Aurora lleva ocho años durmiendo en las calles de Cádiz y no sabe si perderá su único refugio: "Te miran como a un bicho"
La gaditana Aurora Vega relata su día a día, la dificultad para acceder a ayudas y confiesa que a veces pasa hambre, porque los comedores sociales de la ciudad cierran en verano
Aurora lleva casi una quinta parte de su vida durmiendo en la calle. A sus 45 años, acumula más de ocho consecutivos viviendo al raso, en distintas ubicaciones, pero sin un techo fijo bajo el que cobijarse cuando llegan el calor, el frío o las lluvias.
Ahora lo hace en la trasera del Parque Genovés de Cádiz, donde tiene colocadas unas cuantas mantas a modo de pared, tras las que guarda sus escasas pertenencias. Algo de ropa, un viejo colchón, su documentación y poco más. Hace tiempo que le robaron el móvil.
En este lugar lleva dos años, y teme que tenga que irse cuando concluyan las obras del Teatro Pemán o la recuperación de la pérgola de Santa Bárbara, aunque el Ayuntamiento de Cádiz, preguntado por lavozdelsur.es, asegura que no lleva a cabo desalojos de personas sin hogar a no ser que existan riesgos para la seguridad.
"Los equipos de calle están ya atendiendo a esta persona para hacerle un seguimiento y se le están ofreciendo los distintos dispositivos de pernocta con los que cuenta el Ayuntamiento", insisten desde el Consistorio gaditano.
Luna, la perra que acompaña a Aurora desde hace unos meses.
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JOSÉ MARÍA REYNA
Pero Aurora Vega, que es como se llama, asegura que nadie ha hablado con ella. Y que no sabe si tendrá que irse y volver a ubicaciones peores. Porque estuvo durante un tiempo en la Alameda Apodaca, y ahí no hay forma de resguardarse de la lluvia, cuenta. También ha dormido en la plaza del Falla, en la playa de la Caleta, en el Mentidero...
Sabe bien lo que es sufrir las inclemencias meteorológicas y, en este lugar, está algo más resguardada. Todo lo resguardada que se puede estar del calor y del frío viviendo en el hueco de la escalera de un parking.
Reconoce Aurora que hay veces que pasa hambre. En verano, los comedores sociales de la ciudad cierran sus puertas durante unas semanas, por lo que las personas sin hogar solo tienen disponibles bocadillos durante este periodo. Ella depende de lo que le puedan dar la Cruz Roja u otras entidades de forma puntual.
"A veces sí" pasa hambre, reconoce. Porque tampoco acude a los comedores nocturnos, por el riesgo de altercados. “Al de la noche no voy, vamos, ni loca”, comenta. Hasta hay entidades como Calor en la Noche que, en su caso, hasta ha dejado de dar desayunos unos días tras una reyerta reciente entre varios usuarios.
Aurora Vega lleva ocho años durmiendo en la calle.
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JOSÉ MARÍA REYNA
Cada verano, las personas que viven en la calle ven cómo disminuyen las opciones disponibles para recibir una alimentación completa. Algunos comedores cierran (salvo el de Amigas del Sur), determinadas comidas son sustituidas por bocadillos y se reducen los servicios habituales.
Varias entidades sociales de la ciudad piden al Ayuntamiento de Cádiz que garantice una alimentación digna durante todo el año. Y también se exigen soluciones para evitar que un incidente aislado termine provocando la suspensión completa de un servicio, dotando a estos recursos de personal de apoyo o vigilancia. El Ayuntamiento, en su caso, dice que asumirá la entrega de desayunos en los recursos municipales que permanecen abiertos.
A ellos acude Aurora, según el día. Su rutina diaria gira en torno en acudir a comedores sociales donde puedan darle algo que llevarse a la boca, y en pasear a su perra Luna, de cuatro meses, a la que rescató cuando iban a sacrificarla. Este tiempo lleva acompañada, porque la mayor parte de los ocho años que hace que se convirtió en una persona sin hogar ha estado sola.
El IMV denegado dos veces
Lleva tanto tiempo sin hogar que, cuando se le pregunta, ni se plantea cómo podría salir de su situación de calle. Porque no tiene trabajo, ni red familiar en la que apoyarse, ni posibilidades que alcance a imaginar. Cuenta que se le ha denegado hasta en dos ocasiones el Ingreso Mínimo Vital (IMV), y no sabe ya cómo solicitarlo.
Y que la posibilidad de dormir en un albergue durante unos días la descarta porque si, por dormir una semana bajo techo, pierde el lugar en el que pernocta ahora, en la trasera del Parque Genovés, prefiere no hacerlo.
