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Un singular centro ecuestre en bodegas Williams & Humbert donde un reconocido jinete enseña equitación

Javier Breton ofrece servicios de pupilaje y enseñanza de doma clásica en el picadero de las históricas bodegas jerezanas, donde promueve el cuidado en libertad en paddocks

  • Javier Bretón con la yegua Barroca en el centro ecuestre de las bodegas Williams & Humbert. -

El aroma del vino envuelve un picadero donde a diario varios caballos entrenan distintos movimientos. Al paso, al trote o al galope, los animales pisan la tierra frente a las imponentes bodegas Williams & Humbert que dan la bienvenida desde una de las entradas de Jerez. Entre conejos, perdices y patos, los jinetes disfrutan de la doma clásica en un espacio integrado en la ciudad. Es el picadero de Javier Bretón, reconocido jinete con una amplia trayectoria que ha encontrado en este rincón bodeguero un lugar para entrenar, enseñar y cuidar al caballo.

Bretón, de 44 años y natural de La Rioja, empezó a montar con apenas 13 y, a los 17, tomó la decisión de dejar los estudios para dedicarse profesionalmente al caballo. Ese mismo año se marchó a Portugal, donde pasó cinco años aprendiendo junto a jinetes reconocidos. Después vendría Estados Unidos, casi tres años con Joao Oliveira, hijo de Nuno Oliveira, considerado uno de los grandes referentes de la equitación del siglo XX. Pero Javier tenía otro sueño y en 2006 llegó a Jerez para hacer las pruebas de acceso a la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre, donde fue seleccionado y completó allí el curso de cuatro años de grado superior. Desde entonces, echó raíces en esta ciudad donde lleva más de 20 años afincado.

Desde 1999, este jinete no ha dejado de vivir del caballo. Lleva más de dos décadas compitiendo en doma clásica a nivel Gran Premio Internacional, dentro y fuera de España. Ha representado al país en varias ocasiones, ha logrado dos medallas de plata en el Campeonato de Andalucía, estuvo entre los diez mejores clasificados del Gran Premio en el Campeonato de España Absoluto de 2023 en Madrid, fue sexto en el Campeonato de Europa celebrado en las Caballerizas Reales de Córdoba y tercero en el Campeonato del Mundo en Gran Premio del Pura Sangre Lusitano, disputado en 2024 en Cascais, Portugal.

  • Javier realiza un movimiento con Valiente.
  • -

Cuando habla de competición no lo hace desde el “yo”, sino desde el “nosotros”. Para él, el caballo y el jinete forman un binomio inquebrantable. En su trayectoria han aparecido nombres propios: Ensueño XVI, con el que logró una medalla de plata en 2012 en la prueba de caballos jóvenes; Miezo, con el que fue campeón de Centroamérica en alta escuela; y la célebre yegua Barroca, considerada en su momento como la mejor yegua lusitana del mundo en Gran Premio. Con ella compitió por última vez en marzo de este año, en un concurso internacional celebrado en la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre, con la participación de más de 13 países.

El picadero que dirige ahora en las instalaciones de Williams & Humbert empezó a funcionar bajo su gestión en marzo de este año. El espacio cuenta con cuadras amplias, de 4’5 por 4 metros, una pista reglamentaria de doma de 60 por 20 metros y dos paddocks. Bretón ya tenía allí sus caballos cuando el contrato de la persona que administraba las instalaciones terminó. Fue entonces cuando contactó con uno de los propietarios de la bodega, le presentó su propuesta y arrancó esta nueva aventura.

“Nuestro objetivo es el bienestar y el cuidado del caballo”, explica Bretón. La cuadra ofrece servicio de limpieza de lunes a domingo: por la mañana se limpian las cuadras y por la noche se vuelven a repasar. Los animales reciben tres comidas diarias, por la mañana, al mediodía y por la noche. La jornada empieza temprano, sobre las 7.30 horas, y se extiende hasta el almuerzo. Luego, por la tarde, continúa montando caballos, atendiendo a los animales de los clientes y revisando rutinas.

  • El jinete profesional prepara a la yegua Barroca antes de montar.
  • -

Desde este centro, Javier se dedica al pupilaje, doma de caballos y clases a particulares. Los jinetes pueden tener allí sus animales, montarlos y confiar en que durante el resto del día están atendidos. Una de las claves del proyecto es el cuidado en libertad en los paddocks, algo que no abunda en Jerez. El jinete intenta que los caballos estén lo más cerca posible de su estado natural.

