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El Cojo Rosa, los hermanos guarnicioneros que mantienen vivo el legado familiar en Sanlúcar

Andrés y Cayetano Tejero son la tercera generación de esta guarnicionería fundada en los años 50 en Sanlúcar que ofrece monturas y todo tipo de equipamiento para los jinetes y equinos

  • Andrés y Cayetano Tejero, en la guarnicionería El Cojo Rosa en Sanlúcar. -

Monturas, estribos o alforjas. Los apasionados del mundo del caballo conocen estos términos que tantas veces han pronunciado dos hermanos en Sanlúcar. Andrés y Cayetano Tejero Íscar mantienen vivo un legado que atiende a jinetes, amazonas y cocheros. Ellos son la tercera generación de El Cojo Rosa, una guarnicionería artesana dedicada a la hípica que ofrece todo lo necesario para el cuidado y el equipamiento de los equinos.

En su taller desarrollan un oficio que aprendieron gracias a su abuelo Andrés Tejero Sánchez, al que conocían como “el cojo de Rosa”. “Era vaquero, pero llegó un año de sequía y murieron todas sus vacas. Tenía 8 hijos y tenía que buscarse la vida como pudiese”, comenta su nieto Andrés.

Como padecía esta discapacidad que le impedía trabajar en el campo, sector al que pertenecía casi toda la población, decidió empaparse de la guarnicionería. Con unos 40 años y de forma autodidacta, fundó en los años 50 este negocio bautizado con su apodo. “Empezó en una motito con un cesto lleno de herramientas de cortijo en cortijo”, dicen rodeados de materiales.

  • Cayetano muestra las monturas.
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  • Detalle de la guarnicionería.
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Con el tiempo, montó un taller propio en Sanlúcar donde transmitió sus conocimientos a sus hijos Andrés y Cayetano Tejero Sánchez. Curiosamente ambas generaciones compartían mismos apellidos, coincidencia que causaba cierta confusión a los carteros. “Mi abuelo y mi padre se llaman exactamente igual. Recuerdo que las cartas llegaban con DNI porque, además mi abuelo tenía siete hermanos y vivíamos todos en la misma zona”, recuerdan.

Otra casualidad es que el padre de la tercera generación acabó en la guarnicionería por un dolencia en la espalda que no le permitió seguir con su trabajo en el campo. “Por un problema o por otro, los dos acabaron en el taller”, comenta Andrés.

En su caso, él tomó el relevo de su familia por decisión propia tras haber vivido de cerca los entresijos de este trabajo. Algunos veranos, con 15 años, ya echaba una mano, y tras terminar la EGB, quiso quedarse junto a su padre. Los hermanos tomaron las riendas siguiendo la tradición que ya se había consolidado en Sanlúcar. De nuevo, Andrés y Cayetano, con el mismo nombre que la generación anterior, se esmeraron en mantener la actividad a la que siguen dedicando horas y horas.

  • Cayetano Tejero, en la guarnicionería familiar.
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Desde El Cojo Rosa realizan monturas vaqueras, inglesas, de raid, de salto y de uso general. También se encargan de guarniciones, cabezadas o polainas y disponen de una extensa sección destinada al cuidado del caballo como esquiladoras, acondicionadores, protectores de transporte,  empuñaduras y energizadores.

Cruzando fronteras

Somos artesanos, yo empecé sin una sola máquina, pero nos hemos adaptado a las circunstancias”, explican. Desde este rincón de Sanlúcar atienden los pedidos de jinetes, amazonas, cocheros o personas que poseen un picadero y se dedican a cuidar los caballos de otras. Sus trabajos también cruzan las fronteras llegando a países como Italia, Francia o Alemania. “A Nicaragua es el más lejano al que hemos mandado”, señalan.

  • Los hermanos Tejero, en el taller de Sanlúcar.
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  • Andrés Tejero, junto a los artículos artesanos. 
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A lo largo de los años, la familia ha experimentado los cambios notables en este sector. Andrés Tejero abuelo empezó trabajando para el campo. “Ya hoy esto es un artículo de lujo, pero antes no, era para el trabajo en los cortijos. Ahora no se trabaja con animales”, explica el nieto, que añade que, actualmente, el 99% de los encargos son destinados al ocio.

