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Enrique Ochoa 'regresa' a El Puerto con su pintura más íntima: música y emoción en un escenario ideal

El Monasterio de la Victoria reúne 18 obras del artista portuense en una exposición que podrá visitarse de manera gratuita hasta el 8 de noviembre y que aspira a darlo a conocer todavía más entre sus paisanos

  • José Estévez y Germán Beardo, posando en la exposición. -

La obra más íntima de Enrique Ochoa ha encontrado en el Monasterio de la Victoria de El Puerto un escenario a la altura de su lenguaje. La exposición Ochoa, plástica musical y abstracción reúne desde este jueves 18 obras del pintor portuense y propone un recorrido por una faceta de su producción en la que la pintura deja de ser una simple representación para convertirse en una forma de interpretar la música. La muestra, de entrada libre y gratuita, permanecerá abierta hasta el 8 de noviembre.

El propio espacio condiciona la manera de acercarse a las obras. El Monasterio de la Victoria aporta solemnidad a una exposición de primer nivel sin restarle protagonismo a los cuadros, y permite que la dimensión espiritual de la pintura de Ochoa dialogue con el carácter del edificio. No es una exposición concebida únicamente para repasar una trayectoria, sino una oportunidad para detenerse en una parte especialmente personal de su universo artístico.

  • Detalle de la exposición de Enrique Ochoa en El Puerto.
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  • Las reproducciones de las obras son de un gran nivel.
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La selección reúne algunas de las obras que mejor explican esa relación entre pintura y música. Beethoven, Vivaldi, Strawinsky, Debussy o Bach aparecen convertidos en materia pictórica. Junto a ellas se muestran distintas abstracciones musicales que completan una propuesta marcada por la búsqueda de Ochoa de trasladar sonidos y emociones al lienzo.

Ese camino artístico tomó especial fuerza a partir de la década de 1940, cuando Ochoa desarrolló buena parte de su plástica musical en su estudio de la Cartuja de Valldemossa, en Mallorca. La espiritualidad que encontró en aquel lugar le llevó a profundizar en una pintura capaz de expresar aquello que la música provoca, pero que no puede verse. La exposición permite aproximarse precisamente a esa dimensión menos evidente de su trayectoria.

  • Estévez, dando una explicación al alcalde de El Puerto.
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  • La muestra se ha inaugurado y estará operativa hasta el 8 de noviembre.
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Hay algo especialmente significativo en que esta selección regrese ahora a El Puerto. Enrique Ochoa nació en la ciudad en 1891 y allí comenzó también una trayectoria que acabaría llevándole a relacionarse con algunos de los grandes nombres de la cultura de su tiempo. Fue conocido como el pintor de la música y de la mujer y considerado precursor del gestualismo, además de uno de los mejores ilustradores del siglo XX. Su vida artística estuvo vinculada a Cádiz, Granada, Sevilla y Toledo y su círculo incluyó, entre otros, a Federico García Lorca, Pablo Picasso, Rafael Alberti y Manuel de Falla.

El reconocimiento no fue inmediato. El Puerto le dio una de sus primeras oportunidades cuando, el 1 de octubre de 1910, fue nombrado profesor de modelado de la Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia. Con el tiempo, la ciudad acabaría distinguiéndolo como Hijo Predilecto y dedicándole una calle. La exposición del Monasterio de la Victoria adquiere así también una dimensión de regreso: la de un artista que mantuvo siempre una relación especial con su ciudad natal y que, tras su fallecimiento, volvió a su tierra.

La mejor manera de acercar al artista a los portuenses

José Estévez, nieto del pintor, comisario de la exposición y presidente de la Fundación Enrique Ochoa, ha defendido el valor de recuperar en El Puerto la obra de un artista que mantuvo siempre una estrecha vinculación con su ciudad natal. La muestra supone, en este sentido, una nueva oportunidad para acercar al público una parte especialmente singular de su producción, aquella en la que Ochoa convirtió la música en un lenguaje pictórico y profundizó en una creación cada vez más abstracta e intimista.

La intención de la Fundación va más allá de esta exposición temporal. Estévez trabaja junto al Ayuntamiento para que la obra del pintor pueda contar con una presencia estable en El Puerto y para que su legado permanezca vinculado a la ciudad en la que nació. Ese proyecto tiene como horizonte el futuro espacio permanente que se pretende habilitar en el Hospital San Juan de Dios una vez concluida su rehabilitación.

  • El Monasterio de la Victoria es el marco ideal para la muestra.
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  • La entrada de la exposición, con el primer panel explicativo.
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Para el alcalde de El Puerto, Germán Beardo, el regreso de Ochoa ocupa un lugar destacado en la estrategia cultural de la ciudad. “Para nosotros supone un símbolo de orgullo, de recuperación de una de las principales enseñas del mundo de la cultura y de las artes que tiene nuestra ciudad”, ha señalado. Beardo ha recordado que el Ayuntamiento llevaba tiempo trabajando con José Estévez en la posibilidad de que la ciudad recuperase y pusiera en valor a sus principales referentes culturales y patrimoniales.

El alcalde ha vinculado además la exposición con el proyecto para convertir el antiguo Hospital San Juan de Dios en la futura sede de la obra de Ochoa. “Queremos que sea la sede de la exposición permanente de la Fundación Enrique Ochoa”, ha explicado Beardo, que ha situado esta iniciativa dentro de una aspiración más amplia: “El Puerto de los Museos, el Puerto ciudad museo”. A su juicio, esta exposición constituye un primer paso para devolver al artista “alguien que tuvo siempre vocación de volver” a su ciudad.

