Ediciones:

Seguir en Discover

jerez

El comprador de los suelos de la antigua fábrica de botellas, un misterio: dejarán de ser industriales 130 años después de La Jerezana

"Hay firmado un acuerdo privado; la negociación ha sido muy rápida", destacan a lavozdelsur.es fuentes próximas a una operación que tiene por delante un largo camino hasta su desarrollo

  • Vista general de los suelos de la antigua fábrica de botellas en Jerez. -

22 de junio de 1895. Antoine Vergier Jeune, en representación del industrial y propietario francés Andrés Bocuze, solicita al Ayuntamiento de Jerez autorización para instalar una fábrica de vidrio junto al kilómetro 109,30 de la línea ferroviaria Sevilla-Cádiz, cerca de la estación.

El proyecto recibe inicialmente el nombre de La Jerezana y contempla la fabricación de botellas y vidrio plano, además de hornos, chimeneas de entre 30 y 35 metros, talleres, almacenes y un ramal ferroviario propio. Un año después, en 1896, el Ayuntamiento concede el permiso de instalación. La autorización se justifica, entre otras razones, por la actividad económica y el empleo que podía generar la actividad fabril.

130 años después de aquel momento clave en la historia de la industria bodeguera jerezana, como ha documentado el historiador y columnista de lavozdelsur.es Jesús Caballero Ragel, en algún lugar de dentro o fuera de la ciudad, esta semana se firmaba un acuerdo privado —ha podido saber lavozdelsur.es por fuentes próximas a la operación— entre Saint Gobain, la hasta ahora propietaria de esos suelos, y "alguien en nombre de un tercero —el tercero no se sabe exactamente quién es—".

El comprador del terreno, unos 100.000 metros, es un misterio. "No estamos autorizados a dar su nombre, tan solo se autorizó a que la alcaldesa hiciera público el anuncio el pasado viernes", aseguran fuentes municipales consultadas por este periódico. "La negociación ha sido muy rápida; el acuerdo llevaba hablándose desde hace tiempo", remachan las fuentes consultadas que conocen bien la operación.

Del abandono desde hace diez años al desarrollo

Efectivamente, la regidora, María José García-Pelayo, se limitó en el pleno extraordinario por el Debate sobre el Estado de la Ciudad a anunciar el cierre de la compraventa de estos terrenos. Una de las mayores operaciones urbanísticas de las últimas décadas en la ciudad y que supondrá una profunda regeneración de unos terrenos estratégicos en la primera corona del centro de la ciudad. Suelos en los que, como avanzó y porque así obliga la ley, deberá haber también espacio para viviendas asequibles en virtud de los aprovechamientos urbanísticos que deberá recibir el propio Ayuntamiento por el desarrollo de dichos terrenos.

  • Protestas en la pasada década contra el cierre de la fábrica de botellas.
  • -

El gobierno local ha manejado este asunto, como testigo indirecto de la operación, pero como actor clave en el futuro desarrollo, con enorme sigilo. Hace ya tiempo que se sabe que había inversores de fuera interesados —al parecer, un inversor madrileño—, pero también que había gran interés en un grupo de empresarios de la provincia por adquirir una enorme pastilla de suelo con un potencial de negocio brutal. La parcela, según el PGOU vigente y a partir de la reclasificación de los suelos que se aprobó coincidiendo con el cierre de la factoría —hace década y media—, tiene diferentes usos que van desde el residencial hasta el terciario, pasando por equipamientos públicos y espacios libres.

Sin embargo, todos los pormenores de dichos usos quedarán sometidos a un futuro convenio del promotor o promotores con el Ayuntamiento para firmar un convenio de desarrollo urbanístico y el posterior estudio detalle que concrete cómo se articula una pieza de alto impacto en el futuro del núcleo urbano principal. "Hablar ahora mismo de número de viviendas es inventarse un poco el dato, todo eso hay que plasmarlo, tipología, alturas, todo puede revisarse a partir de un nuevo convenio. Evidentemente, la promotora tendrá sus números, pero todo eso se mirará con lupa", aseguran fuentes expertas del sector a este periódico.

