Cádiz mira al cielo y se queda con ganas de más: el aperitivo del gran y exclusivo eclipse total de 2027
Las playas gaditanas se llenan para contemplar el fenómeno, que deja imágenes curiosas, mucha expectación y un poco de desilusión entre los que esperaban que la tarde se tornara en noche, algo que sí sucederá el 2 de agosto del próximo año
Personas, contemplando el eclipse desde el Castillo de Medina Sidonia, Cádiz -
Las cosas, como son. La experiencia del eclipse fue impresionante, seguramente la gente no la olvidará, pero esta vez ha sido un ensayo. Un adelanto, un calentamiento, una tapita previa al plato principal que vendrá el próximo 2 de agosto de 2027. El de este 12 de agosto, al 93% de visualización en la provincia de Cádiz, se nos quedó corto. Sí, hubo mucha gente, sobre todo en las playas de nuestro extenso litoral. Hubo también emoción, nervios previos y aplausos cuando todo acabó, pero se nos quedó corto. Para qué vamos a engañarnos.
Cuando el que suscribe llega a la playa de El Ancla, en El Puerto de Santa María, la primera impresión, bajando la larga escalinata, es que aquello no varía demasiado de una tarde cualquiera de agosto. Hay mucha gente. Se ven familias completas de abuelos, padres y niños. Grupos de amigos y parejas.
Pero también hay selfies y fotografíasfamiliares con las gafas del eclipse puestas, como si dentro de unos años hubiera que demostrar que uno estuvo allí y que, efectivamente, miró al sol con cara de circunstancias.
Pero tampoco conviene exagerar. Aquello seguía siendo una playa en agosto. Había chavales jugando a la pelota, otros con las palas, alguno leyendo tranquilamente un libro y bastantes personas dentro del agua pese a la bandera amarilla.
Una persona, haciendo una foto al sol en la playa de La Caleta, durante el eclipse.
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José Maria Reyna
Eso sí. Este cronista, quizá influido por demasiadas películas de catástrofes, esperaba haberse encontrado al típico grupo hippie, con camisas estrafalarias y collar de flores al cuello, a la espera de vivir juntos este acontecimiento extraordinario.
Nada de eso. Lo más inusual fue ver a cientos de personas en la pasarela de madera que cruza la playa, así como en las escaleras de bajada a la misma, esperando a disfrutar del eclipse.
Y es que, el fenómeno fue sobre todo, un acontecimiento social. Había que verlo acompañado ya fuera en familia, en pareja o con amigos. Momentos históricos como estos no son para vivirlos solos. Mucha cervecita, picoteo, bocadillos e incluso hamburguesas. Alguna pareja incluso se ve con copa de cristal y botellas de vino tinto y rosado. También muchos vestidos de calle, señal de que a la playa venían a lo que venían, a ver expresamente el eclipse.
Un eclipse con menú incluido
A las siete menos diez de la tarde, en el coche, camino de El Ancla, la radio ya ofrecía una pista de lo que estaba ocurriendo en otros puntos de España.
En RNE entrevistaban a un chef de Segovia que había preparado un menú especial con motivo del eclipse. Diferentes platos reproducían las distintas fases de la exposición del sol durante el fenómeno, acompañados por diferentes vinos y combinados con explicaciones científicas. Una comida, en definitiva, diseñada para ‘comerse’ el eclipse mientras se disfrutaba de su contemplación.
El eclipse solar, visto desde Punta Candor.
-
MANU GARCÍA
En la provincia gaditana no hubo, al menos que este cronista tenga constancia, nada parecido. Esa es una de las diferencias entre un eclipse que alcanza el 93% y otro que llega al 100%. Porque cuando el sol desaparece completamente durante unos minutos, el fenómeno deja de ser algo que simplemente se contempla para convertirse en una experiencia alrededor de la cual se organizan y preparan viajes, hoteles, restaurantes, actividades, observatorios...
"¿Cómo va la cosa?"
Poco después de las siete y media comienza a apreciarse claramente el avance de la Luna. Las gafasya aparecen por todas partes. Las hay de plástico, pocas, pero predominan las de cartón, alguna incluso con los colores de la bandera de España. Desde luego, ya que había que ponerse algo en la cara, qué mejor que hacerlo con los colores nacionales, pensaría alguno.
Miramos el reloj. A las ocho y trece minutos el eclipse está aproximadamente a mitad de camino. La luz empieza a cambiar, pero no de una manera espectacular.
"¿Cómo va la cosa?", pregunta un padre a sus hijos, más pendientes que él del eclipse, casi como si estuviera siguiendo el minuto y resultado de un partido por la radio.