Además, busca crear un ambiente familiar. “Que haya buena armonía, buen ambiente y que se venga aquí sobre todo a disfrutar”, dice. Aunque eso no significa renunciar a la exigencia. La meta sigue siendo alcanzar el máximo nivel de doma y demostrarlo en competición. “Nuestro objetivo siempre es demostrar que por las buenas, cuidando al caballo y haciéndolo sentirse a gusto, siempre se va a llegar más lejos en la competición que obligándolo a la fuerza”, explica el riojano.

En una mañana cualquiera, Valiente, de pelaje oscuro, acaba de recibir un baño para refrescarse. Mientras tanto, Jozelito, un caballo lusitano, calienta en el picadero. Con él lleva cuatro años Javier Cantos, jerezano de 71 años, aficionado, juez de doma y alumno habitual de Bretón. Su nombre es un homenaje a la persona que  cuidó del equino desde pequeño.

  • Javier Cantos montando con Jozelito en el centro ecuestre de las bodegas.
  • -

Javier Cantos no es profesional, pero lleva toda la vida montando y disfrutando del caballo. Ingeniero de formación, recuerda que durante años sacaba tiempo antes de empezar la rutina. “Yo iba siempre a montar a las seis de la mañana, montaba y después a las ocho y media ya estaba en el trabajo”, cuenta. Para él, la equitación no es solo técnica. Es una escuela de vida. “Del caballo se aprenden muchísimas cosas, se aprende a tratarlo y a respetarlo. Cualquier cosa que no funcione es porque tú te has equivocado, con lo cual crea una autocrítica muy sana”, expresa.

Su visión enlaza con la escuela de la ligereza que defendía Oliveira, es decir, buscar que el caballo se sienta a gusto, que el movimiento sea limpio, que no haya violencia. Este jerezano lo resume con una frase que guía su forma de entender la doma. “Nada obtenido por la fuerza puede ser bello”, dice este aficionado que vincula el adiestramiento equino con el desarrollo humano. Él habla de constancia, paciencia, resiliencia, confianza, disciplina y respeto mutuo. Ideas que ha compartido en espacios como el Sicab y el Ateneo de Jerez, conectando el mundo ecuestre con la formación integral.

  • Javier Bretón y Javier Cantos entrenan en el picadero.
  • -
  • Javier Cantos prepara a Jozelito.
  • -

“La doma clásica forma a un caballero”, sostiene. Y no se refiere solo a alguien que monta bien, sino a una persona educada y respetuosa con los demás. En este picadero ha encontrado ese clima. “Aquí hay un grupo de jinetes muy agradable donde montamos, nos corregimos unos a otros y estamos muy a gusto”, dice Javier, que promueve alcanzar una armonía casi invisible entre caballo y jinete. “Buscar la cadencia, los movimientos correctos y sobre todo que el caballo esté a gusto, con lo cual tú estarás a gusto también y se formará un binomio donde uno piensa y el caballo lo hace”, añade.

Imparte clases a alumnos internacionales

Las palmeras arropan a este picadero que se ha convertido en un punto de encuentro para personas procedentes de distintas partes del mundo. Javier Bretón imparte clases y recibe alumnos internacionales, además de jinetes ya experimentados que perfeccionan su técnica. Entre ellos hay un cliente de Bangladesh que deja a su caballo al cargo del profesional las temporadas que pasa en su país.

  • Daniel, natural de Guatemala, aprende en este centro ecuestre al cuidado del caballo.
  • -
  • El centro promueve el cuidado en libertad en paddocks.
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Daniel, de 27 años, ha cruzado el Atlántico para introducirse en esta disciplina. El joven, natural de Guatemala, esmalta los cascos de Barroca mientras Javier Cantos recorre el picadero a lomos de Jozelito. Para él es “un mundo fascinante”. Según comparte con lavozdelsur.es, desde pequeño sintió gusto por los animales, especialmente los de granja, aunque en Guatemala la relación con ellos está más vinculada al ámbito agrícola y ganadero que a la equitación. Al llegar a Jerez, cerca del lugar donde estudia inglés, se encontró con la escuela ecuestre de la quedó prendado.

Por las mañanas se ocupa de la limpieza de las camas y del cuidado de los animales y,  después, recibe clases con un jinete que acude a las instalaciones a ver sus caballos. Un lugar que este verano también recibirá a alumnos de Centroamérica, Bangladesh e Italia. Además, Javier Bretón viaja varias veces al año a distintos países para impartir clases personalizadas.

