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Paco López, de dirigir Villamarta a crear 'Original Xérès': "Jerez no puede ser solo un escaparate en TikTok"

El director de escena y gestor cultural cordobés, que lleva más de 30 años afincado en Jerez, lanza un nuevo "proyecto de ciudad", un foro de intercambio cultural y comercial que verá la luz en las próximas Fiestas de la Vendimia con una alianza de la capital del sherry con Tequila

  • Paco López, en días pasados, a las puertas del Teatro Villamarta en Jerez. -

Pregunta: Usted sigue más activo que nunca, pese a estar en edad de disfrutar de la jubilación. ¿Qué impulso le lleva a seguir al pie del cañón cultural?

Respuesta: Bueno, jubilación, como bien sabe, viene de júbilo, y yo estoy viviendo una edad completamente jubilosa; desde el punto de vista, por un lado, del compromiso conmigo mismo, y por otro lado, del compromiso con la ciudad (Jerez) y con el mundo en el que vivo. Entonces, yo sigo encantado de estar jubilosamente jubilado, pero absolutamente activo. Me parece que la jubilación no tiene que ser una parada en una estación final, sino todo lo contrario, el comienzo de un nuevo viaje.

P. Dentro de este nuevo viaje, como el de Ítaca de Kavafis, surgen importantes paradas, como este Original Xérès que se ha sacado una vez más de la chistera. ¿Cómo le viene esta idea? ¿De dónde surge?

R. Es algo que se viene rumiando dentro de mí desde hace tiempo, desde la perspectiva de una persona que lleva 30 años viviendo en esta ciudad y que ha ido viendo cómo una ciudad con unos recursos impresionantes es, sin embargo, incapaz de utilizarlos de una manera ordenada y consecuente con los ciudadanos y con las empresas de esta ciudad. Siempre he entendido que esta es una ciudad absolutamente singular, con unos productos absolutamente excepcionales, pero precisamente por esa riqueza que tiene en el plano fundamentalmente cultural —tomado en el sentido más amplio de la palabra— ha habido un conformismo absoluto a la hora de explotar esos productos de una manera conjugada, de relacionarlos entre sí.

P. ¿A qué productos se refiere concretamente?

R. Estoy pensando en el mundo del flamenco, en el mundo del vino, en el mundo del caballo, en el mundo de la naturaleza: en todo esto se ha ido dejando caer, sencillamente por su propio peso, el interés de que la ciudad tenga un desarrollo económico y social a partir de ahí. Esto me parece que, en el mundo de hoy, sobre todo en un mundo globalizado, donde todo nos llega desde arriba y donde todo va hacia una uniformidad, es un error, porque, siendo singular como es esta ciudad, en el sentido de productos excepcionales, dentro de poco se podría ver arrastrada, como ha pasado con tantísimos otros proyectos, ciudades o regiones singulares.

P. ¿A qué se arriesga Jerez si no reacciona?

R. Se está perdiendo muy buena parte de las posibilidades económicas de desarrollo. Se nos está escapando muchísima agua entre los dedos, no estamos utilizando a tope lo que podría proporcionarnos esa riqueza de la ciudad, tanto ahora como a partir de lo que hemos ido acumulando hasta ahora.

  • López, en un momento de la conversación.
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P. Este proyecto defiende las señas de identidad de esta ciudad, sin caer en el tópico, y se busca la internacionalización, algo que usted ya hizo desde hace 30 años con el Festival de Jerez.

R. Digamos que los tópicos, los topoi, son efectivamente lugares comunes, pero lugares comunes que tienen un único peligro: que se les vacíe de contenido, es decir, que nos quedemos únicamente con la superficie, con el escaparate. Y eso ha llegado a pasar aquí, y está pasando. Entonces, este proyecto, este foro, Original Xérès, precisamente lo que persigue es volver a cargar de contenido lo que se ha ido perdiendo con el paso del tiempo, poner en relación, interrelacionar esos contenidos, porque todo esto no ha ido ocurriendo de una manera independiente, sino de una manera holística: todo lo que ha ocurrido en esta ciudad y estos productos finales tienen que ver unos con otros, esto no funciona de ninguna otra manera en ningún sitio. Por un lado está esto, volver a cargar de contenido y plantearlo de una manera holística; y por otro, entender que no somos únicos en el mundo, como la Tierra no es el único planeta con seres vivos en todo el cosmos. Nosotros tampoco somos únicos: hay otras muchas realidades, más o menos lejanas, que han dado lugar a productos homologables, singulares, y que necesitan también, de alguna manera, relacionarse unas con otras, darse a conocer unas a otras, porque —y vuelvo a esta idea— en este mundo globalizado solamente lo excepcional, lo singular, va a poder permitir que no nos olvidemos de quiénes somos y de que tenemos un posible proyecto de ciudad, un posible punto de encuentro donde, trabajado de una manera global, interrelacionado y comunicado con otras realidades similares, esto puede situarnos de una manera excepcional, en el sentido positivo, en el mundo.

Relación con México: "Están muy interesados en empezar a mantener ya unos lazos estables, culturales en el sentido más amplio"

P. ¿Cómo se recibe ahora la marca Jerez en el mundo cuando negocia, por ejemplo, con administraciones públicas mexicanas?

R. Cuando entré en contacto con Jalisco, a raíz de pensar que el tequila podía ser un primer invitado, como el vino podía serlo también, me llevaron ahí varias cosas. Por un lado, un territorio común, que es la lengua, evidentemente; por otro, también un agradecimiento al papel que México ha jugado con respecto a España en momentos muy difíciles para este país; y, sobre todo, la posibilidad de observar una singularidad que, a muchos miles de kilómetros de distancia, tiene muchísimo que ver con la nuestra. Cuando hablé con el viceministro de Cultura, lo entendió rápidamente, y de hecho su idea es que ellos van a estar como invitados este año, pero que en años sucesivos el bagaje de Original Xérès pueda viajar a Guadalajara, a Jalisco; de hecho, están muy interesados en empezar a mantener ya unos lazos estables, culturales en el sentido más amplio.

P. De hecho, una de esas patas de la tríada tan famosa de Jerez, vino-caballo-flamenco, en esta edición no va a estar tan presente, va a tener más protagonismo, por ejemplo, la lírica, el mundo de la música popular mexicana.

R. Este año lo que se está presentando, efectivamente, es una versión muy reducida de la potencialidad que tiene Original Xérès: concretamente, un único programa, que es El vino son ciudades; esperamos que vaya creciendo en la medida en que los socios —esas empresas, esas personas que comparten el proyecto— vayan entendiendo que esto es un lugar de encuentro y vayan posicionándose dentro de él para sus propios proyectos futuros. Nos parecía que, en esta primera versión reducida, en este primer piloto, lo fundamental era traer a México y ponerlo en contacto con Jerez, con los productos de Jerez, pero no nos parecía adecuado, sobre todo por las fechas en las que ocurre, reforzar una oferta flamenca, viniendo de donde venimos en la ciudad: no podemos cerrar los ojos a que venimos de todo un verano flamenco, de una Fiesta de la Bulería, y que evidentemente durante estas fechas también va a haber actividad flamenca en la ciudad. En el futuro intentaremos ir hacia proyectos más circulares y genuinos dentro de Original Xérès, pero este no era un año en el que tuviese sentido reforzar todavía más una programación que la ciudad ya tiene. Nos interesaba traer México en su música, en su gastronomía, en su enología, en el mundo del caballo, etcétera.

