El verano en Punta Candor entre paseos, baños y montañas de algas: "Buscamos siempre la zona más limpia, no es agradable"
Los bañistas relatan a lavozdelsur.es cómo sortean cada día la presencia de la invasora asiática, que aparece y desaparece al ritmo de las mareas y obliga a muchos a cambiar de sitio para disfrutar de la playa
El paseo por la playa de Punta Candor (Rota) cambia de una semana a otra. Hay mañanas en las que apenas quedan restos en la orilla y otras en las que el alga asiática vuelve a cubrir tramos enteros de arena. Este verano, como tantos otros desde hace años, la escena se repite: operarios retirando toneladas, bañistas buscando huecos entre las acumulaciones y conversaciones improvisadas bajo las sombrillas sobre un problema que parece haber llegado para quedarse.
El alga invasora apareció en el Estrecho hace casi una década, en 2016, y desde entonces se ha extendido por toda la costa andaluza. En la provincia de Cádiz, especialmente en municipios como Tarifa, Barbate, Conil, Algeciras o Rota, la batalla contra la Rugulopteryx okamurae se libra cada verano. Punta Candor no ha escapado a esa realidad. Durante semanas, la playa ha alternado jornadas prácticamente limpias con otras en las que las mareas han vuelto a depositar toneladas de biomasa en la orilla.
El paisaje, marrón en algunas partes de la playa.
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JUAN CARLOS TORO
A simple vista, la imagen no siempre resulta alarmante. Los bañistas despliegan sus toallas, los niños juegan cerca del agua y las familias continúan entrando al mar con cautela para pasar la zona con algas lo más rápido posible. Basta con caminar unos metros para encontrar montones de algas acumuladas, insectos revoloteando alrededor y ese olor intenso que aparece cuando pasan demasiados días sin que el mar vuelva a llevárselas.
Una presencia incómoda que ya forma parte del verano
Blanca ha llegado desde Extremadura para pasar unos días de descanso en la costa gaditana. Sabía perfectamente lo que iba a encontrarse antes incluso de hacer las maletas. "No es la primera vez ni el primer año que las veo", cuenta mientras observa la orilla. La presencia del alga ya no le sorprende, aunque admite que este verano parece haber más cantidad que en temporadas anteriores.
La turista cree que factores como las mareas o la temperatura del agua pueden influir en esa proliferación constante. Aun así, rechaza la idea de que las algas puedan convertirse en un motivo para dejar de visitar la provincia. "No iba a cambiar de destino porque hubiese algas", explica. De hecho, recuerda haber encontrado acumulaciones similares en playas muy concurridas de Baleares sin que eso afectara al ambiente turístico.
Cuando baja a la arena, reconoce que intenta colocarse un poco más lejos de las zonas donde se acumulan grandes cantidades. No tanto por el aspecto visual, sino porque alrededor suelen aparecer insectos. "Nos apartamos un poco, pero tampoco es algo que me moleste especialmente", afirma. Tampoco le impide bañarse. "Entro en el agua con total naturalidad. No me quitan las ganas de meterme en el mar porque haya algas".
Un baño a pesar de las invasoras.
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JUAN CARLOS TORO
A pocos metros, el madrileño Antonio Barba comparte una sensación parecida. Ha llegado para pasar una semana de vacaciones y admite que encontrarse con esta situación no es precisamente la imagen idílica que cualquiera espera al llegar a la playa. "No es lo más agradable, pero lo vamos sorteando como podemos", resume.
La estrategia, explica, consiste en buscar las zonas más limpias. "Intentamos ponernos donde vemos que hay menos algas". El visitante percibe que el trabajo de limpieza es constante, aunque reconoce que la tarea parece interminable. "Nos da la sensación de que limpian bastante dentro de loposible, pero llegan todos los días y se vuelve a acumular".
Entre el olor y las mareas
El problema cambia según la hora del día y el estado del mar. En jornadas de marea baja, Punta Candor ofrece más espacio para esquivar las acumulaciones. Cuando el agua sube, el margen desaparece y el contacto con el alga se vuelve inevitable.