Porque ha vivido episodios en los que otras personas ocuparon su espacio mientras se ausentaba brevemente, encontrando después sus pertenencias tiradas por el suelo. Y habiendo perdido algunas de ellas. Porque como muchas personas sin hogar, ella sabe lo que es sufrir un robo cuando no tienes prácticamente nada.
Aurora, con sus pertenencias, en el lugar donde duerme.
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JOSÉ MARÍA REYNA
Ocho años sin techo
Aurora tiene 45 años y estaba viviendo de alquiler con sus tres hijas, hoy mayores de edad. "Cuando llovía, los fusibles saltaban y se mojaba todo”, recuerda. “Entonces yo me fui a trabajar afuera, a un hotel de Granada. Y cuando vine, ya no tenía la casa”, resume, echando la vista atrás.
El propietario había alquilado la vivienda a otra persona mientras ella trabajaba fuera de la ciudad. Sus hijas se quedaron con una familiar, mientras que ella, sin vivienda a la que volver, terminó viviendo en la calle.
Desde entonces, ha intentado buscar trabajo. Un asidero al que agarrarse para salir del agujero. Sin suerte. Sus hijas no saben que está en la calle. Solo una tía suya. Sus padres ya no viven. Y no cuenta con más red familiar.
Aurora Vega, tras atender a lavozdelsur.es.
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JOSÉ MARÍA REYNA
¿Se ha planteado alguna vez irse de Cádiz? "¿A dónde voy a ir? Si también voy a estar en la calle. Al menos esto lo conozco”, responde resignada, ante la imposibilidad de ver una salida a su situación.
Muchas personas "miran para otro lado"
Aurora ha trabajado como camarera de piso, cuidando a personas mayores o niños, en hoteles… pero ya ninguna puerta se le abre. A la complejidad habitual de encontrar trabajo, según relata, se le suma el “plus de dificultad” de vivir en la calle. “Te miran como a un bicho”, sostiene sobre muchas personas para las que es invisible.
En el tiempo que lleva durmiendo al raso, solo una mujer se le ha acercado para llevarle algún bocadillo y preguntarle cómo estaba, aunque hace tiempo que dejó de verla. El resto de personas, según relata, "miran para otro lado”.
Mientras, sigue pasando las horas y los días en el mismo lugar desde el que ve la vida pasar, sin saber hasta cuándo podrá estar ahí. Porque es consciente, a pesar de todo, de que tarde o temprano tendrá que irse.
Aurora lleva casi una quinta parte de su vida durmiendo en la calle. A sus 45 años, acumula más de ocho consecutivos viviendo al raso, en distintas ubicaciones, pero sin un techo fijo bajo el que cobijarse cuando llegan el calor, el frío o las lluvias.
Ahora lo hace en la trasera del Parque Genovés de Cádiz, donde tiene colocadas unas cuantas mantas a modo de pared, tras las que guarda sus escasas pertenencias. Algo de ropa, un viejo colchón, su documentación y poco más. Hace tiempo que le robaron el móvil.
En este lugar lleva dos años, y teme que tenga que irse cuando concluyan las obras del Teatro Pemán o la recuperación de la pérgola de Santa Bárbara, aunque el Ayuntamiento de Cádiz, preguntado por lavozdelsur.es, asegura que no lleva a cabo desalojos de personas sin hogar a no ser que existan riesgos para la seguridad.
"Los equipos de calle están ya atendiendo a esta persona para hacerle un seguimiento y se le están ofreciendo los distintos dispositivos de pernocta con los que cuenta el Ayuntamiento", insisten desde el Consistorio gaditano.
Luna, la perra que acompaña a Aurora desde hace unos meses.
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JOSÉ MARÍA REYNA
Pero Aurora Vega, que es como se llama, asegura que nadie ha hablado con ella. Y que no sabe si tendrá que irse y volver a ubicaciones peores. Porque estuvo durante un tiempo en la Alameda Apodaca, y ahí no hay forma de resguardarse de la lluvia, cuenta. También ha dormido en la plaza del Falla, en la playa de la Caleta, en el Mentidero...
Sabe bien lo que es sufrir las inclemencias meteorológicas y, en este lugar, está algo más resguardada. Todo lo resguardada que se puede estar del calor y del frío viviendo en el hueco de la escalera de un parking.
Reconoce Aurora que hay veces que pasa hambre. En verano, los comedores sociales de la ciudad cierran sus puertas durante unas semanas, por lo que las personas sin hogar solo tienen disponibles bocadillos durante este periodo. Ella depende de lo que le puedan dar la Cruz Roja u otras entidades de forma puntual.