"Nuestra intención no es que este sea un proyecto que dependa fundamentalmente de la presencia de las administraciones para tener viabilidad"

  • Paco López, en la escalerilla del Villamarta, ante la plaza Romero Martínez, en días pasados.
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P. Hablando de la gran acogida del proyecto allí en México, usted ha puesto aquí en Jerez un nuevo caramelo en boca de los gobernantes locales, a diez meses de unas municipales. No sé cómo ha sido la acogida, porque ahora mismo tenemos un evento que podría ser el eje central de las Fiestas de la Vendimia; tenemos un intercambio gastronómico de primera magnitud, siendo este año Jerez Capital Española de la Gastronomía; tenemos un evento que podría formar parte del arranque de temporada del Teatro Villamarta.

R. Sí, bueno, tengo que decir que, tanto en el plano municipal, en el plano del Ayuntamiento, como de alguna manera también en el plano regional, a través de Cultura de la Junta de Andalucía, hay una colaboración importante en el proyecto. Creo que en todas esas líneas, en todas esas virtualidades, en todas esas posibilidades, se ha entendido que Original Xérès viene para quedarse como un lugar de encuentro. Por supuesto, nuestra intención no es que este sea un proyecto que dependa fundamentalmente de la presencia de las administraciones para tener viabilidad: es un proyecto privado, planteado para el encuentro de entidades y empresas que entiendan que sus objetivos son compatibles y compartibles dentro de Original Xérès, pero no pretende en absoluto ser un evento subvencionado; esa no es la idea, ni mucho menos. Lo que sí es verdad es que todos esos valores, todas esas posibilidades, están dentro del proyecto, y tanto desde el plano municipal como desde el de la Junta de Andalucía se ha entendido esa parte. Creo que eso va a ir creciendo en los años sucesivos, después de las elecciones del próximo año, y la implicación va a ir siendo mayor.

  • López, en un retrato tras la entrevista.
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P. Alguien debería entenderlo como un proyecto de ciudad, por lo que representa.

R. Es un proyecto de ciudad. Lo que soy yo, en este caso, y lo que es la pequeña empresa que está detrás de esto, lo único que está haciendo es lanzar un proyecto y coordinar su puesta en marcha; de hecho, mi idea y mi ilusión sería que, en tres, cuatro o cinco años, esto se hubiese disuelto realmente en un patronato, en una comisión, donde estuviesen representadas todas aquellas instituciones, empresas y entidades que entiendan que este foro es realmente un proyecto para el desarrollo de la ciudad y, al mismo tiempo, para el desarrollo de sus propios proyectos. Esto sería lo ideal, evidentemente.

P. ¿Vive de alguna manera Jerez un retroceso, una involución, a nivel de ombliguismo, de mirarse demasiado hacia dentro, especialmente en el plano de la cultura?

R. El peligro, cuando se tienen productos excepcionales, productos singulares, es responder exclusivamente a dos cosas: por un lado, a la superficie, al escaparate de esas cosas; y por otro, contentarse desde dentro con ese mismo escaparate. Es evidente que lo que Jerez tiene es tan potente y tan fuerte que, aunque cojamos exclusivamente las hojas del rábano, las cosas parecen que están y que funcionan, y sobre todo parece que son, pero las cosas no son. Las cosas no son. Este es un peligro evidente, porque esto es rápidamente asimilable por la globalización, y puede convertirse, al final, en un producto totalmente intercambiable, que se puede hacer en cualquier otro sitio, en cualquier otra ciudad del mundo. Esto es un peligro absoluto. El hecho de que estos sean productos jerezanos, productos de Jerez, no quiere decir que tengan que estar protagonizados exclusivamente ni de una manera indiscriminada por Jerez, sino todo lo contrario.

Creo que una de las cosas que aportó el Festival de Jerez fue, por supuesto, ofrecer esta ciudad como gran destino, como gran receptáculo de un encuentro en torno al flamenco, a la danza flamenca y española fundamentalmente, pero sobre todo acelerar el crecimiento interno de los artistas de Jerez: el hecho de que, a partir de un determinado momento, de una manera que yo diría exponencial, hayan ido apareciendo figuras muy importantes en el mundo de la danza flamenca, pero también otros artistas, cantaores, guitarristas, que a través del acompañamiento al baile han llegado a conocer a otros artistas, otras realidades, lo que ha enriquecido de una manera absoluta el bagaje cultural, en este caso flamenco, de estos artistas. Creo que se trata de esto: no se trata de que esta ciudad tenga un escaparate a lo largo de todo el año, ofreciendo montones de actuaciones flamencas —eso se puede hacer en cualquier sitio del mundo, porque basta con contratar a unos artistas y llevarlos allí para que hagan el tópico, lo que la gente espera—, sino de que, desde el punto de vista del desarrollo del flamenco, del flamenco de Jerez, del flamenco en general, los artistas se enriquezcan a partir de las relaciones.

"La Fiesta de la Bulería, aparte del tiempo transcurrido desde su origen, tiene un claro problema de concepto, de proyecto"

P. Otra vez la Fiesta de la Bulería gratis y convertida en verbena.

R. Desde el punto de vista del proyecto, hay que aclarar de una vez por todas si la Fiesta de la Bulería es una verbena o si es una serie de espectáculos que pueden también combinarse con una parte de verbena, algo hecho para el público con carácter gratuito. Eso hay que aclararlo, porque si no es muy difícil de entender por qué, para ver a tal o cual artista, uno va gratis a la Plaza de Belén y al mes siguiente tiene que ir a Villamarta pagando dinero. Eso es muy difícil de explicar, sobre todo porque hay ciertos productos que uno da gratis y otros, del mismo tipo, por los que cobra. ¿Por qué? La Fiesta de la Bulería, aparte del tiempo transcurrido desde su origen, tiene un claro problema de concepto, de proyecto, y mientras eso no se defina va a dar igual dónde y cómo se haga, y da igual también la calidad de los artistas que participen. Es, como pasa con tantos otros productos en esta ciudad, algo que no se está explotando para actualizarlo, y por lo tanto no se le está sacando la rentabilidad que se le podría sacar —y no hablo solo del tema económico, sino, fundamentalmente, de lo que eso significa de retorno para la ciudad, para sus propios artistas y para la excepcionalidad de lo que hacemos aquí.

P. Este año hay una fecha señalada, de esas que marcan la efeméride: el 30 aniversario de la reapertura del teatro. Usted lo vivió en primera línea, estuvo aquí Alfredo Kraus, y ahora usted va a traer a Plácido Domingo al teatro, curiosamente treinta años después, otra gran figura excepcional de la lírica. Pero llegamos a un escenario a día de hoy descabezado y, sobre todo, con una deriva un tanto inquietante, por ser suaves.

