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  • Carmen Vázquez y su pareja posan junto a uno de los numerosos generadores de gasoil que les hace la vida y el descanso imposibles. -

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San Lázaro, el barrio de Sevilla que no duerme por los generadores de gasoil del Metro

Los vecinos denuncian dos años de ruido y humo constantes, reclamaciones sin respuesta ante la Policía Local, el Ayuntamiento y la Junta; y versiones que no cuadran entre la Administración y Endesa sobre por qué la obra no conecta a la red eléctrica las casetillas de obra

Son las siete de la mañana en la calle Diego de Almagro, en el barrio de San Lázaro (Sevilla) y nadie puede ya dormir. El zumbido ensordecedor de los motores lleva encendido, casi sin descanso, desde que la obra arrancó en 2024. Donde antes jugaban los niños en un parque infantil, hoy hay un frente de obra iluminado toda la noche y una hilera de grupos electrógenos escupiendo gasoil quemado a las ventanas de los primeros pisos.

A veces las grandes infraestructuras se anuncian con maquetas, discursos y promesas de futuro; otras veces llegan acompañadas de algo mucho menos fotogénico: ruido, polvo y noches en vela. En este barrio sevillano, un grupo de vecinos asegura que la construcción de la línea 3 del metro les ha cambiado la vida, no por el progreso que traerá algún día, sino por el estruendo de unos generadores que, según denuncian, llevan funcionando prácticamente de forma ininterrumpida desde entonces a escasos metros de sus viviendas.

60 decibelios dentro de casa. Esa es la cifra que resume, mejor que cualquier discurso, lo que se vive cada noche en este rincón de San Lázaro. La escena se repite cada jornada: en ese espacio, rodeado de bloques residenciales, trabajan varios generadores de gasoil de gran potencia que suministran energía a las labores de excavación y extracción de lodos que se desarrollan bajo tierra. Para quienes viven allí, el problema ha dejado de ser una molestia puntual para convertirse en una presencia permanente.

“Vivo en un noveno piso y llego a registrar hasta 60 decibelios dentro de mi casa”, explica Carmen Vargas, una de las vecinas más activas en las reclamaciones, con una voz que mezcla cansancio e incredulidad. “Soportamos el ruido durante todo el día y muchas veces también durante la noche. Además, a esto se suman el humo y el olor a aceite quemado”.

Una obra sin suministro eléctrico suficiente

La pregunta que más se repite entre los residentes parece tan sencilla como difícil de responder: ¿cómo puede funcionar una obra de esta magnitud sin el voltaje necesario? Según la información trasladada a los vecinos desde la oficina de atención a la ciudadanía habilitada para informar sobre el proyecto, la infraestructura cuenta con la acometida eléctrica solicitada, pero dos años después del inicio de los trabajos, los generadores siguen siendo la principal fuente de energía. La explicación no termina de convencer a quienes conviven con ellos. “Nos dicen que tienen la luz solicitada, pero que no llega. Mientras tanto cada vez vemos más grupos electrógenos. Hay días que contamos seis o siete, aunque el número cambia constantemente”, relata Vargas.

La incertidumbre ha alimentado todo tipo de especulaciones entre los residentes, algunos de los cuales sospechan que podría existir un problema de capacidad en la red eléctrica de la zona; no es una teoría nacida de la nada, pues a pocos metros, en San Jerónimo, los cortes de suministro han sido motivo recurrente de quejas vecinales durante los últimos años. Pero la realidad es que nadie parece ofrecer una explicación clara y definitiva, y la situación adquiere aún más complejidad después de que este medio consultara a Endesa, cuya compañía eléctrica asegura que no existe ningún bloqueo por su parte.

“Todo lo que la UTE nos ha pedido ha sido aprobado por Endesa y no tenemos constancia de que hayan pedido algo más”, señalan fuentes de la empresa. Una afirmación que choca frontalmente con la versión que los vecinos aseguran haber recibido desde la oficina de información vinculada a las obras, donde se les habría trasladado que el suministro continúa pendiente, dejando entre ambas versiones una pregunta sin respuesta: si la energía estaba prevista desde el inicio, ¿por qué los generadores siguen siendo imprescindibles dos años después?

