Las Tres Piedras vive su verano de mayor presión: "El problema no son los chiringuitos, es que ya no cabemos"
Los vecinos aseguran a lavozdelsur.es que el éxito de esta playa de Chipiona ha desbordado unas infraestructuras que llevan años sin crecer al mismo ritmo. Entre atascos, basura y calles bloqueadas, residentes y visitantes coinciden en el problema principal
Entrar en Las Tres Piedras de Chipiona en pleno verano es el primer aviso de lo que espera unos metros más adelante. El asfalto desaparece para dar paso a un camino de tierra, arena y piedras donde los coches avanzan despacio mientras buscan un hueco imposible. A ambos lados empiezan a acumularse vehículos aparcados como buenamente pueden. Algunos dejan libre el paso y otros obligan a maniobrar. Nadie parece extrañado porque ya es una escena habitual cuando el sol aprieta y la playa se llena.
Un poco más adelante, los chiringuitos y locales de ocio están completos. Las terrazas apenas tienen mesas libres y la música se mezcla con el ir y venir constante de familias cargadas con sombrillas, neveras y carros de playa. La imagen transmite éxito turístico. También la sensación de que el lugar ha crecido más deprisa que los servicios que lo sostienen.
Ese contraste es precisamente el que ha llevado a más de 600 propietarios del Sector 1 de Las Tres Piedras a salir a la calle para pedir soluciones. No protestan contra los bares, ni contra los turistas, ni contra el ambiente que cada verano llena esta parte de la costa chipionera. Protestan porque, aseguran, la playa ha cambiado y las infraestructuras siguen siendo prácticamente las mismas que hace años.
Elizabeth González, secretaria de la Asociación de Vecinos del Sector 1, con un atasco de coches detrás de ella.
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MANU GARCÍA
"No estamos en contra de que venga la gente"
Elizabeth González, secretaria de la Asociación de Vecinos del Sector 1, insiste en aclararlo desde el principio. No quiere que el mensaje se interprete como un rechazo al turismo. Al contrario. "Estamos completamente a favor de la zona de ocio, de la playa y de que venga la gente. Nosotros mismos hacemos uso de esos negocios", explica a lavozdelsur.es.
Su preocupación va por otro camino. Mientras señala la estrecha vía por la que circulan coches en ambos sentidos y peatones que regresan de la playa, resume el problema con una frase sencilla: "La zona ha crecido desmesuradamente, pero las infraestructuras y los servicios no han crecido a la misma velocidad".
La consecuencia se aprecia durante todo el recorrido. No hay bolsas de aparcamiento suficientes para absorber la cantidad de vehículos que llegan cada día. Los coches terminan ocupando los márgenes de la calzada y, conforme avanza la tarde, la circulación se convierte en una sucesión de frenazos, maniobras y esperas interminables.
Los propios vecinos cuentan situaciones que hace unos años parecían impensables. Uno de ellos relata que unos amigos tardaron cerca de una hora en recorrer poco más de un kilómetro después de salir de uno de los establecimientos de la zona. No fue un hecho aislado. Los atascos se repiten prácticamente cada fin de semana.
Elizabeth conoce bien esa realidad. "Hay visitantes que para salir de aquí se tiran una hora o dos parados con el coche", explica. El problema, insiste, no es únicamente la incomodidad de quien viene a pasar el día. Lo que realmente preocupa es qué ocurriría si en ese momento fuera necesaria una ambulancia o un camión de bomberos. "Los coches terminan impidiendo que entren los servicios de emergencia o que cualquier vecino pueda salir de su casa si tiene una urgencia", resume.
Un furgón de reparto maniobra entre dos coches mal aparcados para poder acceder.
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MANU GARCÍA
El miedo no es el atasco, sino el día que pase algo
Ese temor aparece una y otra vez en las conversaciones con los residentes. No hablan de una situación hipotética porque sí. Hablan de una posibilidad que consideran cada vez más cercana conforme aumenta la afluencia de visitantes.
"Nos da miedo que aquí un día pase algo", reconoce la representante vecinal. La frase llega después de explicar que llevan seis años trasladando las mismas demandas al Ayuntamiento. Reuniones, escritos, llamadas... La comunicación con el Consistorio, asegura, siempre ha sido buena. "Nunca nos han rechazado una reunión. Nos atienden siempre".
Sin embargo, esa disposición al diálogo no se ha traducido, a su juicio, en soluciones capaces de aliviar un problema que se agrava verano tras verano. "A lo mejor no tienen los medios necesarios", admite, antes de explicar que la manifestación celebrada hace unos días nació precisamente de esa sensación de que el tiempo pasa y la situación permanece prácticamente igual.