R. La realidad del Villamarta, y esto viene de años, es muy preocupante en lo que respecta a su parte estructural. Me explico: el Villamarta-Fundarte no está financiado suficientemente para el teatro que ha sido y para el teatro que debería ser. No está financiado: el día 1 de enero —lo he repetido montones de veces cuando he podido hablar de esto—, cuando se abren las puertas del teatro, en la situación actual, ya tiene un déficit de 600.000 euros. ¿Por qué tiene este déficit? Por una razón evidente: porque el coste estructural, es decir, el personal, la luz, los seguros, los gastos de mantenimiento, está 600.000 euros por encima de las subvenciones públicas que recibe el teatro. Este es un problema estructural que no viene de esta legislatura, sino de la anterior, de la legislatura socialista anterior, y al que no se le ha metido mano. Aclaro esto: estamos perdiendo un teatro, un proyecto de teatro que existía. Pongámonos en el extremo de quien dice: bueno, ¿y por qué hay que subvencionar a un teatro? Yo no estoy diciendo eso; por supuesto que defiendo el carácter de determinados servicios públicos, como es un teatro, como es la sanidad, como es la educación. Pero lo importante es que, si no somos capaces de mantener un teatro en sus mínimos, pagando los gastos estructurales, como se pagan en educación o en sanidad, tendremos que pensar otra cosa para él; quien dependa de esto tendrá que pensar otra cosa para el teatro. Seamos consecuentes: lo que no se puede, desde el punto de vista estructural, es tener un producto que el 1 de enero ya tiene 600.000 euros de déficit porque no se están solucionando los problemas internos.

Villamarta: "Si lo que queremos es mantener el teatro en ese estatus, que juguemos en Primera División, aunque juguemos la promoción, entonces habrá que tomar decisiones"

P. A esto se puede añadir: bueno, pero el Ayuntamiento de Jerez tiene 1.300 millones de déficit, ¿de qué estamos hablando?

R. Yo estoy hablando de dos cosas. En primer lugar, cuando hablo de subvención pública no estoy pensando en el Ayuntamiento de Jerez, sino en la subvención de las administraciones: en cómo debería estar la Junta de Andalucía, cómo debería estar la Diputación. Y lo comparo con una ciudad poco más grande que esta, Granada: cualquier interesado que mire, y verá que entre estas dos instituciones, aparte del Estado, estamos hablando de subvenciones para el proyecto cultural de Granada en torno a los 2 millones de euros. Cualquiera, aunque no conozca las cifras, sabe de qué estamos hablando, porque lo que le debería costar el teatro a las administraciones públicas es 10 euros por ciudadano al año: 212.000 habitantes por 10 euros al año son 2.100.000, que es lo que necesita de subvención pública el teatro. Mientras esto no sea así —y si además, en el último año, hemos perdido una de las pocas fuentes que teníamos, el Inaem—, esto es evidente.

  • El director de escena y gestor cultural cordobés, en la entrevista.
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P. Me refiero a que, al margen del tema estructural, el teatro también necesita liderazgo y audacia. Por esa regla de tres, un gobernante podría cruzarse de brazos ante la situación del Ayuntamiento y decir que no puede hacer nada ante semejante deuda crónica.

R. Y ser audaz significa tomar decisiones, y esta es la otra parte que te estoy diciendo: si quieres un Villamarta consecuente, aunque sea a mucho menor nivel —poniéndole esos 2.100.000 euros de subvención de las administraciones, y no hablo solo del Ayuntamiento—, estaríamos en el 40% del dinero real de lo que se le daba al teatro en el año 97, con Pedro Pacheco, porque entonces recibió 2.100.000 euros de subvención. Pero aun así, si lo que queremos es mantener el teatro en ese estatus, que juguemos en Primera División, aunque juguemos la promoción, entonces habrá que tomar decisiones. Y si no se pone esa financiación, habrá que decidir cómo se adelgaza la estructura, fundamentalmente en temas de personal; habrá que reducir costes, y se quedaría convertido en una casa de cultura que se abriría, lógicamente, cuando haya alguna actividad, cuando venga alguien privado, o cuando se ceda gratuitamente para el pregón de la Semana Santa. El teatro quedaría en esto, y yo eso no lo veo viable. Por lo tanto, el trabajo está en conseguir que las demás administraciones sitúen al Villamarta en los mismos términos en que están ciudades como la que he citado, Granada, por ejemplo.

Fundarte tras la salida de su último director: "Hay cosas que yo, como gestor, no he entendido; síntomas preocupantes"

P. Luego está la gestión, evidentemente, de falta de impulso gestor desde el teatro para convencer al político de lo que, quizás, no quiere escuchar. Hablaba usted de la cesión gratuita de espacios, hablaba de que una administración como la Diputación de Cádiz no puede poner 50.000 euros para el Villamarta y darle 500.000 a un festival privado en esta provincia, cosas de ese tipo. Pero claro, eso muchas veces el político no lo quiere escuchar; no sé si en sus tiempos eso ocurría, o si tampoco hay que idealizar demasiado aquella época.

R. No, efectivamente, no hay que idealizar, pero creo que sí ocurría. He hablado de un tema de gestión, pero este tema de gestión tiene que descansar, primero, sobre cuál es la decisión política sobre el Villamarta: si el Villamarta no se financia, hay que tomar decisiones desde arriba, no desde la gestión, digamos, desde dentro del teatro; pero tampoco puede entrar nadie ahí pensando con esa excusa de que no hay dinero, para cruzarse de brazos. Eso ya tiene que ver, luego, evidentemente, con lo que es la gestión interna del teatro, tanto en el proyecto artístico como en el proyecto económico, de recursos humanos, etcétera. El paso de su director actual por el teatro, la verdad, ha sido muy corto: estamos hablando de poco más de dos años. Y aparte de eso, ha sido un tiempo bastante hermético, desde el punto de vista de la relación y de la comunicación con el mundo cultural y profesional de la ciudad. Aparte de esto, he visto síntomas... síntomas preocupantes, pero tampoco tengo un análisis, porque ha sido un periodo demasiado corto para saber qué se pretendía hacer, y también porque ha sido escaso el nivel de comunicación de ese proyecto. Hay cosas que yo, como gestor, no he entendido.

P. ¿Por ejemplo?

R. Por ejemplo, con todo lo que decía sobre la financiación que necesita de la administración, el Villamarta descansa en más de un 50% en sus ingresos propios, en sus recursos propios; esto es excepcional también, hay que decirlo: el Villamarta es el teatro con menos subvención pública de los teatros andaluces, con diferencia. Lo normal es que los teatros andaluces ingresen por su propia cuenta entre el 25 y el 30%, no el 50 o el 70%, como ha llegado a estar financiado el Villamarta. Dicho esto, no entiendo, como gestor, por qué se baja el precio de las entradas, ¿por qué bajar el precio de las localidades sabiendo que eso va a ser un elemento de financiación fundamental, y sin tener ninguna certeza de que eso vaya a significar más público? Es decir, menos precio, más público: a mí no me salen esos números, y de hecho eso no ha sido así. Por desgracia, el tema de las entradas del teatro no tiene nada que ver con el nivel adquisitivo ni con el interés que despierta cada evento en el público: estoy harto de ver la parte más barata del teatro vacía, con muy poca entrada vendida, y la parte más cara siempre llena, y sin embargo se han bajado indiscriminadamente los precios de la parte a la que sí tiene acceso el público.