  • Un obrero ejecuta tareas de extracción de lodo entre tres generadores de gasoil.
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La batalla de la garita

Entre todas las situaciones que han encendido los ánimos en el barrio, ninguna simboliza mejor el sentimiento de impotencia vecinal que la de la caseta de vigilancia instalada junto a las viviendas. Según explican los residentes, uno de los grandes grupos electrógenos se utilizaba para suministrar energía a la garita donde permanecen los vigilantes de seguridad. “Era desesperante”, asegura Carmen. “Pedíamos que apagaran el generador porque estaba pegado a las casas, venía la Policía Local, conseguían que lo apagaran, pero al poco tiempo volvía a encenderse”. Los motivos, dice, variaban según la época del año: “Si era invierno, necesitaban calefacción. Si era verano, necesitaban refrescarse”.

La vecina insiste en que nunca reclamaron dejar a nadie sin condiciones de trabajo dignas, sino una solución proporcional: “Es tremendamente gratuito tener a toda una calle sin descansar para alimentar una pequeña garita con un generador que tiene casi el mismo tamaño que la propia caseta”. Recientemente se ha instalado una nueva dependencia equipada con aire acondicionado, pero el problema, según los vecinos, sigue siendo el mismo: “Ahora el generador es más pequeño, pero continúan sin tener luz”.

El malestar de Carmen Vargas no es un caso aislado, y este medio ha tenido acceso a la prueba documental de que las quejas por este motivo concreto llevan meses registrándose por escrito ante la propia Junta de Andalucía. El 5 de junio de 2026, un vecino de Diego de Almagro presentó ante la oficina de información de la Línea 3 del Metro de Sevilla una solicitud formal marcada como "incidencia", en la que denuncia, de su puño y letra, que el "uso de generadores por personal de seguridad genera un ruido insoportable de 60 dBA" y que los operarios encienden el generador "para el disfrute del personal de seguridad", además de señalar la presencia de operarios trabajando en domingo sin el equipo de protección individual reglamentario.

La petición que traslada a la Administración no puede ser más concreta: "Es necesario el uso de puntos de luz y no generadores", escribe, junto con la exigencia de cambiar la ubicación de la garita de seguridad o, en su defecto, alimentarla con generadores de menor tamaño. El documento certifica, con fecha y firma, lo que los vecinos llevan denunciando de palabra desde hace meses: que una parte del ruido que se soporta en el barrio no responde a una necesidad técnica de la obra, sino al confort de quienes vigilan la obra.

  • Uno de los generadores, pegado a las viviendas de Diego de Almagro en Sevilla.
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Preguntada por lavozdelsur.es, la Consejería de Fomento y Movilidad de la Junta de Andalucía —que desde el pasado julio dirige el malagueño Mario Muñoz-Atanet Sánchez, tras la reestructuración del Gobierno de Juanma Moreno que separó Vivienda de la antigua Consejería de Fomento— reconoce las quejas y asegura haber empezado a actuar: "Hemos recibido las quejas de algunos vecinos a través de la oficina de atención al ciudadano y ya hemos aplicado las primeras actuaciones.

En primer lugar, se ha cambiado de ubicación el equipo de electrógenos de la casa del vigilante para causar menos molestias. Además, se ha dado orden para la puesta en marcha de medidas de insonorización de la zona afectada", señalan fuentes de la Consejería, que admite el impacto de la obra aunque insiste en que trabaja para reducirlo: "la consejería de Fomento es consciente de que una obra de esta envergadura puede ocasionar molestias a los vecinos, pero tratamos en todo momento que sean las mínimas posibles. Prueba de ello es la apertura de canales de atención al ciudadano (la oficina, el correo electrónico...) para escuchar y atender a los vecinos en todo momento durante el desarrollo de las obras". El cambio de ubicación del generador de la garita, precisamente, es la misma petición que quedó por escrito en la reclamación del 5 de junio, y que la Administración lo reconozca ahora como medida ya aplicada no borra la pregunta que sigue flotando en el barrio: por qué ha hecho falta dos años, decenas de llamadas a la Policía Local y una reclamación formal por escrito para mover un generador unos metros.

