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Los Viernes Flamencos arrancan en Jerez con una noche marcada por las limitaciones horarias

La Asociación Cultural Flamenca Fernando Terremoto reúne en Los Claustros de Santo Domingo a Antonio Reyes, Manuel de Cantarote, José Valencia y Águeda Saavedra en el inicio del ciclo estival

  • Antonio Reyes, junto a su hijo Nono Reyes, por fandangos, durante el segundo Viernes Flamenco de Jerez. -

Los Viernes Flamencos de Jerez regresaron un año más a Los Claustros de Santo Domingo durante los últimos días de julio para inaugurar casi un mes de intensa actividad jonda en la ciudad. La sesión, organizada en esta ocasión por la Asociación Cultural Flamenca Fernando Terremoto, reunía sobre el escenario a Antonio Reyes, José Valencia, Águeda Saavedra y Manuel de Cantarote, dando continuidad a la programación estival que se inicia con la Misa Flamenca del barrio de Santiago, coincidiendo con la festividad del Patrón de España.

La entidad jerezana fue la encargada de dar forma a una calurosa velada en la que el cante, el toque y el baile respondieron con solvencia a las expectativas. Los artistas ofrecieron actuaciones de gran nivel, aunque la respuesta del público no alcanzó el entusiasmo ni la efusividad que habían caracterizado otras ediciones del ciclo.

Entre los asistentes surgían distintas explicaciones para justificar ese ambiente más contenido. Algunos comentaban que "hoy hay aquí mucha gente de por ahí", mientras otros seguían echando en falta "el bar que había en el Alcázar de Jerez", que durante años ejerció como ambigú antes de que el maestro de ceremonias diera comienzo a la segunda de las cuatro citas que integran este ciclo flamenco.

Un lleno absoluto con un ambiente distinto al de otras ediciones

La convocatoria volvió a despertar un enorme interés. El cartel de 'no hay billetes' volvió a colgarse y numerosas personas permanecieron en los alrededores de Los Claustros con la esperanza de conseguir alguna entrada de última hora. Sin embargo, como ocurre con frecuencia en las noches estivales, el aforo completo impidió que pudieran acceder al recinto.

El patio de butacas presentó una excelente imagen, ocupado por un público dispuesto a disfrutar del que muchos consideran el principal embajador cultural de la Marca España en el mundo. No obstante, la sesión terminó desarrollándose de una manera menos fluida de lo habitual, condicionada, entre otros factores, por los horarios establecidos para la celebración del espectáculo.

A esa circunstancia se sumó otra que no pasó desapercibida entre los asistentes. Una parte del recinto permanecía acordonada debido a una celosía que, según se indicaba, "está en peligro de derrumbe", una situación a la que, previsiblemente, tampoco favorecen las vibraciones generadas por los sistemas de microfonía amplificada utilizados durante las actuaciones estivales en el patio central del conjunto monumental.

  • Antonio Reyes recordaba por zambra a Caracol en los Viernes Flamenco de Jerez.
  • -

Antonio Reyes abre la noche con un recital de gran altura

El encargado de inaugurar el escenario fue el cantaor chiclanero Antonio Reyes, acompañado a la guitarra por su hijo Nono Reyes y respaldado al compás por Tate Núñez, Ramón Reyes y Manuel Vinaza. Una de las principales figuras del flamenco actual asumía así la responsabilidad de abrir una noche en la que el público tardó en entrar en calor, pese a las altas temperaturas registradas en Jerez.

Su recital fue creciendo con naturalidad a medida que avanzaba la actuación. Entre los asistentes no faltaban comentarios que resumían la admiración que despierta el cantaor. "Este es el Messi del cante ahora mismo, mostro", llegaban a afirmar algunos espectadores mientras el artista recorría unas soleares que viajaban desde Alcalá hasta Utrera, pasando por Cádiz, con ecos marcheneros, referencias caracoleras y un guiño a La Serneta.

Jerez mantiene desde hace años una relación especial con Antonio Reyes, un artista profundamente querido por la afición local. Cada una de sus comparecencias en una peña, en el Festival de Jerez o en cualquiera de los ciclos estivales se convierte en una oportunidad para disfrutar de una de las voces más reconocibles del panorama flamenco contemporáneo.