Esto, desde el punto de vista de la gestión, es difícil de entender. Y luego, desde el punto de vista del proyecto: si miro la programación de este año, hay un montón de espectáculos que vienen a través del proyecto escénico de la Junta de Andalucía. En mis tiempos, y en los de Isamay Benavente, estos proyectos —que no eran ni buenos ni malos— estaban pensados para otra división, para teatros más pequeños, teatro fundamental, y venían a cubrir un hueco absolutamente necesario; esa red es fundamental. Ahora bien, si el Villamarta, como decía, quiere jugar en Primera —no en la Champions, pero sí en Primera—, ¿tiene que estar tirando del catálogo de la Red Andaluza de Teatros? Lo digo porque, en definitiva, de lo que estamos hablando es de cambiar un concepto, un proyecto de teatro que seguimos pensando que tiene que jugar en Primera División, quedando en el puesto que sea, pero jugando en Primera División.

  • Otro momento de la entrevista.
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P. ¿Qué plan debería haber, a partir de ahora, para Fundarte, para relanzar, de alguna manera, o recuperar ese terreno perdido?

R. Bueno, tiene dos partes. Creo que las administraciones públicas —y siempre hablo de las administraciones, porque entiendo que la solución no está exclusivamente en manos del Ayuntamiento— tienen que entender de una vez por todas el valor de la cultura en el mundo que se nos viene encima. Leía hace unas fechas cómo, para carreras supuestamente tecnológicas, existe ya una carrera bifronte en la que, por un lado, se aprende matemáticas y, por otro, filosofía. ¿Qué quiere decir esto? Que en este mundo cada día más deshumanizado, más globalizado, más llovido desde arriba, es fundamental respetar y reasumir aquello que nos hace entendernos a nosotros mismos y entender el futuro. Ahí el papel de la cultura es fundamental, y la cultura es un servicio, y por tanto implica financiar ese servicio; esa es una parte. La otra es que esperemos que quien tome próximamente las riendas de Fundarte cuente, por un lado, con ese colchón de que las administraciones entiendan el papel que tienen que jugar la cultura y el Villamarta en el desarrollo, no solo cultural, sino ciudadano, y que articule un proyecto acorde con esto, a medio y largo plazo. En ese sentido, admiro a Francia, porque allí los proyectos culturales, los teatros, no están supeditados a un cambio de gobierno, sino que son proyectos de ciudad, asumidos por la ciudad, y se entiende que deben quedar claramente al margen de la mera disputa política.

P. De alguna manera, usted también consiguió eso aquí: hubo un tiempo en que el proyecto Villamarta pasaba de unos gobiernos a otros sin discusión, aunque la financiación bajara por lo que fuera, por la crisis o lo que fuese; pero de alguna manera siempre se mantuvo por encima de eso.

R. Durante muchísimo tiempo fue así, afortunadamente; yo viví esa época. El teatro tenía una autonomía dentro del proyecto de ciudad, porque el propio proyecto pensaba en la ciudad. Como se recordará, este proyecto venía a resolver una serie de carencias: que hubiese una programación homologable, el trabajo con los escolares, pero también pensaba en un proyecto de proyección de la ciudad, el Festival de Jerez y el Centro Lírico del Sur; ya había, evidentemente, un compromiso del proyecto con la ciudad, y se entendía que no era un proyecto de un signo político, sino un proyecto de servicio público, entendido desde la ciudad y sus necesidades. Eso fue así, afortunadamente, también desde el punto de vista de la rentabilidad social y económica a todos los niveles, porque ha dado de comer a mucha gente. Y algo que hoy se valora mucho, desde el punto de vista de la comunicación, es la imagen que proyecta la ciudad: esta ciudad, a través del Festival de Jerez, no ha descubierto el flamenco al mundo —eso ya estaba descubierto—, pero sí ha hecho entender que hay una manera de venir a esta ciudad, de participar en ella, de conocerla; o, a través del Centro Lírico, que se haya estado en prácticamente todas las comunidades de España, llevando el nombre de Jerez más allá del flamenco, es un hecho fundamental para entender que estamos en una ciudad nueva, moderna, que quiere competir con el resto de ciudades en ese ámbito de modernidad concebida desde la singularidad.

"Ni en esta ciudad ni en ninguna se puede construir un proyecto de capitalidad cultural si no sirve como acicate para el propio proyecto cultural de la ciudad, y para lanzar hacia el futuro un proyecto renovador"

P. Como hoy en día vamos tan rápido y las cosas se olvidan tan pronto, no sé si usted fue de los que creyó en Jerez 2031, o de los que tenía claro que aquello no iba a ningún lado, porque no estaba bien planteado, porque no había opciones reales. Y no sé si podemos tener, digamos, una estela a partir de lo que se pudo hacer entonces, para profundizar y, de alguna manera, hacer que la ciudad camine con la cultura como verdadero eje de transformación.

R. Bueno, yo conocí el proyecto de la capitalidad muy pronto; me lo explicó Paco Camas al principio, cuando lo estaba tanteando, y yo le dije: oye, me parece estupendo, pero ¿dónde está el dinero? Y no me refiero exclusivamente al dinero para poner en marcha un proyecto de estas características —hace varios años estuve en la presentación de la capitalidad de Córdoba, y ahí pude ver lo que había detrás—, sino sobre todo: ¿dónde está el dinero para la cultura de la ciudad? Creo que el error está en entender que una nominación es hacer el escaparate, mantenerlo como se pueda durante un año. No: ni en esta ciudad ni en ninguna se puede construir un proyecto de capitalidad cultural, o de lo que sea, si eso no sirve, por un lado, como acicate para el propio proyecto cultural de la ciudad, y por otro, como manera de lanzar hacia el futuro un proyecto renovador; si no, todo es escaparate. Entonces, lo que me pregunté es: ¿dónde está el dinero para la cultura de la ciudad? ¿Y dónde está el dinero para la capitalidad?

P. Y da la impresión de que, al final, todos los pasos que se van dando siguen siendo apostar por el escaparate, relanzo la Feria del Libro con rostros de la tele porque va a venir mucha gente porque viene gente que sale por la tele.

R. Creo que casi volvemos al comienzo de nuestra conversación, y al sentido que tiene Original Xérès: ya sabemos que TikTok es lo que manda hoy en el mundo, pero nosotros no podemos hacer TikTok. TikTok no va a dejar de existir, pero sí podemos intentar, para no perdernos y diluirnos en TikTok, que lo que tenemos esté lleno, tenga sentido, empezar desde dentro hacia afuera, y no quedarnos exclusivamente en el tópico. Vivimos a golpe de clic, a golpe de fotografía diaria, a golpe de TikTok; esto es imparable, no soy un ingenuo, esto es imparable. Pero sí hay posibilidades, cuando las circunstancias lo permiten, de hacer una reflexión para que esto esté lleno de contenido, porque eso es lo que va a enriquecer esta ciudad, sus empresas, su cultura. Ser consecuentes con esto y emprender un camino paralelo al otro; insisto, no se trata de hacer Numancia en Jerez, no se trata de eso, pero sí de decir: lo otro es imparable, construyamos nosotros algo paralelo que tenga verdad, que sirva realmente, y que no convierta a los ciudadanos en meros consumidores de lo que se les pone delante en cada momento, a un ritmo de treinta segundos. Construyamos esto en paralelo; no hablo de otra cosa, hablo de construir, paralelamente, una ciudad cultural desde la realidad cultural de la ciudad. Que los escaparates sirven, claro, que son necesarios, claro, pero no hagamos únicamente un escaparate que luego cambiaremos por otro, sobre todo porque además corremos el riesgo de que ese escaparate se lo lleven a otra parte cuando deje de ser rentable aquí, y ya no tendremos ni el escaparate.

