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Dos homicidios y una celda ardiendo en menos de una semana: ¿qué está pasando en el Hospital Psiquiátrico de la prisión de Sevilla?

A estos episodios se le suman varias agresiones en los últimos meses. Lavozdelsur.es habla con varios trabajadores del centro para conocer las causas de un destino que era de los más solicitados entre los funcionarios de prisiones hace unos años

  • Dos homicidios y una celda ardiendo en menos de una semana: ¿qué está pasando en el Hospital Psiquiátrico de la prisión de Sevilla?

Cae la noche en el Hospital Psiquiátrico de Sevilla, integrado en la prisión de Sevilla I. A priori deberían ser las horas más tranquilas en el centro, pero esta vez es diferente. Un recluso de 26 años sufre un brote y, de forma repentina, estrangula a un compañero de celda de su misma edad. La situación no finaliza ahí. Minutos más tarde acaba a golpes con la vida de otro preso, este de 54 años. A nadie le pilla por sorpresa, "algo gordo iba a pasar", señalan trabajadores del centro a lavozdelsur.es.

Tras el doble homicidio, el preso volvió a un estado de calma como si nada hubiera pasado."No puso ningún tipo de resistencia cuando los llevamos al módulo de aislamiento, su delirio había hecho lo que tenía que hacer, era algo que le decía una voz interior".

Cuatro días más tarde vuelve a caer la noche sobre la prisión sevillana. Esta vez, todo el país está paralizado porque España está jugando la final del Mundial. Esa calma tensa vuelve a romperse en el Hospital Psiquiátrico de Sevilla, donde un interno le mete fuego a su celda provocando una gran humareda y obligando a los funcionarios a trasladarlo a una celda con videovigilancia donde horas más tarde se autolesiona con trozos de metacrilato.

Son los episodios recientes más sonados, pero no los únicos que han ocurrido en el Hospital Psiquiátrico de Sevilla durante los dos últimos meses, provocando un gran hartazgo entre los trabajadores. El pasado 8 de junio, un recluso provocó otro incendio que obligó a desalojar a diez pacientes, teniendo que ser hospitalizados en la UCI dos de ellos. Esta misma semana, en un intervalo de una hora, dos funcionarios sufrieron agresiones. El mismo interno que provocó el incendio durante la final del Mundial lanzó una bandeja con la comida caliente sobre uno de los trabajadores; horas más tarde, un funcionario tenía que acudir al hospital para descartar lesiones en la mano por otra agresión.

"Llevo trabajando en prisiones desde el año 89 y esto no lo había vivido nunca en treinta y tantos años", dice uno de los enfermeros consultados por lavozdelsur.es sobre la situación que vive el Hospital. Este sanitario es de los relativamente nuevos dentro del Psiquiátrico. "Llevo aquí seis años y antes esto se consideraba un destino tranquilo, donde podías irte para finalizar los últimos años que te quedan de trabajo".

Arturo, vigilante y miembro de Acaip, llegó hace 28 años al psiquiátrico y coincide en su descripción. "La verdad es ha cambiado muchísimo", comenta, "las agresiones a funcionarios son muy frecuentes en estos años.". Este funcionario lo tiene claro, "con el tiempo, las distintas administraciones centrales han ido dejando prácticamente abandonado lo que es el Psiquiátrico, se han desentendido completamente de los problemas que tenemos en el hospital, que han ido evolucionando siempre a peor".

El principal abandono que denuncian lo trabajadores es la falta de personal. Un ejemplo claro está en el cuerpo de TCAE, quienes controlan habitualmente que los reclusos se tomen la medicación. "Estamos tres TCAEs trabajando y deberíamos ser 24", asegura una auxiliar tras 36 años acudiendo a este edificio. Algunas de estas vacantes son bajas de trabajadores con ansiedad o con miedo a acudir al puesto de trabajo. Otros huecos, simplemente, no han sido cubiertos por la administración. "La mayoría de días no hay auxiliares", confiesa. "Los enfermos están descontrolados porque si no hay quien los lave, no hay quien los limpie..."

Esta trabajadora, de hecho, reconoce que tiene que recurrir a fármacos contra la ansiedad para sobrevivir a las jornadas de trabajo "porque si no es imposible". A esto hay que añadir ibuprofenos para el dolor "porque no paras, tienes que hacer el trabajo de cuatro personas", un hecho que no siempre ha sido así. "Aquí ha habido épocas muy buenas, pero cuando todo estaba controlado".

