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Ana Morales desciende a las entrañas de Sevilla con ‘Rapsodia’, su estreno absoluto en la Bienal de Flamenco

La Premio Nacional de Danza 2022 agotará dos funciones los días 13 y 14 de septiembre en la Real Fábrica de Artillería con una creación que explora lo telúrico, lo jondo y el misterio del proceso creativo

  • Ana Morales durante uno de los ensayos de 'Rapsodia. Fantasía subterranea' -

La XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla acogerá los días 13 y 14 de septiembre el estreno absoluto de Rapsodia. Fantasía subterránea, el nuevo proyecto escénico de la bailaora y coreógrafa Ana Morales, Premio Nacional de Danza 2022. La artista llevará a la Real Fábrica de Artillería un viaje hacia las profundidades de una Sevilla imaginaria, histórica y mítica para indagar, desde el cuerpo, la música y el flamenco, en el misterio del proceso creativo y en aquello que permanece oculto bajo la superficie.

El estreno llegará, además, con las localidades agotadas para ambas funciones. Rapsodia. Fantasía subterránea será el espectáculo encargado de abrir la programación de la Bienal en la Real Fábrica de Artillería, uno de los espacios emblemáticos de esta edición y escenario elegido para albergar una propuesta que convierte el descenso físico y simbólico en punto de partida.

Un viaje órfico bajo una Sevilla imaginaria

El director de la Bienal, Luis Ybarra, ha situado el trabajo de Morales dentro de esa capacidad del flamenco para avanzar desde sus propios códigos. En este sentido, se ha referido a la idea de que “el flamenco es un arte en estado de vanguardia permanente" y que, en cada generación, existe un grupo de artistas que "entienden su expresión desde un prisma diferente e indagan nuevos horizontes".

En este sentido, señalaba que "Ana Morales amplía su lenguaje en cada aventura y que ahora enfrenta dos hitos en su carrera: primero, será una de las protagonistas de la jornada inaugural en plena calle de esta Bienal con su participación en el pregón y, segundo, abre también con su estreno las puertas en la Real Fábrica de Artillería para este acontecimiento que estrena un espacio con vocación de contenedor y motor creativo".

La propia Ana Morales explicaba que utiliza la rapsodia desde "ese significado libre para narrar un viaje órfico que tendrá lugar en la ciudad de Sevilla, inspirándome en esos subterráneos que nos cuentan que hubo durante siglos en esta ciudad y donde esos pasadizos laberínticos conectaban los lugares que tenían una salida mística". Esa geografía subterránea se convierte así en el territorio sobre el que la bailaora proyecta una exploración que también es interior.

Morales señala que ha convertido esos pasadizos en "una metáfora de un viaje profundo hacia mis entrañas". "Para mí, la primera pulsión que me invita a bailar flamenco sale de ahí", añadía. La pieza se estructura en tres partes —el descenso, el laberinto y la puerta o salida— y propone, según la artista, “una pequeña fantasía, un viaje muy abierto, muy abstracto a lo que sería una reflexión probablemente mística". "Hay un viaje a esos lugares donde nos quedamos bloqueados para encontrar, al final, una puerta, una salida", argumentaba.

El germen de ese recorrido apareció lejos de Sevilla, concretamente, durante "un viaje que hice a Alburquerque, de repente me bajó la idea de volver a mí, a mi centro, a la Ana a la que le apetece mucho bailar y que su cuerpo se meta en otro viaje. No tenía intención autobiográfica, es una fantasía absoluta, pero al final todo se convierte en algo que pertenece a mi cuerpo y mis pensamientos".

  • Ana Morales durante uno de los ensayos de 'Rapsodia. Fantasía subterranea'
  • -

Del flamenco a la experimentación sonora

El punto de partida de Rapsodia. Fantasía subterránea es, precisamente, la propia creación artística y las preguntas que aparecen durante ese proceso. Morales recurre a la rapsodia como una forma abierta, capaz de acoger materiales y lenguajes diversos, para construir un espectáculo que invita a recorrer una Sevilla imaginada desde sus estratos más profundos. El descenso se plantea como una búsqueda intuitiva, sin un itinerario marcado de antemano, donde el flamenco entra en contacto con una dimensión física y emocional ligada a la tierra, al origen y a lo jondo.