Pregunta: Usted sigue más activo que nunca, pese a estar en edad de disfrutar de la jubilación. ¿Qué impulso le lleva a seguir al pie del cañón cultural?

Respuesta: Bueno, jubilación, como bien sabe, viene de júbilo, y yo estoy viviendo una edad completamente jubilosa; desde el punto de vista, por un lado, del compromiso conmigo mismo, y por otro lado, del compromiso con la ciudad (Jerez) y con el mundo en el que vivo. Entonces, yo sigo encantado de estar jubilosamente jubilado, pero absolutamente activo. Me parece que la jubilación no tiene que ser una parada en una estación final, sino todo lo contrario, el comienzo de un nuevo viaje.

P. Dentro de este nuevo viaje, como el de Ítaca de Kavafis, surgen importantes paradas, como este Original Xérès que se ha sacado una vez más de la chistera. ¿Cómo le viene esta idea? ¿De dónde surge?

R. Es algo que se viene rumiando dentro de mí desde hace tiempo, desde la perspectiva de una persona que lleva 30 años viviendo en esta ciudad y que ha ido viendo cómo una ciudad con unos recursos impresionantes es, sin embargo, incapaz de utilizarlos de una manera ordenada y consecuente con los ciudadanos y con las empresas de esta ciudad. Siempre he entendido que esta es una ciudad absolutamente singular, con unos productos absolutamente excepcionales, pero precisamente por esa riqueza que tiene en el plano fundamentalmente cultural —tomado en el sentido más amplio de la palabra— ha habido un conformismo absoluto a la hora de explotar esos productos de una manera conjugada, de relacionarlos entre sí.

P. ¿A qué productos se refiere concretamente?

R. Estoy pensando en el mundo del flamenco, en el mundo del vino, en el mundo del caballo, en el mundo de la naturaleza: en todo esto se ha ido dejando caer, sencillamente por su propio peso, el interés de que la ciudad tenga un desarrollo económico y social a partir de ahí. Esto me parece que, en el mundo de hoy, sobre todo en un mundo globalizado, donde todo nos llega desde arriba y donde todo va hacia una uniformidad, es un error, porque, siendo singular como es esta ciudad, en el sentido de productos excepcionales, dentro de poco se podría ver arrastrada, como ha pasado con tantísimos otros proyectos, ciudades o regiones singulares.

P. ¿A qué se arriesga Jerez si no reacciona?

R. Se está perdiendo muy buena parte de las posibilidades económicas de desarrollo. Se nos está escapando muchísima agua entre los dedos, no estamos utilizando a tope lo que podría proporcionarnos esa riqueza de la ciudad, tanto ahora como a partir de lo que hemos ido acumulando hasta ahora.

  • López, en un momento de la conversación.
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P. Este proyecto defiende las señas de identidad de esta ciudad, sin caer en el tópico, y se busca la internacionalización, algo que usted ya hizo desde hace 30 años con el Festival de Jerez.

R. Digamos que los tópicos, los topoi, son efectivamente lugares comunes, pero lugares comunes que tienen un único peligro: que se les vacíe de contenido, es decir, que nos quedemos únicamente con la superficie, con el escaparate. Y eso ha llegado a pasar aquí, y está pasando. Entonces, este proyecto, este foro, Original Xérès, precisamente lo que persigue es volver a cargar de contenido lo que se ha ido perdiendo con el paso del tiempo, poner en relación, interrelacionar esos contenidos, porque todo esto no ha ido ocurriendo de una manera independiente, sino de una manera holística: todo lo que ha ocurrido en esta ciudad y estos productos finales tienen que ver unos con otros, esto no funciona de ninguna otra manera en ningún sitio. Por un lado está esto, volver a cargar de contenido y plantearlo de una manera holística; y por otro, entender que no somos únicos en el mundo, como la Tierra no es el único planeta con seres vivos en todo el cosmos. Nosotros tampoco somos únicos: hay otras muchas realidades, más o menos lejanas, que han dado lugar a productos homologables, singulares, y que necesitan también, de alguna manera, relacionarse unas con otras, darse a conocer unas a otras, porque —y vuelvo a esta idea— en este mundo globalizado solamente lo excepcional, lo singular, va a poder permitir que no nos olvidemos de quiénes somos y de que tenemos un posible proyecto de ciudad, un posible punto de encuentro donde, trabajado de una manera global, interrelacionado y comunicado con otras realidades similares, esto puede situarnos de una manera excepcional, en el sentido positivo, en el mundo.

Relación con México: "Están muy interesados en empezar a mantener ya unos lazos estables, culturales en el sentido más amplio"

P. ¿Cómo se recibe ahora la marca Jerez en el mundo cuando negocia, por ejemplo, con administraciones públicas mexicanas?

R. Cuando entré en contacto con Jalisco, a raíz de pensar que el tequila podía ser un primer invitado, como el vino podía serlo también, me llevaron ahí varias cosas. Por un lado, un territorio común, que es la lengua, evidentemente; por otro, también un agradecimiento al papel que México ha jugado con respecto a España en momentos muy difíciles para este país; y, sobre todo, la posibilidad de observar una singularidad que, a muchos miles de kilómetros de distancia, tiene muchísimo que ver con la nuestra. Cuando hablé con el viceministro de Cultura, lo entendió rápidamente, y de hecho su idea es que ellos van a estar como invitados este año, pero que en años sucesivos el bagaje de Original Xérès pueda viajar a Guadalajara, a Jalisco; de hecho, están muy interesados en empezar a mantener ya unos lazos estables, culturales en el sentido más amplio.

P. De hecho, una de esas patas de la tríada tan famosa de Jerez, vino-caballo-flamenco, en esta edición no va a estar tan presente, va a tener más protagonismo, por ejemplo, la lírica, el mundo de la música popular mexicana.

R. Este año lo que se está presentando, efectivamente, es una versión muy reducida de la potencialidad que tiene Original Xérès: concretamente, un único programa, que es El vino son ciudades; esperamos que vaya creciendo en la medida en que los socios —esas empresas, esas personas que comparten el proyecto— vayan entendiendo que esto es un lugar de encuentro y vayan posicionándose dentro de él para sus propios proyectos futuros. Nos parecía que, en esta primera versión reducida, en este primer piloto, lo fundamental era traer a México y ponerlo en contacto con Jerez, con los productos de Jerez, pero no nos parecía adecuado, sobre todo por las fechas en las que ocurre, reforzar una oferta flamenca, viniendo de donde venimos en la ciudad: no podemos cerrar los ojos a que venimos de todo un verano flamenco, de una Fiesta de la Bulería, y que evidentemente durante estas fechas también va a haber actividad flamenca en la ciudad. En el futuro intentaremos ir hacia proyectos más circulares y genuinos dentro de Original Xérès, pero este no era un año en el que tuviese sentido reforzar todavía más una programación que la ciudad ya tiene. Nos interesaba traer México en su música, en su gastronomía, en su enología, en el mundo del caballo, etcétera.