Precisamente, Arturo señala que "muchas veces no se toman su tratamiento como se lo tienen que tomar, no tenemos capacidad para obligarlos a que cumplan con su tratamiento psiquiátrico, y claro, cuando se dispara su agresividad, al final la cosa es grave". Y es que, los trabajadores consultados apuntan a cambios en el perfil de los reclusos que entran. Las enfermedades mentales siguen siendo las mismas, pero ahora el físico es bien distinto. "Ahora cuando los ves te preguntas en qué gimnasio han estado", apunta el enfermero consultado por este medio, quien reclama mayor protección para los funcionarios y denuncia que el "concepto de autoridad se ha perdido".

Como vigilante, Arturo ha ido observando los cambios que ha habido en los últimos tiempos y hace varios años decidió formarse por su cuenta porque "cada vez entran más internos de gimnasio y artes marciales. Son internos físicamente muy poderosos. Nos las vemos y deseamos muchas veces para poder tener un control sobre ellos porque vienen fuertes, saben que tienen poderío físico y cuando no se toman su tratamiento no tenemos capacidad para obligarlos. Cuando se dispara la agresividad la cosa es grave".

Hace algo menos de una década, este vigilante decidió igualarse y aprender artes marciales. "Yo me hago más viejo y ellos cada vez son más jóvenes y fuertes, había que compensarlo de alguna forma. Desde hace años entro a trabajar de otra manera y sabiendo a lo que me puedo enfrentar en situaciones complicadas".

A todo ello hay que sumarle que el reglamento penitenciario con sanciones disciplinarias no es aplicable en el Hospital Psiquiátrico. "Algunos son enfermos mentales muy graves y deteriorados y otros tienen alguna patología psiquiátrica pero no son tontos. Vienen derivados de prisiones normales y se dan cuenta que hagan lo que hagan aquí no tiene repercusión sobre su vida en el centro. Llegan a hacerse dueños de módulos y extorsionan a otros pacientes", añade una de las fuentes consultadas.

La falta de personal, el gran caballo de batalla

Lavozdelsur.es ha podido hablar con uno de los funcionarios agredidos este mismo miércoles. "Esto ha ido degenerando en los últimos años por la falta de personal, tanto de vigilancia interior como sanitario. Hay una falta de control en las tomas de medicación porque sólo hay un auxiliar para repartir la medicación a 166 internos", denuncia horas después de sufrir un incidente. Esta falta de personal hace que los psiquiatras tengan que seleccionar a los más conflictivos, según fuentes del centro, mientras otros internos se pasan semanas sin tener una entrevista con los profesionales sanitarios. "La falta de personal hace que los internos terminen automedicándose porque es imposible el control de la toma de medicación", agrega este vigilante con dos décadas de experiencia.

El funcionario, precisamente, hace una defensa de los reclusos. "El enfermo mental, cuando está medicado, es una persona perfectamente normal. Pero si no lo está, pasa lo que pasa". La situación está tan descontrolada que "la gente empieza a estar asustada y venir con miedo. Al principio se trabajaba muy bien y era difícil conseguir plaza. Yo creo que ahora al año siguiente tienes sitio porque la gente no quiere esto".

Entre las peticiones recientes está la de autorizar a los funcionarios a tener pistolas táser para usarlas en determinados supuestos, además de que todos los trabajadores sean agentes de la autoridad. En cualquier caso, la falta de personal es el punto común entre todos los trabajadores consultados, "las jubilaciones no se cubren, hay traslados a otros centros y las plazas desaparecen, la plantilla está envejecida...", apunta un enfermero del Psiquiátrico.

Además, donde antes había 80-90 internos, ahora hay el doble, lo que obliga al hacinamiento y que en celdas diseñadas para dos haya tres o cuatro pacientes. Actualmente hay 18 internos en protocolo de prevención de suicidios, unos números "desorbitados", según Arturo, y nunca antes vistos. "La solución es cubrir bien las plantillas. Interior aprovecha a los funcionarios en prácticas para hacer bulto, pero estos tienen las competencias limitadas". Otra de las opciones es que se ponga en marcha el centro de Alcalá de Guadaíra, cuya apertura está paralizada.

