Toñi Moreno, y turistas de Bilbao, Granada y Huelva, hablan de su verano eterno en Bajo de Guía: "Había arena hasta la puerta de Bigote"
Bajo de Guía, donde Sanlúcar se asoma a Doñana, reúne cada verano a miles de visitantes de todas partes atraídos por sus restaurantes, su tradición marinera y unas vistas únicas que también disfrutan rostros conocidos como la presentadora de Canal Sur o Carlos Herrera
Toñi Moreno recuerda perfectamente un Bajo de Guía que hoy apenas existe en la memoria de los sanluqueños. "Yo he vivido un Bajo de Guía donde no había una calle. Venías del río, llegabas directamente a la barra de Casa Bigote y había arena hasta la puerta". La presentadora señala el paseo mientras observa cómo decenas de personas buscan una mesa frente al Guadalquivir. Han cambiado muchas cosas desde entonces, pero insiste en que hay algo que sigue intacto: "Vienes aquí y sigue oliendo a pueblo marinero, a autenticidad".
Pocos lugares pueden presumir de reunir en apenas unos cientos de metros tanta identidad andaluza. Bajo de Guía es gastronomía, pero también es tradición marinera, puerta del Rocío, desembocadura delrío más importante del sur y balcón privilegiado hacia el Parque Nacional de Doñana. Cada verano, miles de personas recorren este rincón de Sanlúcar de Barrameda atraídas por una mezcla difícil de explicar con una sola palabra.
La barra de Casa Bigote.
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MANU GARCÍA
Aquí coinciden familias que llevan medio siglo veraneando, turistas del norte que descubrieron los langostinos por casualidad y rostros conocidos que buscan unos días de tranquilidad lejos del ruido de las grandes ciudades. La propia Toñi Moreno, natural de Sanlúcar, o el periodista Carlos Herrera forman parte de esa larga lista de visitantes habituales que, año tras año, regresan a este barrio marinero convertido en uno de los grandes símbolos de la costa gaditana.
El barrio que vio crecer a Sanlúcar frente a Doñana
Desde el paseo marítimo, Doñana parece estar al alcance de la mano. Al otro lado del río, las dunas y los pinares dibujan un paisaje que cambia de color con el paso de las horas. Hay turistas que se detienen a hacer fotografías, familias esperando para cruzar en la barcaza y vecinos que apenas levantan la vista porque llevan toda la vida contemplando la misma escena.
La singularidad de Bajo de Guía comienza precisamente ahí. Mientras la mayoría de playas españolas miran directamente al horizonte, Sanlúcar mira a uno de los parques nacionales más importantes de Europa. El Guadalquivir desemboca frente a las terrazas y convierte cada atardecer en un espectáculo distinto.
"Ahora la gente recorre media España buscando puestas de sol, pero aquí ocurre algo diferente: el sol no se esconde en el mar, se esconde en Doñana", explica César Hermoso, conocido por todos como César Bigote. El hostelero sonríe mientras señala el paisaje que contempla todos los días desde la puerta de su negocio.
Para muchos visitantes, esa imagen resume perfectamente lo que significa Bajo de Guía. No es solo una playa ni únicamente una zona de restaurantes. Es un lugar donde el río, el mar y la historia conviven en apenas unos metros.
Una familia se dispone a coger la barcaza para ir a Doñana.
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MANU GARCÍA
Casa Bigote, una barra con más de 70 años de historia
Si hay un establecimiento que ayuda a entender la esencia del barrio, ese es Casa Bigote. La taberna abrió sus puertas en 1952, aunque en sus primeros años era poco más que un refugio para marineros que regresaban de faenar. "Antes esto era una taberna donde venían los hombres de los barcos a tomar algo. Más adelante empezamos a poner comida y el negocio fue creciendo", explica César, uno de los propietarios del restaurante junto a su padre, Fernando.
La barra continúa siendo el corazón del establecimiento. Desde primera hora del mediodía apenas queda espacio libre. Los camareros cruzan de un lado a otro cargando platos de pescado y marisco, las conversaciones se mezclan con el ruido de los cubiertos y las mesas altas se llenan de clientes que esperan pacientemente un hueco.