El chiclanero continuó su recorrido artístico abrazándose a las zambras caracoleras más emblemáticas, enlazándolas por tangos con recuerdos a Cepero, La Marelu, Juanito Villar y Alfonso de Gaspar, antes de cerrar el bloque a compás binario con el lamento por fandangos que inmortalizara Porrina de Badajoz evocando la venta de su caballo.

  • Antonio Reyes cerraba por fandangos su participación en los Viernes Flamenco de Jerez.
  • -

Los momentos de mayor conexión con el auditorio llegaron con el poema Manuela Rosa Montero, del inmortal Antonio Gallardo Molina, interpretado por bulerías. En ese recorrido tuvo un papel especialmente destacado Nono Jero, revestido del alma de su admirado Periquín Niño Jero, encontrando el acompañamiento preciso para que su padre transitara por unas letras popularizadas por Antonia Gil Salazar 'La Perla de Cádiz'. A partir de ahí, el recital siguió avanzando por el universo de la copla con el Romance de Juan Osuna, de Quintero, León y Quiroga, enlazó una toná trianera sobre compás de doce tiempos, recuperó No me importa lo que digan en recuerdo de José Cortés Jiménez 'Pansequito' y culminó con cuatro fandangos marca de la casa.

La actuación, cercana a los tres cuartos de hora, dejó la sensación de haber sabido a poco. Aunque esa duración es habitual en este tipo de espectáculos, la organización —Fundarte— pareció considerar excesivo ese tiempo de escenario, circunstancia que terminó condicionando el desarrollo del resto de la velada. "A las doce hay que irse de aquí", anunciaba el maestro de ceremonias, lamentando además que "estas cosas antes no pasaban porque es imposible que en dos horas puedan participar un elenco de tres cantaores y un baile en condiciones".

  • Manuel de Cantarote junto a Nono Jero en el arranque del ciclo Viernes Flamenco de Jerez.
  • -

Manuel de Cantarote reivindica el conocimiento del cante desde la sobriedad

Con el tiempo ya convertido en un condicionante de la noche, Manuel Moreno Peña 'Manuel de Cantarote' tomó el relevo sobre el escenario. Lo hizo acompañado por Nono Jero a la guitarra y con el compás de Juan Diego Valencia y su primo Manuel Cantarote, configurando un cuadro que permitió al cantaor desarrollar una intervención sustentada en el conocimiento profundo del repertorio flamenco.

La soleá por bulerías, con el inconfundible sello de Jerez, marcó el inicio de una actuación construida entre juguetillos y solearillas de transición que pusieron de manifiesto la amplitud de registros y el dominio de los cantes de un artista fraguado a fuego lento, respaldado en todo momento por un acompañamiento sólido y perfectamente compenetrado.

El cantaor del barrio de La Asunción continuó su recorrido por tientos y tangos, transitando con autoridad por uno de los palos más ricos y complejos del flamenco. Desde Jerez hasta Sevilla, fue hilvanando estilos con absoluta naturalidad, incluyendo un recuerdo a Remedios Amaya y a unas formas interpretativas que han dejado una profunda huella en buena parte de los jóvenes valores del cante actual.

Sin embargo, el cronómetro volvió a imponerse sobre el desarrollo artístico. Una breve bulería puso punto final a una actuación que dejó patente la proyección de un cantaor con recursos, conocimiento y voz suficiente para seguir creciendo dentro del panorama flamenco y para seguir conquistando tanto a los aficionados como a quienes se acercan por primera vez a este arte.

  • José Valencia remataba por bulerías su participación de los Viernes Flamencos de Jerez.
  • -

José Valencia firma uno de los momentos culminantes de la noche

La presencia de José Valencia respondía también al estrecho vínculo que mantiene con la Asociación Cultural Flamenca Fernando Terremoto, entidad organizadora de la velada. El cantaor lebrijano no dudó en sumarse a una cita especialmente emotiva para él, recordando el cariño recibido durante años por parte de la peña. "Han estado conmigo siempre y me han dado su cariño sin pedir nunca nada a cambio", afirmaba.

Acompañado a la guitarra por Juan Requena y con las palmas de Juan Diego Valencia y Manuel Cantarote, comenzó su recital por soleares, dejando aflorar el extraordinario caudal de cantes que atesora. Su conocimiento del territorio flamenco quedó patente recorriendo con naturalidad los ecos de Lebrija, Utrera, Alcalá y Jerez, con referencias a Juan Talega, al cante con nombre de mujer de Utrera y, especialmente, a Tía María Bala.

