Cultura

Jota Linares, el ‘marciano’ de Algodonales que logró ser cineasta y enamorar a Netflix

El joven cineasta gaditano acaba de estrenar 'Animales sin collar', su primer largometraje, y la plataforma digital ha producido su nueva película, '¿A quién te llevarías a una isla desierta?'. El camino al éxito no ha sido, desde luego, rápido: "Lo he pasado muy mal, no nos merecíamos esta crisis"

Jota Linares, en realidad Javier Linares Moreno (1982), ya ha sido profeta en su tierra. Este año fue designado alcalde honorario de 1810, cuando su pueblo resistió el asedio de las tropas francesas, una conmemoración que celebran cada año en Algodonales (Cádiz). Pero hasta empuñar ese simbólico bastón de mando, vestido de época, no lo tuvo fácil. No lo tuvo fácil de chico, cuando decir que quería ser director de cine en un pueblo de 5.000 habitantes de la serranía gaditana sonaba a “quiero ser marciano”.

No lo tuvo fácil para ver las películas que se estrenaban en las salas, pues tenían que llevarlo a poblaciones a varias decenas de kilómetros de distancia —en los cines de Carrefour Sur, en Jerez, ya hoy clausurados, descubrió su amor por Kubrick—. Y no lo tuvo fácil al acabar su carrera de Comunicación Audiovisual en Málaga porque al recoger el título la recién estrenada crisis-estafa le indicó que aquello iba a servirle de poco.

Después de pasar por trabajos precarios y buscarse la vida en Madrid, donde ha llegado a dar clases de guion en una escuela de cine, Jota Linares, que en realidad es Javier Linares Moreno, ha cumplido su sueño infantil. Contar historias y filmarlas. Vive en Madrid desde hace un años, ha logrado estrenar su primer largometraje, Animales sin collar, tras flirtear con varios cortos, y ha fichado por Netflix, donde ahora estrenará ¿A quién te llevarías a una isla desierta?, una adaptación de un texto teatral que firmó con su mejor amigo, Paco Anaya, en 2012.

La tenacidad y la insistencia de este joven cineasta gaditano ha tenido premio. Al otro lado del teléfono, tras semanas de promoción y rodaje, “un poco cansado porque estoy aterrizando ahora”, cuenta cómo ha cambiado su vida y cómo encara un futuro en el que, sencillamente, con algo menos de dificultad, “aspiro a seguir trabajando”. La crítica habla de su debú como visceral y apasionado. Será que se filma como se es.

“Lo que he percibido de ellos es amor, respeto y libertad creativa descomunal. Creo que también, en mi caso, recuerdo mi infancia y digo: cómo de diferente hubiera sido con Netflix, Ia ventana que hubiera tenido al mundo…”

Animales sin collar se inspira en La casa de muñecas de Ibsen, pero cambia Noruega gélida por el calor sofocante de Andalucía. Aquella es considerada la primera gran obra feminista, y, a su vez, asegura que en su primer largometraje habla de su madre. ¿ha nacido el Almodóvar andaluz?

No, no, no…, eso será por etiquetar porque Almodóvar por ahora se me queda muy muy grande. Creo que somos una generación que hablamos de lo que tenemos cerca y en mi caso, quizás, es más especial porque soy hijo de madre soltera, y tengo esa figura del matriarcado andaluz muy presente; y eso te sale solo, sobre todo en tu primera peli, donde intentas soltarlo todo. Almodóvar es de mis tres directores favoritos, pero curiosamente son muy pocas veces las que lo uso como referente, tiene un universo tan suyo y tan peculiar que las cosas que él hace funcionan porque están en su universo. Aun así, me apasiona dentro del triunvirato sagrado que tengo junto a Stanley Kubrick y Mike Nichols.

Lo rural también está muy presente en su trabajo. ¿Cómo se vive decir en un pueblo de 5.000 habitantes como Algodonales ‘quiero ser director de cine’?