Una persona, contemplando el eclipse.
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José Maria Reyna
A las ocho y veinte la intensidad de la luz solar disminuye un poco más y el sol empieza a adoptar formas extrañas. "El mordisco de una galleta", dice un niño. El cronista, sin embargo, ve un enorme Pac-Man suspendido en el cielo.
"¡Poneos ya las gafas!", advierte una madre a sus hijos cuando el sol está ya oculto aproximadamente en un 60%.
Mientras tanto, un vendedor de helados sigue recorriendo la playa, campana en mano, como si aquello no fuera con él. La Luna puede estar tapando el sol, pero ¿y si alguien quiere un frigo pie?
La sonrisa del gato de Alicia
A las nueve menos veinte el sol es ya una sonrisa. "La del gato de Alicia en el país de las maravillas", apunta otro niño, no sin razón. Quizá la mejor descripción de la tarde.
Es entonces cuando el fenómeno alcanza su máximo en Cádiz, con aproximadamente un 93% del sol oculto.
Hay algunos aplausos. Pero también cierta decepción, al menos para el que suscribe y seguro que para algunos otros. Tampoco hablamos de drama. Nadie se fue enfadado que nos conste. Pero claro, después de tanta expectación, algunos esperábamos que el día, aun sabiendo que no se convertiría en noche, hubiera torneado al menos en nublado.
El eclipse, desde el Castillo de Medina Sidonia.
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JUAN CARLOS TORO
Y ahí entonces uno se da cuenta de que, aunque a priori creamos que un eclipse al 93 por ciento es mucho, al final no lo es tanto. El siete por ciento restante pesa muchísimo.
Forma de plátano y conversaciones surrealistas
La Luna continúa avanzando. A las nueve menos diez, mientras algunos han decidido que ya es hora de volver a casa, alguien encuentra otra comparación. "Ahora tiene forma de plátano. ¡Clavao!".
Con el sol dando sus últimos coletazos del día, a segundos de la puesta de sol, son muchísimos los que aún están en la playa disfrutando del momento. Y es entonces cuando se escucha una conversación por video llamada: "Me he bajado el bañador para enseñarle el culo al eclipse".
La ciencia también tiene sus divulgadores.
Medina mira desde arriba
Mientras en las playas gaditanas se vive el eclipse a ras de mar, en Medina Sidonia la mirada está puesta en el cielo desde uno de los grandes balcones de la provincia.
Unas 1.500 personas se dan cita en el recinto amurallado, a prácticamente mil metros de altura, según datos de Policía Local y Guardia Civil, para contemplar el fenómeno. El Ayuntamiento había preparado 1.000 gafas para los asistentes, que no fueron suficientes.
Una joven, contemplando el eclipse en el castillo de Medina.
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JUAN CARLOS TORO
"Nos quedamos cortos", reconoce el alcalde, José Manuel Ruiz, a lavozdelsur.es. "Es la vez que más gente ha coincidido, a la misma vez, en el recinto amurallado. Esto es un sitio privilegiado, con unas vistas increíbles. Hemos disfrutado todos. Estamos muy contentos con el resultado, con la participación de los vecinos de Medina y con los visitantes que han venido de pueblos de alrededor", afirma.
Para 2027 la previsión ya está hecha. "Tendremos, mínimo, 1.500 gafas para disfrutar del eclipse", dice riendo.
355 días para el gran eclipse
No habrá que esperar un siglo para un nuevo eclipse. Afortunadamente, en Cádiz viviremos otro en 355 días. Y para entonces nuestra provincia no tendrá que conformarse con el 93% de su visibilidad. El próximo eclipse será total y convertirá al litoral gaditano y a otros puntos, como Medina, en uno de los lugares privilegiados para contemplarlo. Andalucía será la única comunidad española con visibilidad de la franja total, un privilegio que esta vez se ha vivido al norte de la Península.
Y ahí sí será posible que aparezca todo aquello que este miércoles apenas hemos intuido: los hoteles aún más llenos, miles de aficionados a la astronomía, restaurantes preparando menús especiales y la NASA retransmitiendo en directo, quién sabe si desde la Base de Rota, para todo el mundo.
Una pareja, contemplando el eclipse en Punta Candor.
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MANU GARCÍA
Este miércoles ya se ha podido comprobar que el interés –y la curiosidad– existe. De hecho, a las diez menos cuarto, cuando este cronista abandonaba la playa de El Ancla, todavía quedaba muchísima gente en la arena que no quería volver a casa.