El calendario en El Cojo Rosa se rige por las fiestas, romerías y ferias. Desde la Candelaria, hasta San José pasando por la Feria de Abril de Sevilla y la de Rota. “Hay una acumulación impresionante en dos o tres meses”, reconocen desde esta guarnicionería histórica que mima al caballo.

Monturas, estribos o alforjas. Los apasionados del mundo del caballo conocen estos términos que tantas veces han pronunciado dos hermanos en Sanlúcar. Andrés y Cayetano Tejero Íscar mantienen vivo un legado que atiende a jinetes, amazonas y cocheros. Ellos son la tercera generación de El Cojo Rosa, una guarnicionería artesana dedicada a la hípica que ofrece todo lo necesario para el cuidado y el equipamiento de los equinos.

En su taller desarrollan un oficio que aprendieron gracias a su abuelo Andrés Tejero Sánchez, al que conocían como “el cojo de Rosa”. “Era vaquero, pero llegó un año de sequía y murieron todas sus vacas. Tenía 8 hijos y tenía que buscarse la vida como pudiese”, comenta su nieto Andrés.

Como padecía esta discapacidad que le impedía trabajar en el campo, sector al que pertenecía casi toda la población, decidió empaparse de la guarnicionería. Con unos 40 años y de forma autodidacta, fundó en los años 50 este negocio bautizado con su apodo. “Empezó en una motito con un cesto lleno de herramientas de cortijo en cortijo”, dicen rodeados de materiales.

  • Cayetano muestra las monturas.
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  • Detalle de la guarnicionería.
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Con el tiempo, montó un taller propio en Sanlúcar donde transmitió sus conocimientos a sus hijos Andrés y Cayetano Tejero Sánchez. Curiosamente ambas generaciones compartían mismos apellidos, coincidencia que causaba cierta confusión a los carteros. “Mi abuelo y mi padre se llaman exactamente igual. Recuerdo que las cartas llegaban con DNI porque, además mi abuelo tenía siete hermanos y vivíamos todos en la misma zona”, recuerdan.

Otra casualidad es que el padre de la tercera generación acabó en la guarnicionería por un dolencia en la espalda que no le permitió seguir con su trabajo en el campo. “Por un problema o por otro, los dos acabaron en el taller”, comenta Andrés.

En su caso, él tomó el relevo de su familia por decisión propia tras haber vivido de cerca los entresijos de este trabajo. Algunos veranos, con 15 años, ya echaba una mano, y tras terminar la EGB, quiso quedarse junto a su padre. Los hermanos tomaron las riendas siguiendo la tradición que ya se había consolidado en Sanlúcar. De nuevo, Andrés y Cayetano, con el mismo nombre que la generación anterior, se esmeraron en mantener la actividad a la que siguen dedicando horas y horas.

  • Cayetano Tejero, en la guarnicionería familiar.
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Desde El Cojo Rosa realizan monturas vaqueras, inglesas, de raid, de salto y de uso general. También se encargan de guarniciones, cabezadas o polainas y disponen de una extensa sección destinada al cuidado del caballo como esquiladoras, acondicionadores, protectores de transporte,  empuñaduras y energizadores.

Cruzando fronteras

Somos artesanos, yo empecé sin una sola máquina, pero nos hemos adaptado a las circunstancias”, explican. Desde este rincón de Sanlúcar atienden los pedidos de jinetes, amazonas, cocheros o personas que poseen un picadero y se dedican a cuidar los caballos de otras. Sus trabajos también cruzan las fronteras llegando a países como Italia, Francia o Alemania. “A Nicaragua es el más lejano al que hemos mandado”, señalan.

  • Los hermanos Tejero, en el taller de Sanlúcar.
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  • Andrés Tejero, junto a los artículos artesanos. 
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A lo largo de los años, la familia ha experimentado los cambios notables en este sector. Andrés Tejero abuelo empezó trabajando para el campo. “Ya hoy esto es un artículo de lujo, pero antes no, era para el trabajo en los cortijos. Ahora no se trabaja con animales”, explica el nieto, que añade que, actualmente, el 99% de los encargos son destinados al ocio.

El calendario en El Cojo Rosa se rige por las fiestas, romerías y ferias. Desde la Candelaria, hasta San José pasando por la Feria de Abril de Sevilla y la de Rota. “Hay una acumulación impresionante en dos o tres meses”, reconocen desde esta guarnicionería histórica que mima al caballo.

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