La marcha fue pacífica, según relatan. Participaron numerosos vecinos, muchos de ellos personas mayores que residen durante largas temporadas en la urbanización. No hubo enfrentamientos ni consignas contra nadie. El mensaje era mucho más concreto: ordenar el tráfico, mejorar la limpieza y garantizar que la zona sea segura.
"El día que ocurra una emergencia..."
Manuel Lázaro lleva años viviendo esa realidad desde dentro. No necesita grandes discursos para resumir el problema: "La principal preocupación es la seguridad". Mientras recorre una de las calles de acceso, señala la cantidad de vehículos estacionados a ambos lados y plantea la pregunta que más inquieta a los residentes. "Si aquí ocurre cualquier cosa, ¿cómo entra una ambulancia? ¿Cómo entra un camión de bomberos?".
La limpieza aparece inmediatamente después en su lista de preocupaciones. Entre semana la imagen resulta relativamente tranquila, es un día laborable y todavía queda espacio para caminar. Pero invita a volver un viernes o un sábado por la noche. "Entonces da vergüenza", asegura. Habla de montones de basura, botellas, vasos abandonados y restos que permanecen en la calle hasta que llega el servicio de recogida.
Durante el paseo resulta fácil entender parte del problema. Papeleras hay, pero pocas para el volumen de personas que se concentra en la zona. A partir del mediodía, muchas empiezan a rebosar. Las bolsas se acumulan alrededor porque ya no queda espacio dentro. Los residuos proceden tanto de la playa como de los propios establecimientos cercanos y permanecerán allí hasta la mañana siguiente, cuando vuelva a pasar el camión de recogida.
Los vecinos señalan también otro foco de molestias. "Cuando termina la noche te encuentras botellas, vasos y gente que ha hecho sus necesidades donde ha podido", explica Elizabeth. Durante el recorrido todavía quedan algunos restos que evidencian esa actividad nocturna.
Manuel distingue, eso sí, entre los distintos perfiles de visitantes. Asegura que buena parte de los restaurantes atraen a familias o personas que acuden a comer y marcharse después. La situación cambia, según relata, cuando cierran esos negocios y comienza el ambiente de copas en determinados locales: "No me molesta el ruido". Lo que critica, eso sí, es lo que llega después. "A las cuatro o cinco de la mañana es cuando te encuentras realmente el problema".
Basura en los aparcamientos
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MANU GARCÍA
Los visitantes también detectan un problema que va más allá del verano
Las quejas de los residentes encuentran eco entre quienes llegan únicamente a pasar unos días. Loreto Martínez, que veranea en Costa Ballena y cruza hasta Las Tres Piedras para disfrutar de la playa, entiende perfectamente el malestar vecinal. "Esto se ha masificado. Han abierto muchos chiringuitos y se ha puesto de moda, pero las infraestructuras no son suficientes", resume. A su juicio, la situación termina siendo incómoda tanto para quienes viven allí como para quienes acuden de vacaciones.
Otra familia llegada desde Madrid comparte esa sensación. Han conseguido aparcar porque han madrugado, aunque reconocen que desconocían la magnitud del problema. Al conocer que algunos fines de semana los coches llegan a bloquear los accesos y que una ambulancia tendría dificultades para entrar, admiten que la situación "está muy mal" y consideran que hace falta una regulación que ordene el tráfico y los estacionamientos antes de que la afluencia siga creciendo.
El contrapunto de quienes llevan años veraneando en la zona
No todas las voces apuntan en la misma dirección. Juan, vecino de Utrera que pasa largas temporadas con su caravana junto a la playa desde hace más de una década, cree que parte de las críticas no reflejan toda la realidad. Defiende que los contenedores se vacían cada madrugada y que el verdadero problema es la enorme cantidad de personas que llegan cada día. "A las seis de la mañana están vacíos; a las cuatro de la tarde vuelven a estar llenos", explica mientras señala uno de ellos.
Tampoco comparte la preocupación de los vecinos sobre un posible colapso en caso de emergencia. Está convencido de que quienes permanecen con caravanas retirarían sus vehículos si fuera necesario y rechaza que este tipo de turismo sea responsable de los problemas de circulación. "Siempre se culpa a las caravanas y no es verdad", sostiene.
