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Esa extraña sensación de "un gobierno a ocho años" en Jerez de la Fra

El mandato municipal entra en su recta final, el momento de la verdad, que en el caso de Pelayo pasa precisamente por ratificar 'esa extraña sensación' que se produjo desde el minuto uno de su victoria en 2023... o comprobar que la ciudad ha cambiado

  • La alcaldesa Pelayo y otras autoridades en la inauguración de Vinoble. -

Queda como un año para las elecciones municipales, puede que una o dos semanas menos. ¿Cómo serán, serán individuales o habrá 'súperdomingo' con las generales? ¿Aguantará hasta entonces Pedro Sánchez al ritmo que van los acontecimientos? Imposible dar una aproximación. El año antes de las elecciones suele ser, siempre se dice, el de cortar cintas, el de las inauguraciones, el de que los vecinos vean en qué se ha trabajado, qué se ha hecho. Lo suyo, de entrada, sería repasar el programa electoral del partido que ostenta el poder, el PP, pero vaya, cualquiera se acuerda ahora de lo que ponía el programa, la verdad, y no lo digo solo por este cronista, lo digo también por la calle Consistorio...

Puede parecer mucho tiempo, un año, pero el verano y su dolce far niente, una Navidad goyesca, que amenaza con devorar a sus hijos –un conocido hostelero me decía esta semana, entre risas, las suyas, que cualquier día el Ayuntamiento pone las Zambombas en octubre– y luego la temporada primaveral de festejos, dejan el tiempo hábil tan escurrido como uno de esos relojes que pintaba Dalí.

El Ayuntamiento de Jerez tiene varias cozita por ahí, claro, con las que pretende rentabilizar la gestión de este mandato, un clásico de todos los partidos, por supuesto. Algunas en colaboración con la Junta de Andalucía –Jerez, ya saben, va de la mano de la Junta... esa expresión tan de la alcaldesa Pelayo, "ir de la mano", que visualmente como que infantiliza al Ayuntamiento, "hala, Ayuntamientito, vamos a por las chuches"– que le pueden dar algunos réditos y otras en la medida en que puede con sus propios recursos, que ya saben ustedes que son los propios de un ayuntamiento que está casi en la ruina y que tiene la paga, por seguir con el símil, intervenida. Tiempo habrá para hablar largo y tendido de la tercera gestión de María José García-Pelayo, de Pelayo III, que dicho así a mitad de camino de la monarquía astur y de una hipotética misión espacial española, muy española.

De lo que queremos hablar –y es aquí es donde queríamos llegar, que ya saben que en Marca ACME la digresión es más recurso que incapacidad– es de la extraña sensación que desde el minuto uno se ha producido de que "hemos venido para ocho años" que, este cronista ha visto y de la que da fe, pero de la que desconoce todo sobre su origen. Incluso, puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que esa sensación de ocho años la tienen no solo los dirigentes del PP y sus asesores, la tienen también buena parte de los votantes e incluso, si me apuran un poco, el resto de partido políticos.

En política siempre puede ocurrir cualquier cosa

Por supuesto, en política nunca se sabe, siempre puede ocurrir cualquier cosa –habrá que ver qué ocurre, por ejemplo, con el efecto Adelante Andalucía en las municipales, si vuelve Pacheco... también desde hace semanas corre por Jerez el rumor de que Pelayo sería ministrable en un hipotético gobierno de Feijóo, que oigan, pues...– pero esa sensación de "ocho años" es curiosa. Y digo que es curiosa porque no se trata, por ejemplo, de "tenemos PP (o Pelayo) para rato", en plan la que nos ha caído, que puede que en algunas zonas de la izquierda se haya producido, no digo que no, sino que se trata más bien de algo sobreentendido y que no resulta molesto per se, o al menos no más molesto –al que le moleste– que la victoria a cuatro años, la normal, vaya.

Desde el mismo momento de la victoria del PP se dio por hecho que era un victoria a ocho como si fuera a ser una norma no escrita. Y no solo por la absoluta. Verán recuerdo que, en esas porras electorales a las que son tan aficionados los periodistas, puse que Pelayo ganaba pero que no sacaba absoluta: que sacaba 13 puse (la absoluta son 14), que gobernaría sin demasiados problemas y que, un voto, ni siquiera le hacía depender para todo de Vox. Pero ya ven que Pelayo iba como un palmo por encima del suelo (broma antigua entre la alcaldesa y el autor de estas líneas, por cierto)... con una campaña justita de nombres y medios. Y seguro que ella lo sabía, sin necesidad de mirarse a los pies.

Se ha dicho más arriba que se desconoce el origen de esta sensación... o tal vez sea algo un tanto esotérico. Este cronista tiene la extraña percepción de que la ciudad, como si fuera un ente, tenía ganas de Pelayo y de darle su tiempo, sus ocho años. Pero aquello eran cosas del Jerez de hace tres años. Ahora estamos a menos de un año de ver si permanece el hechizo o si, por contra, la ciudad ha cambiado. Qué cosas tienen a veces las ciudades... 