"Nuestra intención no es que este sea un proyecto que dependa fundamentalmente de la presencia de las administraciones para tener viabilidad"

  • Paco López, en la escalerilla del Villamarta, ante la plaza Romero Martínez, en días pasados.
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P. Hablando de la gran acogida del proyecto allí en México, usted ha puesto aquí en Jerez un nuevo caramelo en boca de los gobernantes locales, a diez meses de unas municipales. No sé cómo ha sido la acogida, porque ahora mismo tenemos un evento que podría ser el eje central de las Fiestas de la Vendimia; tenemos un intercambio gastronómico de primera magnitud, siendo este año Jerez Capital Española de la Gastronomía; tenemos un evento que podría formar parte del arranque de temporada del Teatro Villamarta.

R. Sí, bueno, tengo que decir que, tanto en el plano municipal, en el plano del Ayuntamiento, como de alguna manera también en el plano regional, a través de Cultura de la Junta de Andalucía, hay una colaboración importante en el proyecto. Creo que en todas esas líneas, en todas esas virtualidades, en todas esas posibilidades, se ha entendido que Original Xérès viene para quedarse como un lugar de encuentro. Por supuesto, nuestra intención no es que este sea un proyecto que dependa fundamentalmente de la presencia de las administraciones para tener viabilidad: es un proyecto privado, planteado para el encuentro de entidades y empresas que entiendan que sus objetivos son compatibles y compartibles dentro de Original Xérès, pero no pretende en absoluto ser un evento subvencionado; esa no es la idea, ni mucho menos. Lo que sí es verdad es que todos esos valores, todas esas posibilidades, están dentro del proyecto, y tanto desde el plano municipal como desde el de la Junta de Andalucía se ha entendido esa parte. Creo que eso va a ir creciendo en los años sucesivos, después de las elecciones del próximo año, y la implicación va a ir siendo mayor.

  • López, en un retrato tras la entrevista.
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P. Alguien debería entenderlo como un proyecto de ciudad, por lo que representa.

R. Es un proyecto de ciudad. Lo que soy yo, en este caso, y lo que es la pequeña empresa que está detrás de esto, lo único que está haciendo es lanzar un proyecto y coordinar su puesta en marcha; de hecho, mi idea y mi ilusión sería que, en tres, cuatro o cinco años, esto se hubiese disuelto realmente en un patronato, en una comisión, donde estuviesen representadas todas aquellas instituciones, empresas y entidades que entiendan que este foro es realmente un proyecto para el desarrollo de la ciudad y, al mismo tiempo, para el desarrollo de sus propios proyectos. Esto sería lo ideal, evidentemente.

P. ¿Vive de alguna manera Jerez un retroceso, una involución, a nivel de ombliguismo, de mirarse demasiado hacia dentro, especialmente en el plano de la cultura?

R. El peligro, cuando se tienen productos excepcionales, productos singulares, es responder exclusivamente a dos cosas: por un lado, a la superficie, al escaparate de esas cosas; y por otro, contentarse desde dentro con ese mismo escaparate. Es evidente que lo que Jerez tiene es tan potente y tan fuerte que, aunque cojamos exclusivamente las hojas del rábano, las cosas parecen que están y que funcionan, y sobre todo parece que son, pero las cosas no son. Las cosas no son. Este es un peligro evidente, porque esto es rápidamente asimilable por la globalización, y puede convertirse, al final, en un producto totalmente intercambiable, que se puede hacer en cualquier otro sitio, en cualquier otra ciudad del mundo. Esto es un peligro absoluto. El hecho de que estos sean productos jerezanos, productos de Jerez, no quiere decir que tengan que estar protagonizados exclusivamente ni de una manera indiscriminada por Jerez, sino todo lo contrario.

Creo que una de las cosas que aportó el Festival de Jerez fue, por supuesto, ofrecer esta ciudad como gran destino, como gran receptáculo de un encuentro en torno al flamenco, a la danza flamenca y española fundamentalmente, pero sobre todo acelerar el crecimiento interno de los artistas de Jerez: el hecho de que, a partir de un determinado momento, de una manera que yo diría exponencial, hayan ido apareciendo figuras muy importantes en el mundo de la danza flamenca, pero también otros artistas, cantaores, guitarristas, que a través del acompañamiento al baile han llegado a conocer a otros artistas, otras realidades, lo que ha enriquecido de una manera absoluta el bagaje cultural, en este caso flamenco, de estos artistas. Creo que se trata de esto: no se trata de que esta ciudad tenga un escaparate a lo largo de todo el año, ofreciendo montones de actuaciones flamencas —eso se puede hacer en cualquier sitio del mundo, porque basta con contratar a unos artistas y llevarlos allí para que hagan el tópico, lo que la gente espera—, sino de que, desde el punto de vista del desarrollo del flamenco, del flamenco de Jerez, del flamenco en general, los artistas se enriquezcan a partir de las relaciones.

"La Fiesta de la Bulería, aparte del tiempo transcurrido desde su origen, tiene un claro problema de concepto, de proyecto"

P. Otra vez la Fiesta de la Bulería gratis y convertida en verbena.

R. Desde el punto de vista del proyecto, hay que aclarar de una vez por todas si la Fiesta de la Bulería es una verbena o si es una serie de espectáculos que pueden también combinarse con una parte de verbena, algo hecho para el público con carácter gratuito. Eso hay que aclararlo, porque si no es muy difícil de entender por qué, para ver a tal o cual artista, uno va gratis a la Plaza de Belén y al mes siguiente tiene que ir a Villamarta pagando dinero. Eso es muy difícil de explicar, sobre todo porque hay ciertos productos que uno da gratis y otros, del mismo tipo, por los que cobra. ¿Por qué? La Fiesta de la Bulería, aparte del tiempo transcurrido desde su origen, tiene un claro problema de concepto, de proyecto, y mientras eso no se defina va a dar igual dónde y cómo se haga, y da igual también la calidad de los artistas que participen. Es, como pasa con tantos otros productos en esta ciudad, algo que no se está explotando para actualizarlo, y por lo tanto no se le está sacando la rentabilidad que se le podría sacar —y no hablo solo del tema económico, sino, fundamentalmente, de lo que eso significa de retorno para la ciudad, para sus propios artistas y para la excepcionalidad de lo que hacemos aquí.

P. Este año hay una fecha señalada, de esas que marcan la efeméride: el 30 aniversario de la reapertura del teatro. Usted lo vivió en primera línea, estuvo aquí Alfredo Kraus, y ahora usted va a traer a Plácido Domingo al teatro, curiosamente treinta años después, otra gran figura excepcional de la lírica. Pero llegamos a un escenario a día de hoy descabezado y, sobre todo, con una deriva un tanto inquietante, por ser suaves.