¿Por qué se ha convertido en uno de los grandes referentes gastronómicos de Andalucía? César evita ponerse medallas. "Eso tendrían que decirlo quienes vienen, pero yo creo que la clave está en el cariño y el amor que ponemos a lo que hacemos".
El hostelero habla de su negocio con la naturalidad de quien ha crecido entre fogones y barriles de manzanilla. También con el orgullo de saber que miles de personas identifican Sanlúcar con una mesa frente al mar y una fuente de langostinos recién cocidos.
César, en la puerta de Casa Bigote
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MANU GARCÍA
Langostinos, corvina y el matrimonio perfecto con la manzanilla
En Bajo de Guía se habla mucho de paisajes, pero tarde o temprano la conversación termina en la comida. Los langostinos son el gran emblema gastronómico de Sanlúcar, aunque César insiste en que el menú del barrio va mucho más allá. "El rey de la casa es el langostino, claro, pero también sale muchísima corvina del Golfo de Cádiz, rape, atún y todo el pescado de la zona", enumera mientras observa el movimiento de la cocina.
La riqueza gastronómica del enclave se explica también por su entorno. Al mar se suman los productos de los navazos sanluqueños, las hortalizas de la huerta y una tradición culinaria transmitida de generación en generación. Coquinas al ajillo, cazón con tomate, pescado frito y guisos marineros forman parte de una carta que atrae a visitantes de toda España.
Y después está la manzanilla, inseparable compañera del marisco. César recuerda una frase que repite constantemente su padre: "La manzanilla y el langostino forman el matrimonio perfecto". Sonríe y remata la idea con otra expresión todavía más contundente: "Una buena copa de manzanilla con un buen langostino es cosa de cardenales".
No parece exagerar. Basta observar las mesas del paseo para comprobar que pocos turistas renuncian a esa combinación.
Un plato de langostinos de Sanlúcar.
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MANU GARCÍA
Toñi Moreno: "La autenticidad se está perdiendo y aquí todavía se conserva"
La periodista y presentadora Toñi Moreno conoce este rincón como pocos. Ha visto cómo el paseo se transformaba, cómo surgían nuevos restaurantes y cómo el turismo convertía Bajo de Guía en una referencia gastronómica nacional. Sin embargo, insiste en que el barrio ha sabido conservar su esencia.
"Ahora hay muchísimos restaurantes y una calidad gastronómica maravillosa, pero no ha perdido lo importante. Sigues llegando aquí y huele a pueblo marinero", afirma a lavozdelsur.es mientras disfruta del aperitivo en uno de los restaurantes de Bajo de Guía.
Moreno ha aprovechado sus vacaciones para visitar uno de los nuevos negocios impulsados por la familia Bigote y celebrar que la modernización no haya roto con la tradición. "Han introducido cosas nuevas, como la cocina a la brasa, pero respetando el producto y la identidad de siempre".
La sanluqueña tiene claro qué le diría a cualquiera que todavía no conozca la zona. "Van a encontrar la mejor gastronomía, pero sobre todo un lugar auténtico. Que eso se está perdiendo".
Toñi Moreno disfrutando del paisaje en el restaurante Coto.
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MANU GARCÍA
Desde Bilbao, Granada o Huelva para sentarse frente al río
La fama de Bajo de Guía hace tiempo que cruzó las fronteras andaluzas. Leire Orueta ha recorrido más de ochocientos kilómetros desde Llodio, un municipio situado a 20 kilómetros de Bilbao, para regresar a un lugar queconoció hace más de dos décadas.
La anécdota que la llevó hasta Sanlúcar tiene mucho de fútbol. "Somos del Athletic y nos dijeron que teníamos que venir a probar los langostinosporque eran rojos y blancos, como nuestro equipo". Veinte años después, ha vuelto para comprobar que el encanto sigue siendo el mismo.
"Volvemos por la comida, por el turismo y por las vistas. Ver Doñana desde aquí es precioso", explica mientras pasea junto al río.
Desde Granada llega Miguel García Pérez, que enumera sin demasiado orden todo aquello que le fascina del lugar: la desembocadura del Guadalquivir, el marisco, los vinos, el paso de las hermandades rocieras y el carácter abierto de la gente.