Esa voluntad de apertura se extiende al universo musical. Bajo la dirección de Niño de Elche, la banda sonora combina tradiciones y sensibilidades distintas, desde el flamenco hasta la experimentación sonora y la vanguardia. La guitarra de Manolo Franco y el saxofón y las electrónicas de José Venditti construyen un diálogo entre registros diferentes dentro de un recorrido que incorpora referencias que van desde Cristóbal de Morales y Walter Marchetti hasta Pau Casals y su versión de El cant dels ocells.

El resultado es un espacio sonoro en permanente transformación que no se limita a acompañar el movimiento, sino que también lo provoca. Sobre esa materia musical, Morales levanta una coreografía en la que el flamenco dialoga con herramientas y lenguajes procedentes de la creación contemporánea.

El cuerpo se convierte entonces en el lugar donde intuiciones, imágenes e ideas terminan adquiriendo forma. La improvisación aparece como una de las vías para descubrir el movimiento, mientras la artista trabaja con la tensión entre los límites y la libertad: aquello que inicialmente puede percibirse como una restricción termina convertido en una posibilidad para encontrar nuevas formas de expresión.

Una obra abierta al espectador

La creación cuenta con dramaturgia, acompañamiento conceptual y textos de Enrique Fuenteblanca, elementos que ayudan a articular un recorrido escénico deliberadamente abierto. Más que ofrecer una lectura cerrada, Rapsodia. Fantasía subterránea propone al espectador acompañar a Morales en ese proceso de exploración y reservar un espacio para aquello que no puede explicarse completamente mediante las palabras.

El proyecto se incorpora a la trayectoria de una de las figuras destacadas de la creación flamenca contemporánea. Formada en danza contemporánea y flamenco, Ana Morales ha desarrollado un trabajo caracterizado por una búsqueda coreográfica vinculada al presente emocional y por el diálogo con otros lenguajes artísticos, con la improvisación como uno de los motores de su movimiento.

A lo largo de su trayectoria ha creado siete espectáculos, entre ellos Sin permiso. Canciones para el silencio, premiada con el Giraldillo al baile; Peculiar y Matarife | Paraíso, este último junto a Andrés Marín y estrenado en la pasada edición de la Bienal. Ahora, Rapsodia. Fantasía subterránea abre una nueva etapa de ese recorrido los días 13 y 14 de septiembre, cuando la Real Fábrica de Artillería abra sus puertas a este descenso hacia una Sevilla subterránea y al proceso creativo que Ana Morales sitúa en sus propias entrañas.

La XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla acogerá los días 13 y 14 de septiembre el estreno absoluto de Rapsodia. Fantasía subterránea, el nuevo proyecto escénico de la bailaora y coreógrafa Ana Morales, Premio Nacional de Danza 2022. La artista llevará a la Real Fábrica de Artillería un viaje hacia las profundidades de una Sevilla imaginaria, histórica y mítica para indagar, desde el cuerpo, la música y el flamenco, en el misterio del proceso creativo y en aquello que permanece oculto bajo la superficie.

El estreno llegará, además, con las localidades agotadas para ambas funciones. Rapsodia. Fantasía subterránea será el espectáculo encargado de abrir la programación de la Bienal en la Real Fábrica de Artillería, uno de los espacios emblemáticos de esta edición y escenario elegido para albergar una propuesta que convierte el descenso físico y simbólico en punto de partida.

Un viaje órfico bajo una Sevilla imaginaria

El director de la Bienal, Luis Ybarra, ha situado el trabajo de Morales dentro de esa capacidad del flamenco para avanzar desde sus propios códigos. En este sentido, se ha referido a la idea de que “el flamenco es un arte en estado de vanguardia permanente" y que, en cada generación, existe un grupo de artistas que "entienden su expresión desde un prisma diferente e indagan nuevos horizontes".

En este sentido, señalaba que "Ana Morales amplía su lenguaje en cada aventura y que ahora enfrenta dos hitos en su carrera: primero, será una de las protagonistas de la jornada inaugural en plena calle de esta Bienal con su participación en el pregón y, segundo, abre también con su estreno las puertas en la Real Fábrica de Artillería para este acontecimiento que estrena un espacio con vocación de contenedor y motor creativo".

La propia Ana Morales explicaba que utiliza la rapsodia desde "ese significado libre para narrar un viaje órfico que tendrá lugar en la ciudad de Sevilla, inspirándome en esos subterráneos que nos cuentan que hubo durante siglos en esta ciudad y donde esos pasadizos laberínticos conectaban los lugares que tenían una salida mística". Esa geografía subterránea se convierte así en el territorio sobre el que la bailaora proyecta una exploración que también es interior.

