Opinión

Las mujeres libres no se meten a putas

En el mercado neoliberal, donde todo es vendible y comprable bajo el dogma falso de la libertad de elección, últimamente nos intentan convencer de que las prostitutas son mujeres libres, empoderadas, valientes y ejemplares que han decidido libremente ejercer la prostitución porque, dicen, mejor ser puta que fregar escaleras, en un ejemplo supino de clasismo y desprecio a los trabajos que realiza la clase obrera.

Así, como es mejor ser puta que fregar escaleras o reclamar derechos, nos venden que un tío por el que una mujer no siente placer, a veces incluso mucho asco, tiene derecho a penetrarla por todos los orificios disponibles de su cuerpo, a humillarla y a tratarla como juguete sexual. Es decir, como la última colilla que pisa la tierra; pero todo es desde la libre elección, así que estas mujeres prostituidas tienen que ser felices, sentirse realizadas y empoderadas por dedicarse a un oficio que simboliza como el que más lo que significan las mujeres para el patriarcado.

Siendo grave que el neoliberalismo haya conseguido convencernos de que una persona puede decidir libremente desde la desigualdad y la pobreza, es mucho más grave aún que un ejército de gente de izquierdas defiendan los mismos postulados que los proxenetas, sin pararse a pensar que el capitalismo feroz penetra a mujeres con la misma lógica que penetra mares, montañas y espacios protegidos para extraer de ellos sus materias primas con las que seguir engordando su cuenta de resultados, sin importarle los derechos humanos, el medio ambiente o la sostenibilidad de la vida.

Acabo de terminar de escribir un libro, ‘La doble transición’, sobre la vida de ocho mujeres transexuales que vivieron en el franquismo y que comenzaron su transición de género en los finales de los 70 o principio de los 80. Casi todas ellas ejercieron la prostitución para sortear la expulsión del hogar, el no reconocimiento a su identidad y el cierre a cal y canto de las puertas del mercado laboral. Ninguna de ellas me ha dicho que fue puta porque era libre. Todo lo contrario, fueron putas porque no eran libres, porque la sociedad, las leyes y la moral les levantó un muro de pobreza y desigualdad que les cortó el paso a la libertad.

Recuerdo el testimonio de una de ellas, que se prostituyó en París en su juventud, que me contó lo patética que se veía con el bolso esperando a los clientes, el miedo que pasaba en los descampados donde tenía su esquina y lo que ella hubiera dado porque la contrataran de cocinera o de algún oficio en el que la quisieran por sus habilidades profesionales y no por cómo eran sus tetas, por el tamaño de su polla o por la cantidad de pene que le entraba por la boca y el ano.

Dicen los defensores de la prostitución, situados muchos de ellos en la izquierda más a la izquierda que cuando toca hablar de prostitución coincide con Ciudadanos, que hay que regularizar la prostitución porque las mujeres eligen hacerlo desde su libertad. Y para ello, usan los testimonios de exprostitutas, muchas veces pagadas por los proxenetas, y analizan la industria del sexo como si fuera una tienda y no una de las principales economías criminales del mundo que se nutre en un 90% de la trata de mujeres para la explotación sexual y que en países como China o Tailandia supone más del 5% del PIB.

Estos mismos defensores de la prostitución, que van desde Ada Colau, Inés Arrimadas, Rocío Medina, responsable de Feminismos de Podemos Andalucía, y el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), convierten a las prostitutas, pobres y desiguales, en heroínas de la libertad mientras a las feministas abolicionistas las caricaturizan como mujeres puritanas y atadas a una moral condenatoria con el sexo. Para los defensores guays de la prostitución, meterse a puta es lo moderno, lo sexy, lo transgresor; el sexo entendido como placer mutuo, desde la igualdad, es lo arcaico, lo conservador y lo demodé.