Un largo trecho de trámites burocráticos

En cuanto a los plazos para ver movimiento, son rotundos: "Falta mucho". No es solo que haya que aprobar licencias para el desmontaje de las estructuras fabriles actuales, con techos de uralita, sino que la tramitación urbanística previa hará que el proyecto no baraje una fecha de inicio antes de tres años. "Antes lo veo imposible; pueden pasar unos cinco años para que empiecen las obras", apostillan las mismas fuentes. Lo que sí es evidente es que, tras la compraventa, ya se está en el principio del fin de la fisonomía actual de la enorme pastilla de suelo entre las rondas de los Alunados y del Pelirón, con ese puente de la avenida de La Paz pidiendo una integración en el centro y con una estación de tren y un Campus universitario que quedarían integrados en un nuevo barrio a pie de centro histórico. 

Con sus tres chimeneas formando parte del silueteado icónico del cielo de Jerez, el 30 de junio de 2016 finalizaba definitivamente la actividad logística y del taller de moldes. Esta es la segunda muerte al hablar de Vicasa: la fabricación de botellas terminó en noviembre de 2009, mientras que las últimas actividades auxiliares se mantuvieron hasta junio de 2016.

  • Recreación virtual del proyecto que se propuso hace 15 años para los antiguos terrenos de la fábrica de botellas de Jerez.
  • -

Antonio Alba es testigo de algunos de los mejores años de la fábrica de botellas, que a partir de los años 80 vio disminuir su producción hasta su cierre definitivo hace unos años. "Entré con 18 años, trabajando de peón, en aquel entonces la fábrica estaba en expansión... había dos hornos e hicieron un tercero", relataba el histórico sindicalista de CCOO a lavozdelsur.es en un reportaje del historiador y docente Sebastián Chilla. El militante comunista, uno de los fundadores de las Comisiones Obreras en la provincia y del PCE en la clandestinidad, llegó a ser presidente y parte del comité de empresa de la factoría en la que trabajó durante 42 años. Ahora, prejubilado tras el cerrojazo de 2009, se dedica a ayudar a los más necesitados.

Diez años después, el fantasmagórico aspecto del complejo industrial tiene una nueva perspectiva ante el anuncio de la compraventa de los terrenos para su desarrollo urbanístico. Acaba así el sueño industrial de La Jerezana y empieza la transformación urbanística más importante que ha experimentado el núcleo urbano principal probablemente desde el nacimiento de las nuevas barriadas periféricas al centro a mediados del siglo pasado.

Saint Gobain, que en un primer momento quiso trasladar la fábrica a la Ciudad del Transporte y financiar dicho traslado con la operación urbanística de sus terrenos de la ronda de los Alunados, acabó cansado de llamar a la puerta del entonces gobierno de Pilar Sánchez. Cuando por fin se firmó el convenio, en junio de 2008, ya era tarde. Alcalá de Guadaíra se quedaba con la fábrica de botellas y Jerez, en pleno boom del ladrillo antes del crack, con todo el mundo occidental a punto de entrar en recesión tras la caída de Lehman Brothers, perdía su penúltimo tesoro industrial. 

El año pasado, la compañía francesa, al hilo de la desinversión, aseguraba públicamente que su objetivo era que para el futuro de este enorme espacio "se materialice en un proyecto inmobiliario sostenible, capaz de aportar valor a la ciudad de Jerez y a sus vecinos, muchos de los cuales han estado profesionalmente vinculados a la historia de la fábrica".

Este proyecto, decían entonces los dueños del inmueble, requerirá de "la coordinación de múltiples actores y un trabajo técnico y administrativo riguroso, que necesariamente debe ejecutarse dentro del marco legal vigente". En este sentido, la compañía explicaba que ya había iniciado trabajos preparatorios en el inmueble, "incluyendo estudios técnicos para la futura demolición de las construcciones existentes, como paso previo al desarrollo urbanístico que pudiera llevarse a cabo".