"Los granadinos no tenemos fama de ser demasiado abiertos, pero aquí te reciben desde el primer momento como si fueras uno más. Eso se agradece muchísimo", comenta entre risas.
Alejandro Álvarez, procedente de Almonte, también repite visita varias veces al año. Algunas veces cruza en coche; otras, incluso en bicicleta. "Venimos porque este entorno no existe en otro sitio. Comemos aquí, disfrutamos del ambiente y después volvemos a casa".
Visitantes de Bajo de Guía.
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MANU GARCÍA
La puerta del Rocío y una forma distinta de entender el verano
Para los rocieros, Bajo de Guía representa mucho más que un barrio marinero. Desde aquí embarcan numerosas hermandades cada año camino de la aldea almonteña, convirtiendo la desembocadura del Guadalquivir en una de las imágenes más reconocibles de la romería.
César Bigote lo explica con emoción. "Yo siempre digo que estas son las puertas del cielo, porque desde aquí embarca muchísima gente para ir al Rocío". Esa conexión espiritual y cultural forma parte del ADN del lugar y ayuda a entender la importancia simbólica que tiene para miles de andaluces.
Pero Bajo de Guía también es otra cosa: una forma pausada de vivir el verano. Hay quien pasa la mañana en la playa, quien aprovecha la tarde para recorrer el paseo y quien simplemente busca una terraza desde la que contemplar el paisaje.
Beatriz Campuzano, sevillana y visitante habitual, lo resume en pocas palabras. "Sanlúcar me gusta entera, pero aquí hay algo especial. La cercanía de Doñana, la puesta de sol y la tranquilidad hacen que siempre quieras volver".
Cuando el día termina, el ritmo del barrio cambia una vez más. Las familias abandonan la playa, las terrazas vuelven a llenarse y las conversaciones se alargan mientras el cielo empieza a teñirse de naranja. Al otro lado del río, Doñana permanece inmóvil.
En Bajo de Guía conviven las fotos al atardecer, los turistas que llegan por primera vez y los sanluqueños que llevan toda una vida mirando al río. Frente a Doñana, entre el sonido de las barcazas y el ir y venir de los camareros, el barrio sigue recibiendo a quien se sienta a la mesa con un plato de langostinos y la impresión de haber descubierto uno de esos rincones que aún conservan personalidad propia.
Toñi Moreno recuerda perfectamente un Bajo de Guía que hoy apenas existe en la memoria de los sanluqueños. "Yo he vivido un Bajo de Guía donde no había una calle. Venías del río, llegabas directamente a la barra de Casa Bigote y había arena hasta la puerta". La presentadora señala el paseo mientras observa cómo decenas de personas buscan una mesa frente al Guadalquivir. Han cambiado muchas cosas desde entonces, pero insiste en que hay algo que sigue intacto: "Vienes aquí y sigue oliendo a pueblo marinero, a autenticidad".
Pocos lugares pueden presumir de reunir en apenas unos cientos de metros tanta identidad andaluza. Bajo de Guía es gastronomía, pero también es tradición marinera, puerta del Rocío, desembocadura delrío más importante del sur y balcón privilegiado hacia el Parque Nacional de Doñana. Cada verano, miles de personas recorren este rincón de Sanlúcar de Barrameda atraídas por una mezcla difícil de explicar con una sola palabra.
La barra de Casa Bigote.
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MANU GARCÍA
Aquí coinciden familias que llevan medio siglo veraneando, turistas del norte que descubrieron los langostinos por casualidad y rostros conocidos que buscan unos días de tranquilidad lejos del ruido de las grandes ciudades. La propia Toñi Moreno, natural de Sanlúcar, o el periodista Carlos Herrera forman parte de esa larga lista de visitantes habituales que, año tras año, regresan a este barrio marinero convertido en uno de los grandes símbolos de la costa gaditana.
El barrio que vio crecer a Sanlúcar frente a Doñana
Desde el paseo marítimo, Doñana parece estar al alcance de la mano. Al otro lado del río, las dunas y los pinares dibujan un paisaje que cambia de color con el paso de las horas. Hay turistas que se detienen a hacer fotografías, familias esperando para cruzar en la barcaza y vecinos que apenas levantan la vista porque llevan toda la vida contemplando la misma escena.
