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"Las tetas pagaban las exclusivas": el secreto del éxito de Interviú, según el escritor que ha investigado la histórica revista

El periodista gaditano Jerónimo Andreu revive el auge y la caída de una revista que convirtió el destape, las exclusivas y la denuncia política en un fenómeno editorial sin precedentes

  • El escritor gaditano, posando con 'Los desnudos y los muertos'. -

Hubo un tiempo en que Interviú era mucho más que una revista. Era un fenómeno social. En los talleres, en los bares, en los quioscos o en los salones de millones de hogares convivían sus portadas protagonizadas por actrices y cantantes desnudas con algunas de las investigaciones periodísticas más incisivas de la Transición. Medio siglo después de su nacimiento, el periodista y escritor Jerónimo Andreu recupera aquella historia en Los desnudos y los muertos, un ensayo que reconstruye el ascenso y la desaparición de una cabecera irrepetible y que se aleja tanto de la nostalgia como del ajuste de cuentas.

Andreu, periodista especializado en investigación y guionista de documentales, autor también de las novelas negras El vientre de la roca y El sueño del cíclope, ambas ambientadas en Gibraltar, asegura que el origen del libro responde a una inquietud personal. "No había ninguna vocación de hacer justicia ni nada. Yo soy periodista y trabajaba haciendo documentales, hacía muchas investigaciones. Me pareció curioso que, cuando empezabas a remover cosas y a documentarte, enseguida te salían historias de Interviú. Veías que todos los grandes sucesos de los últimos 30 años habían pasado por allí".

  • El autor, en la charla ofrecida esta semana en Cádiz.
  •  

Aquella constatación le llevó a preguntarse por qué una publicación que había sido omnipresente había desaparecido casi por completo de la memoria colectiva. "Me llamó mucho la atención cómo una revista que había sido sistémica, que estaba en todos sitios, en el taller, en el bar, con el póster de Sabrina colgado, había desaparecido de la memoria y solo quedaban cuatro portadas o cuatro escándalos. Había sido súper importante y, sin embargo, era como un misterio. ¿Qué ha ocurrido para que algo tan importante no deje apenas rastro? Es como si de repente desaparecieran El País o El Mundo y solo quedaran tres recuerdos".

La coincidencia con el cincuenta aniversario de la revista terminó de impulsar un proyecto que, según explica, también trata de responder a otra pregunta: por qué Interviú no logró adaptarse al paso del tiempo. Su conclusión apunta directamente a la naturaleza del producto que creó Antonio Asensio. "La apuesta que hizo Interviú era muy comercial y muy radical. Tenía varias patas: las investigaciones de casos complicados y el erotismo. Era un producto muy identificable. ¿Qué ocurre? Que eso no resiste bien el paso del tiempo. Otras publicaciones tienen más capacidad para cambiar de piel, pero Interviú había hecho una apuesta tan marcada que no podía evolucionar. El erotismo dejó de ser diferencial con Internet y a mucha gente ya le producía un rechazo abierto".

Sin embargo, reducir la historia de la revista a sus desnudos sería, a juicio de Andreu, un error. El autor sostiene que la gran virtud de Interviú fue entender como nadie el momento político y social que atravesaba España. "Yo creo que Interviú fue una revista que supo leer muy bien su tiempo y darle al lector lo que quería en ese momento. Antonio Asensio no quería una revista de tesis, ni de izquierdas ni de derechas. Quería un producto súper comercial y tenía mucho olfato para saber qué demandaba la calle". Aquella fórmula, sostiene, combinó un extraordinario instinto empresarial con un periodismo incómodo. "Empujó mucho en contra de quienes querían que siguiera el franquismo sin Franco. Publicó investigaciones sobre personajes del régimen que seguían ocupando puestos de poder y ayudó a abrir el debate democrático".

  • Andreu, en la azotea de la Fundación Cajasol de Cádiz.
  •  

La historia de Interviú también es la de una redacción tan brillante como caótica. "Todo el mundo se imagina que era una redacción muy loca. Y lo era. Había muchos excesos, periodistas auténticamente aventureros, una tendencia increíble al alcohol, a las drogas y a meterse en todo tipo de líos". Pero lo que más sorprendió a Andreu durante las cerca de 70 entrevistas que realizó para el libro fue su diversidad ideológica. "Convivían periodistas señeros del franquismo como Yale con personas que habían sido literalmente terroristas de extrema izquierda y habían regresado del exilio. Era un auténtico polvorín ideológico. Hoy los medios tienen perfiles mucho más homogéneos; Interviú era un pandemonio".