Pues como si dijera quiero ser marciano, imagínate (ríe). Era imposible. De hecho, allí ni teníamos cine. A mi madre le daba muchísimo la turra para que me llevara a los multicines de El Puerto o Jerez. O a Villamartín, un pueblecito de al lado donde ponían las películas dos o tres meses después de haberlas estrenado. Ser director de cine era algo impensable y de locos. Teníamos un cine de verano y yo estaba deseando que llegara el verano para meterme en el cine, y veía dos o tres veces la misma película. Y al final, no fue tan imposible (risas).

Linares, en pleno rodaje. FOTO: MANOLO PAVÓN.

¿Qué tiene Algodonales que no encuentra en Madrid? No vale decir familia y amigos.

Mucha verdad. La tengo en Madrid también, pero me refiero a que, por ejemplo, aquí en Madrid tenemos en el mundo cine todos nuestros dramas y problemas que parece que son super problemas, y allí todo se relativiza. Ves los problemas de verdad y gente que los afronta siempre desde la vida y desde el optimismo. Algodonales me da mucha verdad y mucha solidaridad. La gente se ayuda entre ella cuando lo pasa mal, cuando está enferma… eso es muy bonito. Imagino que en cualquier pueblo pequeño ocurre lo mismo.

También firma el guion de Animales sin collar y cofirma con Paco Anaya el de ¿A quién te llevarías a una isla desierta?, ¿qué fue antes en su vida la escritura o lo audiovisual?

La escritura. Desde pequeño me encantaba escribir. Hace poco encontré allí en el pueblo todos los cuentos míos de chico. Y me encanta leer, me pongo muy nervioso si no tengo una lectura. Si acabo un libro e, inmediatamente, no tengo otro para empezar me da ansiedad. Uno de los sueños frustrados de mi vida sería escribir un libro, pero lo veo tan difícil, me da un respeto tremendo; pero la escritura siempre ha estado ahí y me encanta y me fascina. Leo todo tipo de libros: desde los clásicos hasta 50 sombras de Grey si hace falta. Me flipa muchísimo.

“Yo lo he pasado muy mal. No nos merecíamos lo que hemos pasado con esta crisis”

¿De cuántas infamias se compone un éxito?, se preguntaba Balzac. ¿Cuál sería su relato hasta llegar al debú en la dirección de un largometraje?

Muchos años malos, no te voy a engañar. Mi generación es la de la crisis. Nos comimos la crisis con patatas nada más salir de la facultad en 2008. Con lo cual, han sido muchos años de trabajar en cosas que no son lo tuyo, sacrificas mucho… He visto a muchísima gente con talento, que fliparías si las conoces, que han dicho: mira, lo dejo porque, de repente, tienen hijos, o familia, o necesitan estar tranquilos. Esta es una profesión muy dura, una de las más duras del mundo, pero luego es una de las más bonitas. Han sido sobre todo muchos años de no saber cómo vas a pagar el alquiler, o trabajando en cosas que no son para lo que te has formado. Ya no es porque acceder a esta profesión sea muy difícil, sino porque con la crisis he visto a gente pasarlo muy muy mal. Yo lo he pasado muy mal. No nos merecíamos lo que hemos pasado con esta crisis. Y también te digo que cuando veo, de repente, que está pasando otra vez todo eso de la burbuja y tal, digo: ¿somos subnormales? ¿Es que no hemos aprendido nada? Han sido años muy difíciles para cualquiera que hubiera vivido en este país.

Rodaje de ‘¿A quién te llevarías a una isla desierta?’.

La insistencia al final tiene premio y ahí te apareció Beatriz Bodegas (productora en La Canica films) como una especie de hada madrina.

Sí, fue la persona que apostó por mí y siempre le estaré muy agradecido. Conocía mi trabajo pero no me conocía personalmente, y me cambió la vida. Gente como ella son absolutamente necesarias.

Netflix produce parte de Animales sin collar y le produce ¿A quién te llevarías a una isla desierta?. ¿En Netflix we trust…, es un clavo ardiendo para los nuevos realizadores este fenómeno de las plataformas de streaming?