La singularidad de Bajo de Guía comienza precisamente ahí. Mientras la mayoría de playas españolas miran directamente al horizonte, Sanlúcar mira a uno de los parques nacionales más importantes de Europa. El Guadalquivir desemboca frente a las terrazas y convierte cada atardecer en un espectáculo distinto.
"Ahora la gente recorre media España buscando puestas de sol, pero aquí ocurre algo diferente: el sol no se esconde en el mar, se esconde en Doñana", explica César Hermoso, conocido por todos como César Bigote. El hostelero sonríe mientras señala el paisaje que contempla todos los días desde la puerta de su negocio.
Para muchos visitantes, esa imagen resume perfectamente lo que significa Bajo de Guía. No es solo una playa ni únicamente una zona de restaurantes. Es un lugar donde el río, el mar y la historia conviven en apenas unos metros.
Una familia se dispone a coger la barcaza para ir a Doñana.
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MANU GARCÍA
Casa Bigote, una barra con más de 70 años de historia
Si hay un establecimiento que ayuda a entender la esencia del barrio, ese es Casa Bigote. La taberna abrió sus puertas en 1952, aunque en sus primeros años era poco más que un refugio para marineros que regresaban de faenar. "Antes esto era una taberna donde venían los hombres de los barcos a tomar algo. Más adelante empezamos a poner comida y el negocio fue creciendo", explica César, uno de los propietarios del restaurante junto a su padre, Fernando.
La barra continúa siendo el corazón del establecimiento. Desde primera hora del mediodía apenas queda espacio libre. Los camareros cruzan de un lado a otro cargando platos de pescado y marisco, las conversaciones se mezclan con el ruido de los cubiertos y las mesas altas se llenan de clientes que esperan pacientemente un hueco.
¿Por qué se ha convertido en uno de los grandes referentes gastronómicos de Andalucía? César evita ponerse medallas. "Eso tendrían que decirlo quienes vienen, pero yo creo que la clave está en el cariño y el amor que ponemos a lo que hacemos".
El hostelero habla de su negocio con la naturalidad de quien ha crecido entre fogones y barriles de manzanilla. También con el orgullo de saber que miles de personas identifican Sanlúcar con una mesa frente al mar y una fuente de langostinos recién cocidos.
César, en la puerta de Casa Bigote
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MANU GARCÍA
Langostinos, corvina y el matrimonio perfecto con la manzanilla
En Bajo de Guía se habla mucho de paisajes, pero tarde o temprano la conversación termina en la comida. Los langostinos son el gran emblema gastronómico de Sanlúcar, aunque César insiste en que el menú del barrio va mucho más allá. "El rey de la casa es el langostino, claro, pero también sale muchísima corvina del Golfo de Cádiz, rape, atún y todo el pescado de la zona", enumera mientras observa el movimiento de la cocina.
La riqueza gastronómica del enclave se explica también por su entorno. Al mar se suman los productos de los navazos sanluqueños, las hortalizas de la huerta y una tradición culinaria transmitida de generación en generación. Coquinas al ajillo, cazón con tomate, pescado frito y guisos marineros forman parte de una carta que atrae a visitantes de toda España.
Y después está la manzanilla, inseparable compañera del marisco. César recuerda una frase que repite constantemente su padre: "La manzanilla y el langostino forman el matrimonio perfecto". Sonríe y remata la idea con otra expresión todavía más contundente: "Una buena copa de manzanilla con un buen langostino es cosa de cardenales".
No parece exagerar. Basta observar las mesas del paseo para comprobar que pocos turistas renuncian a esa combinación.
Un plato de langostinos de Sanlúcar.
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MANU GARCÍA
Toñi Moreno: "La autenticidad se está perdiendo y aquí todavía se conserva"
La periodista y presentadora Toñi Moreno conoce este rincón como pocos. Ha visto cómo el paseo se transformaba, cómo surgían nuevos restaurantes y cómo el turismo convertía Bajo de Guía en una referencia gastronómica nacional. Sin embargo, insiste en que el barrio ha sabido conservar su esencia.