Consciente o no, la izquierda pro-prostitución está fortaleciendo el sentido común neoliberal que trata de convencernos de que podemos ser libres independientemente de cuál sea nuestra situación económica, de que la clase social no sirve ya para los análisis políticos-sociales en este mundo globalizado en el que la pobreza y la desigualdad, especialmente en las mujeres, crece a un ritmo vertiginoso y se cronifica a la misma velocidad.

Hoy en día, las mujeres transexuales en España apenas se dedican a la prostitución. ¿Por qué? Porque crecen en hogares con amor, porque las leyes se ponen de su parte y la sociedad está derribando poco a poco los muros que separaban a estas mujeres del acceso al empleo, a la sanidad, a la educación y a rol de ciudadanas. Cada vez hay menos mujeres españolas transexuales en la prostitución porque son más iguales y más libres, aunque para el discurso guay pro-prostitución las transexuales del franquismo serían más libres porque se dedicaban mucho más a la prostitución que las chicas trans nacidas en democracia.

Convéncete. Las mujeres libres no se meten a putas. Ser puta no es moderno, no es sexy, no es cool, no es deseable y, sobre todo, no es aconsejable. Defender que las mujeres eligen libremente ser prostitutas es aceptar que la libertad no depende de la situación económica; es travestir de un traje emancipatorio a una persona que necesita ser mirada como víctima. No para humillarla, sino porque necesita igualdad de oportunidades, ayudas, un empujón de la sociedad y herramientas y decisiones políticas que la saquen de la pobreza y la desigualdad para que, entonces, pueda elegir libremente qué hacer con su vida. No es la libertad de elección lo que nos hace libres, sino desde qué lugar elegimos.

Ahora habrá quien me diga, porque ya conozco el discurso guay de los pro-prostitución, que tenemos que dejar a las prostitutas que hablen. Se refieren a las prostitutas que hacen de portavoces de los proxenetas, que montan asociaciones y sindicatos financiados por los empresarios de los locales de alterne para blanquear una actividad criminal que destroza a las mujeres, que las usa y cuando dejan de parecer niñas las envían a los márgenes de la industria del sexo o directamente al mundo de las adicciones para soportar la dureza de un mundo cruel como el de la prostitución.

No me interesa la opinión de ninguna prostituta, de ninguna, que defienda que una mujer empobrecida elige desde la libertad que un ejército de puteros la violen cada día. También hubo esclavos que se opusieron al fin de la esclavitud, porque las cadenas pesan, pero la obligación de un país moderno, democrático, que apuesta por la igualdad y que está aliado con el feminismo es tomar decisiones pensando en el bien común, pensando en las mujeres pobres más que en nadie.

Si se legaliza la prostitución, estaríamos enviando a este sector a todas las mujeres españolas; porque, mañana, cuando una mujer se quede en paro, en un país con más del 20% de desempleo, y vaya a solicitar una ayuda social, le dirán: “Mira, guapa, déjate de pedir tantas ayudas sociales y métete a puta, que ahí sobra el trabajo”. No, las mujeres libres no se meten a putas y la gente que se dice de izquierdas no puede defender la explotación sexual de las mujeres con los mismos argumentos que Ciudadanos. Si defiendes legalizar la prostitución, en lugar de derechos económicos para que ninguna mujer se vea obligada a ser puta, estás en el bando de los proxenetas, no en el de las putas.

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Comentarios

  1. Estoy de acuerdo que muchas mujeres son oblidas y hay que erradicarlo , hay mujeres que ejercen para ganar dinero "fácil " y no sabemos que pasaría si se legalizase y tendrían los mismo derechos que cualquier otro oficio. Se podría probar y si no va bien pues ya decidir que hacer. Lo que no se puede es decir que lo neoniberalismo y patriarcado imponen su pensamiento, y querer imponer el pensamiento contrario de que las mujeres no pueden decidir y si deciden algo que no es de mi cuerda es que esta influenciadas por el patriarcado. Lo que hay que hacer es luchar de verdad contra las mafias y explotadores . Hay muchos trabajos que son de explotación de el hombre que se considera normal, por ejemplo en su día los mineros del carbón, muertes en siniestros en el trabajo. Suicidios relacionados con el trabajo etc.