Lo de este miércoles ha sido apenas un ensayo. Un adelanto. Un calentamiento. Una tapita. El plato principal se servirá el 2 de agosto de 2027.
Y entonces, eso sí, será mejor que nadie llegue tarde a la mesa.
Las cosas, como son. La experiencia del eclipse fue impresionante, seguramente la gente no la olvidará, pero esta vez ha sido un ensayo. Un adelanto, un calentamiento, una tapita previa al plato principal que vendrá el próximo 2 de agosto de 2027. El de este 12 de agosto, al 93% de visualización en la provincia de Cádiz, se nos quedó corto. Sí, hubo mucha gente, sobre todo en las playas de nuestro extenso litoral. Hubo también emoción, nervios previos y aplausos cuando todo acabó, pero se nos quedó corto. Para qué vamos a engañarnos.
Cuando el que suscribe llega a la playa de El Ancla, en El Puerto de Santa María, la primera impresión, bajando la larga escalinata, es que aquello no varía demasiado de una tarde cualquiera de agosto. Hay mucha gente. Se ven familias completas de abuelos, padres y niños. Grupos de amigos y parejas.
Pero también hay selfies y fotografíasfamiliares con las gafas del eclipse puestas, como si dentro de unos años hubiera que demostrar que uno estuvo allí y que, efectivamente, miró al sol con cara de circunstancias.
Pero tampoco conviene exagerar. Aquello seguía siendo una playa en agosto. Había chavales jugando a la pelota, otros con las palas, alguno leyendo tranquilamente un libro y bastantes personas dentro del agua pese a la bandera amarilla.
Una persona, haciendo una foto al sol en la playa de La Caleta, durante el eclipse.
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José Maria Reyna
Eso sí. Este cronista, quizá influido por demasiadas películas de catástrofes, esperaba haberse encontrado al típico grupo hippie, con camisas estrafalarias y collar de flores al cuello, a la espera de vivir juntos este acontecimiento extraordinario.
Nada de eso. Lo más inusual fue ver a cientos de personas en la pasarela de madera que cruza la playa, así como en las escaleras de bajada a la misma, esperando a disfrutar del eclipse.
Y es que, el fenómeno fue sobre todo, un acontecimiento social. Había que verlo acompañado ya fuera en familia, en pareja o con amigos. Momentos históricos como estos no son para vivirlos solos. Mucha cervecita, picoteo, bocadillos e incluso hamburguesas. Alguna pareja incluso se ve con copa de cristal y botellas de vino tinto y rosado. También muchos vestidos de calle, señal de que a la playa venían a lo que venían, a ver expresamente el eclipse.
Un eclipse con menú incluido
A las siete menos diez de la tarde, en el coche, camino de El Ancla, la radio ya ofrecía una pista de lo que estaba ocurriendo en otros puntos de España.
En RNE entrevistaban a un chef de Segovia que había preparado un menú especial con motivo del eclipse. Diferentes platos reproducían las distintas fases de la exposición del sol durante el fenómeno, acompañados por diferentes vinos y combinados con explicaciones científicas. Una comida, en definitiva, diseñada para ‘comerse’ el eclipse mientras se disfrutaba de su contemplación.
El eclipse solar, visto desde Punta Candor.
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MANU GARCÍA
En la provincia gaditana no hubo, al menos que este cronista tenga constancia, nada parecido. Esa es una de las diferencias entre un eclipse que alcanza el 93% y otro que llega al 100%. Porque cuando el sol desaparece completamente durante unos minutos, el fenómeno deja de ser algo que simplemente se contempla para convertirse en una experiencia alrededor de la cual se organizan y preparan viajes, hoteles, restaurantes, actividades, observatorios...
"¿Cómo va la cosa?"
Poco después de las siete y media comienza a apreciarse claramente el avance de la Luna. Las gafasya aparecen por todas partes. Las hay de plástico, pocas, pero predominan las de cartón, alguna incluso con los colores de la bandera de España. Desde luego, ya que había que ponerse algo en la cara, qué mejor que hacerlo con los colores nacionales, pensaría alguno.
Miramos el reloj. A las ocho y trece minutos el eclipse está aproximadamente a mitad de camino. La luz empieza a cambiar, pero no de una manera espectacular.
"¿Cómo va la cosa?", pregunta un padre a sus hijos, más pendientes que él del eclipse, casi como si estuviera siguiendo el minuto y resultado de un partido por la radio.
Una persona, contemplando el eclipse.
