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Uno de los mejores docentes de España es gaditano: “Otra manera de enseñar es posible”

El maestro Francisco Cid es uno de los diez finalistas al Mejor Docente de España 2017 gracias a su metodología 'Cuestiones de interés'. "De nada sirve saber hacer raíces cuadradas si luego ves un semáforo en rojo y no te paras", defiende

“Otra manera de enseñar es posible”, repite una y otra vez a través del teléfono. “Lo que me da fuerza para seguir trabajando es eso, que otra manera de enseñar es posible”, insiste. Y es que Francisco Cid Fornell es finalista al Mejor Docente de España 2017 porque un día se sentó frente al director del CEIP Quintanilla, en San Fernando, y le planteó un programa educativo que él mismo había inventado en el que involucraba de pleno a la familia de los alumnos de Educación Infantil. “Casi me echa. Pero confió, confió mucho en mi”. Cid nació en la primavera gaditana de 1976. Confiesa que desde que era un niño ha querido ser profesor o médico, pero que eso de ver sangre siempre le ha dado mareos: “Me ponía con mi hermana pequeña a enseñarle con la pizarra. Ella no entendía nada, pero yo le iba explicando”, ríe. Terminó la carrera de Magisterio en 2001, pero en la Universidad de Huelva, junto a su primo de Isla Cristina. “Esa era nuestra ilusión desde siempre, estar juntos con 18 años en una casa los dos solos. Pasamos la varicela juntos, con 7 añitos, todo lo que pasaba él lo pasaba yo”.

No obstante, terminó los estudios superiores y nunca se presentó a las oposiciones de Educación Primaria, su especialidad. “Pero porque por aquel entonces tampoco salían plazas”. Cuenta que no tuvo otro remedio que buscarse otro empleo. Fue entonces cuando consiguió un puesto como dependiente en unos grandes almacenes, vendiendo fotografías y muebles. Gracias a su donaire a la hora de atender a las personas, la empresa le iba a proponer como jefe de departamento, ascenso que Cid rechazó al presentar su carta de dimisión. “Recuerdo que durante unas rebajas una parejita me reservó una hamaca, la cual un empresario de postín quiso llevarse. Le dije que no, pero mi jefe me obligó a vendérsela y a inventarme una excusa para aquella parejita. Por esas cositas lo dejé”. Comparte que a sus padres les entró un patatús cuando se enteraron que el niño dejaba un trabajo fijo para, ahora sí, prepararse las oposiciones.

Se llevó tan solo cuatro meses estudiando y sacó plaza en Educación Infantil, sin ser su especialidad y sin pasar por ser interino, en 2005. Desde entonces estuvo durante un año en el CEIP Los Bateles (Conil), otro en Los Remedios (Chiclana), y le dieron como destino definitivo el colegio San Juan de Dios, donde estuvo dos años hasta que concursó para terminar como maestro donde hoy está, en el CEIP Quintanilla en San Fernando, donde reside desde hace doce años. Francisco Cid señala que durante sus primeros años como maestro contempló cómo los peques, en clase o durante los recreos, se planteaban cuestiones que quizá nunca nadie les daba respuesta. “Vi que al final no estábamos enseñando para aprender en la vida. De nada sirve saber hacer raíces cuadradas si luego ves un semáforo en rojo y no te paras”. Dice que a los niños lo que les interesa es su mundo y sus preocupaciones, que son del tipo: ¿dónde se van las hormigas cuando tienen frío? ¿el pan sale de Mercadona? ¿por qué no se cae el sol? Fue entonces por lo que creó “otra manera de enseñar”. Su metodología se llama Cuestiones de interés y consiste en solucionar las preguntas que los pequeños se hacen en el día a día a través de las familias de estos alumnos. “Quería que la familia se mojase y formara parte de mi proyecto”, apunta. Cid normalmente está con un mismo curso durante tres años, cuando los niños tienen 3, 4 y 5 años de edad. En el primer curso la tarea la realiza el maestro, que tiene que estar atento a las conversaciones que los pequeños tienen entre ellos y también en las diferentes asambleas que se llevan a cabo durante la semana. “Ahí sueltan el mundo interior que llevan dentro, que es súper amplio”.