  2. El hecho de que una actividad no sea legal, no significa que una asociación creada en torno a esa actividad sea ilegal.
    Hay sindicato de manteros, asociaciones de consumidores de drogas, o tiendas que te venden todo lo necesario para que puedas plantar en tu casa drogas que no puedes comprar, grupos antimilitaristas y en su día, asambleas de insumisos,… de apoyo a prs@s, de acogida de inmigrantes, agencias que gestionan "embarazos subrogados"…

    No permitir la creación de un sindicato de prostitutas va más allá de la postura que se pueda tener acerca de la prostitución, y va contra el derecho de asociacion.

    Es absurdo pensar que para combatir la prostitución no se deben permitir los sindicatos de prostitutas, mientras prostíbulos cada vez más grandes florecen por toda la península.

    Y me sorprende mucho que se haga la vista gorda con la actividad, que se anuncia sin problemas en prensa o internet y se sea tan tajante con dicho sindicato…

  3. Un "señor" hablando de mujeres y hablando de las putas cómo si supiera de qué está hablando. Pocas veces he leído un texto tan machista y patriarcal, tanta soberbia y tanta ignorancia me dan náuseas. El estigma de puta existe, y muy pocas mujeres dirán con orgullo que lo son, ¿por qué? Muy simple, para no tener que discutir con moralistas como este autor que tiene el tupé de descalificar a cualquier mujer (puta, o no) que luche por los derechos laborales, humanos y sociales de las trabajadoras sexuales.
    Puede no gustarle nuestro trabajo, puede, incluso, considerarlo indigno, pero negarse a escuchar, negarnos la palabra, porque si hablamos somos cómplices y voceras de "proxenetas", vaya negación de la capacidad de las mujeres a decidir sobre sus propias vidas y sus propios intereses!!!…
    Muchas mujeres elegimos ser putas, "señor", muchas preferimos tener sexo por dinero a limpiar retretes, trabajar en fábricas, oficinas, o como costureras, cocineras, y todos los oficios y profesiones que se le ocurra, pero jamás (jamás) una puta pensaría que esas mujeres que eligen otras formas de ganarse la vida son tontas, inferiores, o incapaces de decidir lo que les conviene. Y sabe por qué? Porque las mujeres tienen la capacidad de decidir sin ser tuteladas por machirulos como usted, ni por ninguna "señora" que considere que tiene el derecho de luchar contra nuestros derechos, porque las putas, "señor", merecemos tener derechas, como cualquier persona, como trabajadora.
    Eso de que no se elige, "señor", es absolutamente extensivo a la mayor parte de la clase trabajadora, que se gana la vida como puede, optando entre las posibilidades que el mercado capitalista de trabajo le ofrece. Pero no se crea que las putas solo existimos dentro del mundo capitalista, porque nuestra historia es casi la historia de la humanidad, porque, "señor", siempre han existido las putas, le guste, o no le guste. Y han existido porque muchas preferimos la libertad de elegir ese trabajo a ser la "mujer" de un solo hombre, que muchas veces nos ha explotado como burras de carga y muñeca sexual, aunque nos hayan dado el título de "legítima esposa".
    Su misoginia no tiene límites. Negar la capacidad de decisión, silenciar voces porque no le gusta lo que tienen que decir, acusar de "proxenetas" a quienes defienden su profesión… No se puede ser tan caradura!!!… Ni tan machista, misógino, y patriarcal.
    Llámese a silencio, "señor", y siga vendiendo sus libros a quienes tengan la ingenuidad de comprarlos pensando que sabe de qué está hablando, mientras tanto, las putas seguiremos luchando por nuestros derechos, contra el estigma, y contra las estupideces que dicen (y piensan) quienes no tienen el valor de darnos la palabra!!!…
    .
    Melisa de Oro, Puta y Orgullosa.

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