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José Maria Reyna
A las ocho y veinte la intensidad de la luz solar disminuye un poco más y el sol empieza a adoptar formas extrañas. "El mordisco de una galleta", dice un niño. El cronista, sin embargo, ve un enorme Pac-Man suspendido en el cielo.
"¡Poneos ya las gafas!", advierte una madre a sus hijos cuando el sol está ya oculto aproximadamente en un 60%.
Mientras tanto, un vendedor de helados sigue recorriendo la playa, campana en mano, como si aquello no fuera con él. La Luna puede estar tapando el sol, pero ¿y si alguien quiere un frigo pie?
La sonrisa del gato de Alicia
A las nueve menos veinte el sol es ya una sonrisa. "La del gato de Alicia en el país de las maravillas", apunta otro niño, no sin razón. Quizá la mejor descripción de la tarde.
Es entonces cuando el fenómeno alcanza su máximo en Cádiz, con aproximadamente un 93% del sol oculto.
Hay algunos aplausos. Pero también cierta decepción, al menos para el que suscribe y seguro que para algunos otros. Tampoco hablamos de drama. Nadie se fue enfadado que nos conste. Pero claro, después de tanta expectación, algunos esperábamos que el día, aun sabiendo que no se convertiría en noche, hubiera torneado al menos en nublado.
El eclipse, desde el Castillo de Medina Sidonia.
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JUAN CARLOS TORO
Y ahí entonces uno se da cuenta de que, aunque a priori creamos que un eclipse al 93 por ciento es mucho, al final no lo es tanto. El siete por ciento restante pesa muchísimo.
Forma de plátano y conversaciones surrealistas
La Luna continúa avanzando. A las nueve menos diez, mientras algunos han decidido que ya es hora de volver a casa, alguien encuentra otra comparación. "Ahora tiene forma de plátano. ¡Clavao!".
Con el sol dando sus últimos coletazos del día, a segundos de la puesta de sol, son muchísimos los que aún están en la playa disfrutando del momento. Y es entonces cuando se escucha una conversación por video llamada: "Me he bajado el bañador para enseñarle el culo al eclipse".
La ciencia también tiene sus divulgadores.
Medina mira desde arriba
Mientras en las playas gaditanas se vive el eclipse a ras de mar, en Medina Sidonia la mirada está puesta en el cielo desde uno de los grandes balcones de la provincia.
Unas 1.500 personas se dan cita en el recinto amurallado, a prácticamente mil metros de altura, según datos de Policía Local y Guardia Civil, para contemplar el fenómeno. El Ayuntamiento había preparado 1.000 gafas para los asistentes, que no fueron suficientes.
Una joven, contemplando el eclipse en el castillo de Medina.
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JUAN CARLOS TORO
"Nos quedamos cortos", reconoce el alcalde, José Manuel Ruiz, a lavozdelsur.es. "Es la vez que más gente ha coincidido, a la misma vez, en el recinto amurallado. Esto es un sitio privilegiado, con unas vistas increíbles. Hemos disfrutado todos. Estamos muy contentos con el resultado, con la participación de los vecinos de Medina y con los visitantes que han venido de pueblos de alrededor", afirma.
Para 2027 la previsión ya está hecha. "Tendremos, mínimo, 1.500 gafas para disfrutar del eclipse", dice riendo.
355 días para el gran eclipse
No habrá que esperar un siglo para un nuevo eclipse. Afortunadamente, en Cádiz viviremos otro en 355 días. Y para entonces nuestra provincia no tendrá que conformarse con el 93% de su visibilidad. El próximo eclipse será total y convertirá al litoral gaditano y a otros puntos, como Medina, en uno de los lugares privilegiados para contemplarlo. Andalucía será la única comunidad española con visibilidad de la franja total, un privilegio que esta vez se ha vivido al norte de la Península.
Y ahí sí será posible que aparezca todo aquello que este miércoles apenas hemos intuido: los hoteles aún más llenos, miles de aficionados a la astronomía, restaurantes preparando menús especiales y la NASA retransmitiendo en directo, quién sabe si desde la Base de Rota, para todo el mundo.
Una pareja, contemplando el eclipse en Punta Candor.
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MANU GARCÍA
Este miércoles ya se ha podido comprobar que el interés –y la curiosidad– existe. De hecho, a las diez menos cuarto, cuando este cronista abandonaba la playa de El Ancla, todavía quedaba muchísima gente en la arena que no quería volver a casa.
Lo de este miércoles ha sido apenas un ensayo. Un adelanto. Un calentamiento. Una tapita. El plato principal se servirá el 2 de agosto de 2027.
Y entonces, eso sí, será mejor que nadie llegue tarde a la mesa.
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