22 de junio de 1895. Antoine Vergier Jeune, en representación del industrial y propietario francés Andrés Bocuze, solicita al Ayuntamiento de Jerez autorización para instalar una fábrica de vidrio junto al kilómetro 109,30 de la línea ferroviaria Sevilla-Cádiz, cerca de la estación.

El proyecto recibe inicialmente el nombre de La Jerezana y contempla la fabricación de botellas y vidrio plano, además de hornos, chimeneas de entre 30 y 35 metros, talleres, almacenes y un ramal ferroviario propio. Un año después, en 1896, el Ayuntamiento concede el permiso de instalación. La autorización se justifica, entre otras razones, por la actividad económica y el empleo que podía generar la actividad fabril.

130 años después de aquel momento clave en la historia de la industria bodeguera jerezana, como ha documentado el historiador y columnista de lavozdelsur.es Jesús Caballero Ragel, en algún lugar de dentro o fuera de la ciudad, esta semana se firmaba un acuerdo privado —ha podido saber lavozdelsur.es por fuentes próximas a la operación— entre Saint Gobain, la hasta ahora propietaria de esos suelos, y "alguien en nombre de un tercero —el tercero no se sabe exactamente quién es—".

El comprador del terreno, unos 100.000 metros, es un misterio. "No estamos autorizados a dar su nombre, tan solo se autorizó a que la alcaldesa hiciera público el anuncio el pasado viernes", aseguran fuentes municipales consultadas por este periódico. "La negociación ha sido muy rápida; el acuerdo llevaba hablándose desde hace tiempo", remachan las fuentes consultadas que conocen bien la operación.

Del abandono desde hace diez años al desarrollo

Efectivamente, la regidora, María José García-Pelayo, se limitó en el pleno extraordinario por el Debate sobre el Estado de la Ciudad a anunciar el cierre de la compraventa de estos terrenos. Una de las mayores operaciones urbanísticas de las últimas décadas en la ciudad y que supondrá una profunda regeneración de unos terrenos estratégicos en la primera corona del centro de la ciudad. Suelos en los que, como avanzó y porque así obliga la ley, deberá haber también espacio para viviendas asequibles en virtud de los aprovechamientos urbanísticos que deberá recibir el propio Ayuntamiento por el desarrollo de dichos terrenos.

  • Protestas en la pasada década contra el cierre de la fábrica de botellas.
  • -

El gobierno local ha manejado este asunto, como testigo indirecto de la operación, pero como actor clave en el futuro desarrollo, con enorme sigilo. Hace ya tiempo que se sabe que había inversores de fuera interesados —al parecer, un inversor madrileño—, pero también que había gran interés en un grupo de empresarios de la provincia por adquirir una enorme pastilla de suelo con un potencial de negocio brutal. La parcela, según el PGOU vigente y a partir de la reclasificación de los suelos que se aprobó coincidiendo con el cierre de la factoría —hace década y media—, tiene diferentes usos que van desde el residencial hasta el terciario, pasando por equipamientos públicos y espacios libres.

Sin embargo, todos los pormenores de dichos usos quedarán sometidos a un futuro convenio del promotor o promotores con el Ayuntamiento para firmar un convenio de desarrollo urbanístico y el posterior estudio detalle que concrete cómo se articula una pieza de alto impacto en el futuro del núcleo urbano principal. "Hablar ahora mismo de número de viviendas es inventarse un poco el dato, todo eso hay que plasmarlo, tipología, alturas, todo puede revisarse a partir de un nuevo convenio. Evidentemente, la promotora tendrá sus números, pero todo eso se mirará con lupa", aseguran fuentes expertas del sector a este periódico.