"A veces sí" pasa hambre, reconoce. Porque tampoco acude a los comedores nocturnos, por el riesgo de altercados. “Al de la noche no voy, vamos, ni loca”, comenta. Hasta hay entidades como Calor en la Noche que, en su caso, hasta ha dejado de dar desayunos unos días tras una reyerta reciente entre varios usuarios.
Aurora Vega lleva ocho años durmiendo en la calle.
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JOSÉ MARÍA REYNA
Cada verano, las personas que viven en la calle ven cómo disminuyen las opciones disponibles para recibir una alimentación completa. Algunos comedores cierran (salvo el de Amigas del Sur), determinadas comidas son sustituidas por bocadillos y se reducen los servicios habituales.
Varias entidades sociales de la ciudad piden al Ayuntamiento de Cádiz que garantice una alimentación digna durante todo el año. Y también se exigen soluciones para evitar que un incidente aislado termine provocando la suspensión completa de un servicio, dotando a estos recursos de personal de apoyo o vigilancia. El Ayuntamiento, en su caso, dice que asumirá la entrega de desayunos en los recursos municipales que permanecen abiertos.
A ellos acude Aurora, según el día. Su rutina diaria gira en torno en acudir a comedores sociales donde puedan darle algo que llevarse a la boca, y en pasear a su perra Luna, de cuatro meses, a la que rescató cuando iban a sacrificarla. Este tiempo lleva acompañada, porque la mayor parte de los ocho años que hace que se convirtió en una persona sin hogar ha estado sola.
El IMV denegado dos veces
Lleva tanto tiempo sin hogar que, cuando se le pregunta, ni se plantea cómo podría salir de su situación de calle. Porque no tiene trabajo, ni red familiar en la que apoyarse, ni posibilidades que alcance a imaginar. Cuenta que se le ha denegado hasta en dos ocasiones el Ingreso Mínimo Vital (IMV), y no sabe ya cómo solicitarlo.
Y que la posibilidad de dormir en un albergue durante unos días la descarta porque si, por dormir una semana bajo techo, pierde el lugar en el que pernocta ahora, en la trasera del Parque Genovés, prefiere no hacerlo.
Porque ha vivido episodios en los que otras personas ocuparon su espacio mientras se ausentaba brevemente, encontrando después sus pertenencias tiradas por el suelo. Y habiendo perdido algunas de ellas. Porque como muchas personas sin hogar, ella sabe lo que es sufrir un robo cuando no tienes prácticamente nada.
Aurora, con sus pertenencias, en el lugar donde duerme.
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JOSÉ MARÍA REYNA
Ocho años sin techo
Aurora tiene 45 años y estaba viviendo de alquiler con sus tres hijas, hoy mayores de edad. "Cuando llovía, los fusibles saltaban y se mojaba todo”, recuerda. “Entonces yo me fui a trabajar afuera, a un hotel de Granada. Y cuando vine, ya no tenía la casa”, resume, echando la vista atrás.
El propietario había alquilado la vivienda a otra persona mientras ella trabajaba fuera de la ciudad. Sus hijas se quedaron con una familiar, mientras que ella, sin vivienda a la que volver, terminó viviendo en la calle.
Desde entonces, ha intentado buscar trabajo. Un asidero al que agarrarse para salir del agujero. Sin suerte. Sus hijas no saben que está en la calle. Solo una tía suya. Sus padres ya no viven. Y no cuenta con más red familiar.
Aurora Vega, tras atender a lavozdelsur.es.
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JOSÉ MARÍA REYNA
¿Se ha planteado alguna vez irse de Cádiz? "¿A dónde voy a ir? Si también voy a estar en la calle. Al menos esto lo conozco”, responde resignada, ante la imposibilidad de ver una salida a su situación.
Muchas personas "miran para otro lado"
Aurora ha trabajado como camarera de piso, cuidando a personas mayores o niños, en hoteles… pero ya ninguna puerta se le abre. A la complejidad habitual de encontrar trabajo, según relata, se le suma el “plus de dificultad” de vivir en la calle. “Te miran como a un bicho”, sostiene sobre muchas personas para las que es invisible.
En el tiempo que lleva durmiendo al raso, solo una mujer se le ha acercado para llevarle algún bocadillo y preguntarle cómo estaba, aunque hace tiempo que dejó de verla. El resto de personas, según relata, "miran para otro lado”.
Mientras, sigue pasando las horas y los días en el mismo lugar desde el que ve la vida pasar, sin saber hasta cuándo podrá estar ahí. Porque es consciente, a pesar de todo, de que tarde o temprano tendrá que irse.
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