Faten Ben Omar El Azizi, una joven futbolista del Moghreb Athletic de Tetuán, es una de las personas que ha perdido la vida durante el episodio reciente de cruce masivo de la frontera de Ceuta. Para sorpresa de algunos, son personas las fallecidas. Con vidas como las nuestras. No son delincuentes.
Desde mi punto de vista, tanto la atención mediática como la del público en general a la gran tragedia que supone la muerte de, al menos, 92 personas tras el episodio de cruce masivo de la frontera de Ceuta desde Marruecos no está siendo proporcional a su gravedad. Hasta el momento, este es el número de fallecidos contabilizados a ambos lados de la frontera, pero es muy probable que sean muchos más.
No voy a entrar aquí en quién tiene la culpa de lo ocurrido, en las razones que llevaron a muchas de estas personas a intentar cruzar la frontera, ni en el odio y la división que algunos han querido promover aprovechándose del sufrimiento de la población ceutí sin conseguirlo. Esas cuestiones ya han ocupado buena parte del debate público. Lo que quiero es ponerles cara a algunas de las personas que han fallecido. Porque cuando conocemos quiénes eran, nos resulta mucho más fácil solidarizarnos con su desgracia.
Si los fallecidos fueran españoles, ahora mismo probablemente estaríamos pensando, sobre todo, en la enorme tragedia que supone la muerte de tantas personas y deseando con todas nuestras fuerzas que no aparezcan más cadáveres. Es muy probable que los medios de comunicación estuvieran poniendo nombre y rostro a muchas de las víctimas. Conoceríamos algo de sus vidas, de quiénes eran. O incluso si los fallecidos fueran, por ejemplo, estadounidenses, estaríamos enormemente consternados por la tragedia. Y, sin embargo, Estados Unidos está mucho más lejos que Marruecos.
Como estas personas en este caso son marroquíes, parece que nos damos menos cuenta de la desgracia que suponen estas muertes. Parece que no nos importan tanto. Ni siquiera la de esta muchacha, a la que es tan fácil imaginársela un día cualquiera ilusionada, preparándose para ir a entrenar y disfrutar del deporte. Y, lo que es más triste, con toda una vida por delante. Y como ella, tantos otros. Es que es eso, una gran desgracia, una de las mayores tragedias ocurridas en la historia reciente de España.
Faten Ben Omar El Azizi, una joven futbolista del Moghreb Athletic de Tetuán, es una de las personas que ha perdido la vida durante el episodio reciente de cruce masivo de la frontera de Ceuta. Para sorpresa de algunos, son personas las fallecidas. Con vidas como las nuestras. No son delincuentes.
Desde mi punto de vista, tanto la atención mediática como la del público en general a la gran tragedia que supone la muerte de, al menos, 92 personas tras el episodio de cruce masivo de la frontera de Ceuta desde Marruecos no está siendo proporcional a su gravedad. Hasta el momento, este es el número de fallecidos contabilizados a ambos lados de la frontera, pero es muy probable que sean muchos más.
No voy a entrar aquí en quién tiene la culpa de lo ocurrido, en las razones que llevaron a muchas de estas personas a intentar cruzar la frontera, ni en el odio y la división que algunos han querido promover aprovechándose del sufrimiento de la población ceutí sin conseguirlo. Esas cuestiones ya han ocupado buena parte del debate público. Lo que quiero es ponerles cara a algunas de las personas que han fallecido. Porque cuando conocemos quiénes eran, nos resulta mucho más fácil solidarizarnos con su desgracia.
Si los fallecidos fueran españoles, ahora mismo probablemente estaríamos pensando, sobre todo, en la enorme tragedia que supone la muerte de tantas personas y deseando con todas nuestras fuerzas que no aparezcan más cadáveres. Es muy probable que los medios de comunicación estuvieran poniendo nombre y rostro a muchas de las víctimas. Conoceríamos algo de sus vidas, de quiénes eran. O incluso si los fallecidos fueran, por ejemplo, estadounidenses, estaríamos enormemente consternados por la tragedia. Y, sin embargo, Estados Unidos está mucho más lejos que Marruecos.
Como estas personas en este caso son marroquíes, parece que nos damos menos cuenta de la desgracia que suponen estas muertes. Parece que no nos importan tanto. Ni siquiera la de esta muchacha, a la que es tan fácil imaginársela un día cualquiera ilusionada, preparándose para ir a entrenar y disfrutar del deporte. Y, lo que es más triste, con toda una vida por delante. Y como ella, tantos otros. Es que es eso, una gran desgracia, una de las mayores tragedias ocurridas en la historia reciente de España.
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