Un largo trecho de trámites burocráticos

En cuanto a los plazos para ver movimiento, son rotundos: "Falta mucho". No es solo que haya que aprobar licencias para el desmontaje de las estructuras fabriles actuales, con techos de uralita, sino que la tramitación urbanística previa hará que el proyecto no baraje una fecha de inicio antes de tres años. "Antes lo veo imposible; pueden pasar unos cinco años para que empiecen las obras", apostillan las mismas fuentes. Lo que sí es evidente es que, tras la compraventa, ya se está en el principio del fin de la fisonomía actual de la enorme pastilla de suelo entre las rondas de los Alunados y del Pelirón, con ese puente de la avenida de La Paz pidiendo una integración en el centro y con una estación de tren y un Campus universitario que quedarían integrados en un nuevo barrio a pie de centro histórico. 

Con sus tres chimeneas formando parte del silueteado icónico del cielo de Jerez, el 30 de junio de 2016 finalizaba definitivamente la actividad logística y del taller de moldes. Esta es la segunda muerte al hablar de Vicasa: la fabricación de botellas terminó en noviembre de 2009, mientras que las últimas actividades auxiliares se mantuvieron hasta junio de 2016.

  • Recreación virtual del proyecto que se propuso hace 15 años para los antiguos terrenos de la fábrica de botellas de Jerez.
  • -

Antonio Alba es testigo de algunos de los mejores años de la fábrica de botellas, que a partir de los años 80 vio disminuir su producción hasta su cierre definitivo hace unos años. "Entré con 18 años, trabajando de peón, en aquel entonces la fábrica estaba en expansión... había dos hornos e hicieron un tercero", relataba el histórico sindicalista de CCOO a lavozdelsur.es en un reportaje del historiador y docente Sebastián Chilla. El militante comunista, uno de los fundadores de las Comisiones Obreras en la provincia y del PCE en la clandestinidad, llegó a ser presidente y parte del comité de empresa de la factoría en la que trabajó durante 42 años. Ahora, prejubilado tras el cerrojazo de 2009, se dedica a ayudar a los más necesitados.

Diez años después, el fantasmagórico aspecto del complejo industrial tiene una nueva perspectiva ante el anuncio de la compraventa de los terrenos para su desarrollo urbanístico. Acaba así el sueño industrial de La Jerezana y empieza la transformación urbanística más importante que ha experimentado el núcleo urbano principal probablemente desde el nacimiento de las nuevas barriadas periféricas al centro a mediados del siglo pasado.

Saint Gobain, que en un primer momento quiso trasladar la fábrica a la Ciudad del Transporte y financiar dicho traslado con la operación urbanística de sus terrenos de la ronda de los Alunados, acabó cansado de llamar a la puerta del entonces gobierno de Pilar Sánchez. Cuando por fin se firmó el convenio, en junio de 2008, ya era tarde. Alcalá de Guadaíra se quedaba con la fábrica de botellas y Jerez, en pleno boom del ladrillo antes del crack, con todo el mundo occidental a punto de entrar en recesión tras la caída de Lehman Brothers, perdía su penúltimo tesoro industrial. 

El año pasado, la compañía francesa, al hilo de la desinversión, aseguraba públicamente que su objetivo era que para el futuro de este enorme espacio "se materialice en un proyecto inmobiliario sostenible, capaz de aportar valor a la ciudad de Jerez y a sus vecinos, muchos de los cuales han estado profesionalmente vinculados a la historia de la fábrica".

Este proyecto, decían entonces los dueños del inmueble, requerirá de "la coordinación de múltiples actores y un trabajo técnico y administrativo riguroso, que necesariamente debe ejecutarse dentro del marco legal vigente". En este sentido, la compañía explicaba que ya había iniciado trabajos preparatorios en el inmueble, "incluyendo estudios técnicos para la futura demolición de las construcciones existentes, como paso previo al desarrollo urbanístico que pudiera llevarse a cabo".

COMENTARIOS