Durante estos dos años los residentes han intentado recorrer todos los canales posibles: han llamado a la Policía Local en numerosas ocasiones, han presentado reclamaciones ante el Ayuntamiento de Sevilla, han trasladado sus quejas a la oficina de atención al ciudadano creada para las obras del Metro y también han elevado escritos a la mencionada consejería.

Sin embargo, aseguran sentirse atrapados en un círculo burocrático donde nadie asume responsabilidades. Carmen afirma haber presentado una reclamación formal ante la Junta sin obtener respuesta, mientras las peticiones concretas continúan acumulándose: trasladar la garita de vigilancia, sustituir los grandes generadores por otros de menor capacidad cuando sea posible, aclarar la situación real del suministro eléctrico o establecer medidas que reduzcan el impacto acústico.

“Nadie nos da detalles. Nos responden con vaguedades y pasan los meses”, lamenta. La sensación predominante entre muchos afectados es que el proyecto avanza mientras sus problemas quedan relegados a un segundo plano, como en aquel despacho interminable que imaginó Kafka en El proceso, donde el vecino presenta su papel, sella su queja, y espera un veredicto que tarda tanto en llegar que termina por parecer que nunca estuvo previsto.

La oscuridad al otro lado de la obra

Las molestias no terminan en San Lázaro. En el entorno de Pino Montano, otro de los barrios afectados por la construcción de esta infraestructura, algunos vecinos también han denunciado consecuencias derivadas de los trabajos, entre ellas la desaparición temporal de parte del alumbrado público en determinadas zonas próximas a las obras. Según relatan residentes consultados por este medio, la falta de iluminación provocó un aumento de la sensación de inseguridad y las quejas vecinales comenzaron a multiplicarse.

Una de las anécdotas que más ha circulado entre los afectados resume el clima existente: según explican, responsables vinculados a la obra habrían planteado a un supermercado Mercadona cercano la posibilidad de mantener parte de su iluminación exterior encendida durante la noche para compensar la oscuridad generada en la zona, propuesta que no prosperó y que finalmente derivó en la instalación de luminarias provisionales. Para muchos vecinos, el episodio refleja hasta qué punto algunas soluciones han parecido improvisadas.

Pocos residentes discuten la necesidad de ampliar la red de metro de Sevilla; de hecho, muchos reconocen que utilizarán la futura línea 3 cuando entre en funcionamiento. El conflicto no gira en torno al subterráneo en sí, sino a cómo se están gestionando sus efectos sobre quienes viven junto a las obras. “Sabemos que una obra genera molestias”, reconoce Carmen. “Lo que no entendemos es que una actuación de esta magnitud pueda estar más de un año funcionando con generadores diésel entre bloques de viviendas y que nadie explique claramente qué está pasando”.

La duración prevista de los trabajos tampoco ayuda a rebajar la tensión, porque si se cumplen los plazos previstos, los vecinos todavía tendrán por delante varios años más de convivencia con las obras, y esa perspectiva pesa: cuando una molestia dura unos días se soporta, cuando se prolonga durante semanas se tolera, pero cuando supera los dos años y no existe una fecha clara para su finalización, acaba transformándose en desgaste emocional.

  • Carmen y su pareja son testigos, desde su atalaya, del progreso de las obras del metro y del ruido que la misma genera.
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Silencio de la UTE

Este periódico intentó conocer también la versión de la unión temporal de empresas encargada de los trabajos, integrada por Dragados, Azvi y Martín Casillas, sin obtener respuesta. Tampoco consta contestación directa de la UTE a las reclamaciones que algunos vecinos aseguran haber dirigido por escrito, como la presentada el pasado 5 de junio.

Silencio de la constructora. Sollución, a medias, de la consejería. Y en medio, el único que no calla: el ruido. De día, el de los generadores que alimentan la excavación. De noche, el de un generador mucho más pequeño que solo tiene que dar luz y aire acondicionado a una garita de vigilancia y que, sin embargo, sigue llegando a los novenos pisos como si fuera el de la propia obra.

Son las tres de la madrugada en Diego de Almagro. Y en San Lázaro, otra vez, nadie duerme por una caseta. Porque la pregunta de fondo entre los vecinos no es cuándo llegará el metro. Es, por qué, dos años después, sigue sin resolverse lo pequeño: un generador que se pudo apagar, o trasladar, o sustituir y que, en cambio, se ha convertido en el símbolo de todo lo demás.