En este rincón de Jerez, junto a las históricas bodegas Williams & Humbert, el caballo no es solo deporte ni espectáculo. Es oficio, disciplina, paciencia y disfrute. Las personas interesadas en hacer uso de estas instalaciones pueden contactar con Javier Bretón a través del teléfono 676 31 48 47.

El aroma del vino envuelve un picadero donde a diario varios caballos entrenan distintos movimientos. Al paso, al trote o al galope, los animales pisan la tierra frente a las imponentes bodegas Williams & Humbert que dan la bienvenida desde una de las entradas de Jerez. Entre conejos, perdices y patos, los jinetes disfrutan de la doma clásica en un espacio integrado en la ciudad. Es el picadero de Javier Bretón, reconocido jinete con una amplia trayectoria que ha encontrado en este rincón bodeguero un lugar para entrenar, enseñar y cuidar al caballo.

Bretón, de 44 años y natural de La Rioja, empezó a montar con apenas 13 y, a los 17, tomó la decisión de dejar los estudios para dedicarse profesionalmente al caballo. Ese mismo año se marchó a Portugal, donde pasó cinco años aprendiendo junto a jinetes reconocidos. Después vendría Estados Unidos, casi tres años con Joao Oliveira, hijo de Nuno Oliveira, considerado uno de los grandes referentes de la equitación del siglo XX. Pero Javier tenía otro sueño y en 2006 llegó a Jerez para hacer las pruebas de acceso a la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre, donde fue seleccionado y completó allí el curso de cuatro años de grado superior. Desde entonces, echó raíces en esta ciudad donde lleva más de 20 años afincado.

Desde 1999, este jinete no ha dejado de vivir del caballo. Lleva más de dos décadas compitiendo en doma clásica a nivel Gran Premio Internacional, dentro y fuera de España. Ha representado al país en varias ocasiones, ha logrado dos medallas de plata en el Campeonato de Andalucía, estuvo entre los diez mejores clasificados del Gran Premio en el Campeonato de España Absoluto de 2023 en Madrid, fue sexto en el Campeonato de Europa celebrado en las Caballerizas Reales de Córdoba y tercero en el Campeonato del Mundo en Gran Premio del Pura Sangre Lusitano, disputado en 2024 en Cascais, Portugal.

  • Javier realiza un movimiento con Valiente.
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Cuando habla de competición no lo hace desde el “yo”, sino desde el “nosotros”. Para él, el caballo y el jinete forman un binomio inquebrantable. En su trayectoria han aparecido nombres propios: Ensueño XVI, con el que logró una medalla de plata en 2012 en la prueba de caballos jóvenes; Miezo, con el que fue campeón de Centroamérica en alta escuela; y la célebre yegua Barroca, considerada en su momento como la mejor yegua lusitana del mundo en Gran Premio. Con ella compitió por última vez en marzo de este año, en un concurso internacional celebrado en la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre, con la participación de más de 13 países.

El picadero que dirige ahora en las instalaciones de Williams & Humbert empezó a funcionar bajo su gestión en marzo de este año. El espacio cuenta con cuadras amplias, de 4’5 por 4 metros, una pista reglamentaria de doma de 60 por 20 metros y dos paddocks. Bretón ya tenía allí sus caballos cuando el contrato de la persona que administraba las instalaciones terminó. Fue entonces cuando contactó con uno de los propietarios de la bodega, le presentó su propuesta y arrancó esta nueva aventura.

“Nuestro objetivo es el bienestar y el cuidado del caballo”, explica Bretón. La cuadra ofrece servicio de limpieza de lunes a domingo: por la mañana se limpian las cuadras y por la noche se vuelven a repasar. Los animales reciben tres comidas diarias, por la mañana, al mediodía y por la noche. La jornada empieza temprano, sobre las 7.30 horas, y se extiende hasta el almuerzo. Luego, por la tarde, continúa montando caballos, atendiendo a los animales de los clientes y revisando rutinas.

  • El jinete profesional prepara a la yegua Barroca antes de montar.
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Desde este centro, Javier se dedica al pupilaje, doma de caballos y clases a particulares. Los jinetes pueden tener allí sus animales, montarlos y confiar en que durante el resto del día están atendidos. Una de las claves del proyecto es el cuidado en libertad en los paddocks, algo que no abunda en Jerez. El jinete intenta que los caballos estén lo más cerca posible de su estado natural.