Ángel lleva años observando cómo la situación se repite verano tras verano. "Ya se ve que es inevitable, que todos los años va a ser así", lamenta. Su resignación resume el sentimiento de muchos bañistas, que han terminado incorporando el alga a la lista de variables que condicionan una jornada de playa, igual que el viento o la temperatura.
Lo que más molesta, asegura, no es tanto verla en la arena como las consecuencias que aparecen cuando permanece demasiados días acumulada. "Lo peor es cuando no la recogen durante un tiempo y empieza a oler mal". Ese olor, mezclado con la humedad y el calor, se convierte en una de las principales quejas entre quienes frecuentan la zona.
Sin embargo, la percepción cambia rápidamente según el estado del mar. "Hoy tenemos suerte porque la marea está baja y hay bastante playa", comenta mientras señala la orilla. Hay días en los que la acumulación apenas ocupa una pequeña franja y otros en los que resulta imposible esquivarla. "Depende mucho de las mareas y del viento. Unos días hay más y otros menos".
Pese a todo, ni él ni su familia se han planteado abandonar Punta Candor. "Tampoco es la cosa para tanto", dice entre risas. La frase se repite con distintos matices a lo largo de la playa: las algas incomodan, pero todavía no han conseguido expulsar a los bañistas.
Montones de algas en Rota.
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JUAN CARLOS TORO
"Buscas otras opciones, pero sigues viniendo"
Andrés Domínguez pasea junto a la orilla intentando evitar las zonas más afectadas. No es de Cádiz, sino de Salamanca, y admite que el aspecto de algunos tramos de la playa resulta poco atractivo. "Inhabilita muchísimo la zona de baño", sostiene mientras señala hacia la zona más cercana al pinar.
En su caso, el impacto no se limita al momento del baño. El visitante reconoce que la presencia del alga condiciona incluso algo tan sencillo como caminar descalzo. "Me da mucha cosa pisarla", comenta. Tampoco oculta que el olor le resulta desagradable. "Huele como a humedad, parecido al estiércol".
Eso no significa que haya descartado volver. De hecho, asegura que la provincia le encanta y que seguirá visitándola. Sin embargo, admite que, llegado el caso, puede buscar otras alternativas. "A lo mejor buscas otras opciones en otras playas donde no haya algas".
La situación le genera una sensación de impotencia. Entiende que las administraciones deberían encontrar alguna solución, aunque también reconoce que desconoce cuál podría ser. "No soy experto, pero entiendo que se pueden aplicar medidas". El problema, admite, parece no tener fin: se retira el alga y, pocos días después, vuelve a aparecer.
La escena se ha repetido durante todo el verano en numerosos puntos del litoral gaditano. Los ayuntamientos retiran toneladas de biomasa, pero los temporales y las corrientes devuelven el problema a la arena una y otra vez. Rota, de hecho, ha multiplicado por ocho la cantidad de algas transportadas a vertedero en apenas tres años, una muestra de la velocidad con la que avanza un fenómeno que ya afecta a toda la costa andaluza.
Una guerra que nadie cree que vaya a terminar pronto
La Rugulopteryx okamurae llegó al Estrecho hace diez años, probablemente adherida al casco de un barco mercante procedente del Pacífico. Desde entonces, su expansión ha sido constante. Primero ocupó las costas del Campo de Gibraltar y después se extendió por Cádiz, Málaga, Granada e incluso otros puntos del litoral español.
Su impacto va mucho más allá de la imagen que deja en la arena. Los pescadores denuncian desde hace años daños en redes y aparejos, mientras los ayuntamientos destinan cientos de miles de euros a la retirada de toneladas de algas. El turismo tampoco escapa a sus consecuencias: el olor y las acumulaciones condicionan la experiencia de quienes buscan unos días de descanso junto al mar.
La Junta de Andalucía ha reconocido que la erradicación completa no parece viable a medio plazo y trabaja en fórmulas para reutilizar la biomasa, transformándola en fertilizantes, materiales industriales o envases sostenibles. Mientras tanto, la lucha continúa sobre la arena, donde las máquinas limpian durante la madrugada para devolver la playa a los bañistas apenas unas horas después.