Juan en su caravana donde pasa el verano
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MANU GARCÍA
La respuesta del Ayuntamiento: "Trabajamos en conjunto"
El alcalde de Chipiona, Luis Mario Aparcero, sostiene que el Ayuntamiento lleva seis años trabajando junto a las asociaciones vecinales de los sectores 1, 2 y 3 para mejorar una zona que, recuerda, arrastra importantes problemas urbanísticos desde hace décadas. En ese tiempo, asegura, se han asfaltado varios caminos de acceso, se han mejorado las comunicaciones y se negocia con propietarios la creación de nuevas bolsas de aparcamiento, además de reforzar la limpieza, instalar más contenedores y poner en marcha una línea de autobús urbano hasta Las Tres Piedras.
El regidor admite, no obstante, que la elevada afluencia de visitantes desborda la capacidad actual de la zona en determinados momentos del verano. "Aquí hay un problema: viene tanta gente que los fines de semana, durante unas horas del día, es imposible entrar, salir o circular", reconoce. A esa presión, añade, se suma la presencia de aparcamientos improvisados en una vía pecuaria, la actuación de gorrillas y la falta de efectivos suficientes para mantener un control permanente deltráfico.
Aparcero insiste en que muchas de las soluciones estructurales pasan por desarrollar un plan especial que permita dotar al entorno de nuevas infraestructuras y servicios, una actuación que, según explica, requiere también la implicación de los propietarios. "Entiendo a los vecinos", afirma, "pero desde 2019 estamos trabajando con ellos, en contacto directo, para mejorar esta zona poco a poco".
Una playa que creció más rápido que sus servicios
Las Tres Piedras sigue llenándose conforme avanza la tarde. Las terrazas mantienen el trasiego constante de clientes y la playa continúa recibiendo bañistas mientras los coches buscan un hueco donde ya apenas queda espacio. La imagen confirma el éxito de un enclave que cada verano gana visitantes.
Precisamente ese éxito es el origen de la protesta vecinal. La asociación insiste en que no pretende cuestionar la actividad de los negociosni el turismo que llega a esta parte del litoral. Lo que reclama es que las infraestructuras evolucionen al mismo ritmo que lo ha hecho la playa. El Ayuntamiento, por su parte, asegura que mantiene refuerzos de limpieza y trabaja en proyectos para mejorar los accesos y ordenar los aparcamientos, aunque esas actuaciones no tendrán efectos inmediatos.
Mientras tanto, el verano continúa al mismo ritmo. Entrar y salir de Las Tres Piedras sigue siendo, en determinados momentos del día, una prueba de paciencia. Y eso es precisamente lo que los vecinos quieren evitar antes de que un atasco deje de ser una simple molestia para convertirse en un problema mucho más serio.
Entrar en Las Tres Piedras de Chipiona en pleno verano es el primer aviso de lo que espera unos metros más adelante. El asfalto desaparece para dar paso a un camino de tierra, arena y piedras donde los coches avanzan despacio mientras buscan un hueco imposible. A ambos lados empiezan a acumularse vehículos aparcados como buenamente pueden. Algunos dejan libre el paso y otros obligan a maniobrar. Nadie parece extrañado porque ya es una escena habitual cuando el sol aprieta y la playa se llena.
Un poco más adelante, los chiringuitos y locales de ocio están completos. Las terrazas apenas tienen mesas libres y la música se mezcla con el ir y venir constante de familias cargadas con sombrillas, neveras y carros de playa. La imagen transmite éxito turístico. También la sensación de que el lugar ha crecido más deprisa que los servicios que lo sostienen.
Ese contraste es precisamente el que ha llevado a más de 600 propietarios del Sector 1 de Las Tres Piedras a salir a la calle para pedir soluciones. No protestan contra los bares, ni contra los turistas, ni contra el ambiente que cada verano llena esta parte de la costa chipionera. Protestan porque, aseguran, la playa ha cambiado y las infraestructuras siguen siendo prácticamente las mismas que hace años.
Elizabeth González, secretaria de la Asociación de Vecinos del Sector 1, con un atasco de coches detrás de ella.
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MANU GARCÍA
"No estamos en contra de que venga la gente"
Elizabeth González, secretaria de la Asociación de Vecinos del Sector 1, insiste en aclararlo desde el principio. No quiere que el mensaje se interprete como un rechazo al turismo. Al contrario. "Estamos completamente a favor de la zona de ocio, de la playa y de que venga la gente. Nosotros mismos hacemos uso de esos negocios", explica a lavozdelsur.es.
Su preocupación va por otro camino. Mientras señala la estrecha vía por la que circulan coches en ambos sentidos y peatones que regresan de la playa, resume el problema con una frase sencilla: "La zona ha crecido desmesuradamente, pero las infraestructuras y los servicios no han crecido a la misma velocidad".
