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Moraíto Chico, 15 años después: la guitarra que sigue marcando el compás eterno de Jerez

El legado de Manuel Moreno Junquera 'Moraíto Chico' continúa vivo quince años después de su fallecimiento en una ciudad que convirtió su toque en parte inseparable de su identidad flamenca

  • Moraíto Chico en una imagen de archivo durante el Festival de Jerez -

El día 10 de agosto de 2011 el mundo del flamenco en general — y el de Jerez en particular— despedía a un artista cuya forma de entender la guitarra transformó para siempre el acompañamiento al cante y consolidó un estilo propio: Manuel Moreno Junquera Moraíto Chico. Y una década y media después, su legado continúa siendo referencia imprescindible dentro y fuera del mundo de lo más y lo menos jondo.

Hoy se cumplen quince años de aquel día en que se marchó para siempre uno de los guitarristas más influyentes de la historia del flamenco, que nunca buscó el protagonismo, pero gracias a su singular forma de tocar la guitarra terminó ocupando un lugar privilegiado en la memoria colectiva del género jondo.

Resulta difícil explicar el flamenco contemporáneo sin detenerse en la figura de Moraíto Chico. Su legado permanece más vivo que nunca y no son pocos los que siguen su estela de convertir el compás, la sobriedad y el soniquete en un lenguaje universal. Si bien él era el guitarrista al que acudían los grandes cantaores porque sabía escuchar antes de tocar y porque entendía que la guitarra debía sostener, impulsar y engrandecer el cante sin eclipsarlo.

Un día como hoy, huelga decir que nació en Jerez de la Frontera el 13 de septiembre de 1956, aunque nunca está de más en recordarlo, o que llegó al mundo dentro de una de las sagas flamencas más importantes de Andalucía. Hijo del guitarrista Juan Morao y sobrino de Manuel Morao, creció en el barrio de Santiago, donde el flamenco formaba parte de la vida cotidiana mucho antes de convertirse en patrimonio cultural.

Y aquellas reuniones familiares, los cantes improvisados y las guitarras siempre presentes, además de su singular simpatía y bonhomía, marcaron el carácter de un niño que aprendería el oficio de manera completamente natural.

  • Inolvidable `Moraíto`, antes de un concierto en una imagen de RTVE.
  • -

Él mismo reconocía en entrevistas que su formación nunca pasó por un conservatorio. Aprendió escuchando, observando y acompañando a quienes le rodeaban. La tradición oral, el contacto directo con los maestros y la convivencia diaria con el flamenco moldearon un estilo que acabaría definiendo toda una escuela.

Y entre sus referentes figuraban nombres como Parrilla de Jerez, Paco Cepero, su padre o su tío, pero con el tiempo desarrolló una personalidad artística absolutamente reconocible.

La revolución silenciosa del toque de Jerez

Su debut llegó siendo apenas un niño. Con once años participó en un festival organizado por su tío Manuel Morao en la plaza de toros de Jerez, compartiendo escenario con jóvenes artistas que también acabarían escribiendo páginas fundamentales del flamenco, como José Mercé o Juan Villar. Un año después recibiría como premio una guitarra donada por Manolo Sanlúcar, una imagen que con el paso del tiempo adquiriría un enorme valor simbólico.

El verdadero impulso profesional apareció cuando La Paquera de Jerez necesitó sustituir temporalmente a Parrilla de Jerez durante una gira. Aquella oportunidad cambió definitivamente el rumbo de su carrera. Desde entonces comenzó un recorrido profesional que lo llevaría a convertirse en uno de los guitarristas más solicitados del flamenco.

Su nombre quedó unido para siempre al de figuras esenciales como José Mercé, Camarón de la Isla, La Paquera de Jerez, Manuel Agujetas, Juan Moneo “El Torta”, Capullo de Jerez, Niña Pastori, Vicente Soto “Sordera”, Diego Carrasco o Luis de la Pica. Con muchos de ellos estableció relaciones artísticas que trascendían el escenario y se convertían en auténticos diálogos musicales donde la guitarra parecía anticipar cada respiración del cantaor.

Pero si hubo algo que distinguió a Moraíto fue su manera de entender el acompañamiento. Mientras otros guitarristas buscaban el lucimiento técnico, él construía espacios para que el cante respirara. Su poderoso pulgar, sus inconfundibles rasgueos, la profundidad de su sonido y, sobre todo, un sentido del compás prácticamente infalible terminó configurando una forma de tocar que hoy sigue siendo objeto de estudio entre guitarristas de todo el mundo.