En Punta Candor, sin embargo, la conversación se mueve en otro plano, mucho más cotidiano. Las familias buscan huecos libres, observan el estado del mar antes de colocar la sombrilla y comentan cuánto ha cambiado la playa desde el verano anterior. Nadie parece sorprendido ya por la presencia del alga.
El paseo por la playa de Punta Candor (Rota) cambia de una semana a otra. Hay mañanas en las que apenas quedan restos en la orilla y otras en las que el alga asiática vuelve a cubrir tramos enteros de arena. Este verano, como tantos otros desde hace años, la escena se repite: operarios retirando toneladas, bañistas buscando huecos entre las acumulaciones y conversaciones improvisadas bajo las sombrillas sobre un problema que parece haber llegado para quedarse.
El alga invasora apareció en el Estrecho hace casi una década, en 2016, y desde entonces se ha extendido por toda la costa andaluza. En la provincia de Cádiz, especialmente en municipios como Tarifa, Barbate, Conil, Algeciras o Rota, la batalla contra la Rugulopteryx okamurae se libra cada verano. Punta Candor no ha escapado a esa realidad. Durante semanas, la playa ha alternado jornadas prácticamente limpias con otras en las que las mareas han vuelto a depositar toneladas de biomasa en la orilla.
El paisaje, marrón en algunas partes de la playa.
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JUAN CARLOS TORO
A simple vista, la imagen no siempre resulta alarmante. Los bañistas despliegan sus toallas, los niños juegan cerca del agua y las familias continúan entrando al mar con cautela para pasar la zona con algas lo más rápido posible. Basta con caminar unos metros para encontrar montones de algas acumuladas, insectos revoloteando alrededor y ese olor intenso que aparece cuando pasan demasiados días sin que el mar vuelva a llevárselas.
Una presencia incómoda que ya forma parte del verano
Blanca ha llegado desde Extremadura para pasar unos días de descanso en la costa gaditana. Sabía perfectamente lo que iba a encontrarse antes incluso de hacer las maletas. "No es la primera vez ni el primer año que las veo", cuenta mientras observa la orilla. La presencia del alga ya no le sorprende, aunque admite que este verano parece haber más cantidad que en temporadas anteriores.
La turista cree que factores como las mareas o la temperatura del agua pueden influir en esa proliferación constante. Aun así, rechaza la idea de que las algas puedan convertirse en un motivo para dejar de visitar la provincia. "No iba a cambiar de destino porque hubiese algas", explica. De hecho, recuerda haber encontrado acumulaciones similares en playas muy concurridas de Baleares sin que eso afectara al ambiente turístico.
Cuando baja a la arena, reconoce que intenta colocarse un poco más lejos de las zonas donde se acumulan grandes cantidades. No tanto por el aspecto visual, sino porque alrededor suelen aparecer insectos. "Nos apartamos un poco, pero tampoco es algo que me moleste especialmente", afirma. Tampoco le impide bañarse. "Entro en el agua con total naturalidad. No me quitan las ganas de meterme en el mar porque haya algas".
Un baño a pesar de las invasoras.
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JUAN CARLOS TORO
A pocos metros, el madrileño Antonio Barba comparte una sensación parecida. Ha llegado para pasar una semana de vacaciones y admite que encontrarse con esta situación no es precisamente la imagen idílica que cualquiera espera al llegar a la playa. "No es lo más agradable, pero lo vamos sorteando como podemos", resume.
La estrategia, explica, consiste en buscar las zonas más limpias. "Intentamos ponernos donde vemos que hay menos algas". El visitante percibe que el trabajo de limpieza es constante, aunque reconoce que la tarea parece interminable. "Nos da la sensación de que limpian bastante dentro de loposible, pero llegan todos los días y se vuelve a acumular".
Entre el olor y las mareas
El problema cambia según la hora del día y el estado del mar. En jornadas de marea baja, Punta Candor ofrece más espacio para esquivar las acumulaciones. Cuando el agua sube, el margen desaparece y el contacto con el alga se vuelve inevitable.
Ángel lleva años observando cómo la situación se repite verano tras verano. "Ya se ve que es inevitable, que todos los años va a ser así", lamenta. Su resignación resume el sentimiento de muchos bañistas, que han terminado incorporando el alga a la lista de variables que condicionan una jornada de playa, igual que el viento o la temperatura.