La obra más íntima de Enrique Ochoa ha encontrado en el Monasterio de la Victoria de El Puerto un escenario a la altura de su lenguaje. La exposición Ochoa, plástica musical y abstracción reúne desde este jueves 18 obras del pintor portuense y propone un recorrido por una faceta de su producción en la que la pintura deja de ser una simple representación para convertirse en una forma de interpretar la música. La muestra, de entrada libre y gratuita, permanecerá abierta hasta el 8 de noviembre.

El propio espacio condiciona la manera de acercarse a las obras. El Monasterio de la Victoria aporta solemnidad a una exposición de primer nivel sin restarle protagonismo a los cuadros, y permite que la dimensión espiritual de la pintura de Ochoa dialogue con el carácter del edificio. No es una exposición concebida únicamente para repasar una trayectoria, sino una oportunidad para detenerse en una parte especialmente personal de su universo artístico.

  • Detalle de la exposición de Enrique Ochoa en El Puerto.
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  • Las reproducciones de las obras son de un gran nivel.
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La selección reúne algunas de las obras que mejor explican esa relación entre pintura y música. Beethoven, Vivaldi, Strawinsky, Debussy o Bach aparecen convertidos en materia pictórica. Junto a ellas se muestran distintas abstracciones musicales que completan una propuesta marcada por la búsqueda de Ochoa de trasladar sonidos y emociones al lienzo.

Ese camino artístico tomó especial fuerza a partir de la década de 1940, cuando Ochoa desarrolló buena parte de su plástica musical en su estudio de la Cartuja de Valldemossa, en Mallorca. La espiritualidad que encontró en aquel lugar le llevó a profundizar en una pintura capaz de expresar aquello que la música provoca, pero que no puede verse. La exposición permite aproximarse precisamente a esa dimensión menos evidente de su trayectoria.

  • Estévez, dando una explicación al alcalde de El Puerto.
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  • La muestra se ha inaugurado y estará operativa hasta el 8 de noviembre.
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Hay algo especialmente significativo en que esta selección regrese ahora a El Puerto. Enrique Ochoa nació en la ciudad en 1891 y allí comenzó también una trayectoria que acabaría llevándole a relacionarse con algunos de los grandes nombres de la cultura de su tiempo. Fue conocido como el pintor de la música y de la mujer y considerado precursor del gestualismo, además de uno de los mejores ilustradores del siglo XX. Su vida artística estuvo vinculada a Cádiz, Granada, Sevilla y Toledo y su círculo incluyó, entre otros, a Federico García Lorca, Pablo Picasso, Rafael Alberti y Manuel de Falla.

El reconocimiento no fue inmediato. El Puerto le dio una de sus primeras oportunidades cuando, el 1 de octubre de 1910, fue nombrado profesor de modelado de la Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia. Con el tiempo, la ciudad acabaría distinguiéndolo como Hijo Predilecto y dedicándole una calle. La exposición del Monasterio de la Victoria adquiere así también una dimensión de regreso: la de un artista que mantuvo siempre una relación especial con su ciudad natal y que, tras su fallecimiento, volvió a su tierra.

La mejor manera de acercar al artista a los portuenses

José Estévez, nieto del pintor, comisario de la exposición y presidente de la Fundación Enrique Ochoa, ha defendido el valor de recuperar en El Puerto la obra de un artista que mantuvo siempre una estrecha vinculación con su ciudad natal. La muestra supone, en este sentido, una nueva oportunidad para acercar al público una parte especialmente singular de su producción, aquella en la que Ochoa convirtió la música en un lenguaje pictórico y profundizó en una creación cada vez más abstracta e intimista.

La intención de la Fundación va más allá de esta exposición temporal. Estévez trabaja junto al Ayuntamiento para que la obra del pintor pueda contar con una presencia estable en El Puerto y para que su legado permanezca vinculado a la ciudad en la que nació. Ese proyecto tiene como horizonte el futuro espacio permanente que se pretende habilitar en el Hospital San Juan de Dios una vez concluida su rehabilitación.

  • El Monasterio de la Victoria es el marco ideal para la muestra.
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  • La entrada de la exposición, con el primer panel explicativo.
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Para el alcalde de El Puerto, Germán Beardo, el regreso de Ochoa ocupa un lugar destacado en la estrategia cultural de la ciudad. “Para nosotros supone un símbolo de orgullo, de recuperación de una de las principales enseñas del mundo de la cultura y de las artes que tiene nuestra ciudad”, ha señalado. Beardo ha recordado que el Ayuntamiento llevaba tiempo trabajando con José Estévez en la posibilidad de que la ciudad recuperase y pusiera en valor a sus principales referentes culturales y patrimoniales.

El alcalde ha vinculado además la exposición con el proyecto para convertir el antiguo Hospital San Juan de Dios en la futura sede de la obra de Ochoa. “Queremos que sea la sede de la exposición permanente de la Fundación Enrique Ochoa”, ha explicado Beardo, que ha situado esta iniciativa dentro de una aspiración más amplia: “El Puerto de los Museos, el Puerto ciudad museo”. A su juicio, esta exposición constituye un primer paso para devolver al artista “alguien que tuvo siempre vocación de volver” a su ciudad.

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