  • José Valencia, junto a Juan Requena, por seguiriyas en los Viernes Flamencos de Jerez.
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Fue, sin embargo, la seguiriya la que elevó definitivamente la temperatura artística de la noche. En uno de los momentos más inspirados del espectáculo, José Valencia construyó una interpretación de enorme intensidad, recorriendo junto a los grandes referentes del cante del dolor los ecos de El Marruro, Antonio Mairena y Tío Parrilla, este último en homenaje a los titulares de la peña organizadora.

La sensación compartida por buena parte del público fue que aquella actuación merecía haber tenido un desarrollo mucho más amplio. El tiempo volvía a convertirse en el gran enemigo de la noche y obligaba al cantaor a condensar unas bulerías finales en las que las formas arromanzadas de Lebrija tomaron el protagonismo antes de despedirse dejando la inevitable impresión de que el recital había concluido demasiado pronto.

  • Águeda Saavedra clausuraba por soléa el primer Viernes Flamenco de Jerez en Los Claustros de Santo Domingo.
  • -

Águeda Saavedra confirma el relevo generacional del baile flamenco

La última intervención de la noche correspondió a Águeda Saavedra, una bailaora llamada a ocupar un lugar destacado entre la nueva generación de artistas que defienden el baile flamenco más clásico y tradicional.

Su participación fue necesariamente breve debido a las limitaciones horarias que habían condicionado el conjunto del espectáculo, aunque resultó suficiente para evidenciar unas cualidades que apuntan hacia un prometedor futuro artístico. La bailaora ofreció una soleá de notable limpieza técnica, tanto en el trabajo del tren inferior como en la elegancia de los movimientos del superior.

  • La estampa de Águeda Saavedra remataba el Viernes Flamenco de Jerez.
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Junto a ella comparecieron al cante Manuel de la Nina y Bastián del Puerto, mientras Jesús Rodríguez asumía el acompañamiento a la guitarra en una intervención que puso el broche artístico a la velada.

Las campanas de Santo Domingo marcaron la llegada de la medianoche y, con ellas, el obligado final de una noche que volvió a demostrar el extraordinario nivel artístico reunido por Los Viernes Flamencos de Jerez, aunque también dejó patente que las limitaciones de tiempo impidieron que artistas y público pudieran desarrollar plenamente una cita que, por calidad y expectación, invitaba a prolongarse mucho más.

Los Viernes Flamencos de Jerez regresaron un año más a Los Claustros de Santo Domingo durante los últimos días de julio para inaugurar casi un mes de intensa actividad jonda en la ciudad. La sesión, organizada en esta ocasión por la Asociación Cultural Flamenca Fernando Terremoto, reunía sobre el escenario a Antonio Reyes, José Valencia, Águeda Saavedra y Manuel de Cantarote, dando continuidad a la programación estival que se inicia con la Misa Flamenca del barrio de Santiago, coincidiendo con la festividad del Patrón de España.

La entidad jerezana fue la encargada de dar forma a una calurosa velada en la que el cante, el toque y el baile respondieron con solvencia a las expectativas. Los artistas ofrecieron actuaciones de gran nivel, aunque la respuesta del público no alcanzó el entusiasmo ni la efusividad que habían caracterizado otras ediciones del ciclo.

Entre los asistentes surgían distintas explicaciones para justificar ese ambiente más contenido. Algunos comentaban que "hoy hay aquí mucha gente de por ahí", mientras otros seguían echando en falta "el bar que había en el Alcázar de Jerez", que durante años ejerció como ambigú antes de que el maestro de ceremonias diera comienzo a la segunda de las cuatro citas que integran este ciclo flamenco.

Un lleno absoluto con un ambiente distinto al de otras ediciones

La convocatoria volvió a despertar un enorme interés. El cartel de 'no hay billetes' volvió a colgarse y numerosas personas permanecieron en los alrededores de Los Claustros con la esperanza de conseguir alguna entrada de última hora. Sin embargo, como ocurre con frecuencia en las noches estivales, el aforo completo impidió que pudieran acceder al recinto.

El patio de butacas presentó una excelente imagen, ocupado por un público dispuesto a disfrutar del que muchos consideran el principal embajador cultural de la Marca España en el mundo. No obstante, la sesión terminó desarrollándose de una manera menos fluida de lo habitual, condicionada, entre otros factores, por los horarios establecidos para la celebración del espectáculo.