R. La realidad del Villamarta, y esto viene de años, es muy preocupante en lo que respecta a su parte estructural. Me explico: el Villamarta-Fundarte no está financiado suficientemente para el teatro que ha sido y para el teatro que debería ser. No está financiado: el día 1 de enero —lo he repetido montones de veces cuando he podido hablar de esto—, cuando se abren las puertas del teatro, en la situación actual, ya tiene un déficit de 600.000 euros. ¿Por qué tiene este déficit? Por una razón evidente: porque el coste estructural, es decir, el personal, la luz, los seguros, los gastos de mantenimiento, está 600.000 euros por encima de las subvenciones públicas que recibe el teatro. Este es un problema estructural que no viene de esta legislatura, sino de la anterior, de la legislatura socialista anterior, y al que no se le ha metido mano. Aclaro esto: estamos perdiendo un teatro, un proyecto de teatro que existía. Pongámonos en el extremo de quien dice: bueno, ¿y por qué hay que subvencionar a un teatro? Yo no estoy diciendo eso; por supuesto que defiendo el carácter de determinados servicios públicos, como es un teatro, como es la sanidad, como es la educación. Pero lo importante es que, si no somos capaces de mantener un teatro en sus mínimos, pagando los gastos estructurales, como se pagan en educación o en sanidad, tendremos que pensar otra cosa para él; quien dependa de esto tendrá que pensar otra cosa para el teatro. Seamos consecuentes: lo que no se puede, desde el punto de vista estructural, es tener un producto que el 1 de enero ya tiene 600.000 euros de déficit porque no se están solucionando los problemas internos.

Villamarta: "Si lo que queremos es mantener el teatro en ese estatus, que juguemos en Primera División, aunque juguemos la promoción, entonces habrá que tomar decisiones"

P. A esto se puede añadir: bueno, pero el Ayuntamiento de Jerez tiene 1.300 millones de déficit, ¿de qué estamos hablando?

R. Yo estoy hablando de dos cosas. En primer lugar, cuando hablo de subvención pública no estoy pensando en el Ayuntamiento de Jerez, sino en la subvención de las administraciones: en cómo debería estar la Junta de Andalucía, cómo debería estar la Diputación. Y lo comparo con una ciudad poco más grande que esta, Granada: cualquier interesado que mire, y verá que entre estas dos instituciones, aparte del Estado, estamos hablando de subvenciones para el proyecto cultural de Granada en torno a los 2 millones de euros. Cualquiera, aunque no conozca las cifras, sabe de qué estamos hablando, porque lo que le debería costar el teatro a las administraciones públicas es 10 euros por ciudadano al año: 212.000 habitantes por 10 euros al año son 2.100.000, que es lo que necesita de subvención pública el teatro. Mientras esto no sea así —y si además, en el último año, hemos perdido una de las pocas fuentes que teníamos, el Inaem—, esto es evidente.

  • El director de escena y gestor cultural cordobés, en la entrevista.
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P. Me refiero a que, al margen del tema estructural, el teatro también necesita liderazgo y audacia. Por esa regla de tres, un gobernante podría cruzarse de brazos ante la situación del Ayuntamiento y decir que no puede hacer nada ante semejante deuda crónica.

R. Y ser audaz significa tomar decisiones, y esta es la otra parte que te estoy diciendo: si quieres un Villamarta consecuente, aunque sea a mucho menor nivel —poniéndole esos 2.100.000 euros de subvención de las administraciones, y no hablo solo del Ayuntamiento—, estaríamos en el 40% del dinero real de lo que se le daba al teatro en el año 97, con Pedro Pacheco, porque entonces recibió 2.100.000 euros de subvención. Pero aun así, si lo que queremos es mantener el teatro en ese estatus, que juguemos en Primera División, aunque juguemos la promoción, entonces habrá que tomar decisiones. Y si no se pone esa financiación, habrá que decidir cómo se adelgaza la estructura, fundamentalmente en temas de personal; habrá que reducir costes, y se quedaría convertido en una casa de cultura que se abriría, lógicamente, cuando haya alguna actividad, cuando venga alguien privado, o cuando se ceda gratuitamente para el pregón de la Semana Santa. El teatro quedaría en esto, y yo eso no lo veo viable. Por lo tanto, el trabajo está en conseguir que las demás administraciones sitúen al Villamarta en los mismos términos en que están ciudades como la que he citado, Granada, por ejemplo.

Fundarte tras la salida de su último director: "Hay cosas que yo, como gestor, no he entendido; síntomas preocupantes"

P. Luego está la gestión, evidentemente, de falta de impulso gestor desde el teatro para convencer al político de lo que, quizás, no quiere escuchar. Hablaba usted de la cesión gratuita de espacios, hablaba de que una administración como la Diputación de Cádiz no puede poner 50.000 euros para el Villamarta y darle 500.000 a un festival privado en esta provincia, cosas de ese tipo. Pero claro, eso muchas veces el político no lo quiere escuchar; no sé si en sus tiempos eso ocurría, o si tampoco hay que idealizar demasiado aquella época.

R. No, efectivamente, no hay que idealizar, pero creo que sí ocurría. He hablado de un tema de gestión, pero este tema de gestión tiene que descansar, primero, sobre cuál es la decisión política sobre el Villamarta: si el Villamarta no se financia, hay que tomar decisiones desde arriba, no desde la gestión, digamos, desde dentro del teatro; pero tampoco puede entrar nadie ahí pensando con esa excusa de que no hay dinero, para cruzarse de brazos. Eso ya tiene que ver, luego, evidentemente, con lo que es la gestión interna del teatro, tanto en el proyecto artístico como en el proyecto económico, de recursos humanos, etcétera. El paso de su director actual por el teatro, la verdad, ha sido muy corto: estamos hablando de poco más de dos años. Y aparte de eso, ha sido un tiempo bastante hermético, desde el punto de vista de la relación y de la comunicación con el mundo cultural y profesional de la ciudad. Aparte de esto, he visto síntomas... síntomas preocupantes, pero tampoco tengo un análisis, porque ha sido un periodo demasiado corto para saber qué se pretendía hacer, y también porque ha sido escaso el nivel de comunicación de ese proyecto. Hay cosas que yo, como gestor, no he entendido.

P. ¿Por ejemplo?

R. Por ejemplo, con todo lo que decía sobre la financiación que necesita de la administración, el Villamarta descansa en más de un 50% en sus ingresos propios, en sus recursos propios; esto es excepcional también, hay que decirlo: el Villamarta es el teatro con menos subvención pública de los teatros andaluces, con diferencia. Lo normal es que los teatros andaluces ingresen por su propia cuenta entre el 25 y el 30%, no el 50 o el 70%, como ha llegado a estar financiado el Villamarta. Dicho esto, no entiendo, como gestor, por qué se baja el precio de las entradas, ¿por qué bajar el precio de las localidades sabiendo que eso va a ser un elemento de financiación fundamental, y sin tener ninguna certeza de que eso vaya a significar más público? Es decir, menos precio, más público: a mí no me salen esos números, y de hecho eso no ha sido así. Por desgracia, el tema de las entradas del teatro no tiene nada que ver con el nivel adquisitivo ni con el interés que despierta cada evento en el público: estoy harto de ver la parte más barata del teatro vacía, con muy poca entrada vendida, y la parte más cara siempre llena, y sin embargo se han bajado indiscriminadamente los precios de la parte a la que sí tiene acceso el público.

Esto, desde el punto de vista de la gestión, es difícil de entender. Y luego, desde el punto de vista del proyecto: si miro la programación de este año, hay un montón de espectáculos que vienen a través del proyecto escénico de la Junta de Andalucía. En mis tiempos, y en los de Isamay Benavente, estos proyectos —que no eran ni buenos ni malos— estaban pensados para otra división, para teatros más pequeños, teatro fundamental, y venían a cubrir un hueco absolutamente necesario; esa red es fundamental. Ahora bien, si el Villamarta, como decía, quiere jugar en Primera —no en la Champions, pero sí en Primera—, ¿tiene que estar tirando del catálogo de la Red Andaluza de Teatros? Lo digo porque, en definitiva, de lo que estamos hablando es de cambiar un concepto, un proyecto de teatro que seguimos pensando que tiene que jugar en Primera División, quedando en el puesto que sea, pero jugando en Primera División.

