¿Qué significan las carreras de caballos para usted?
Pues para mí sería casi una parte de mi vida muy importante, porque es algo que he vivido desde pequeño y ahora tengo la oportunidad y el gran orgullo de poder representarlo y poder montarlo con el resto de compañeros.
¿Cuál es su relación previa con este evento?
La mayoría de los sanluqueños somos aficionados de las carreras. Desde pequeñitos nos hacíamos las casetillas de apuestas, y era una tradición siempre venir con tu familia a ver las carreras por la playa las tardes de verano. Para mí, fue algo excepcional poder conseguir este puesto de trabajo en el que llevo 2 años. Entré de prácticas haciendo fotocopias y he acabado de director gerente.
¿Cuál es la clave para que un evento de esta magnitud dure 181 años?
Yo creo que el aspecto cultural y social, no sólo deportivo, porque atrae a muchísima gente de fuera, el tema turístico es muy importante. Hace 181 años que se organizan las carreras en la playa, de una manera o de otra, y esa tradición ha quedado marcada en Sanlúcar.
¿A qué desafíos se enfrenta?
A muchos. Hay que tener en cuenta que estamos en un parque natural, una playa donde hay muchísima gente que está disfrutando de la tarde y nosotros tenemos que pedir que, en un momento dado, se retiren y dejen pasar a los caballos que están compitiendo. Está muy protegido en el sentido de que, en una playa, es muy complicado pedir los permisos para que te dejen estar ahí. Nosotros cumplimos con toda la normativa. Además, somos los primeros interesados en que todo esté bien cuidado y dejarlo igual o mejor de lo que lo recibimos.
"Hemos mejorado los boxes portátiles para que los caballos estén más a gusto en verano"
¿Cómo es el trabajo previo?
Desde que entra el último caballo por la meta, ya estamos pensando en la próxima temporada porque es un trabajo muy muy duro. Hay que tener en cuenta que cada año empezamos de cero. Es decir, las estructuras no son nuestras y los patrocinadores son anuales. Los caballos, las cuadras y los entrenadores, aunque son los mismos, hay que hacer un programa que sea atractivo para que vuelvan a repetir. Empezamos muy pronto para poder tenerlo todo preparado para el mes de agosto.
¿Qué novedades podemos encontrar en esta edición?
Queremos hacer algunas modificaciones dentro del recinto para que siga siendo atractivo para el público en general. Hemos mejorado los boxes portátiles para los caballos de carreras, para que estén más a gusto en verano. Además, en el recinto haremos mejoras que ya la veréis cuando estéis allí. Hemos mejorado estéticamente la carpa para la experiencia del público en general, siempre manteniendo la tradición que llevamos siempre por bandera.
¿Cómo ha evolucionado este evento? ¿Recuerda algo que ya no se hace y que echen de menos los más veteranos?
Los veteranos estarían sorprendidos de cómo, en un hipódromo efímero como es el nuestro, se siga manteniendo esa tradición. Los caballos siguen corriendo por la misma arena. Lo único que va evolucionando es el recinto. Una persona que vino hace diez años no ve el mismo recinto por las propias exigencias de la normativa y del público en general, que quiere otros servicios. Somos el único evento turístico internacional para el que no es necesario una entrada para poder verlo muy cerca. Pero seguimos financiándolo con el recinto. Para que la gente siga entrando en el recinto, necesitamos actualizarlo.
¿Qué medidas se toman para garantizar la salud y el bienestar animal en pleno agosto?
Los caballos están siempre hidratados y las duchas están siempre disponibles. Agua nunca falta. Ponemos ventiladores en las naves para que los caballos estén refrigerados y a gusto, aunque sean de techos altos y abiertos con ventanales. Hay que tener en cuenta que la distancia más larga que corre el caballo es un minuto y medio, y luego se lleva a su box. Aún así, ellos están controlados constantemente por veterinarios del Jockey Club de Madrid para tenerlos en las condiciones óptimas.
¿Cómo responden las nuevas generaciones a las carreras?
Pasa de padres a hijos. Hay familias completas que se dedican al caballo. El padre es el propietario, el hijo es el entrenador y a lo mejor tiene un nieto que quiere ser jockey. Hay bastante tradición, la verdad que es sorprendente, pero llama la atención.
Cuenta algunos detalles sobre el club, ¿en qué año se creo?
JMR: El club se refundó en el año 80. Hasta el momento, era el Ayuntamiento quien se hacía cargo de las carreras. Una entidad privada lo fundó para que no se perdiera esta tradición centenaria. Por entonces, se abrieron las piletas, con las naves para los caballos, con pistas de tenis y un bar. Hemos ido mejorando y ampliando el club con un restaurante, oficinas, pistas de pádel y seguimos con los boxes.
¿Qué otras actividades realiza?
Además de la organización de las carreras de caballos, que ya nos lleva prácticamente todo el año, tenemos clases de equitación, manutención de caballos de socios que lo dejan aquí todo el año, pupilaje y clases de pádel y de tenis. También se pueden alquilar las pistas de tenis y de pádel. Tenemos caseta en la feria de Sanlúcar y fiestas en Navidad. Y tenemos servicio de restauración todo el año.
¿Cuántos socios tiene?
En los últimos años, hemos tenido una gran ampliación de socios. Después de la pandemia y la crisis, bajó mucho el número, pero de unos años para acá ha ido aumentando y, en estos momentos, cuenta con una cifra superior a las 600 familias, que vendrían a ser unas 2.500 personas.
¿Cree que el club necesita actualizarse?
Como cualquier empresa. Nosotros nos debemos los socios, a los patrocinadores y a los profesionales. Siempre tenemos que estar actualizando para que los socios se sigan sintiendo bien en este club. Que el socio vea que se han mejorado ciertos aspectos. Por ejemplo, el año pasado mejoramos el suelo de las pistas de tenis y de pádel.
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