  • El tramo II de la línea 3 del metro de Sevilla tiene un plazo de ejecución de 36 meses, es decir, hasta finales de 2027.
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Son las siete de la mañana en la calle Diego de Almagro, en el barrio de San Lázaro (Sevilla) y nadie puede ya dormir. El zumbido ensordecedor de los motores lleva encendido, casi sin descanso, desde que la obra arrancó en 2024. Donde antes jugaban los niños en un parque infantil, hoy hay un frente de obra iluminado toda la noche y una hilera de grupos electrógenos escupiendo gasoil quemado a las ventanas de los primeros pisos.

A veces las grandes infraestructuras se anuncian con maquetas, discursos y promesas de futuro; otras veces llegan acompañadas de algo mucho menos fotogénico: ruido, polvo y noches en vela. En este barrio sevillano, un grupo de vecinos asegura que la construcción de la línea 3 del metro les ha cambiado la vida, no por el progreso que traerá algún día, sino por el estruendo de unos generadores que, según denuncian, llevan funcionando prácticamente de forma ininterrumpida desde entonces a escasos metros de sus viviendas.

60 decibelios dentro de casa. Esa es la cifra que resume, mejor que cualquier discurso, lo que se vive cada noche en este rincón de San Lázaro. La escena se repite cada jornada: en ese espacio, rodeado de bloques residenciales, trabajan varios generadores de gasoil de gran potencia que suministran energía a las labores de excavación y extracción de lodos que se desarrollan bajo tierra. Para quienes viven allí, el problema ha dejado de ser una molestia puntual para convertirse en una presencia permanente.

“Vivo en un noveno piso y llego a registrar hasta 60 decibelios dentro de mi casa”, explica Carmen Vargas, una de las vecinas más activas en las reclamaciones, con una voz que mezcla cansancio e incredulidad. “Soportamos el ruido durante todo el día y muchas veces también durante la noche. Además, a esto se suman el humo y el olor a aceite quemado”.

Una obra sin suministro eléctrico suficiente

La pregunta que más se repite entre los residentes parece tan sencilla como difícil de responder: ¿cómo puede funcionar una obra de esta magnitud sin el voltaje necesario? Según la información trasladada a los vecinos desde la oficina de atención a la ciudadanía habilitada para informar sobre el proyecto, la infraestructura cuenta con la acometida eléctrica solicitada, pero dos años después del inicio de los trabajos, los generadores siguen siendo la principal fuente de energía. La explicación no termina de convencer a quienes conviven con ellos. “Nos dicen que tienen la luz solicitada, pero que no llega. Mientras tanto cada vez vemos más grupos electrógenos. Hay días que contamos seis o siete, aunque el número cambia constantemente”, relata Vargas.

La incertidumbre ha alimentado todo tipo de especulaciones entre los residentes, algunos de los cuales sospechan que podría existir un problema de capacidad en la red eléctrica de la zona; no es una teoría nacida de la nada, pues a pocos metros, en San Jerónimo, los cortes de suministro han sido motivo recurrente de quejas vecinales durante los últimos años. Pero la realidad es que nadie parece ofrecer una explicación clara y definitiva, y la situación adquiere aún más complejidad después de que este medio consultara a Endesa, cuya compañía eléctrica asegura que no existe ningún bloqueo por su parte.

“Todo lo que la UTE nos ha pedido ha sido aprobado por Endesa y no tenemos constancia de que hayan pedido algo más”, señalan fuentes de la empresa. Una afirmación que choca frontalmente con la versión que los vecinos aseguran haber recibido desde la oficina de información vinculada a las obras, donde se les habría trasladado que el suministro continúa pendiente, dejando entre ambas versiones una pregunta sin respuesta: si la energía estaba prevista desde el inicio, ¿por qué los generadores siguen siendo imprescindibles dos años después?