Lo valoro muy positivamente, creo que estas plataformas están permitiendo contar historias que, al fin y al cabo, de eso trata esta profesión. Entonces, eso lo están permitiendo, y que surjan pelis muy arriesgadas. Por ejemplo, Fe de etarras, que es una peli muy difícil y que Borja Cobeaga no conseguía sacar adelante, Netflix ha permitido que se haga, y encima desde una libertad brutal. En mi caso, lo que he percibido de ellos es amor, respeto y libertad creativa descomunal. Creo que también, en mi caso, recuerdo mi infancia y digo: cómo de diferente hubiera sido con Netflix, Ia ventana que hubiera tenido al mundo, cuando antes alquilabas de aquella manera una peli un sábado…

Sin embargo, ahora un chaval cinéfilo de un pueblo pequeño recibe una formación brutal porque al final la formación de un director de cine también es ver muchas películas, de muchos países, de muchos tipos y géneros… Las cosas están cambiando muy rápido, respuestas no tenemos, no sé qué pasará en el futuro, pero a lo mejor los tiros van porque haya pelis con un primer recorrido en cines y otras, se estrenen directamente en estas plataformas. Tenemos que adaptarnos, me decía el otro día un amigo que trabaja en la industria musical; y quizás en el mundo del cine sea donde menos nos estamos adaptando.

“En este país, no sé si con o sin collar, pero sí hay mucho animal que necesita adiestrador”

¿Y usted a quién o qué se llevaría a una isla desierta?

Me llevaría a mi perro, estoy muy unido a mi perro (ríe). Me llevaría a él, que tenemos una relación muy bonita.

¿Hay mucho animal sin collar suelto en este país?

Sí, hay mucho animal… Como decía Tennessee Williams sobre la bondad de los desconocidos, yo siempre hablo de la bondad de los animales. Desgraciadamente, a veces son mucho mejores que las personas. En este país, no sé si con o sin collar, pero sí hay mucho animal que necesita adiestrador.

Linares, en un momento del rodaje de ‘Animales sin collar’. FOTO: MANOLO PAVÓN.

El contexto de Animales sin collar se mueve en el terreno de la política. En concreto, cuenta la historia deun joven político que va a tomar posesión como presidente de la Junta de Andalucía tras las autonómicas andaluzas de 2015. ¿Pactaron la fecha del estreno con el adelanto de las elecciones en Andalucía? La cinta no puede estar más de actualidad…

Ya, ya, ya (risas)… no nos lo esperábamos nadie, pero te aseguro que no se ha hablado con nadie… Aquí no ocurre como con El Reino, una de las mejores pelis del año para mí, y la política en este caso es más solo por el contexto en el que se mueven los personajes. Soy ciudadano de este país y me interesa lo que pasaba, cosas muy graves…

¿Ha notado una mirada por encima del hombro cuando ha cruzado Despeñaperros?

No, yo no lo he notado así nunca. También es verdad que yo estoy extremadamente orgulloso de ser andaluz, y de mi acento, y de venir de donde vengo, con lo cual no he dado opción a que nadie me haga sentir menos por ser andaluz. Mi primera película tenía claro que tenía que ser andaluza. Pero yo personalmente nunca he sentido desprecio, siempre he sentido muchísimo cariño, aunque luego es verdad que en Madrid, inconscientemente, te gusta tener como una familia andaluza en Madrid, pero nunca he sentido complejo en ese sentido. Aquí me dicen que tengo mucho acento y cuando bajo a Algodonales me dicen que me he puesto demasiado fino, pero bueno… (risas).

Viendo el gran estado de forma del cine andaluza y, parafraseando a la señora Tejerina, nadie diría que los cineastas andaluces van dos años por detrás que otros…

Yo creo que sí… y ya no solo el cine andaluz, sino los rodajes en Andalucía. Cuando rodamos Animales sin collar era impresionante, pero impresionante, la cantidad de rodajes que había solo en Sevilla… Se rueda muchísimo en Andalucía porque hay escenarios para hacer lo que sea, tenemos sitios que son oro. Ahora Carlos Vermut ha estrenado otro peliculón como Quién te cantará que está prácticamente grabada entera en Rota.