A esa circunstancia se sumó otra que no pasó desapercibida entre los asistentes. Una parte del recinto permanecía acordonada debido a una celosía que, según se indicaba, "está en peligro de derrumbe", una situación a la que, previsiblemente, tampoco favorecen las vibraciones generadas por los sistemas de microfonía amplificada utilizados durante las actuaciones estivales en el patio central del conjunto monumental.

  • Antonio Reyes recordaba por zambra a Caracol en los Viernes Flamenco de Jerez.
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Antonio Reyes abre la noche con un recital de gran altura

El encargado de inaugurar el escenario fue el cantaor chiclanero Antonio Reyes, acompañado a la guitarra por su hijo Nono Reyes y respaldado al compás por Tate Núñez, Ramón Reyes y Manuel Vinaza. Una de las principales figuras del flamenco actual asumía así la responsabilidad de abrir una noche en la que el público tardó en entrar en calor, pese a las altas temperaturas registradas en Jerez.

Su recital fue creciendo con naturalidad a medida que avanzaba la actuación. Entre los asistentes no faltaban comentarios que resumían la admiración que despierta el cantaor. "Este es el Messi del cante ahora mismo, mostro", llegaban a afirmar algunos espectadores mientras el artista recorría unas soleares que viajaban desde Alcalá hasta Utrera, pasando por Cádiz, con ecos marcheneros, referencias caracoleras y un guiño a La Serneta.

Jerez mantiene desde hace años una relación especial con Antonio Reyes, un artista profundamente querido por la afición local. Cada una de sus comparecencias en una peña, en el Festival de Jerez o en cualquiera de los ciclos estivales se convierte en una oportunidad para disfrutar de una de las voces más reconocibles del panorama flamenco contemporáneo.

El chiclanero continuó su recorrido artístico abrazándose a las zambras caracoleras más emblemáticas, enlazándolas por tangos con recuerdos a Cepero, La Marelu, Juanito Villar y Alfonso de Gaspar, antes de cerrar el bloque a compás binario con el lamento por fandangos que inmortalizara Porrina de Badajoz evocando la venta de su caballo.

  • Antonio Reyes cerraba por fandangos su participación en los Viernes Flamenco de Jerez.
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Los momentos de mayor conexión con el auditorio llegaron con el poema Manuela Rosa Montero, del inmortal Antonio Gallardo Molina, interpretado por bulerías. En ese recorrido tuvo un papel especialmente destacado Nono Jero, revestido del alma de su admirado Periquín Niño Jero, encontrando el acompañamiento preciso para que su padre transitara por unas letras popularizadas por Antonia Gil Salazar 'La Perla de Cádiz'. A partir de ahí, el recital siguió avanzando por el universo de la copla con el Romance de Juan Osuna, de Quintero, León y Quiroga, enlazó una toná trianera sobre compás de doce tiempos, recuperó No me importa lo que digan en recuerdo de José Cortés Jiménez 'Pansequito' y culminó con cuatro fandangos marca de la casa.

La actuación, cercana a los tres cuartos de hora, dejó la sensación de haber sabido a poco. Aunque esa duración es habitual en este tipo de espectáculos, la organización —Fundarte— pareció considerar excesivo ese tiempo de escenario, circunstancia que terminó condicionando el desarrollo del resto de la velada. "A las doce hay que irse de aquí", anunciaba el maestro de ceremonias, lamentando además que "estas cosas antes no pasaban porque es imposible que en dos horas puedan participar un elenco de tres cantaores y un baile en condiciones".

  • Manuel de Cantarote junto a Nono Jero en el arranque del ciclo Viernes Flamenco de Jerez.
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Manuel de Cantarote reivindica el conocimiento del cante desde la sobriedad

Con el tiempo ya convertido en un condicionante de la noche, Manuel Moreno Peña 'Manuel de Cantarote' tomó el relevo sobre el escenario. Lo hizo acompañado por Nono Jero a la guitarra y con el compás de Juan Diego Valencia y su primo Manuel Cantarote, configurando un cuadro que permitió al cantaor desarrollar una intervención sustentada en el conocimiento profundo del repertorio flamenco.