Una guitarra que cambió la historia del flamenco

Aunque su prestigio se cimentó sobre el acompañamiento, también dejó una huella imborrable como compositor e intérprete. Sus discos “Morao y Oro”, publicado en 1992, y “Morao, Morao”, editado en 1999, forman parte de la discografía imprescindible de la guitarra flamenca contemporánea. En ellos trasladó al formato de concierto la misma naturalidad, elegancia y compás que había desarrollado junto a los grandes cantaores.

Su influencia fue mucho más allá de sus propias grabaciones. Participó en decenas de discos fundamentales del flamenco moderno e incluso colaboró con artistas de otros géneros, demostrando que el lenguaje nacido en Jerez podía dialogar con múltiples universos musicales sin perder autenticidad.

Ese reconocimiento quedó reflejado también en numerosos galardones, entre ellos los Premios Nacionales de Guitarra Flamenca de la Peña Los Cernícalos, la Copa Jerez de la Cátedra de Flamencología y, apenas un año antes de su muerte, el prestigioso Giraldillo a la Maestría de la Bienal de Flamenco de Sevilla, considerado uno de los mayores reconocimientos que puede recibir un artista flamenco.

El legado que nunca dejó de sonar

Cuando Moraíto Chico falleció el 10 de agosto de 2011, con tan solo 54 años, el flamenco perdió a uno de sus grandes referentes. La noticia provocó una profunda conmoción entre artistas, aficionados e instituciones culturales, que coincidieron en señalar que desaparecía uno de los grandes arquitectos del sonido contemporáneo de la guitarra flamenca.

Con el paso de los años, su figura no ha dejado de crecer. Jerez lo nombró Hijo Predilecto, recibió la Medalla de la Provincia de Cádiz y su nombre quedó ligado para siempre a calles, homenajes y festivales. Sin embargo, su mayor reconocimiento continúa escuchándose sobre los escenarios.

  • Moraíto chico.
  • -

Su hijo, Diego del Morao, junto a una nueva generación de guitarristas jerezanos, mantiene vivo un lenguaje musical que nació en aquellas calles del barrio de Santiago y que hoy forma parte del patrimonio sonoro del flamenco.

Quince años después de su desaparición, la guitarra de Moraíto sigue siendo mucho más que un recuerdo. Continúa marcando el compás de una ciudad, inspirando a nuevas generaciones y recordando que, en el flamenco, la verdadera grandeza no siempre se mide por el número de notas, sino por la capacidad de hacer que cada una de ellas permanezca para siempre.

El día 10 de agosto de 2011 el mundo del flamenco en general — y el de Jerez en particular— despedía a un artista cuya forma de entender la guitarra transformó para siempre el acompañamiento al cante y consolidó un estilo propio: Manuel Moreno Junquera Moraíto Chico. Y una década y media después, su legado continúa siendo referencia imprescindible dentro y fuera del mundo de lo más y lo menos jondo.

Hoy se cumplen quince años de aquel día en que se marchó para siempre uno de los guitarristas más influyentes de la historia del flamenco, que nunca buscó el protagonismo, pero gracias a su singular forma de tocar la guitarra terminó ocupando un lugar privilegiado en la memoria colectiva del género jondo.

Resulta difícil explicar el flamenco contemporáneo sin detenerse en la figura de Moraíto Chico. Su legado permanece más vivo que nunca y no son pocos los que siguen su estela de convertir el compás, la sobriedad y el soniquete en un lenguaje universal. Si bien él era el guitarrista al que acudían los grandes cantaores porque sabía escuchar antes de tocar y porque entendía que la guitarra debía sostener, impulsar y engrandecer el cante sin eclipsarlo.

Un día como hoy, huelga decir que nació en Jerez de la Frontera el 13 de septiembre de 1956, aunque nunca está de más en recordarlo, o que llegó al mundo dentro de una de las sagas flamencas más importantes de Andalucía. Hijo del guitarrista Juan Morao y sobrino de Manuel Morao, creció en el barrio de Santiago, donde el flamenco formaba parte de la vida cotidiana mucho antes de convertirse en patrimonio cultural.

Y aquellas reuniones familiares, los cantes improvisados y las guitarras siempre presentes, además de su singular simpatía y bonhomía, marcaron el carácter de un niño que aprendería el oficio de manera completamente natural.

  • Inolvidable `Moraíto`, antes de un concierto en una imagen de RTVE.
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Él mismo reconocía en entrevistas que su formación nunca pasó por un conservatorio. Aprendió escuchando, observando y acompañando a quienes le rodeaban. La tradición oral, el contacto directo con los maestros y la convivencia diaria con el flamenco moldearon un estilo que acabaría definiendo toda una escuela.

