El nombre completo: Real Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y Humildad, Cristo de la Yedra, Nuestra Señora del Rosario y Nuestra Señora de la Esperanza Coronada. Para muchos, la cofradía de la Esperanza de la Yedra, su imagen más icónica. Célebre virgen del viernes santo, esperada aparición de la Madrugá jerezana, que fue manumitida de las telarañas de una trapería.
La chamarilería en cuestión se llamaba La Lebrijana, en la calle Empedrada, esquina con Lecheras. El nombre se debía a la dueña, María Alcón Guerrero (1856-1941), viuda de Cárdenas, nacida en Lebrija y residente en Jerez desde 1891. María vivía en el número 14 de la calle Empedrada, donde alquilaba habitaciones y tenía un hermanastro también lebrijano, Francisco Sánchez-Pavón (y quizás por eso se ha llamado a María Alcón, en alguna ocasión, Francisca Sánchez). Los lebrijanos en Jerez se solían conocer cuanto menos de nombre, y la constelación de Sánchez, Guerreros y Alcones, en particular, estaba reliada en una madeja de parentescos, que se extendían hasta la familia de la legendaria panificadora Hermida.
Un día de 1928 La Lebrijana recibe un cargamento singular: unas tallas religiosas procedentes del Asilo de San José, en la actual calle Tardixt. Destacaba una dolorosa de aspecto místico, etéreo, con trágica faz y un peto con un corazón y siete puñales.
La imagen no iba a dejar al barrio indiferente. Las leyendas vecinales cuentan que, cada mañana, La Lebrijana la colocaba en la acera frente a la tienda y ya entonces despertaba oraciones en los viandantes y devociones de arrabal. El cronista de la hermandad José Moreno Alonso escribe en su libro Esperanza de la Yedra que, por el contrario, Nuestra Señora estaba situada “en un rincón en el más completo abandono con polvo y telarañas entre multitud de cuadros, muebles cobres, y demás metales”. Es posible que, aun con su red de telarañas, se la viera desde la calle, pues esta Virgen terminaría llamando la atención de dos o tres cofradías.

- Imagen completa de la Virgen.
Resulta que, en octubre de 1928, un grupo de amantes de las tradiciones de Semana Santa se propone fundar una hermandad de penitencia en la vecina capilla de la Yedra, que debe su nombre a la presencia de esta planta en otros tiempos. Se enteran de la presencia de esta talla en el barrio por el sacristán de la capilla, Rafael Caballero González. Un grupo visita la tienda para descubrir la imagen en su abandono, sumergida en el polvo y la telaraña, estampa que hirió sus sentimientos cristianos.
La hermandad del Santo Crucifijo de la Salud (San Miguel) también se interesó por ella, pero mandaría llamar como perito a un licenciado en Bellas Artes sevillano y los de la Yedra aprovecharon la dilación. La Filial de San Lucas enviaba a sus propios emisarios... La anticuaria, a la que no le faltaba carácter tanto en la gestión de su anticuario como para con sus inquilinos problemáticos, a los que podía cortar el agua para echarlos, declaró que se llevaría la imagen el primero que diera 300 pesetas. Se le recuerda diciendo cosas como: “Rafael, ¿te va s quedar con la Virgen? Porque el Señor Marqués está detrás de ella y me da más dinero”. Amenazas que aceleraron la resolución de esta pugna. En diciembre, por lo que sabemos, se cierra el pacto con la Yedra. Las fuentes de la hermandad sostienen, en cambio, que les rebajó el precio de 300 a 275 (o 250) pesetas, asumiendo un menor margen de beneficios, al saber que la imagen se quedaría en el barrio, en la capilla de la Yedra. (¿Por mediación del párroco de San Miguel?).

- Recibo de La Lebrijana de marzo de 1929, que recoge una aportación a la compra.
La tradición cifra la compra el 14 de diciembre de 1928, días antes de la festividad de la Esperanza, pero las investigaciones recientes de César Augusto Díaz la trasladarían al 7 de mayo de 1929, tal como figura en una memoria de la hermandad de 1937. Acaso se acordó la venta en diciembre, apunta Díaz, pero la escasez de medios de la debutante hermandad la retrasó hasta mayo del año siguiente. Un recibo de La Lebrijana demuestra que aún se estaban produciendo pagos de los hermanos en marzo de 1929, para costear una imagen que la anticuaria llama, misteriosamente, “el maniquí de mi propiedad”. En la documentación de los años treinta consta que D. José García del Carpio puso 50 pesetas, varios miembros de la Hermandad fracciones de 25 y el cura 50, todas las cuales fueron posteriormente reintegradas. Se cuenta que el director espiritual desembolsó, raudo, las últimas pesetas cuando faltaban 50.
La historia de José Moreno Alonso, cercano a los hechos y conocedor de testimonios del barrio, presenta, en lugar de este sobrio reparto, una animada escena donde los hermanos van recorriendo las calles Sol y Empedrada en colecta, obteniendo “sus modestos donativos de diez, quince o veinte céntimos. y alguna monedita de plata de cincuenta céntimos. que van anotando en pliegos de papel de barba y con las aportaciones de unos y otros e incluso con la rotura de una hucha de barro de su propiedad completan las veinticinco ptas. que faltan para la cantidad estipulada”. El barrio entero unido en la adquisición de su Virgen, sin sospechar ninguno de ellos sus orígenes paranormales...
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