"Ahora hay muchísimos restaurantes y una calidad gastronómica maravillosa, pero no ha perdido lo importante. Sigues llegando aquí y huele a pueblo marinero", afirma a lavozdelsur.es mientras disfruta del aperitivo en uno de los restaurantes de Bajo de Guía.
Moreno ha aprovechado sus vacaciones para visitar uno de los nuevos negocios impulsados por la familia Bigote y celebrar que la modernización no haya roto con la tradición. "Han introducido cosas nuevas, como la cocina a la brasa, pero respetando el producto y la identidad de siempre".
La sanluqueña tiene claro qué le diría a cualquiera que todavía no conozca la zona. "Van a encontrar la mejor gastronomía, pero sobre todo un lugar auténtico. Que eso se está perdiendo".
Toñi Moreno disfrutando del paisaje en el restaurante Coto.
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MANU GARCÍA
Desde Bilbao, Granada o Huelva para sentarse frente al río
La fama de Bajo de Guía hace tiempo que cruzó las fronteras andaluzas. Leire Orueta ha recorrido más de ochocientos kilómetros desde Llodio, un municipio situado a 20 kilómetros de Bilbao, para regresar a un lugar queconoció hace más de dos décadas.
La anécdota que la llevó hasta Sanlúcar tiene mucho de fútbol. "Somos del Athletic y nos dijeron que teníamos que venir a probar los langostinosporque eran rojos y blancos, como nuestro equipo". Veinte años después, ha vuelto para comprobar que el encanto sigue siendo el mismo.
"Volvemos por la comida, por el turismo y por las vistas. Ver Doñana desde aquí es precioso", explica mientras pasea junto al río.
Desde Granada llega Miguel García Pérez, que enumera sin demasiado orden todo aquello que le fascina del lugar: la desembocadura del Guadalquivir, el marisco, los vinos, el paso de las hermandades rocieras y el carácter abierto de la gente.
"Los granadinos no tenemos fama de ser demasiado abiertos, pero aquí te reciben desde el primer momento como si fueras uno más. Eso se agradece muchísimo", comenta entre risas.
Alejandro Álvarez, procedente de Almonte, también repite visita varias veces al año. Algunas veces cruza en coche; otras, incluso en bicicleta. "Venimos porque este entorno no existe en otro sitio. Comemos aquí, disfrutamos del ambiente y después volvemos a casa".
Visitantes de Bajo de Guía.
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MANU GARCÍA
La puerta del Rocío y una forma distinta de entender el verano
Para los rocieros, Bajo de Guía representa mucho más que un barrio marinero. Desde aquí embarcan numerosas hermandades cada año camino de la aldea almonteña, convirtiendo la desembocadura del Guadalquivir en una de las imágenes más reconocibles de la romería.
César Bigote lo explica con emoción. "Yo siempre digo que estas son las puertas del cielo, porque desde aquí embarca muchísima gente para ir al Rocío". Esa conexión espiritual y cultural forma parte del ADN del lugar y ayuda a entender la importancia simbólica que tiene para miles de andaluces.
Pero Bajo de Guía también es otra cosa: una forma pausada de vivir el verano. Hay quien pasa la mañana en la playa, quien aprovecha la tarde para recorrer el paseo y quien simplemente busca una terraza desde la que contemplar el paisaje.
Beatriz Campuzano, sevillana y visitante habitual, lo resume en pocas palabras. "Sanlúcar me gusta entera, pero aquí hay algo especial. La cercanía de Doñana, la puesta de sol y la tranquilidad hacen que siempre quieras volver".
Cuando el día termina, el ritmo del barrio cambia una vez más. Las familias abandonan la playa, las terrazas vuelven a llenarse y las conversaciones se alargan mientras el cielo empieza a teñirse de naranja. Al otro lado del río, Doñana permanece inmóvil.
En Bajo de Guía conviven las fotos al atardecer, los turistas que llegan por primera vez y los sanluqueños que llevan toda una vida mirando al río. Frente a Doñana, entre el sonido de las barcazas y el ir y venir de los camareros, el barrio sigue recibiendo a quien se sienta a la mesa con un plato de langostinos y la impresión de haber descubierto uno de esos rincones que aún conservan personalidad propia.
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