Esta falta de personal también se traduce en el abandono de los presos. "Echamos mucho de menos terapeutas ocupacionales que consigan darle actividad a los internos porque los enfermos mentales en este centro están abandonados, están desatendidos por completo. "Si tú no le das una actividad, tú no le das un aliciente la cabeza suya se dedica solo a pensar en cosas que para ellos son habituales: trancheos, extorsiones, amenazas, peleas".

Cae la noche en el Hospital Psiquiátrico de Sevilla, integrado en la prisión de Sevilla I. A priori deberían ser las horas más tranquilas en el centro, pero esta vez es diferente. Un recluso de 26 años sufre un brote y, de forma repentina, estrangula a un compañero de celda de su misma edad. La situación no finaliza ahí. Minutos más tarde acaba a golpes con la vida de otro preso, este de 54 años. A nadie le pilla por sorpresa, "algo gordo iba a pasar", señalan trabajadores del centro a lavozdelsur.es.

Tras el doble homicidio, el preso volvió a un estado de calma como si nada hubiera pasado."No puso ningún tipo de resistencia cuando los llevamos al módulo de aislamiento, su delirio había hecho lo que tenía que hacer, era algo que le decía una voz interior".

Cuatro días más tarde vuelve a caer la noche sobre la prisión sevillana. Esta vez, todo el país está paralizado porque España está jugando la final del Mundial. Esa calma tensa vuelve a romperse en el Hospital Psiquiátrico de Sevilla, donde un interno le mete fuego a su celda provocando una gran humareda y obligando a los funcionarios a trasladarlo a una celda con videovigilancia donde horas más tarde se autolesiona con trozos de metacrilato.

Son los episodios recientes más sonados, pero no los únicos que han ocurrido en el Hospital Psiquiátrico de Sevilla durante los dos últimos meses, provocando un gran hartazgo entre los trabajadores. El pasado 8 de junio, un recluso provocó otro incendio que obligó a desalojar a diez pacientes, teniendo que ser hospitalizados en la UCI dos de ellos. Esta misma semana, en un intervalo de una hora, dos funcionarios sufrieron agresiones. El mismo interno que provocó el incendio durante la final del Mundial lanzó una bandeja con la comida caliente sobre uno de los trabajadores; horas más tarde, un funcionario tenía que acudir al hospital para descartar lesiones en la mano por otra agresión.

"Llevo trabajando en prisiones desde el año 89 y esto no lo había vivido nunca en treinta y tantos años", dice uno de los enfermeros consultados por lavozdelsur.es sobre la situación que vive el Hospital. Este sanitario es de los relativamente nuevos dentro del Psiquiátrico. "Llevo aquí seis años y antes esto se consideraba un destino tranquilo, donde podías irte para finalizar los últimos años que te quedan de trabajo".

Arturo, vigilante y miembro de Acaip, llegó hace 28 años al psiquiátrico y coincide en su descripción. "La verdad es ha cambiado muchísimo", comenta, "las agresiones a funcionarios son muy frecuentes en estos años.". Este funcionario lo tiene claro, "con el tiempo, las distintas administraciones centrales han ido dejando prácticamente abandonado lo que es el Psiquiátrico, se han desentendido completamente de los problemas que tenemos en el hospital, que han ido evolucionando siempre a peor".

El principal abandono que denuncian lo trabajadores es la falta de personal. Un ejemplo claro está en el cuerpo de TCAE, quienes controlan habitualmente que los reclusos se tomen la medicación. "Estamos tres TCAEs trabajando y deberíamos ser 24", asegura una auxiliar tras 36 años acudiendo a este edificio. Algunas de estas vacantes son bajas de trabajadores con ansiedad o con miedo a acudir al puesto de trabajo. Otros huecos, simplemente, no han sido cubiertos por la administración. "La mayoría de días no hay auxiliares", confiesa. "Los enfermos están descontrolados porque si no hay quien los lave, no hay quien los limpie..."

Esta trabajadora, de hecho, reconoce que tiene que recurrir a fármacos contra la ansiedad para sobrevivir a las jornadas de trabajo "porque si no es imposible". A esto hay que añadir ibuprofenos para el dolor "porque no paras, tienes que hacer el trabajo de cuatro personas", un hecho que no siempre ha sido así. "Aquí ha habido épocas muy buenas, pero cuando todo estaba controlado".

