Opinión

En qué se parece el Valle de los Caídos al cementerio municipal de Jerez

El Valle de los Caídos se parece al cementerio municipal de Jerez en que Franco yace con toda la gloria del fascismo sanguinario en su ignominioso mausoleo y el verdugo de Jerez, a las órdenes de Queipo de Llano, el comandante Salvador Arizón Mejía, yace igualmente con toda la pompa y exhibición pública de sus méritos de guerra en el cementerio municipal de Jerez. Aunque la diferencia es que el nuevo presidente del gobierno sí va a remover a Franco de su necrológica poltrona genocida y la alcaldesa de Jerez, sin embargo, no se atreve a tocar la ofensiva lápida de la sepultura del comandante Arizón Mejía en el cementerio municipal de Jerez.

Lápida de Salvador Arizón en el cementerio de Jerez.

Así que, por un lado, tenemos las alrededor de 600 personas que fueron asesinadas en esta plaza militar y que, bajo la autoridad militar del comandante Arizón, siguen no sabemos exactamente dónde, y por otro lado tenemos su tumba que incumple claramente el artº 32 de la Ley de Memoria Histórica de Andalucía y que muestra, precisamente, con fría impudicia, todavía, su gloriosa acción militar junto a Franco… La tumba de Arizón y las fosas comunes del cementerio de Nuestra Señora de la Merced están muy cerca, a unos 30 metros de distancia, por lo que Arizón sigue campando a sus anchas, igual que lo hace a día de hoy Franco en el Valle de los Caídos, sobre los cuerpos, sobre la memoria y sobre la dignidad de sus víctimas.

Esta situación ya ha sido denunciada al Ayuntamiento de Jerez por la Plataforma por la Memoria Democrática, como también ha sido denunciada por la misma Plataforma la situación de la casa, abandonada, que está frente al solar del que fue cuartel de Tempul. Una casa que sobre el año 1942 el Ayuntamiento de Jerez regaló a dicho comandante como premio a la carnicería que aquí organizó y que, lógicamente, el Ayuntamiento de Jerez, por dignidad democrática, está en la obligación de recuperar.

Recordemos que en 7 de marzo de 1961 el alcalde Tomás García Figueras concede a Salvador Arizón Mejía, el verdugo de Jerez, la medalla de oro de la ciudad, siendo instructor de ese expediente Ramón García-Pelayo y Trevilla.

En el sobrecogedor discurso de agradecimiento por parte del militar golpista destacan estas duras palabras: “…las difíciles horas de los primeros días y efectivamente así lo fueron, porque había que actuar con la mayor rapidez y proceder con la máxima energía, para evitar que los contrarios pudieran levantar cabeza. Lo que ya se proponían hacer, con alborotadas alegrías por las buenas noticias y órdenes revolucionarias de entrega de armas y huelgas, que para ellos con su habitual maldad, comunicaba a toda España el ministro Casares Quiroga”, y se citaba a sí mismo repitiendo el final de su famoso bando donde hablaba de: “…decidido a que las fieras marxistas no ya levanten cabeza, pero ni siquiera muevan la zarpa. Y que, si fuera preciso, mis manos se conviertan en manos de hierro que exterminen sean cuantos sean y quienes sean, a todos los enemigos de España”.

En ese discurso ferozmente anticomunista, escrito ya en el contexto de la Guerra Fría, y donde lo más destacable es el hecho de la colaboración de los “elementos de orden” en Jerez para apoyar la iniciativa militar desde el primer momento,  Arizón llamó “turba”, “Mano Negra”, borrachos, asesinos, “miles de afiliados a extrema izquierda mezclados con la chusma”, “marinería roja, ya convertida en idiotas criminales satélites de Moscú”, etc., etc., a la resistencia política al golpe militar. En Jerez, llamar Mano Negra a quienes querían defender la IIª República era algo que tenía muy hondos ecos históricos y políticos, ecos que conectaban directamente con la secular y feroz represión a que se vieron sometidos los trabajadores de estas tierras por los mismos de siempre a quienes Arizón o Miguel Primo de Ribera y Orbaneja representaban.

En 28 de marzo de 1963 aparece la crónica mortuoria del comandante: “Ha muerto el Marqués de Casa Arizón. El ilustre soldado participó brillantemente en el Alzamiento Nacional”. Murió a los 75 años con grado de coronel de caballería. En dicha nota necrológica se dice claramente que Salvador Arizón no solo se adhirió desde el primer minuto a Franco, sino que desde Jerez ordenó “las operaciones de recuperación de pueblos de la provincia y de otros de la región”.

Jerez le dedicó en vida la rotulación, con el nombre de Marqués de Casa Arizón, de la calle Porvera, le nombró hijo predilecto y le otorgó la medalla de oro. “Su última aparición en público en nuestra ciudad fue el pasado año [1962] con motivo del homenaje ofrecido al Tercio de Requetés de Nuestra Señora de la Merced, en el que el comandante Arizón pronunció un vibrante discurso”. A su sepelio, en el cementerio de Ntra. Sra. de la Merced, acudieron el gobernador militar de Cádiz, sr. Sánchez Gómez, y los ayuntamientos de Jerez y Sanlúcar, bajo mazas.

Como en el Valle de los Caídos, desafiante, victoriosa, vertiendo aún su pestilente aliento sobre nuestra democracia, su genocida lápida dice sin tapujos todavía a la vista de todos: “El Excmo. Sr. D. Salvador de Arizón Mejía, Marqués de Casa Arizón, Coronel de Caballería, Comandante Militar de Jerez de la Frontera en el Alzamiento Nacional; Hijo Adoptivo y Predilecto de Jerez de la Frontera, Sanlúcar de Barrameda y Grazalema; Medalla Militar Individual y Medalla de Jerez. Falleció el 27 de marzo de 1963 a los 75 años…”.

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Un comentario

  1. Dentro de 40 o 50 años, cuando hayan muerto gente como Aznar, Zapatero, Rajoy o Felipe González, a ver si juntan más de 20 o 30 personas que vayan a hacerles un homenaje como los tres mil españoles que fueron ayer al valle

    Irán sus familiares, como le pasó a Marx, que a su entierro fueron 7 personas

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