La consecuencia se aprecia durante todo el recorrido. No hay bolsas de aparcamiento suficientes para absorber la cantidad de vehículos que llegan cada día. Los coches terminan ocupando los márgenes de la calzada y, conforme avanza la tarde, la circulación se convierte en una sucesión de frenazos, maniobras y esperas interminables.
Los propios vecinos cuentan situaciones que hace unos años parecían impensables. Uno de ellos relata que unos amigos tardaron cerca de una hora en recorrer poco más de un kilómetro después de salir de uno de los establecimientos de la zona. No fue un hecho aislado. Los atascos se repiten prácticamente cada fin de semana.
Elizabeth conoce bien esa realidad. "Hay visitantes que para salir de aquí se tiran una hora o dos parados con el coche", explica. El problema, insiste, no es únicamente la incomodidad de quien viene a pasar el día. Lo que realmente preocupa es qué ocurriría si en ese momento fuera necesaria una ambulancia o un camión de bomberos. "Los coches terminan impidiendo que entren los servicios de emergencia o que cualquier vecino pueda salir de su casa si tiene una urgencia", resume.
Un furgón de reparto maniobra entre dos coches mal aparcados para poder acceder.
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MANU GARCÍA
El miedo no es el atasco, sino el día que pase algo
Ese temor aparece una y otra vez en las conversaciones con los residentes. No hablan de una situación hipotética porque sí. Hablan de una posibilidad que consideran cada vez más cercana conforme aumenta la afluencia de visitantes.
"Nos da miedo que aquí un día pase algo", reconoce la representante vecinal. La frase llega después de explicar que llevan seis años trasladando las mismas demandas al Ayuntamiento. Reuniones, escritos, llamadas... La comunicación con el Consistorio, asegura, siempre ha sido buena. "Nunca nos han rechazado una reunión. Nos atienden siempre".
Sin embargo, esa disposición al diálogo no se ha traducido, a su juicio, en soluciones capaces de aliviar un problema que se agrava verano tras verano. "A lo mejor no tienen los medios necesarios", admite, antes de explicar que la manifestación celebrada hace unos días nació precisamente de esa sensación de que el tiempo pasa y la situación permanece prácticamente igual.
La marcha fue pacífica, según relatan. Participaron numerosos vecinos, muchos de ellos personas mayores que residen durante largas temporadas en la urbanización. No hubo enfrentamientos ni consignas contra nadie. El mensaje era mucho más concreto: ordenar el tráfico, mejorar la limpieza y garantizar que la zona sea segura.
"El día que ocurra una emergencia..."
Manuel Lázaro lleva años viviendo esa realidad desde dentro. No necesita grandes discursos para resumir el problema: "La principal preocupación es la seguridad". Mientras recorre una de las calles de acceso, señala la cantidad de vehículos estacionados a ambos lados y plantea la pregunta que más inquieta a los residentes. "Si aquí ocurre cualquier cosa, ¿cómo entra una ambulancia? ¿Cómo entra un camión de bomberos?".
La limpieza aparece inmediatamente después en su lista de preocupaciones. Entre semana la imagen resulta relativamente tranquila, es un día laborable y todavía queda espacio para caminar. Pero invita a volver un viernes o un sábado por la noche. "Entonces da vergüenza", asegura. Habla de montones de basura, botellas, vasos abandonados y restos que permanecen en la calle hasta que llega el servicio de recogida.
Durante el paseo resulta fácil entender parte del problema. Papeleras hay, pero pocas para el volumen de personas que se concentra en la zona. A partir del mediodía, muchas empiezan a rebosar. Las bolsas se acumulan alrededor porque ya no queda espacio dentro. Los residuos proceden tanto de la playa como de los propios establecimientos cercanos y permanecerán allí hasta la mañana siguiente, cuando vuelva a pasar el camión de recogida.
Los vecinos señalan también otro foco de molestias. "Cuando termina la noche te encuentras botellas, vasos y gente que ha hecho sus necesidades donde ha podido", explica Elizabeth. Durante el recorrido todavía quedan algunos restos que evidencian esa actividad nocturna.
Manuel distingue, eso sí, entre los distintos perfiles de visitantes. Asegura que buena parte de los restaurantes atraen a familias o personas que acuden a comer y marcharse después. La situación cambia, según relata, cuando cierran esos negocios y comienza el ambiente de copas en determinados locales: "No me molesta el ruido". Lo que critica, eso sí, es lo que llega después. "A las cuatro o cinco de la mañana es cuando te encuentras realmente el problema".
Basura en los aparcamientos
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MANU GARCÍA
Los visitantes también detectan un problema que va más allá del verano
Las quejas de los residentes encuentran eco entre quienes llegan únicamente a pasar unos días. Loreto Martínez, que veranea en Costa Ballena y cruza hasta Las Tres Piedras para disfrutar de la playa, entiende perfectamente el malestar vecinal. "Esto se ha masificado. Han abierto muchos chiringuitos y se ha puesto de moda, pero las infraestructuras no son suficientes", resume. A su juicio, la situación termina siendo incómoda tanto para quienes viven allí como para quienes acuden de vacaciones.
Otra familia llegada desde Madrid comparte esa sensación. Han conseguido aparcar porque han madrugado, aunque reconocen que desconocían la magnitud del problema. Al conocer que algunos fines de semana los coches llegan a bloquear los accesos y que una ambulancia tendría dificultades para entrar, admiten que la situación "está muy mal" y consideran que hace falta una regulación que ordene el tráfico y los estacionamientos antes de que la afluencia siga creciendo.
El contrapunto de quienes llevan años veraneando en la zona
No todas las voces apuntan en la misma dirección. Juan, vecino de Utrera que pasa largas temporadas con su caravana junto a la playa desde hace más de una década, cree que parte de las críticas no reflejan toda la realidad. Defiende que los contenedores se vacían cada madrugada y que el verdadero problema es la enorme cantidad de personas que llegan cada día. "A las seis de la mañana están vacíos; a las cuatro de la tarde vuelven a estar llenos", explica mientras señala uno de ellos.
Tampoco comparte la preocupación de los vecinos sobre un posible colapso en caso de emergencia. Está convencido de que quienes permanecen con caravanas retirarían sus vehículos si fuera necesario y rechaza que este tipo de turismo sea responsable de los problemas de circulación. "Siempre se culpa a las caravanas y no es verdad", sostiene.
Juan en su caravana donde pasa el verano
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MANU GARCÍA
La respuesta del Ayuntamiento: "Trabajamos en conjunto"
El alcalde de Chipiona, Luis Mario Aparcero, sostiene que el Ayuntamiento lleva seis años trabajando junto a las asociaciones vecinales de los sectores 1, 2 y 3 para mejorar una zona que, recuerda, arrastra importantes problemas urbanísticos desde hace décadas. En ese tiempo, asegura, se han asfaltado varios caminos de acceso, se han mejorado las comunicaciones y se negocia con propietarios la creación de nuevas bolsas de aparcamiento, además de reforzar la limpieza, instalar más contenedores y poner en marcha una línea de autobús urbano hasta Las Tres Piedras.
El regidor admite, no obstante, que la elevada afluencia de visitantes desborda la capacidad actual de la zona en determinados momentos del verano. "Aquí hay un problema: viene tanta gente que los fines de semana, durante unas horas del día, es imposible entrar, salir o circular", reconoce. A esa presión, añade, se suma la presencia de aparcamientos improvisados en una vía pecuaria, la actuación de gorrillas y la falta de efectivos suficientes para mantener un control permanente deltráfico.
Aparcero insiste en que muchas de las soluciones estructurales pasan por desarrollar un plan especial que permita dotar al entorno de nuevas infraestructuras y servicios, una actuación que, según explica, requiere también la implicación de los propietarios. "Entiendo a los vecinos", afirma, "pero desde 2019 estamos trabajando con ellos, en contacto directo, para mejorar esta zona poco a poco".
Una playa que creció más rápido que sus servicios
Las Tres Piedras sigue llenándose conforme avanza la tarde. Las terrazas mantienen el trasiego constante de clientes y la playa continúa recibiendo bañistas mientras los coches buscan un hueco donde ya apenas queda espacio. La imagen confirma el éxito de un enclave que cada verano gana visitantes.
Precisamente ese éxito es el origen de la protesta vecinal. La asociación insiste en que no pretende cuestionar la actividad de los negociosni el turismo que llega a esta parte del litoral. Lo que reclama es que las infraestructuras evolucionen al mismo ritmo que lo ha hecho la playa. El Ayuntamiento, por su parte, asegura que mantiene refuerzos de limpieza y trabaja en proyectos para mejorar los accesos y ordenar los aparcamientos, aunque esas actuaciones no tendrán efectos inmediatos.
Mientras tanto, el verano continúa al mismo ritmo. Entrar y salir de Las Tres Piedras sigue siendo, en determinados momentos del día, una prueba de paciencia. Y eso es precisamente lo que los vecinos quieren evitar antes de que un atasco deje de ser una simple molestia para convertirse en un problema mucho más serio.
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