Jerez

“El patrimonio bodeguero tiene que dejar de ser un problema para empezar a ser una oportunidad”

El arquitecto e investigador José Manuel Aladro Prieto apuesta por reutilizar las estructuras bodegueras de Jerez asociándolas al turismo y a la regeneración identitaria de la ciudad

Para el investigador y arquitecto José Manuel Aladro Prieto la transformación urbanística que vivió Jerez en el siglo XIX fue de tal magnitud e intensidad que carece de precedentes. Para estudiar el fenómeno, que desarrolló en su tesis doctoral, La construcción de la “Ciudad Bodega” arquitectura del vino y transformación urbana en Jerez de la Frontera en el Siglo XIX, es necesario comprender el complejo proceso que se dio en la ciudad y que englobó a todo tipo de agentes y factores. El jerezano, que se doctoró y es profesor en la Universidad de Sevilla, lo define como ciudad bodega: un ente urbano, económico y social en la que tiene lugar “un proceso extraordinario en el contexto español”. Extraordinario por atípico y por singular. Una serie de transformaciones en las que participan los propios industriales vinateros, un elemento diferenciador en el que la urbanística institucional de los grandes modelos resulta sustituida por un agente cuya actividad “oscurece e incluso parece sustituir a la política urbanística”

Dos siglos después de ese vuelco urbanístico que tuvo lugar en Jerez, la ciudad camina sin rumbo fijo y con grandes problemas estructurales. Con el turismo como punta de lanza y con un centro histórico deshabitado y denostado desde el punto de vista patrimonial, la ciudad está en un momento clave para decidir su futuro. Un futuro que como su pasado y su presente está directamente relacionado con su dimensión urbanística y su patrimonio bodeguero.

Manuel Romero Bejarano, que ha estudiado con detalle el patrimonio religioso de la ciudad, ha recordado que a Jerez se la llamaba ciudad convento. Usted, en su tesis doctoral y en sus investigaciones, habla de ciudad bodega. Es el tránsito de la modernidad a la contemporaneidad en la ciudad. ¿Hacia qué ciudad camina Jerez en pleno siglo XXI? 

Lo que tiene que hacer Jerez fundamentalmente es definir que es lo que quiere ser. Jerez todavía está en el proceso de desmantelamiento de la ciudad bodega, ya que todavía hay parte con la que no se sabe qué hacer. Hay que terminar que definir qué queremos que sea la ciudad pero probablemente se convertirá, como todas las ciudad históricas, en una ciudad donde lo que pese sea el turismo y el ocio.

José Manuel Aladro Prieto durante la entrevista con lavozdelsur.es en el Residencial Valdespino. FOTO: MANU GARCÍA.

En Jerez hay bodegas desde época andalusí…

Una de las cosas que en los últimos años se ha aclarado, es que hay bodegas desde prácticamente la fundación de Jerez. Hay bodegas en época islámica, las hay en época medieval y en época moderna, a partir del siglo XVI, sabemos que además de haber bodegas hay bodegas grandes. ¿Qué es lo que sucede en el siglo XVIII? Que lo que era un negocio artesanal se transforma en una industria, y los modelos artesanales se transforman en modelos industriales, como sucede en otros sectores y en otros sitios en esta época. Pero el tipo arquitectónico es básicamente el mismo.

Como cita en uno de sus trabajos, el hispanista Richard Ford las comparó con los grandes tinglados navales de los astilleros ingleses, mientras que otros la comparan con catedrales. La bodega catedral…

Ford dice por un lado que las bodegas de Jerez no son bodegas, sino que son edificios que parecen naves de astilleros y en otro momento dicen que son como grandes templos. Es posible que de ahí venga la denominación de catedrales. Se entiende perfectamente que cuando entras en el espacio de una bodega percibes la altura, la luz, la densidad, el silencio…y todas cosas rememoran el espacio religioso pero al mismo tiempo parece que decimos bodegas catedrales como si fueran más importantes o hermosas por parecer catedrales. Las bodegas son importantes por sí mismas.

¿Es singular del Marco de Jerez esta tipología bodeguera?

Es propia del Marco pero al mismo tiempo forma parte de la tradición de la arquitectura rural tradicional andaluza. Se puede ver en muchos campos andaluces graneros o estancias de bueyes que parecen una bodega, y por eso forman parte de esa gran familia arquitectónica andaluza. Como bodega sí es casi un modelo exclusivamente nuestro que desde que aquí se ha exportado.

Tenemos numerosos casos en la ciudad en la que se han conservado cascos bodegueros para otros usos. Hace poco, sin embargo, una anexa al Consejo Regulador fue destruida pese a una oposición social que venía desde algunos colectivos patrimonialistas. El delegado de Urbanismo dijo que no podía hacer nada y se construyó un edificio de viviendas en la calle Paúl. 

Claro. En el caso de la bodega de la calle Paúl, por ejemplo, no estaba protegida por el Plan General. El propietario tenía todos los derechos de hacer lo que quiera, independientemnte de que nos parezca bien o mal. Cuando se hizo el Plan General se aprobó así y confiere unos derechos absolutos. ¿Por qué esa bodega ha caído y otras no? Porque está fuera del conjunto histórico. Al estar fuera ha desaparecido, y me parece una auténtica lástima.

No todas las bodegas se han podido proteger…

Hay que ser consciente de que Jerez tenía un auténtico problema con las bodegas a nivel urbanístico. Desde el punto de vista industrial, las bodegas se habían quedado obsoletas y se estaban quedando vacías. No se podían mantener y hubo que hacer un trabajo de selección. Probablemente en ese trabajo podríamos estar de acuerdo o no en lo que se hizo. ¿Se podría haber protegido todo? Yo no lo sé. Hay que ser conscientes de que la ciudad revisar una situación que era insostenible aunque yo desde el punto de personal no hubiera derribado ninguna.