Y entre sus referentes figuraban nombres como Parrilla de Jerez, Paco Cepero, su padre o su tío, pero con el tiempo desarrolló una personalidad artística absolutamente reconocible.

La revolución silenciosa del toque de Jerez

Su debut llegó siendo apenas un niño. Con once años participó en un festival organizado por su tío Manuel Morao en la plaza de toros de Jerez, compartiendo escenario con jóvenes artistas que también acabarían escribiendo páginas fundamentales del flamenco, como José Mercé o Juan Villar. Un año después recibiría como premio una guitarra donada por Manolo Sanlúcar, una imagen que con el paso del tiempo adquiriría un enorme valor simbólico.

El verdadero impulso profesional apareció cuando La Paquera de Jerez necesitó sustituir temporalmente a Parrilla de Jerez durante una gira. Aquella oportunidad cambió definitivamente el rumbo de su carrera. Desde entonces comenzó un recorrido profesional que lo llevaría a convertirse en uno de los guitarristas más solicitados del flamenco.

Su nombre quedó unido para siempre al de figuras esenciales como José Mercé, Camarón de la Isla, La Paquera de Jerez, Manuel Agujetas, Juan Moneo “El Torta”, Capullo de Jerez, Niña Pastori, Vicente Soto “Sordera”, Diego Carrasco o Luis de la Pica. Con muchos de ellos estableció relaciones artísticas que trascendían el escenario y se convertían en auténticos diálogos musicales donde la guitarra parecía anticipar cada respiración del cantaor.

Pero si hubo algo que distinguió a Moraíto fue su manera de entender el acompañamiento. Mientras otros guitarristas buscaban el lucimiento técnico, él construía espacios para que el cante respirara. Su poderoso pulgar, sus inconfundibles rasgueos, la profundidad de su sonido y, sobre todo, un sentido del compás prácticamente infalible terminó configurando una forma de tocar que hoy sigue siendo objeto de estudio entre guitarristas de todo el mundo.

Una guitarra que cambió la historia del flamenco

Aunque su prestigio se cimentó sobre el acompañamiento, también dejó una huella imborrable como compositor e intérprete. Sus discos “Morao y Oro”, publicado en 1992, y “Morao, Morao”, editado en 1999, forman parte de la discografía imprescindible de la guitarra flamenca contemporánea. En ellos trasladó al formato de concierto la misma naturalidad, elegancia y compás que había desarrollado junto a los grandes cantaores.

Su influencia fue mucho más allá de sus propias grabaciones. Participó en decenas de discos fundamentales del flamenco moderno e incluso colaboró con artistas de otros géneros, demostrando que el lenguaje nacido en Jerez podía dialogar con múltiples universos musicales sin perder autenticidad.

Ese reconocimiento quedó reflejado también en numerosos galardones, entre ellos los Premios Nacionales de Guitarra Flamenca de la Peña Los Cernícalos, la Copa Jerez de la Cátedra de Flamencología y, apenas un año antes de su muerte, el prestigioso Giraldillo a la Maestría de la Bienal de Flamenco de Sevilla, considerado uno de los mayores reconocimientos que puede recibir un artista flamenco.

El legado que nunca dejó de sonar

Cuando Moraíto Chico falleció el 10 de agosto de 2011, con tan solo 54 años, el flamenco perdió a uno de sus grandes referentes. La noticia provocó una profunda conmoción entre artistas, aficionados e instituciones culturales, que coincidieron en señalar que desaparecía uno de los grandes arquitectos del sonido contemporáneo de la guitarra flamenca.

Con el paso de los años, su figura no ha dejado de crecer. Jerez lo nombró Hijo Predilecto, recibió la Medalla de la Provincia de Cádiz y su nombre quedó ligado para siempre a calles, homenajes y festivales. Sin embargo, su mayor reconocimiento continúa escuchándose sobre los escenarios.

  • Moraíto chico.
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Su hijo, Diego del Morao, junto a una nueva generación de guitarristas jerezanos, mantiene vivo un lenguaje musical que nació en aquellas calles del barrio de Santiago y que hoy forma parte del patrimonio sonoro del flamenco.

Quince años después de su desaparición, la guitarra de Moraíto sigue siendo mucho más que un recuerdo. Continúa marcando el compás de una ciudad, inspirando a nuevas generaciones y recordando que, en el flamenco, la verdadera grandeza no siempre se mide por el número de notas, sino por la capacidad de hacer que cada una de ellas permanezca para siempre.

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