Morales señala que ha convertido esos pasadizos en "una metáfora de un viaje profundo hacia mis entrañas". "Para mí, la primera pulsión que me invita a bailar flamenco sale de ahí", añadía. La pieza se estructura en tres partes —el descenso, el laberinto y la puerta o salida— y propone, según la artista, “una pequeña fantasía, un viaje muy abierto, muy abstracto a lo que sería una reflexión probablemente mística". "Hay un viaje a esos lugares donde nos quedamos bloqueados para encontrar, al final, una puerta, una salida", argumentaba.

El germen de ese recorrido apareció lejos de Sevilla, concretamente, durante "un viaje que hice a Alburquerque, de repente me bajó la idea de volver a mí, a mi centro, a la Ana a la que le apetece mucho bailar y que su cuerpo se meta en otro viaje. No tenía intención autobiográfica, es una fantasía absoluta, pero al final todo se convierte en algo que pertenece a mi cuerpo y mis pensamientos".

  • Ana Morales durante uno de los ensayos de 'Rapsodia. Fantasía subterranea'
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Del flamenco a la experimentación sonora

El punto de partida de Rapsodia. Fantasía subterránea es, precisamente, la propia creación artística y las preguntas que aparecen durante ese proceso. Morales recurre a la rapsodia como una forma abierta, capaz de acoger materiales y lenguajes diversos, para construir un espectáculo que invita a recorrer una Sevilla imaginada desde sus estratos más profundos. El descenso se plantea como una búsqueda intuitiva, sin un itinerario marcado de antemano, donde el flamenco entra en contacto con una dimensión física y emocional ligada a la tierra, al origen y a lo jondo.

Esa voluntad de apertura se extiende al universo musical. Bajo la dirección de Niño de Elche, la banda sonora combina tradiciones y sensibilidades distintas, desde el flamenco hasta la experimentación sonora y la vanguardia. La guitarra de Manolo Franco y el saxofón y las electrónicas de José Venditti construyen un diálogo entre registros diferentes dentro de un recorrido que incorpora referencias que van desde Cristóbal de Morales y Walter Marchetti hasta Pau Casals y su versión de El cant dels ocells.

El resultado es un espacio sonoro en permanente transformación que no se limita a acompañar el movimiento, sino que también lo provoca. Sobre esa materia musical, Morales levanta una coreografía en la que el flamenco dialoga con herramientas y lenguajes procedentes de la creación contemporánea.

El cuerpo se convierte entonces en el lugar donde intuiciones, imágenes e ideas terminan adquiriendo forma. La improvisación aparece como una de las vías para descubrir el movimiento, mientras la artista trabaja con la tensión entre los límites y la libertad: aquello que inicialmente puede percibirse como una restricción termina convertido en una posibilidad para encontrar nuevas formas de expresión.

Una obra abierta al espectador

La creación cuenta con dramaturgia, acompañamiento conceptual y textos de Enrique Fuenteblanca, elementos que ayudan a articular un recorrido escénico deliberadamente abierto. Más que ofrecer una lectura cerrada, Rapsodia. Fantasía subterránea propone al espectador acompañar a Morales en ese proceso de exploración y reservar un espacio para aquello que no puede explicarse completamente mediante las palabras.

El proyecto se incorpora a la trayectoria de una de las figuras destacadas de la creación flamenca contemporánea. Formada en danza contemporánea y flamenco, Ana Morales ha desarrollado un trabajo caracterizado por una búsqueda coreográfica vinculada al presente emocional y por el diálogo con otros lenguajes artísticos, con la improvisación como uno de los motores de su movimiento.

A lo largo de su trayectoria ha creado siete espectáculos, entre ellos Sin permiso. Canciones para el silencio, premiada con el Giraldillo al baile; Peculiar y Matarife | Paraíso, este último junto a Andrés Marín y estrenado en la pasada edición de la Bienal. Ahora, Rapsodia. Fantasía subterránea abre una nueva etapa de ese recorrido los días 13 y 14 de septiembre, cuando la Real Fábrica de Artillería abra sus puertas a este descenso hacia una Sevilla subterránea y al proceso creativo que Ana Morales sitúa en sus propias entrañas.

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