  • Un obrero ejecuta tareas de extracción de lodo entre tres generadores de gasoil.
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La batalla de la garita

Entre todas las situaciones que han encendido los ánimos en el barrio, ninguna simboliza mejor el sentimiento de impotencia vecinal que la de la caseta de vigilancia instalada junto a las viviendas. Según explican los residentes, uno de los grandes grupos electrógenos se utilizaba para suministrar energía a la garita donde permanecen los vigilantes de seguridad. “Era desesperante”, asegura Carmen. “Pedíamos que apagaran el generador porque estaba pegado a las casas, venía la Policía Local, conseguían que lo apagaran, pero al poco tiempo volvía a encenderse”. Los motivos, dice, variaban según la época del año: “Si era invierno, necesitaban calefacción. Si era verano, necesitaban refrescarse”.

La vecina insiste en que nunca reclamaron dejar a nadie sin condiciones de trabajo dignas, sino una solución proporcional: “Es tremendamente gratuito tener a toda una calle sin descansar para alimentar una pequeña garita con un generador que tiene casi el mismo tamaño que la propia caseta”. Recientemente se ha instalado una nueva dependencia equipada con aire acondicionado, pero el problema, según los vecinos, sigue siendo el mismo: “Ahora el generador es más pequeño, pero continúan sin tener luz”.

El malestar de Carmen Vargas no es un caso aislado, y este medio ha tenido acceso a la prueba documental de que las quejas por este motivo concreto llevan meses registrándose por escrito ante la propia Junta de Andalucía. El 5 de junio de 2026, un vecino de Diego de Almagro presentó ante la oficina de información de la Línea 3 del Metro de Sevilla una solicitud formal marcada como "incidencia", en la que denuncia, de su puño y letra, que el "uso de generadores por personal de seguridad genera un ruido insoportable de 60 dBA" y que los operarios encienden el generador "para el disfrute del personal de seguridad", además de señalar la presencia de operarios trabajando en domingo sin el equipo de protección individual reglamentario.

La petición que traslada a la Administración no puede ser más concreta: "Es necesario el uso de puntos de luz y no generadores", escribe, junto con la exigencia de cambiar la ubicación de la garita de seguridad o, en su defecto, alimentarla con generadores de menor tamaño. El documento certifica, con fecha y firma, lo que los vecinos llevan denunciando de palabra desde hace meses: que una parte del ruido que se soporta en el barrio no responde a una necesidad técnica de la obra, sino al confort de quienes vigilan la obra.

  • Uno de los generadores, pegado a las viviendas de Diego de Almagro en Sevilla.
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Preguntada por lavozdelsur.es, la Consejería de Fomento y Movilidad de la Junta de Andalucía —que desde el pasado julio dirige el malagueño Mario Muñoz-Atanet Sánchez, tras la reestructuración del Gobierno de Juanma Moreno que separó Vivienda de la antigua Consejería de Fomento— reconoce las quejas y asegura haber empezado a actuar: "Hemos recibido las quejas de algunos vecinos a través de la oficina de atención al ciudadano y ya hemos aplicado las primeras actuaciones.

En primer lugar, se ha cambiado de ubicación el equipo de electrógenos de la casa del vigilante para causar menos molestias. Además, se ha dado orden para la puesta en marcha de medidas de insonorización de la zona afectada", señalan fuentes de la Consejería, que admite el impacto de la obra aunque insiste en que trabaja para reducirlo: "la consejería de Fomento es consciente de que una obra de esta envergadura puede ocasionar molestias a los vecinos, pero tratamos en todo momento que sean las mínimas posibles. Prueba de ello es la apertura de canales de atención al ciudadano (la oficina, el correo electrónico...) para escuchar y atender a los vecinos en todo momento durante el desarrollo de las obras". El cambio de ubicación del generador de la garita, precisamente, es la misma petición que quedó por escrito en la reclamación del 5 de junio, y que la Administración lo reconozca ahora como medida ya aplicada no borra la pregunta que sigue flotando en el barrio: por qué ha hecho falta dos años, decenas de llamadas a la Policía Local y una reclamación formal por escrito para mover un generador unos metros.

Durante estos dos años los residentes han intentado recorrer todos los canales posibles: han llamado a la Policía Local en numerosas ocasiones, han presentado reclamaciones ante el Ayuntamiento de Sevilla, han trasladado sus quejas a la oficina de atención al ciudadano creada para las obras del Metro y también han elevado escritos a la mencionada consejería.