Aladro Prieto, investigador de la arquitectura bodeguera de Jerez, durante el encuentro con lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA.

Porque siempre es posible reconvertirlas en otro tipo de espacios.

Transformar el patrimonio bodeguero es la gran oportunidad no solo de regeneración del conjunto histórico sino regeneración identitaria de la ciudad. Jerez debe apostar por el patrimonio bodeguero como un elemento de su singularidad. Hemos destruido mucho, sobre todo cosas singulares, parece que ese tiempo ya pasó y debemos ser capaces de explotarlo en el buen sentido de la palabra. En todas las ciudades hay iglesias, hay palacios, hay plazas, Jerez es una ciudad muy atractiva pero además tiene las bodegas. Es necesario asumir esa potencialidad y utilizarla, sin miedo a la reutilización. Si no se hubieran reutilizado los conventos, no tendríamos conventos

En los años 60, durante la alcaldía de Miguel Primo de Rivera, que ha fallecido recientemente, se emprenden una serie de transformaciones urbanísticas muy relevantes en la ciudad. En una conferencia explicó la creación de un espacio para concentrar a todas las bodegas en la zona oeste de Jerez. 

El Plan General que se aprueba a finales de los años 60 se hace en un momento de extraordinario crecimiento bodeguero, tanto del vino como del brandy, que a veces se nos olvida. Es un momento en el que las empresas están teniendo profundas transformaciones, tanto desde el punto de vista tecnológico como de instalaciones y de organigramas, pasando de ser familiares a empresariales. En la memoria de ese Plan General se recoge unos parámetros de crecimiento del sector de bodeguero espectaculares, e iban a hacer falta muchísimos miles de metros cuadrados para esas instalaciones.

En aquel entonces la ciudad respiraba de otra forma…

Es cuando se decide que toda la margen izquierda de la antigua circunvalación, desde Hipercor a la carretera de El Puerto, fuera reservado para polígonos bodegueros. Y lo más interesante es que el propio plan recogía que fuera un polígono bodeguero con suficientes connotaciones estéticas como para convertirse en un atractivo turístico. El Plan General de 1969 ya habla de enoturismo, eso que está tan de moda hoy.

Y sin embargo se sigue hablando de potenciarlo medio siglo después.

Aquella memoria lo menciona además desde un punto de vista peculiar, con coches de caballos y tal (ríe). Es muy divertido.

Lo que no pensarían en aquel momento es que las bodegas del centro se irían abandonando pocos años después.

Una de las consecuencias fue esa. Si el negocio cae, sobran metros cuadrados y se cierran empresas. Entonces, hay que elegir. Habíaa unas instalaciones más grandes, más efectivas. Meter un camión por el centro histórico es complicado.

La ciudad ha sufrido unas consecuencias notorias desde la crisis del vino y la reconversión en los años 80. El turismo se ve como la única salida. ¿Se está Jerez reinventando? ¿Es el patrimonio bodeguero un valor añadido?

Creo que el patrimonio bodeguero es un valor añadido de la ciudad a todo. El patrimonio bodeguero tiene que dejar de ser un problema para que empecemos a valorarlo como nuestra oportunidad. Tenemos una arquitectura bodeguera insertada en casi cualquier parte de la ciudad que es útil para cualquier cosa, con suficiente flexibilidad como para ser un museo, un aparcamiento, como en la zona de la plaza San Andrés, como guarderías, y viviendas. ¿No es mucho más interesante que un supermercado esté dentro de una arquitectura tradicional como una bodega? Es mucho más bella. Incluso ahora que hablamos tanto de apartamentos turísticos, ¿no podría convertirse en un sello de los apartamentos turísticos que estén dentro de bodegas o que estén relacionados con las bodegas? Ahora están muy de moda los loft neoyorquinos.

José Manuel Aladro Prieto, posa para lavozdelsur.es en un casco de bodega reutilizado. FOTO: MANU GARCÍA.

Ya hay algunos en la ciudad.

En Airbnb se ofrecen loft en bodegas y viviendas en bodegas que están en venta y sorprenden lo chulas que son algunas. Tenemos que considerar que es una oportunidad, no un problema para la ciudad. ¿Se imaginan ya una peña flamenca que no esté dentro de una bodega? Son conceptos e imágenes que tenemos ya asociados. Y una zambomba dentro de una bodega es más zambomba.

Dentro del recinto amurallado de la ciudad no viven ni siquiera 5.000 personas. La Asociación de Vecinos del Centro Histórico ha organizado las manifestaciones de Salvemos Centro Histórico y otro tipo de iniciativas porque entienden que la única forma de revitalizar intramuros es mediante la repoblación. Sin embargo, son los pisos turísticos los que van ganando peso. ¿Cómo ve la situación?

Soy vecino del centro e intramuros está en una situación preocupante. Sin embargo, en los últimos años se reconocen síntomas de esperanza. El hecho de haber metido parte de la Navidad en la plaza Belén ha sido un éxito. Sorprendía ver a jerezanos con el Google Maps buscando plaza Belén.

O plaza de la Bola…

(Ríe). Pero ha sido un éxito. Que los jerezanos vuelvan al centro, vuelvan a conocer intramuros va ligado a incentivar de alguna manera la promoción pública y privada de viviendas en la ciudad. Y en eso los apartamentos turísticos, demonizados en otros sitios, están echando una mano. Jerez está en el momento de ver cómo regularizar que los apartamentos turísticos no dejen de ser un amigo para ser un problema. Mi calle ya tiene tres apartamentos turísticos, si no estuvieran serían tres viviendas vacías.

 

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