Precisamente, Arturo señala que "muchas veces no se toman su tratamiento como se lo tienen que tomar, no tenemos capacidad para obligarlos a que cumplan con su tratamiento psiquiátrico, y claro, cuando se dispara su agresividad, al final la cosa es grave". Y es que, los trabajadores consultados apuntan a cambios en el perfil de los reclusos que entran. Las enfermedades mentales siguen siendo las mismas, pero ahora el físico es bien distinto. "Ahora cuando los ves te preguntas en qué gimnasio han estado", apunta el enfermero consultado por este medio, quien reclama mayor protección para los funcionarios y denuncia que el "concepto de autoridad se ha perdido".

Como vigilante, Arturo ha ido observando los cambios que ha habido en los últimos tiempos y hace varios años decidió formarse por su cuenta porque "cada vez entran más internos de gimnasio y artes marciales. Son internos físicamente muy poderosos. Nos las vemos y deseamos muchas veces para poder tener un control sobre ellos porque vienen fuertes, saben que tienen poderío físico y cuando no se toman su tratamiento no tenemos capacidad para obligarlos. Cuando se dispara la agresividad la cosa es grave".

Hace algo menos de una década, este vigilante decidió igualarse y aprender artes marciales. "Yo me hago más viejo y ellos cada vez son más jóvenes y fuertes, había que compensarlo de alguna forma. Desde hace años entro a trabajar de otra manera y sabiendo a lo que me puedo enfrentar en situaciones complicadas".

A todo ello hay que sumarle que el reglamento penitenciario con sanciones disciplinarias no es aplicable en el Hospital Psiquiátrico. "Algunos son enfermos mentales muy graves y deteriorados y otros tienen alguna patología psiquiátrica pero no son tontos. Vienen derivados de prisiones normales y se dan cuenta que hagan lo que hagan aquí no tiene repercusión sobre su vida en el centro. Llegan a hacerse dueños de módulos y extorsionan a otros pacientes", añade una de las fuentes consultadas.

La falta de personal, el gran caballo de batalla

Lavozdelsur.es ha podido hablar con uno de los funcionarios agredidos este mismo miércoles. "Esto ha ido degenerando en los últimos años por la falta de personal, tanto de vigilancia interior como sanitario. Hay una falta de control en las tomas de medicación porque sólo hay un auxiliar para repartir la medicación a 166 internos", denuncia horas después de sufrir un incidente. Esta falta de personal hace que los psiquiatras tengan que seleccionar a los más conflictivos, según fuentes del centro, mientras otros internos se pasan semanas sin tener una entrevista con los profesionales sanitarios. "La falta de personal hace que los internos terminen automedicándose porque es imposible el control de la toma de medicación", agrega este vigilante con dos décadas de experiencia.

El funcionario, precisamente, hace una defensa de los reclusos. "El enfermo mental, cuando está medicado, es una persona perfectamente normal. Pero si no lo está, pasa lo que pasa". La situación está tan descontrolada que "la gente empieza a estar asustada y venir con miedo. Al principio se trabajaba muy bien y era difícil conseguir plaza. Yo creo que ahora al año siguiente tienes sitio porque la gente no quiere esto".

Entre las peticiones recientes está la de autorizar a los funcionarios a tener pistolas táser para usarlas en determinados supuestos, además de que todos los trabajadores sean agentes de la autoridad. En cualquier caso, la falta de personal es el punto común entre todos los trabajadores consultados, "las jubilaciones no se cubren, hay traslados a otros centros y las plazas desaparecen, la plantilla está envejecida...", apunta un enfermero del Psiquiátrico.

Además, donde antes había 80-90 internos, ahora hay el doble, lo que obliga al hacinamiento y que en celdas diseñadas para dos haya tres o cuatro pacientes. Actualmente hay 18 internos en protocolo de prevención de suicidios, unos números "desorbitados", según Arturo, y nunca antes vistos. "La solución es cubrir bien las plantillas. Interior aprovecha a los funcionarios en prácticas para hacer bulto, pero estos tienen las competencias limitadas". Otra de las opciones es que se ponga en marcha el centro de Alcalá de Guadaíra, cuya apertura está paralizada.

Esta falta de personal también se traduce en el abandono de los presos. "Echamos mucho de menos terapeutas ocupacionales que consigan darle actividad a los internos porque los enfermos mentales en este centro están abandonados, están desatendidos por completo. "Si tú no le das una actividad, tú no le das un aliciente la cabeza suya se dedica solo a pensar en cosas que para ellos son habituales: trancheos, extorsiones, amenazas, peleas".

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