  • Otro momento de la entrevista.
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P. ¿Qué plan debería haber, a partir de ahora, para Fundarte, para relanzar, de alguna manera, o recuperar ese terreno perdido?

R. Bueno, tiene dos partes. Creo que las administraciones públicas —y siempre hablo de las administraciones, porque entiendo que la solución no está exclusivamente en manos del Ayuntamiento— tienen que entender de una vez por todas el valor de la cultura en el mundo que se nos viene encima. Leía hace unas fechas cómo, para carreras supuestamente tecnológicas, existe ya una carrera bifronte en la que, por un lado, se aprende matemáticas y, por otro, filosofía. ¿Qué quiere decir esto? Que en este mundo cada día más deshumanizado, más globalizado, más llovido desde arriba, es fundamental respetar y reasumir aquello que nos hace entendernos a nosotros mismos y entender el futuro. Ahí el papel de la cultura es fundamental, y la cultura es un servicio, y por tanto implica financiar ese servicio; esa es una parte. La otra es que esperemos que quien tome próximamente las riendas de Fundarte cuente, por un lado, con ese colchón de que las administraciones entiendan el papel que tienen que jugar la cultura y el Villamarta en el desarrollo, no solo cultural, sino ciudadano, y que articule un proyecto acorde con esto, a medio y largo plazo. En ese sentido, admiro a Francia, porque allí los proyectos culturales, los teatros, no están supeditados a un cambio de gobierno, sino que son proyectos de ciudad, asumidos por la ciudad, y se entiende que deben quedar claramente al margen de la mera disputa política.

P. De alguna manera, usted también consiguió eso aquí: hubo un tiempo en que el proyecto Villamarta pasaba de unos gobiernos a otros sin discusión, aunque la financiación bajara por lo que fuera, por la crisis o lo que fuese; pero de alguna manera siempre se mantuvo por encima de eso.

R. Durante muchísimo tiempo fue así, afortunadamente; yo viví esa época. El teatro tenía una autonomía dentro del proyecto de ciudad, porque el propio proyecto pensaba en la ciudad. Como se recordará, este proyecto venía a resolver una serie de carencias: que hubiese una programación homologable, el trabajo con los escolares, pero también pensaba en un proyecto de proyección de la ciudad, el Festival de Jerez y el Centro Lírico del Sur; ya había, evidentemente, un compromiso del proyecto con la ciudad, y se entendía que no era un proyecto de un signo político, sino un proyecto de servicio público, entendido desde la ciudad y sus necesidades. Eso fue así, afortunadamente, también desde el punto de vista de la rentabilidad social y económica a todos los niveles, porque ha dado de comer a mucha gente. Y algo que hoy se valora mucho, desde el punto de vista de la comunicación, es la imagen que proyecta la ciudad: esta ciudad, a través del Festival de Jerez, no ha descubierto el flamenco al mundo —eso ya estaba descubierto—, pero sí ha hecho entender que hay una manera de venir a esta ciudad, de participar en ella, de conocerla; o, a través del Centro Lírico, que se haya estado en prácticamente todas las comunidades de España, llevando el nombre de Jerez más allá del flamenco, es un hecho fundamental para entender que estamos en una ciudad nueva, moderna, que quiere competir con el resto de ciudades en ese ámbito de modernidad concebida desde la singularidad.

"Ni en esta ciudad ni en ninguna se puede construir un proyecto de capitalidad cultural si no sirve como acicate para el propio proyecto cultural de la ciudad, y para lanzar hacia el futuro un proyecto renovador"

P. Como hoy en día vamos tan rápido y las cosas se olvidan tan pronto, no sé si usted fue de los que creyó en Jerez 2031, o de los que tenía claro que aquello no iba a ningún lado, porque no estaba bien planteado, porque no había opciones reales. Y no sé si podemos tener, digamos, una estela a partir de lo que se pudo hacer entonces, para profundizar y, de alguna manera, hacer que la ciudad camine con la cultura como verdadero eje de transformación.

R. Bueno, yo conocí el proyecto de la capitalidad muy pronto; me lo explicó Paco Camas al principio, cuando lo estaba tanteando, y yo le dije: oye, me parece estupendo, pero ¿dónde está el dinero? Y no me refiero exclusivamente al dinero para poner en marcha un proyecto de estas características —hace varios años estuve en la presentación de la capitalidad de Córdoba, y ahí pude ver lo que había detrás—, sino sobre todo: ¿dónde está el dinero para la cultura de la ciudad? Creo que el error está en entender que una nominación es hacer el escaparate, mantenerlo como se pueda durante un año. No: ni en esta ciudad ni en ninguna se puede construir un proyecto de capitalidad cultural, o de lo que sea, si eso no sirve, por un lado, como acicate para el propio proyecto cultural de la ciudad, y por otro, como manera de lanzar hacia el futuro un proyecto renovador; si no, todo es escaparate. Entonces, lo que me pregunté es: ¿dónde está el dinero para la cultura de la ciudad? ¿Y dónde está el dinero para la capitalidad?

P. Y da la impresión de que, al final, todos los pasos que se van dando siguen siendo apostar por el escaparate, relanzo la Feria del Libro con rostros de la tele porque va a venir mucha gente porque viene gente que sale por la tele.

R. Creo que casi volvemos al comienzo de nuestra conversación, y al sentido que tiene Original Xérès: ya sabemos que TikTok es lo que manda hoy en el mundo, pero nosotros no podemos hacer TikTok. TikTok no va a dejar de existir, pero sí podemos intentar, para no perdernos y diluirnos en TikTok, que lo que tenemos esté lleno, tenga sentido, empezar desde dentro hacia afuera, y no quedarnos exclusivamente en el tópico. Vivimos a golpe de clic, a golpe de fotografía diaria, a golpe de TikTok; esto es imparable, no soy un ingenuo, esto es imparable. Pero sí hay posibilidades, cuando las circunstancias lo permiten, de hacer una reflexión para que esto esté lleno de contenido, porque eso es lo que va a enriquecer esta ciudad, sus empresas, su cultura. Ser consecuentes con esto y emprender un camino paralelo al otro; insisto, no se trata de hacer Numancia en Jerez, no se trata de eso, pero sí de decir: lo otro es imparable, construyamos nosotros algo paralelo que tenga verdad, que sirva realmente, y que no convierta a los ciudadanos en meros consumidores de lo que se les pone delante en cada momento, a un ritmo de treinta segundos. Construyamos esto en paralelo; no hablo de otra cosa, hablo de construir, paralelamente, una ciudad cultural desde la realidad cultural de la ciudad. Que los escaparates sirven, claro, que son necesarios, claro, pero no hagamos únicamente un escaparate que luego cambiaremos por otro, sobre todo porque además corremos el riesgo de que ese escaparate se lo lleven a otra parte cuando deje de ser rentable aquí, y ya no tendremos ni el escaparate.

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