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sabor del sur

El Tesoro, carnes vascas y carpaccio de tomate a 400 metros de altura: vistas al Estrecho y sobremesas sin reloj entre Bolonia y Punta Paloma

En Betijuelo, a los pies del monte San Bartolomé y con África en el horizonte, una sociedad gastronómica convierte el tortuoso camino hasta su mesa en parte de la experiencia

  • Imagen de archivo de El Tesoro, carnes vascas premium y vistas de altura entre Bolonia y Punta Paloma. -

En Betijuelo, a los pies del monte San Bartolomé y con África en el horizonte, una sociedad gastronómica convierte el tortuoso camino hasta su mesa en parte de la experiencia. Cuenta la leyenda que en torno al Tajo del Búho, entre Betis y Betijuelo, permanece escondido un tesoro dejado por antiguos pobladores de estas sierras. Nadie sabe si fueron tartesios, romanos o piratas. Quizá, sencillamente, la historia hablaba en sentido figurado de uno de esos lugares de Cádiz que parecen hechos para ser descubiertos.

Porque en este rincón agreste de la Sierra de La Plata, entre Punta Paloma y la ensenada de Bolonia, hay un punto que vale un potosí. Y se llama precisamente El Tesoro. Desde su terraza aparecen el Estrecho, Tarifa, la isla de Las Palomas, Ceuta y Tánger. “Esto se vende solo, estas vistas son incomparables”, resume a lavozdelsur.es el encargado del establecimiento.

Un restaurante al que llegar ya forma parte del plan

El Tesoro está regentado desde hace unos años por Miguel Ángel Pascual Amorrosta, natural de Zarátamo (Vizcaya), con más de tres décadas vinculadas al Grupo Prisa y propietario de la emisora de la Cadena SER en Miranda de Ebro.

La hostelería tampoco le resulta ajena. Su madre, Carmen Amorrosta, fue cocinera profesional y familiares suyos están detrás de La Kabaña y Almazén. Pascual asumió el traspaso después de que Jesús Silva dejara un establecimiento que gestionó durante más de 25 años.

Hubo un tiempo en el que, por encontrarse en una zona militar, para acceder era necesario reservar e identificarse en la batería de entrada. Aquello pasó. Lo que sigue intacta es la sensación de que llegar hasta allí forma parte de la experiencia.

  • Lagarto ibérico y pluma en El Tesoro, con unas vistas impresionantes.
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  • Terraza de El Tesoro, fotografiada en días pasados, una experiencia donde mandan las carnes vascas y las vistas panorámicas del Estrecho de Gibraltar.
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“Este lugar tiene rentabilidad emocional. Es icónico. Es el sitio al que un amigo dice que tiene que llevarte, tiene la particularidad del camino, de cómo llegar…”, suele explicar Pascual. Y su encargado coincide: “Es complicado llegar, pero merece la pena, todo el mundo lo dice”.

De la huerta gaditana a la chuleta de vaca

En cocina, El Tesoro apuesta por producto cercano y materia prima llegada del norte. La carta combina verduras de huertas próximas, pescados, carnes ibéricas y vaca vasca, sin convertirse en una sucesión interminable de platos.

Entre los entrantes aparecen, según figura en su página web, la ensaladilla ucraniana por 12 euros, el carpaccio de tomates y anchoas por 17, la tabla de quesos de Cádiz por 20, las alcachofas a la plancha con jamón ibérico por 20 o el tartar de atún por 25 euros.

En pescados, el lomo de atún rojo de almadraba cuesta 28 euros, mientras que el rodaballo salvaje se ofrece a 62 euros el kilo.

  • Viñedo y casa que alberga la sociedad gastronómica con el monte Bartolo al fondo.
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Las brasas tienen especial protagonismo. La pluma ibérica de bellota cuesta 22 euros, el lagarto 21, el solomillo ibérico 22 y tanto la chuleta de vaca como el tomahawk se sitúan en 64 euros el kilo. El steak tartar alcanza los 29 euros.

Y para terminar, las tartas de queso, almendras y limón, además del flan de huevo, se ofrecen por 8 euros.

  • Carpaccio de tomate con anchoas y piparras.
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  • Carne de vaca vasca.
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Comer sin prisas a 400 metros sobre Bolonia

Alrededor de la casa hay un pequeño viñedo decorativo, caballos y una zona infantil. La finca guarda además una colección de radios antiguas de su propietario y el espacio del viñedo está pensado para acoger catas y celebraciones.

El Tesoro funciona durante la temporada con almuerzos y cenas todos los días. Trabajar aquí, dice su encargado, es “más relajado que en la costa. Hay buenos chiringuitos y restaurantes, pero esto es otra cosa, aquí hay sobremesas tranquilas, con vistas, conversas con la clientela, nadie que llega hasta aquí puede venir con prisas”. No hay reservas actualmente, pero deja una promesa: “nadie se va sin comer”.