Lo que más molesta, asegura, no es tanto verla en la arena como las consecuencias que aparecen cuando permanece demasiados días acumulada. "Lo peor es cuando no la recogen durante un tiempo y empieza a oler mal". Ese olor, mezclado con la humedad y el calor, se convierte en una de las principales quejas entre quienes frecuentan la zona.
Sin embargo, la percepción cambia rápidamente según el estado del mar. "Hoy tenemos suerte porque la marea está baja y hay bastante playa", comenta mientras señala la orilla. Hay días en los que la acumulación apenas ocupa una pequeña franja y otros en los que resulta imposible esquivarla. "Depende mucho de las mareas y del viento. Unos días hay más y otros menos".
Pese a todo, ni él ni su familia se han planteado abandonar Punta Candor. "Tampoco es la cosa para tanto", dice entre risas. La frase se repite con distintos matices a lo largo de la playa: las algas incomodan, pero todavía no han conseguido expulsar a los bañistas.
Montones de algas en Rota.
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JUAN CARLOS TORO
"Buscas otras opciones, pero sigues viniendo"
Andrés Domínguez pasea junto a la orilla intentando evitar las zonas más afectadas. No es de Cádiz, sino de Salamanca, y admite que el aspecto de algunos tramos de la playa resulta poco atractivo. "Inhabilita muchísimo la zona de baño", sostiene mientras señala hacia la zona más cercana al pinar.
En su caso, el impacto no se limita al momento del baño. El visitante reconoce que la presencia del alga condiciona incluso algo tan sencillo como caminar descalzo. "Me da mucha cosa pisarla", comenta. Tampoco oculta que el olor le resulta desagradable. "Huele como a humedad, parecido al estiércol".
Eso no significa que haya descartado volver. De hecho, asegura que la provincia le encanta y que seguirá visitándola. Sin embargo, admite que, llegado el caso, puede buscar otras alternativas. "A lo mejor buscas otras opciones en otras playas donde no haya algas".
La situación le genera una sensación de impotencia. Entiende que las administraciones deberían encontrar alguna solución, aunque también reconoce que desconoce cuál podría ser. "No soy experto, pero entiendo que se pueden aplicar medidas". El problema, admite, parece no tener fin: se retira el alga y, pocos días después, vuelve a aparecer.
La escena se ha repetido durante todo el verano en numerosos puntos del litoral gaditano. Los ayuntamientos retiran toneladas de biomasa, pero los temporales y las corrientes devuelven el problema a la arena una y otra vez. Rota, de hecho, ha multiplicado por ocho la cantidad de algas transportadas a vertedero en apenas tres años, una muestra de la velocidad con la que avanza un fenómeno que ya afecta a toda la costa andaluza.
Una guerra que nadie cree que vaya a terminar pronto
La Rugulopteryx okamurae llegó al Estrecho hace diez años, probablemente adherida al casco de un barco mercante procedente del Pacífico. Desde entonces, su expansión ha sido constante. Primero ocupó las costas del Campo de Gibraltar y después se extendió por Cádiz, Málaga, Granada e incluso otros puntos del litoral español.
Su impacto va mucho más allá de la imagen que deja en la arena. Los pescadores denuncian desde hace años daños en redes y aparejos, mientras los ayuntamientos destinan cientos de miles de euros a la retirada de toneladas de algas. El turismo tampoco escapa a sus consecuencias: el olor y las acumulaciones condicionan la experiencia de quienes buscan unos días de descanso junto al mar.
La Junta de Andalucía ha reconocido que la erradicación completa no parece viable a medio plazo y trabaja en fórmulas para reutilizar la biomasa, transformándola en fertilizantes, materiales industriales o envases sostenibles. Mientras tanto, la lucha continúa sobre la arena, donde las máquinas limpian durante la madrugada para devolver la playa a los bañistas apenas unas horas después.
En Punta Candor, sin embargo, la conversación se mueve en otro plano, mucho más cotidiano. Las familias buscan huecos libres, observan el estado del mar antes de colocar la sombrilla y comentan cuánto ha cambiado la playa desde el verano anterior. Nadie parece sorprendido ya por la presencia del alga.
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