Queda como un año para las elecciones municipales, puede que una o dos semanas menos. ¿Cómo serán, serán individuales o habrá 'súperdomingo' con las generales? ¿Aguantará hasta entonces Pedro Sánchez al ritmo que van los acontecimientos? Imposible dar una aproximación. El año antes de las elecciones suele ser, siempre se dice, el de cortar cintas, el de las inauguraciones, el de que los vecinos vean en qué se ha trabajado, qué se ha hecho. Lo suyo, de entrada, sería repasar el programa electoral del partido que ostenta el poder, el PP, pero vaya, cualquiera se acuerda ahora de lo que ponía el programa, la verdad, y no lo digo solo por este cronista, lo digo también por la calle Consistorio...

Puede parecer mucho tiempo, un año, pero el verano y su dolce far niente, una Navidad goyesca, que amenaza con devorar a sus hijos –un conocido hostelero me decía esta semana, entre risas, las suyas, que cualquier día el Ayuntamiento pone las Zambombas en octubre– y luego la temporada primaveral de festejos, dejan el tiempo hábil tan escurrido como uno de esos relojes que pintaba Dalí.

El Ayuntamiento de Jerez tiene varias cozita por ahí, claro, con las que pretende rentabilizar la gestión de este mandato, un clásico de todos los partidos, por supuesto. Algunas en colaboración con la Junta de Andalucía –Jerez, ya saben, va de la mano de la Junta... esa expresión tan de la alcaldesa Pelayo, "ir de la mano", que visualmente como que infantiliza al Ayuntamiento, "hala, Ayuntamientito, vamos a por las chuches"– que le pueden dar algunos réditos y otras en la medida en que puede con sus propios recursos, que ya saben ustedes que son los propios de un ayuntamiento que está casi en la ruina y que tiene la paga, por seguir con el símil, intervenida. Tiempo habrá para hablar largo y tendido de la tercera gestión de María José García-Pelayo, de Pelayo III, que dicho así a mitad de camino de la monarquía astur y de una hipotética misión espacial española, muy española.

De lo que queremos hablar –y es aquí es donde queríamos llegar, que ya saben que en Marca ACME la digresión es más recurso que incapacidad– es de la extraña sensación que desde el minuto uno se ha producido de que "hemos venido para ocho años" que, este cronista ha visto y de la que da fe, pero de la que desconoce todo sobre su origen. Incluso, puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que esa sensación de ocho años la tienen no solo los dirigentes del PP y sus asesores, la tienen también buena parte de los votantes e incluso, si me apuran un poco, el resto de partido políticos.

En política siempre puede ocurrir cualquier cosa

Por supuesto, en política nunca se sabe, siempre puede ocurrir cualquier cosa –habrá que ver qué ocurre, por ejemplo, con el efecto Adelante Andalucía en las municipales, si vuelve Pacheco... también desde hace semanas corre por Jerez el rumor de que Pelayo sería ministrable en un hipotético gobierno de Feijóo, que oigan, pues...– pero esa sensación de "ocho años" es curiosa. Y digo que es curiosa porque no se trata, por ejemplo, de "tenemos PP (o Pelayo) para rato", en plan la que nos ha caído, que puede que en algunas zonas de la izquierda se haya producido, no digo que no, sino que se trata más bien de algo sobreentendido y que no resulta molesto per se, o al menos no más molesto –al que le moleste– que la victoria a cuatro años, la normal, vaya.

Desde el mismo momento de la victoria del PP se dio por hecho que era un victoria a ocho como si fuera a ser una norma no escrita. Y no solo por la absoluta. Verán recuerdo que, en esas porras electorales a las que son tan aficionados los periodistas, puse que Pelayo ganaba pero que no sacaba absoluta: que sacaba 13 puse (la absoluta son 14), que gobernaría sin demasiados problemas y que, un voto, ni siquiera le hacía depender para todo de Vox. Pero ya ven que Pelayo iba como un palmo por encima del suelo (broma antigua entre la alcaldesa y el autor de estas líneas, por cierto)... con una campaña justita de nombres y medios. Y seguro que ella lo sabía, sin necesidad de mirarse a los pies.

Se ha dicho más arriba que se desconoce el origen de esta sensación... o tal vez sea algo un tanto esotérico. Este cronista tiene la extraña percepción de que la ciudad, como si fuera un ente, tenía ganas de Pelayo y de darle su tiempo, sus ocho años. Pero aquello eran cosas del Jerez de hace tres años. Ahora estamos a menos de un año de ver si permanece el hechizo o si, por contra, la ciudad ha cambiado. Qué cosas tienen a veces las ciudades... 

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