Ese ambiente explica algunas de las historias más insólitas que recoge el libro. Una de ellas refleja mejor que ninguna otra el carácter extremo de aquella redacción. "Yale, Felipe Navarro, llegó a ser sospechoso de haber participado en un asesinato que él mismo había cubierto como periodista. Sus propios compañeros de Interviú investigaron el caso e intentaron publicar el reportaje en la revista. Aquello acabó como el rosario de la aurora. En cualquier redacción uno discute por las vacaciones o los turnos; allí se peleaban porque unos querían destapar que otro había cometido un crimen".

La fuerza de las portadas

Las portadas terminaron convirtiéndose en el gran símbolo de la publicación. El verdadero punto de inflexión llegó el 2 de septiembre de 1976, con el número 16 de Interviú, cuya portada mostraba a Marisol en unas fotografías realizadas por César Lucas para un uso privado y publicadas sin autorización. "Hasta entonces Interviú vendía normal. Aquella portada fue el gran salto comercial", explica Andreu. Quince años después, el 10 de junio de 1991, otra imagen del mismo fotógrafo volvería a marcar un récord: la portada protagonizada por Marta Sánchez, nacida tras un polémico episodio en el que la revista negoció con la cantante la publicación de unas fotografías robadas mientras se cambiaba de bañador en las Islas Vírgenes. Aquella edición se convirtió en la más vendida de la historia del semanario.

Los desnudos eran el gran motor económico de la revista, una realidad que nadie ocultaba dentro de la redacción. "Todos sabían perfectamente que comercialmente vivían de eso. Había mucho debate sobre las portadas, algunos las rechazaban y otros las defendían, pero todos eran conscientes de que las tetas eran las que pagaban las exclusivas sobre Roldán o cualquier otra investigación".

Aunque muchas de las prácticas de entonces serían hoy impensables, Andreu rechaza la idea de que aquel espíritu haya desaparecido del periodismo. "Se siguen haciendo investigaciones muy incisivas. Lo que ha desaparecido es una publicación que mezclara al mismo tiempo desnudos e investigación. Eso ya no existe". Recuerda incluso que muchos veteranos de Interviú le confesaban durante las entrevistas que, si la revista siguiera viva, "estaríamos con Ábalos, sacando al amante de Ábalos, a la mujer de Ábalos, nos meteríamos en su casa, nos colaríamos". Para el escritor, "ese espíritu sigue vivo en cualquier plumilla que quiere sacar un pequeño escándalo o darle la vuelta a la actualidad".

  • La obra bucea en la historia de una revista mítica como Interviú.
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No obstante, reconoce que la propia revista también contribuyó a fijar los límites legales del periodismo español. "Interviú ayudó a que las barreras de la libertad de expresión estuvieran un poco más lejos, pero también ayudó a fijarlas porque ellos se pasaban continuamente y había que pararles los pies". Muchas de las sentencias derivadas de reportajes sobre famosos o fotografías tomadas sin consentimiento acabaron definiendo la jurisprudencia sobre el derecho a la información y la intimidad.

Al final, sostiene Andreu, Interviú fue víctima tanto de los cambios sociales como de la evolución de su propio fundador. Antonio Asensio levantó un poderoso grupo editorial con cabeceras como Tiempo, El Jueves, El Periódico de Catalunya o La Razón, además de llegar a presidir Antena 3. "Cuantos más intereses tienes, menos libre eres. Una revista como Interviú, que siempre estaba metiendo el dedo en el ojo al poder, empezó a darle demasiados problemas y dejó de ser prioritaria".

Por eso, cuando se le pide resumir en una sola definición lo que representó la publicación, Andreu no duda: "Yo la definiría como una publicación aventurera". Una aventura que, a su juicio, solo podía existir en aquella España que buscaba los límites de una libertad recién conquistada. "Interviú fue un hijo de su tiempo, con todos sus defectos y todos sus méritos. Peleó por una España como la que tenemos hoy. Pero precisamente en una España como la de hoy, Interviú ya no tiene ningún sentido".