Mientras el docente está pendiente de las cuestiones de interés que les surge a los niños, la labor de los padres es, una vez por semana —las familias se van turnando para hacer solo una tarea durante el curso educativo— hacer una actividad en el aula para interactuar con los alumnos como talleres de cocina, de disfraces, cuentacuentos…. Una vez que termina el curso y antes de que comience el segundo, Cid aglutina todas las dudas que han tenido los peques y se las ofrece a los padres para que escojan el tema que van a tratar como por ejemplo: ¿de dónde vienen los bebés?; me dan miedo las moscas; o ¿qué es una bombona? “En un año salen entre 80 y 90 cuestiones, y lo que hago es ofrecérselas a los padres y que elijan la cuestión que creen que van a defender mejor”. Durante el verano las familias escogen y al inicio del nuevo curso todas las clases donde los padres tienen que dar solución a la pregunta o afirmación errónea que han elegido, están programadas cada viernes de la semana.

“De nada sirve saber hacer raíces cuadradas si luego ves un semáforo en rojo y no te paras”

“En ese mismo instante su padre, su madre, sus abuelos… son los maestros y ellos alucinan en colores. Y cuando esos padres ven a ese niño ese día, vale por todo el oro del mundo. Hay alumnos de hace seis años que todavía recuerdan ese día”. Las familias son las encargadas de ambientar la clase con la ayuda de una comisión que el propio docente ha compuesto previamente. Primero dan una clase teórica, donde se intenta cambiar la idea errónea con un argumento que sea más perceptible con la realidad a través de vídeos, cuentos, canciones… Y luego está la parte práctica donde la familia trata de consolidar lo que enseñan al principio con actividades muy lúdicas para que los niños aprendan divirtiéndose.

“Pero todo lo hacen los padres, yo nunca resuelvo la cuestión”, incide Cid. “Y otra cosa que es fundamental es que la curiosidad salga del niño y que no se le imponga, porque si no, pierdes la esencia del proyecto”. Finalmente, las familias llevan a cabo su explicación durante los dos últimos años y cuando termina el último curso de Infantil, la clase hace una gran exposición con los montajes que los padres han hecho para que toda la comunidad educativa tenga la oportunidad de visitarla. 

“El talón de Aquiles de los docentes es meter a los padres en el aula”

“Es un trabajo muy grande y comprendo que hay miedo, porque el talón de Aquiles de los docentes es meter a los padres en el aula”, explica y prosigue: “Al principio las familias tienen mucho miedo, se creen que van a trabajar las letras, los números… Pero luego cuando participan no quieren que termine y quieren que las cuestiones continúen en Primaria. Cuando montan la decoración es comunidad educativa pura y dura”. Francisco Cid ha tenido tanto éxito con su metodología que ya hay diferentes centros educativos que trabajan por cuestiones en La Linea, Extremadura, Mexico, Madrid, Chiclana… “Estoy súper orgulloso”.

No obstante, con la metodología de Cid, no solo aprenden los alumnos. Tanto él, como las familias se enriquecen con los diferentes proyectos. “Se trata también de que ellos vean lo que trabaja un docente y eliminar prejuicios. Además, existe la necesidad de involucrar a la familia porque, si estas no están implicadas yo, como docente, no les puedo echar la culpa, pero ahora que sí están involucrados en el proyecto, parte de la nota proviene de la participación de los padres. Por lo que ahora sí puedo pedirle cuentas al Rey”. Para Francisco Cid, finalista al Mejor Docente de España 2017 y reconocido en 2016 con el Premio a la Excelencia e Innovación Educativa de la Asociación Mundial de Educadores Infantiles, la pasión por lo que haces y tratar a los alumnos como te gustaría que los demás hicieran con tus hijos, son la clave para conectar con los más pequeños.

“Se cargan toda la manera de trabajar en Primaria, del cielo mi hijo baja al infierno”

Sin embargo, si bien la metodología que utiliza Cid es todo un éxito que está cosechando premios, él tiene presente que el sistema, a día de hoy, falla. “Resulta que a mí me dicen que trabaje de una manera lúdica, significativa, motivadora…, y eso me encanta. Lo que no me gusta es que luego lleguen a Primaria y todo eso se rompa. Se cargan toda la manera de trabajar en Primaria, del cielo mi hijo baja al infierno”, comparte. “Los sientan de manera individual y en las clases se trabaja todo de manera magistral. Yo tenía una niña que venía a clase todos los días cantando y ahora que está en Primaria dice que no quiere ir al colegio”, apostilla.

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