La soleá por bulerías, con el inconfundible sello de Jerez, marcó el inicio de una actuación construida entre juguetillos y solearillas de transición que pusieron de manifiesto la amplitud de registros y el dominio de los cantes de un artista fraguado a fuego lento, respaldado en todo momento por un acompañamiento sólido y perfectamente compenetrado.

El cantaor del barrio de La Asunción continuó su recorrido por tientos y tangos, transitando con autoridad por uno de los palos más ricos y complejos del flamenco. Desde Jerez hasta Sevilla, fue hilvanando estilos con absoluta naturalidad, incluyendo un recuerdo a Remedios Amaya y a unas formas interpretativas que han dejado una profunda huella en buena parte de los jóvenes valores del cante actual.

Sin embargo, el cronómetro volvió a imponerse sobre el desarrollo artístico. Una breve bulería puso punto final a una actuación que dejó patente la proyección de un cantaor con recursos, conocimiento y voz suficiente para seguir creciendo dentro del panorama flamenco y para seguir conquistando tanto a los aficionados como a quienes se acercan por primera vez a este arte.

  • José Valencia remataba por bulerías su participación de los Viernes Flamencos de Jerez.
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José Valencia firma uno de los momentos culminantes de la noche

La presencia de José Valencia respondía también al estrecho vínculo que mantiene con la Asociación Cultural Flamenca Fernando Terremoto, entidad organizadora de la velada. El cantaor lebrijano no dudó en sumarse a una cita especialmente emotiva para él, recordando el cariño recibido durante años por parte de la peña. "Han estado conmigo siempre y me han dado su cariño sin pedir nunca nada a cambio", afirmaba.

Acompañado a la guitarra por Juan Requena y con las palmas de Juan Diego Valencia y Manuel Cantarote, comenzó su recital por soleares, dejando aflorar el extraordinario caudal de cantes que atesora. Su conocimiento del territorio flamenco quedó patente recorriendo con naturalidad los ecos de Lebrija, Utrera, Alcalá y Jerez, con referencias a Juan Talega, al cante con nombre de mujer de Utrera y, especialmente, a Tía María Bala.

  • José Valencia, junto a Juan Requena, por seguiriyas en los Viernes Flamencos de Jerez.
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Fue, sin embargo, la seguiriya la que elevó definitivamente la temperatura artística de la noche. En uno de los momentos más inspirados del espectáculo, José Valencia construyó una interpretación de enorme intensidad, recorriendo junto a los grandes referentes del cante del dolor los ecos de El Marruro, Antonio Mairena y Tío Parrilla, este último en homenaje a los titulares de la peña organizadora.

La sensación compartida por buena parte del público fue que aquella actuación merecía haber tenido un desarrollo mucho más amplio. El tiempo volvía a convertirse en el gran enemigo de la noche y obligaba al cantaor a condensar unas bulerías finales en las que las formas arromanzadas de Lebrija tomaron el protagonismo antes de despedirse dejando la inevitable impresión de que el recital había concluido demasiado pronto.

  • Águeda Saavedra clausuraba por soléa el primer Viernes Flamenco de Jerez en Los Claustros de Santo Domingo.
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Águeda Saavedra confirma el relevo generacional del baile flamenco

La última intervención de la noche correspondió a Águeda Saavedra, una bailaora llamada a ocupar un lugar destacado entre la nueva generación de artistas que defienden el baile flamenco más clásico y tradicional.

Su participación fue necesariamente breve debido a las limitaciones horarias que habían condicionado el conjunto del espectáculo, aunque resultó suficiente para evidenciar unas cualidades que apuntan hacia un prometedor futuro artístico. La bailaora ofreció una soleá de notable limpieza técnica, tanto en el trabajo del tren inferior como en la elegancia de los movimientos del superior.

  • La estampa de Águeda Saavedra remataba el Viernes Flamenco de Jerez.
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Junto a ella comparecieron al cante Manuel de la Nina y Bastián del Puerto, mientras Jesús Rodríguez asumía el acompañamiento a la guitarra en una intervención que puso el broche artístico a la velada.

Las campanas de Santo Domingo marcaron la llegada de la medianoche y, con ellas, el obligado final de una noche que volvió a demostrar el extraordinario nivel artístico reunido por Los Viernes Flamencos de Jerez, aunque también dejó patente que las limitaciones de tiempo impidieron que artistas y público pudieran desarrollar plenamente una cita que, por calidad y expectación, invitaba a prolongarse mucho más.

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