Hubo un tiempo en que Interviú era mucho más que una revista. Era un fenómeno social. En los talleres, en los bares, en los quioscos o en los salones de millones de hogares convivían sus portadas protagonizadas por actrices y cantantes desnudas con algunas de las investigaciones periodísticas más incisivas de la Transición. Medio siglo después de su nacimiento, el periodista y escritor Jerónimo Andreu recupera aquella historia en Los desnudos y los muertos, un ensayo que reconstruye el ascenso y la desaparición de una cabecera irrepetible y que se aleja tanto de la nostalgia como del ajuste de cuentas.

Andreu, periodista especializado en investigación y guionista de documentales, autor también de las novelas negras El vientre de la roca y El sueño del cíclope, ambas ambientadas en Gibraltar, asegura que el origen del libro responde a una inquietud personal. "No había ninguna vocación de hacer justicia ni nada. Yo soy periodista y trabajaba haciendo documentales, hacía muchas investigaciones. Me pareció curioso que, cuando empezabas a remover cosas y a documentarte, enseguida te salían historias de Interviú. Veías que todos los grandes sucesos de los últimos 30 años habían pasado por allí".

  • El autor, en la charla ofrecida esta semana en Cádiz.
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Aquella constatación le llevó a preguntarse por qué una publicación que había sido omnipresente había desaparecido casi por completo de la memoria colectiva. "Me llamó mucho la atención cómo una revista que había sido sistémica, que estaba en todos sitios, en el taller, en el bar, con el póster de Sabrina colgado, había desaparecido de la memoria y solo quedaban cuatro portadas o cuatro escándalos. Había sido súper importante y, sin embargo, era como un misterio. ¿Qué ha ocurrido para que algo tan importante no deje apenas rastro? Es como si de repente desaparecieran El País o El Mundo y solo quedaran tres recuerdos".

La coincidencia con el cincuenta aniversario de la revista terminó de impulsar un proyecto que, según explica, también trata de responder a otra pregunta: por qué Interviú no logró adaptarse al paso del tiempo. Su conclusión apunta directamente a la naturaleza del producto que creó Antonio Asensio. "La apuesta que hizo Interviú era muy comercial y muy radical. Tenía varias patas: las investigaciones de casos complicados y el erotismo. Era un producto muy identificable. ¿Qué ocurre? Que eso no resiste bien el paso del tiempo. Otras publicaciones tienen más capacidad para cambiar de piel, pero Interviú había hecho una apuesta tan marcada que no podía evolucionar. El erotismo dejó de ser diferencial con Internet y a mucha gente ya le producía un rechazo abierto".

Sin embargo, reducir la historia de la revista a sus desnudos sería, a juicio de Andreu, un error. El autor sostiene que la gran virtud de Interviú fue entender como nadie el momento político y social que atravesaba España. "Yo creo que Interviú fue una revista que supo leer muy bien su tiempo y darle al lector lo que quería en ese momento. Antonio Asensio no quería una revista de tesis, ni de izquierdas ni de derechas. Quería un producto súper comercial y tenía mucho olfato para saber qué demandaba la calle". Aquella fórmula, sostiene, combinó un extraordinario instinto empresarial con un periodismo incómodo. "Empujó mucho en contra de quienes querían que siguiera el franquismo sin Franco. Publicó investigaciones sobre personajes del régimen que seguían ocupando puestos de poder y ayudó a abrir el debate democrático".

  • Andreu, en la azotea de la Fundación Cajasol de Cádiz.
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La historia de Interviú también es la de una redacción tan brillante como caótica. "Todo el mundo se imagina que era una redacción muy loca. Y lo era. Había muchos excesos, periodistas auténticamente aventureros, una tendencia increíble al alcohol, a las drogas y a meterse en todo tipo de líos". Pero lo que más sorprendió a Andreu durante las cerca de 70 entrevistas que realizó para el libro fue su diversidad ideológica. "Convivían periodistas señeros del franquismo como Yale con personas que habían sido literalmente terroristas de extrema izquierda y habían regresado del exilio. Era un auténtico polvorín ideológico. Hoy los medios tienen perfiles mucho más homogéneos; Interviú era un pandemonio".