Sin embargo, aseguran sentirse atrapados en un círculo burocrático donde nadie asume responsabilidades. Carmen afirma haber presentado una reclamación formal ante la Junta sin obtener respuesta, mientras las peticiones concretas continúan acumulándose: trasladar la garita de vigilancia, sustituir los grandes generadores por otros de menor capacidad cuando sea posible, aclarar la situación real del suministro eléctrico o establecer medidas que reduzcan el impacto acústico.

“Nadie nos da detalles. Nos responden con vaguedades y pasan los meses”, lamenta. La sensación predominante entre muchos afectados es que el proyecto avanza mientras sus problemas quedan relegados a un segundo plano, como en aquel despacho interminable que imaginó Kafka en El proceso, donde el vecino presenta su papel, sella su queja, y espera un veredicto que tarda tanto en llegar que termina por parecer que nunca estuvo previsto.

La oscuridad al otro lado de la obra

Las molestias no terminan en San Lázaro. En el entorno de Pino Montano, otro de los barrios afectados por la construcción de esta infraestructura, algunos vecinos también han denunciado consecuencias derivadas de los trabajos, entre ellas la desaparición temporal de parte del alumbrado público en determinadas zonas próximas a las obras. Según relatan residentes consultados por este medio, la falta de iluminación provocó un aumento de la sensación de inseguridad y las quejas vecinales comenzaron a multiplicarse.

Una de las anécdotas que más ha circulado entre los afectados resume el clima existente: según explican, responsables vinculados a la obra habrían planteado a un supermercado Mercadona cercano la posibilidad de mantener parte de su iluminación exterior encendida durante la noche para compensar la oscuridad generada en la zona, propuesta que no prosperó y que finalmente derivó en la instalación de luminarias provisionales. Para muchos vecinos, el episodio refleja hasta qué punto algunas soluciones han parecido improvisadas.

Pocos residentes discuten la necesidad de ampliar la red de metro de Sevilla; de hecho, muchos reconocen que utilizarán la futura línea 3 cuando entre en funcionamiento. El conflicto no gira en torno al subterráneo en sí, sino a cómo se están gestionando sus efectos sobre quienes viven junto a las obras. “Sabemos que una obra genera molestias”, reconoce Carmen. “Lo que no entendemos es que una actuación de esta magnitud pueda estar más de un año funcionando con generadores diésel entre bloques de viviendas y que nadie explique claramente qué está pasando”.

La duración prevista de los trabajos tampoco ayuda a rebajar la tensión, porque si se cumplen los plazos previstos, los vecinos todavía tendrán por delante varios años más de convivencia con las obras, y esa perspectiva pesa: cuando una molestia dura unos días se soporta, cuando se prolonga durante semanas se tolera, pero cuando supera los dos años y no existe una fecha clara para su finalización, acaba transformándose en desgaste emocional.

  • Carmen y su pareja son testigos, desde su atalaya, del progreso de las obras del metro y del ruido que la misma genera.
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Silencio de la UTE

Este periódico intentó conocer también la versión de la unión temporal de empresas encargada de los trabajos, integrada por Dragados, Azvi y Martín Casillas, sin obtener respuesta. Tampoco consta contestación directa de la UTE a las reclamaciones que algunos vecinos aseguran haber dirigido por escrito, como la presentada el pasado 5 de junio.

Silencio de la constructora. Sollución, a medias, de la consejería. Y en medio, el único que no calla: el ruido. De día, el de los generadores que alimentan la excavación. De noche, el de un generador mucho más pequeño que solo tiene que dar luz y aire acondicionado a una garita de vigilancia y que, sin embargo, sigue llegando a los novenos pisos como si fuera el de la propia obra.

Son las tres de la madrugada en Diego de Almagro. Y en San Lázaro, otra vez, nadie duerme por una caseta. Porque la pregunta de fondo entre los vecinos no es cuándo llegará el metro. Es, por qué, dos años después, sigue sin resolverse lo pequeño: un generador que se pudo apagar, o trasladar, o sustituir y que, en cambio, se ha convertido en el símbolo de todo lo demás.

  • El tramo II de la línea 3 del metro de Sevilla tiene un plazo de ejecución de 36 meses, es decir, hasta finales de 2027.
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