Además, busca crear un ambiente familiar. “Que haya buena armonía, buen ambiente y que se venga aquí sobre todo a disfrutar”, dice. Aunque eso no significa renunciar a la exigencia. La meta sigue siendo alcanzar el máximo nivel de doma y demostrarlo en competición. “Nuestro objetivo siempre es demostrar que por las buenas, cuidando al caballo y haciéndolo sentirse a gusto, siempre se va a llegar más lejos en la competición que obligándolo a la fuerza”, explica el riojano.

En una mañana cualquiera, Valiente, de pelaje oscuro, acaba de recibir un baño para refrescarse. Mientras tanto, Jozelito, un caballo lusitano, calienta en el picadero. Con él lleva cuatro años Javier Cantos, jerezano de 71 años, aficionado, juez de doma y alumno habitual de Bretón. Su nombre es un homenaje a la persona que  cuidó del equino desde pequeño.

  • Javier Cantos montando con Jozelito en el centro ecuestre de las bodegas.
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Javier Cantos no es profesional, pero lleva toda la vida montando y disfrutando del caballo. Ingeniero de formación, recuerda que durante años sacaba tiempo antes de empezar la rutina. “Yo iba siempre a montar a las seis de la mañana, montaba y después a las ocho y media ya estaba en el trabajo”, cuenta. Para él, la equitación no es solo técnica. Es una escuela de vida. “Del caballo se aprenden muchísimas cosas, se aprende a tratarlo y a respetarlo. Cualquier cosa que no funcione es porque tú te has equivocado, con lo cual crea una autocrítica muy sana”, expresa.

Su visión enlaza con la escuela de la ligereza que defendía Oliveira, es decir, buscar que el caballo se sienta a gusto, que el movimiento sea limpio, que no haya violencia. Este jerezano lo resume con una frase que guía su forma de entender la doma. “Nada obtenido por la fuerza puede ser bello”, dice este aficionado que vincula el adiestramiento equino con el desarrollo humano. Él habla de constancia, paciencia, resiliencia, confianza, disciplina y respeto mutuo. Ideas que ha compartido en espacios como el Sicab y el Ateneo de Jerez, conectando el mundo ecuestre con la formación integral.

  • Javier Bretón y Javier Cantos entrenan en el picadero.
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  • Javier Cantos prepara a Jozelito.
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“La doma clásica forma a un caballero”, sostiene. Y no se refiere solo a alguien que monta bien, sino a una persona educada y respetuosa con los demás. En este picadero ha encontrado ese clima. “Aquí hay un grupo de jinetes muy agradable donde montamos, nos corregimos unos a otros y estamos muy a gusto”, dice Javier, que promueve alcanzar una armonía casi invisible entre caballo y jinete. “Buscar la cadencia, los movimientos correctos y sobre todo que el caballo esté a gusto, con lo cual tú estarás a gusto también y se formará un binomio donde uno piensa y el caballo lo hace”, añade.

Imparte clases a alumnos internacionales

Las palmeras arropan a este picadero que se ha convertido en un punto de encuentro para personas procedentes de distintas partes del mundo. Javier Bretón imparte clases y recibe alumnos internacionales, además de jinetes ya experimentados que perfeccionan su técnica. Entre ellos hay un cliente de Bangladesh que deja a su caballo al cargo del profesional las temporadas que pasa en su país.

  • Daniel, natural de Guatemala, aprende en este centro ecuestre al cuidado del caballo.
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  • El centro promueve el cuidado en libertad en paddocks.
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Daniel, de 27 años, ha cruzado el Atlántico para introducirse en esta disciplina. El joven, natural de Guatemala, esmalta los cascos de Barroca mientras Javier Cantos recorre el picadero a lomos de Jozelito. Para él es “un mundo fascinante”. Según comparte con lavozdelsur.es, desde pequeño sintió gusto por los animales, especialmente los de granja, aunque en Guatemala la relación con ellos está más vinculada al ámbito agrícola y ganadero que a la equitación. Al llegar a Jerez, cerca del lugar donde estudia inglés, se encontró con la escuela ecuestre de la quedó prendado.

Por las mañanas se ocupa de la limpieza de las camas y del cuidado de los animales y,  después, recibe clases con un jinete que acude a las instalaciones a ver sus caballos. Un lugar que este verano también recibirá a alumnos de Centroamérica, Bangladesh e Italia. Además, Javier Bretón viaja varias veces al año a distintos países para impartir clases personalizadas.

En este rincón de Jerez, junto a las históricas bodegas Williams & Humbert, el caballo no es solo deporte ni espectáculo. Es oficio, disciplina, paciencia y disfrute. Las personas interesadas en hacer uso de estas instalaciones pueden contactar con Javier Bretón a través del teléfono 676 31 48 47.

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