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desde mi trastero

Leire, Gotera y Otilio

La presunta "trama Leire" retrata una forma de hacer política donde la chapuza, la adoración al líder y el deterioro institucional caminan peligrosamente de la mano

  • Leire Díez, ex militante del PSOE.

La semana que ahora acaba ha tenido una protagonista mediática indiscutible que no ha sido otra que Leire Diez a la que se ha dado en llamar la "fontanera de Ferraz”. Una historia, la de la tal Leire, que parece sacada de aquellas famosas historietas cómicas del genial dibujante y humorista Ibañez, creador de Pepe Gotera y Otilio y también de Mortadelo y Filemón, que bien podrían ser las fuentes de las que beben estos personajes, entre el surrealismo hispánico y el realismo mágico latinoamericano, que conforman lo que desde el punto de vista policial y judicial se ha dado en llamar la “trama Leire”.

Una trama que de haberse tratado de una banda musical se acercaría al menos en el nombre a aquel grupo de la movida madrileña que al que conocimos con  un sugerente y premonitorio “Peor Impossible” y tendría mucho que ver con aquel otro dúo que conformaron Cristina del Valle y Alberto Comesaña con el nombre de Amistades Peligrosas. Tanto en los primeros como en los segundos, me refiero a los nombres, parece haberse inspirado el comportamiento presuntamente al borde de la legalidad de Leire y todos aquellos que le acompañaron en su travesía por las cloacas de la política española buscando salvar al soldado Ryan de turno.

  • Leire Díez, en su comparecencia en el Senado.
  • -

Lo que conocemos de la presunta actividad de Leire y asociados parece haber nacido de la mente y el lápiz de Ibañez más que de la cruda realidad.  La chapuza como método de trabajo acompañada de buenas dosis de fantasía propia de la adoración al líder y en parte también del becerro de oro que todo poder representa llevó a Leire por los bajos fondos del agravio político, policial, empresarial y judicial, que de todo parece haber en esta viña del Señor.

Puestos a comparar la estructura y los instrumentos que dispuso el Partido Popular en la Operación Kitchen que ahora se juzga y los que presuntamente ha utilizado la trama Leire para fines similares la desolación es el único estado de ánimo posible. Mientras en la trama Kitchen están siendo juzgados primeros espadas de la Seguridad del Estado, es decir profesionales de la investigación y la inteligencia, en el caso al que Leire da nombre quienes están siendo investigados son personajes muy cercanos a Mortadelo y Filemón aquellos agentes de la T.I.A cuyos métodos conducían siempre al desastre bajo la atenta mirada de sus chapuceros vecinos, Pepe Gotera y Otilio.

  • El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y la directora de la Guardia Civil, Mercedes González.
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Y mientras tanto asistimos atónitos a este esperpento que habría hecho las delicias de Valle-Inclán, con unos personajes que recuerdan las comedias de Berlanga, al tiempo que la credibilidad de las instituciones se resquebraja y la convivencia democrática pierde enteros sin solución de continuidad. Lo peor, más allá de la presunta gravedad de los hechos investigados, es la perdida de la ilusión del electorado progresista de este país que empieza a preparase ya para una larga travesía del desierto si Dios no lo remedia, y parece que la divinidad tiene en estos momentos otras ocupaciones más urgentes.

La semana que ahora acaba ha tenido una protagonista mediática indiscutible que no ha sido otra que Leire Diez a la que se ha dado en llamar la "fontanera de Ferraz”. Una historia, la de la tal Leire, que parece sacada de aquellas famosas historietas cómicas del genial dibujante y humorista Ibañez, creador de Pepe Gotera y Otilio y también de Mortadelo y Filemón, que bien podrían ser las fuentes de las que beben estos personajes, entre el surrealismo hispánico y el realismo mágico latinoamericano, que conforman lo que desde el punto de vista policial y judicial se ha dado en llamar la “trama Leire”.

Una trama que de haberse tratado de una banda musical se acercaría al menos en el nombre a aquel grupo de la movida madrileña que al que conocimos con  un sugerente y premonitorio “Peor Impossible” y tendría mucho que ver con aquel otro dúo que conformaron Cristina del Valle y Alberto Comesaña con el nombre de Amistades Peligrosas. Tanto en los primeros como en los segundos, me refiero a los nombres, parece haberse inspirado el comportamiento presuntamente al borde de la legalidad de Leire y todos aquellos que le acompañaron en su travesía por las cloacas de la política española buscando salvar al soldado Ryan de turno.

  • Leire Díez, en su comparecencia en el Senado.
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Lo que conocemos de la presunta actividad de Leire y asociados parece haber nacido de la mente y el lápiz de Ibañez más que de la cruda realidad.  La chapuza como método de trabajo acompañada de buenas dosis de fantasía propia de la adoración al líder y en parte también del becerro de oro que todo poder representa llevó a Leire por los bajos fondos del agravio político, policial, empresarial y judicial, que de todo parece haber en esta viña del Señor.

Puestos a comparar la estructura y los instrumentos que dispuso el Partido Popular en la Operación Kitchen que ahora se juzga y los que presuntamente ha utilizado la trama Leire para fines similares la desolación es el único estado de ánimo posible. Mientras en la trama Kitchen están siendo juzgados primeros espadas de la Seguridad del Estado, es decir profesionales de la investigación y la inteligencia, en el caso al que Leire da nombre quienes están siendo investigados son personajes muy cercanos a Mortadelo y Filemón aquellos agentes de la T.I.A cuyos métodos conducían siempre al desastre bajo la atenta mirada de sus chapuceros vecinos, Pepe Gotera y Otilio.

  • El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y la directora de la Guardia Civil, Mercedes González.
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Y mientras tanto asistimos atónitos a este esperpento que habría hecho las delicias de Valle-Inclán, con unos personajes que recuerdan las comedias de Berlanga, al tiempo que la credibilidad de las instituciones se resquebraja y la convivencia democrática pierde enteros sin solución de continuidad. Lo peor, más allá de la presunta gravedad de los hechos investigados, es la perdida de la ilusión del electorado progresista de este país que empieza a preparase ya para una larga travesía del desierto si Dios no lo remedia, y parece que la divinidad tiene en estos momentos otras ocupaciones más urgentes.

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