“Estoy extremadamente orgulloso de ser andaluz, y de mi acento, y de venir de donde vengo, con lo cual no he dado opción a que nadie me haga sentir menos por ser andaluz”

¿La mejor película es la que está por hacer…?

Claro, sí, sí, me gustaría seguir trabajando, no aspiro a más. Aspiro a seguir trabajando rodeado de buena gente porque cuando trabajas de lo que te gusta y encima tienes un buen equipo, eso ya es oro. No soy ambicioso en ese aspecto de querer grandes cosas, sino que solo aspiro a seguir trabajando y a seguir contando las mejores historias posibles.

¿A quién le va a dedicar el Goya cuando se lo den?

(Risas) Ya te digo yo que eso no va a pasar… es un tema en el que ni siquiera pienso, soy seguidor de premios desde pequeño porque me encanta, con lo cual sé bastante bien que no va a pasar.

¿No ha fantaseado con dar el típico discursito de agradecimiento?

No, te lo juro. Me agobia muchísimo. En todo estos años he descubierto que me encanta estar en la sala de montaje, en los rodajes, escribiendo… todo lo que no sea eso me hace sentir super pequeñito y desaparezco.

El rey león le marcó de niño y ahí hay una frase que tiene que ver con su primer largometraje: “El pasado puede doler, pero puedes, o huir de él, o aprender. ¿Usted es de los que huye o de los que aprende?

Yo aprendo siempre, siempre. En el segundo rodaje he notado que había cosas con las que iba cagado de miedo en el primero y que ya he encarado de manera diferente. Voy a aprender siempre, al miedo hay que enfrentarse y dominarlo. Cuesta muchísimo superarlo, porque es una profesión complicada. Has hecho una película y, de repente, hay gente en la red que te insulta o insulta a tu película, pero piensas que al final es la época en la que te ha tocado vivir. Y ya está. Lo manejas de la mejor manera que puedes.

“Las redes sociales son un medio de comunicación muy poderoso, pero tampoco hay que dar tanta importancia a lo que se dice ahí. La gente tiene ahora la memoria de lo que dura una storie de Instagram”

“Hay algo muy importante que debemos hacer lo antes posible: follar”. Es la frase final de Eyes wide shut, su película de cabecera. ¿El estado de crispación y la plaga de haters en este país es directamente proporcional al aumento de los mal follados?

Pues no lo sé, y no sé de dónde viene tanto odio. Pero no ocurre solo en este país. Jordi Évole localizó en un programa sobre los discurso de odio en redes sociales a un tipo que por Twitter había amenazado de muerte, o algo así, a Paula Vázquez. Había escrito unas cosas super desagradables, que decías cómo puede alguien escribir esto; pero luego Évole habló con él y era un tío super normal, super amable, educado… estaba solo en mi casa, vi que no me gustó lo que estaba diciendo y le escribí eso. Y ya está. Así funciona esto. Aunque también lo tenemos muy fácil: quitarnos de redes y punto.

Y luego, en el otro extremo, están los recortes a la libertad de expresión. ¿Los ha sufrido?

No, no, se me ha respetado bastante, he tenido mucha suerte. A mis alumnos siempre les digo que jamás se autocensuren, porque, joder, me da mucha pena cuando analizo con ellos películas como ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, y ves que no se podría rodar hoy en día, sería imposible. Entonces, vivimos tiempos complicados y cualquiera al que se le cruce un cable pide un boicot o lo que sea. Las redes sociales son un medio de comunicación muy poderoso, pero tampoco hay que dar tanta importancia a lo que se dice ahí. La gente tiene ahora la memoria de lo que dura una storie de Instagram.

Etiquetas

Más artículos en esta categoría:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *