Pensar en el espacio de enseñanza es crucial en el objetivo de tener una sociedad mejor.
La biblioteca de mi colegio Aljarafe estaba en un vagón de tren, para el necesitado de lectura e imaginación ilimitada. Mi abuelo Luis era ferroviario, quizás el tener un aula en otro vagón aledaño, me hacía volar a disfrutar de clases. Pero a mis compañeros les pasaba igual.
Existen excursiones náuticas por el mundo donde ponen en valor la visión directa de la vida acuática, a través de unos cristales en el casco del barco. Un educador ambiental explica lo que vemos, responde las preguntas de todas las edades y créanme que las más ingeniosas son las de los pequeños, sin filtros.
El estuario del Guadalquivir es uno de los más grandes y desconocidos por su población ribereña y visitantes, a pesar de la singularidad que tiene. Ni estrictamente es mar ni es rio, sino ricas aguas de transición, aunque su deslinde legal de DPMT (Dominio Público Marítimo Terrestre), por las mareas, se haya impuesto.
Una ILP (Iniciativa Legislativa Popular) para la creación de una figura legal autónoma como la aprobada al Mar Menor, se hace necesaria para su protección y reversión ante las agresiones que sufre en la actualidad, excesos acumulados del pasado y peligros ante el futuro que en nada le benefician.
La alimentación mediterránea incluyendo a la pesca única del Golfo de Cádiz, nos dota de una calidad de vida, al tener uno de los mayores consumos mundiales de pescado por habitante al año, igualándonos a Japón. Una asignatura necesaria.
“Sólo se valora lo que se conoce”. Se hace obligado un aula flotante en el estuario de nuestro Gran Río, para que clases de todos los colegios se embarquen con la Giralda al fondo y la cornisa del Aljarafe de vigía, sumergiendo sus miradas donde los adultos no quieren ver valores y biodiversidad. Es cuestión de pararse, observar, sentir la corriente y la marea, otra manera de disfrutar frente a la velocidad, incluidas motos de agua.
Pensar en el espacio de enseñanza es crucial en el objetivo de tener una sociedad mejor.
La biblioteca de mi colegio Aljarafe estaba en un vagón de tren, para el necesitado de lectura e imaginación ilimitada. Mi abuelo Luis era ferroviario, quizás el tener un aula en otro vagón aledaño, me hacía volar a disfrutar de clases. Pero a mis compañeros les pasaba igual.
Existen excursiones náuticas por el mundo donde ponen en valor la visión directa de la vida acuática, a través de unos cristales en el casco del barco. Un educador ambiental explica lo que vemos, responde las preguntas de todas las edades y créanme que las más ingeniosas son las de los pequeños, sin filtros.
El estuario del Guadalquivir es uno de los más grandes y desconocidos por su población ribereña y visitantes, a pesar de la singularidad que tiene. Ni estrictamente es mar ni es rio, sino ricas aguas de transición, aunque su deslinde legal de DPMT (Dominio Público Marítimo Terrestre), por las mareas, se haya impuesto.
Una ILP (Iniciativa Legislativa Popular) para la creación de una figura legal autónoma como la aprobada al Mar Menor, se hace necesaria para su protección y reversión ante las agresiones que sufre en la actualidad, excesos acumulados del pasado y peligros ante el futuro que en nada le benefician.
La alimentación mediterránea incluyendo a la pesca única del Golfo de Cádiz, nos dota de una calidad de vida, al tener uno de los mayores consumos mundiales de pescado por habitante al año, igualándonos a Japón. Una asignatura necesaria.
“Sólo se valora lo que se conoce”. Se hace obligado un aula flotante en el estuario de nuestro Gran Río, para que clases de todos los colegios se embarquen con la Giralda al fondo y la cornisa del Aljarafe de vigía, sumergiendo sus miradas donde los adultos no quieren ver valores y biodiversidad. Es cuestión de pararse, observar, sentir la corriente y la marea, otra manera de disfrutar frente a la velocidad, incluidas motos de agua.
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