Ese ambiente explica algunas de las historias más insólitas que recoge el libro. Una de ellas refleja mejor que ninguna otra el carácter extremo de aquella redacción. "Yale, Felipe Navarro, llegó a ser sospechoso de haber participado en un asesinato que él mismo había cubierto como periodista. Sus propios compañeros de Interviú investigaron el caso e intentaron publicar el reportaje en la revista. Aquello acabó como el rosario de la aurora. En cualquier redacción uno discute por las vacaciones o los turnos; allí se peleaban porque unos querían destapar que otro había cometido un crimen".

La fuerza de las portadas

Las portadas terminaron convirtiéndose en el gran símbolo de la publicación. El verdadero punto de inflexión llegó el 2 de septiembre de 1976, con el número 16 de Interviú, cuya portada mostraba a Marisol en unas fotografías realizadas por César Lucas para un uso privado y publicadas sin autorización. "Hasta entonces Interviú vendía normal. Aquella portada fue el gran salto comercial", explica Andreu. Quince años después, el 10 de junio de 1991, otra imagen del mismo fotógrafo volvería a marcar un récord: la portada protagonizada por Marta Sánchez, nacida tras un polémico episodio en el que la revista negoció con la cantante la publicación de unas fotografías robadas mientras se cambiaba de bañador en las Islas Vírgenes. Aquella edición se convirtió en la más vendida de la historia del semanario.

Los desnudos eran el gran motor económico de la revista, una realidad que nadie ocultaba dentro de la redacción. "Todos sabían perfectamente que comercialmente vivían de eso. Había mucho debate sobre las portadas, algunos las rechazaban y otros las defendían, pero todos eran conscientes de que las tetas eran las que pagaban las exclusivas sobre Roldán o cualquier otra investigación".

Aunque muchas de las prácticas de entonces serían hoy impensables, Andreu rechaza la idea de que aquel espíritu haya desaparecido del periodismo. "Se siguen haciendo investigaciones muy incisivas. Lo que ha desaparecido es una publicación que mezclara al mismo tiempo desnudos e investigación. Eso ya no existe". Recuerda incluso que muchos veteranos de Interviú le confesaban durante las entrevistas que, si la revista siguiera viva, "estaríamos con Ábalos, sacando al amante de Ábalos, a la mujer de Ábalos, nos meteríamos en su casa, nos colaríamos". Para el escritor, "ese espíritu sigue vivo en cualquier plumilla que quiere sacar un pequeño escándalo o darle la vuelta a la actualidad".

  • La obra bucea en la historia de una revista mítica como Interviú.
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No obstante, reconoce que la propia revista también contribuyó a fijar los límites legales del periodismo español. "Interviú ayudó a que las barreras de la libertad de expresión estuvieran un poco más lejos, pero también ayudó a fijarlas porque ellos se pasaban continuamente y había que pararles los pies". Muchas de las sentencias derivadas de reportajes sobre famosos o fotografías tomadas sin consentimiento acabaron definiendo la jurisprudencia sobre el derecho a la información y la intimidad.

Al final, sostiene Andreu, Interviú fue víctima tanto de los cambios sociales como de la evolución de su propio fundador. Antonio Asensio levantó un poderoso grupo editorial con cabeceras como Tiempo, El Jueves, El Periódico de Catalunya o La Razón, además de llegar a presidir Antena 3. "Cuantos más intereses tienes, menos libre eres. Una revista como Interviú, que siempre estaba metiendo el dedo en el ojo al poder, empezó a darle demasiados problemas y dejó de ser prioritaria".

Por eso, cuando se le pide resumir en una sola definición lo que representó la publicación, Andreu no duda: "Yo la definiría como una publicación aventurera". Una aventura que, a su juicio, solo podía existir en aquella España que buscaba los límites de una libertad recién conquistada. "Interviú fue un hijo de su tiempo, con todos sus defectos y todos sus méritos. Peleó por una España como la que tenemos hoy. Pero precisamente en una España como la de hoy, Interviú ya no tiene ningún sentido".

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