Desde la finca puede contemplarse el Cerro de San Bartolo, cuyo vértice geodésico marca los 443 metros sobre el nivel del mar. El Tesoro queda algo más abajo. Lo suficiente para permanecer escondido, pero no tanto como para que quien lo descubre quiera guardarse el secreto.

En Betijuelo, a los pies del monte San Bartolomé y con África en el horizonte, una sociedad gastronómica convierte el tortuoso camino hasta su mesa en parte de la experiencia. Cuenta la leyenda que en torno al Tajo del Búho, entre Betis y Betijuelo, permanece escondido un tesoro dejado por antiguos pobladores de estas sierras. Nadie sabe si fueron tartesios, romanos o piratas. Quizá, sencillamente, la historia hablaba en sentido figurado de uno de esos lugares de Cádiz que parecen hechos para ser descubiertos.

Porque en este rincón agreste de la Sierra de La Plata, entre Punta Paloma y la ensenada de Bolonia, hay un punto que vale un potosí. Y se llama precisamente El Tesoro. Desde su terraza aparecen el Estrecho, Tarifa, la isla de Las Palomas, Ceuta y Tánger. “Esto se vende solo, estas vistas son incomparables”, resume a lavozdelsur.es el encargado del establecimiento.

Un restaurante al que llegar ya forma parte del plan

El Tesoro está regentado desde hace unos años por Miguel Ángel Pascual Amorrosta, natural de Zarátamo (Vizcaya), con más de tres décadas vinculadas al Grupo Prisa y propietario de la emisora de la Cadena SER en Miranda de Ebro.

La hostelería tampoco le resulta ajena. Su madre, Carmen Amorrosta, fue cocinera profesional y familiares suyos están detrás de La Kabaña y Almazén. Pascual asumió el traspaso después de que Jesús Silva dejara un establecimiento que gestionó durante más de 25 años.

Hubo un tiempo en el que, por encontrarse en una zona militar, para acceder era necesario reservar e identificarse en la batería de entrada. Aquello pasó. Lo que sigue intacta es la sensación de que llegar hasta allí forma parte de la experiencia.

  • Lagarto ibérico y pluma en El Tesoro, con unas vistas impresionantes.
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  • Terraza de El Tesoro, fotografiada en días pasados, una experiencia donde mandan las carnes vascas y las vistas panorámicas del Estrecho de Gibraltar.
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“Este lugar tiene rentabilidad emocional. Es icónico. Es el sitio al que un amigo dice que tiene que llevarte, tiene la particularidad del camino, de cómo llegar…”, suele explicar Pascual. Y su encargado coincide: “Es complicado llegar, pero merece la pena, todo el mundo lo dice”.

De la huerta gaditana a la chuleta de vaca

En cocina, El Tesoro apuesta por producto cercano y materia prima llegada del norte. La carta combina verduras de huertas próximas, pescados, carnes ibéricas y vaca vasca, sin convertirse en una sucesión interminable de platos.

Entre los entrantes aparecen, según figura en su página web, la ensaladilla ucraniana por 12 euros, el carpaccio de tomates y anchoas por 17, la tabla de quesos de Cádiz por 20, las alcachofas a la plancha con jamón ibérico por 20 o el tartar de atún por 25 euros.

En pescados, el lomo de atún rojo de almadraba cuesta 28 euros, mientras que el rodaballo salvaje se ofrece a 62 euros el kilo.

  • Viñedo y casa que alberga la sociedad gastronómica con el monte Bartolo al fondo.
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Las brasas tienen especial protagonismo. La pluma ibérica de bellota cuesta 22 euros, el lagarto 21, el solomillo ibérico 22 y tanto la chuleta de vaca como el tomahawk se sitúan en 64 euros el kilo. El steak tartar alcanza los 29 euros.

Y para terminar, las tartas de queso, almendras y limón, además del flan de huevo, se ofrecen por 8 euros.

  • Carpaccio de tomate con anchoas y piparras.
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  • Carne de vaca vasca.
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Comer sin prisas a 400 metros sobre Bolonia

Alrededor de la casa hay un pequeño viñedo decorativo, caballos y una zona infantil. La finca guarda además una colección de radios antiguas de su propietario y el espacio del viñedo está pensado para acoger catas y celebraciones.

El Tesoro funciona durante la temporada con almuerzos y cenas todos los días. Trabajar aquí, dice su encargado, es “más relajado que en la costa. Hay buenos chiringuitos y restaurantes, pero esto es otra cosa, aquí hay sobremesas tranquilas, con vistas, conversas con la clientela, nadie que llega hasta aquí puede venir con prisas”. No hay reservas actualmente, pero deja una promesa: “nadie se va sin comer”.

Desde la finca puede contemplarse el Cerro de San Bartolo, cuyo vértice geodésico marca los 443 metros sobre el nivel del mar. El Tesoro queda algo más abajo. Lo suficiente para permanecer escondido, pero no tanto como para que quien lo descubre quiera guardarse el secreto.

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