. “Voy a cumplir cinco”, dice orgulloso. No se arrepiente. “Aquí me han salvado la vida”, dice con emoción.
Un adicto en nuestro entorno
¿Cómo deben reaccionar los familiares y amigos de una persona con adicción? Los profesionales plantean que no es habitual que los pacientes tengan conciencia del problema. Más bien suelen ser sus seres queridos los que empiezan a verlos pasándose con los porros, con la cocaína, con las copas o con el uso de las pantallas.
“Es mejor ponerse al lado que enfrente y acompañar”, explican. Ante estas situaciones, el CTA es un recurso gratuito y abierto a la ciudadanía donde poder pedir información sobre cómo abordar ese acompañamiento. Además, no es necesario que las personas que acuden hayan pasado previamente por un médico de familia o por Salud Mental.
Fran Jiménez y Carlos Atienza comparten su experiencia como profesionales del centro asistencial.
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También ofrecen un programa de atención a las familias para facilitarles herramientas que les ayudan a manejar la situación.
La prevención es fundamental
La prevención de las adicciones se ha convertido en una de las líneas de trabajo que la Diputación de Cádiz quiere reforzar dentro de su red de atención. La diputada Paula Conesa insiste en que no basta con intervenir cuando el problema ya está instalado, sino que es necesario actuar antes, en los entornos familiares, educativos y comunitarios.
“La prevención es algo igual o más necesario que la parte asistencial”, sostiene Conesa, que defiende que una estrategia sólida en este ámbito puede reducir en el futuro el número de personas que necesiten tratamiento.
“Si hacemos una buena prevención, una buena detección, creo que en un futuro el nivel asistencial reduciría mucho su número de pacientes. Y además se abarataría mucho el precio de invertir en lo asistencial”, expone.
La diputada explica que actualmente se está gestando “una pata potente” en materia preventiva, con un responsable provincial y referentes en cada centro. El objetivo es crear “una red de estrategias provinciales en materia de prevención de adicciones”, coordinada con los municipios donde no existe presencia directa de los CTA.
La diputada Paula Conesa, en las escaleras del centro dependiente de la Diputación de Cádiz.
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JOSÉ MARÍA REYNA
La Diputación desarrolla acciones de sensibilización e información y trabaja para que este enfoque esté presente también en áreas como infancia y adolescencia o violencia de género.
Uno de los aspectos que más preocupa es la repetición de patrones dentro de una misma familia. Después de años de trabajo en el centro, los profesionales han visto cómo, en algunos casos, acaban tratando a los hijos de antiguos pacientes.
También mantiene líneas de colaboración con centros penitenciarios, especialmente en territorios como El Puerto y Algeciras, por albergar prisiones.
Dentro de esa atención integral, destaca el programa Enlace, que permite poner en contacto a pacientes con personal legal y abogados. El objetivo es ofrecer asesoramiento jurídico a personas que, en muchos casos, arrastran causas judiciales, dudas o problemas legales vinculados a su situación.
“Es importante que se conozca este recurso porque es muy desconocido”, afirma la diputada. A su juicio, se trata de una red “muy eficaz”, pero que todavía no cuenta con el reconocimiento social que merece. Por eso, señala la importancia de dar visibilidad a este recurso público que pone a disposición profesionales especializados para quienes atraviesan un problema de adicción. El teléfono de contacto del centro gaditano es 956281261 y el correo electrónico drogo.cadiz@dipucadiz.es.
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