Sanlúcar corre detrás de sus carreras: de la sombrilla al palco VIP en una tarde de caballos, apuestas y reencuentros
La localidad vuelve a convertir la playa de Las Piletas en un hipódromo efímero y reúne a familias, amigos, visitantes, empresarios y autoridades frente al Guadalquivir y Doñana
Vicky sabe que para disfrutar del conocido como mayor espectáculo de las playas del Sur hay que correr incluso más que los propios caballos. A las ocho y media de la mañana, cuenta, ya había aparcado en las inmediaciones de la playa de Las Piletas para asegurarse un sitio. Después, se fue andando a trabajar y a las tres de la tarde ya estaba pisando la arena y plantando su sombrilla.
"A la playa solo vengo para ver las carreras", cuenta. Junto a ella, familiares y amigos se sitúan en una pequeña parcela en el que no faltan sillas, sombrillas, neveras y todo lo necesario para convertir un día de playa en uno de los días grandes del verano sanluqueño.
La familia de Vicky esperando para la última carrera del día.
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MANU GARCÍA
Y es que, en Sanlúcar las carreras no empiezan cuando los caballos acceden a la playa. Como Vicky, otras miles de personas tienen claro que merece la pena madrugar. Hay familias, parejas y grupos de amigos que llevan años repitiendo el mismo ritual entre neveras, comida, cervezas, cubatas, sillas, sombrillas e incluso carpas para protegerse del sol.
Así que, mucho antes de que comience la primera carrera, se produce otra más popular: la que se vive en Las Piletas para hacerse con los mejores sitios para contemplar a los purasangre.
Leo, con sus amigos, en La Tribu, su puesto, uno de tantos en Las Piletas.
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MANU GARCÍA
Otra imagen clásica es la de los puestos de apuestas infantiles: ‘La Herradura Rosa’, ‘La Coqueta’, ‘El Galope Verdiblanco’ o el ‘Hipódromo Infantil Los Primos’ son algunos de los nombres que se divisan dando un paseo por la playa y donde los más pequeños juegan a ser corredores, apostantes y empresarios.
Leo, uno de los niños del grupo de Vicky, lleva uno de estos puestos, al que junto a unos amigos ha bautizado como ‘La Tribu’ y que está decorado al más puro estilo polinesio. Cerca de ellos, otros niños ofrecen pulseras. Han entendido pronto que alrededor de las carreras también hay negocio.
Algunos asistentes a las carreras, desde los palcos VIP.
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MANU GARCÍA
La otra sanlúcar
A pocos metros, empieza otra Sanlúcar. Igual de auténtica, pero menos popular.
Una valla separa la playa del recinto oficial de la Real Sociedad de Carreras de Caballos de Sanlúcar. Aquí el acento gaditano ya no impera tanto. Sevillanos, madrileños, catalanes, vascos e incluso canarios se dejan ver y oír.
Aquí están las gradas, los ambigús y los puestos oficiales de apuestas. Estos últimos están llenos durante buena parte de la jornada, porque, aunque aquí todo el mundo sabe que no se va a hacer rico, eso no resta las ilusiones de cada uno por acertar la victoria de su caballo favorito.
Las gradas, repletas, vistas desde la playa.
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MANU GARCÍA
Conforme se acercan las horas de inicio de las carreras las gradas se van llenando. Y los que apuran hasta última hora para acceder a ellas se arriesgan a que la seguridad privada les impida el paso cuando el aforo se completa. Y cuando pasa, llegan algunos cabreos.
Después están los palcos VIP, habilitados para disfrute de la organización y de los invitados de las empresas e instituciones patrocinadores de las carreras. Un mundo diferente dentro del mismo recinto. Más copas, más gastronomía y también más gente pendiente de quién está y quién no está.
Cayetano Martínez de Irujo posando con la revista de lavozelsur.es
Por allí se deja ver Cayetano Martínez de Irujo. También la presidenta de la Diputación de Cádiz, Almudena Martínez del Junco, presente en una jornada en la que la institución provincial patrocina una de las pruebas.
En uno de los palcos, el jerezano mago Bernabé luce con una llamativa chaqueta azul de lentejuelas. En otro palco, cortadores de jamón trabajan con precisión quirúrgica mientras el público charla, come y bebe no tan pendiente de las carreras.
Un minuto que lo cambia todo
La primera carrera comienza con catorce minutos de retraso. El coche de la Guardia Civil que encabeza al grupo de jinetes anuncia que ha llegado el momento. La gente se acerca a la red que separa la pista, los niños dejan sus pequeños puestos de apuestas, se elevan los móviles y los caballos aparecen.
Finalmente, gana el número 3, Never Ever.
Una llegada a meta muy ajustada.
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MANU GARCÍA
Después toca esperar de nuevo. Casi una hora para una segunda carrera que también comienza con un poco de retraso y en el que se produce la baja de última hora de uno de los caballos. Vence el número 2.
La tercera carrera provoca sorpresa entre muchos. Gana el número 4. "¡No me lo puedo creer!", dice una mujer. Un grupo de amigos catalanes tampoco dan crédito al resultado. "¡A seis y pico se pagaba el cuatro!". Eso sí, los que apostaron por él lo celebran entre risas: "¡Nos lo ha pagado tó!".
La jornada oficialmente arranca a las seis de la tarde y finaliza pasadas las ocho y media, pero realmente cada carrera dura poco más de un minuto. Mucho más se tarda en organizarlo todo para que nada falle.
Rafael Hidalgo, presidente de la Real Sociedad de Carreras de Caballos.
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MANU GARCÍA
Eso lo sabe bien Rafael Hidalgo, presidente de la Real Sociedad de Carreras de Caballos, que reconoce que "nunca se acostumbra uno", cuando se le pregunta por los nervios previos al inicio.
Hidalgo está "pendiente de todo. Desde que terminan las carreras de un año hasta que comienza el montaje del siguiente", dice, no sin razón. Desde luego, transformar un trozo de playa en un hipódromo efímero no es ninguna broma. Y recuerda que de aquellos grupos de amigos que se reunían hace décadas en pequeños palcos se ha pasado a una organización que hoy maneja un presupuesto de 1,3 millones de euros. Eso sí, recuerda que lo que no ha cambiado es “la esencia” de las carreras.
"Tienen éxito deportivo, social y turístico", explica Hidalgo. Y sobre todo, tiene un componente social que se entiende mirando alrededor: gente que se reencuentra después de años, sanluqueños que viven fuera y regresan, amigos que se citan cada verano y visitantes y empresarios que han convertido las Carreras en una tradición propia.
La multitud, en la zona de ocio.
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MANU GARCÍA
Sanlúcar se duplica
En los palcos también encontramos a la alcaldesa de Sanlúcar, Carmen Álvarez, que habla de una fiesta que trasciende el deporte. Las carreras han cumplido 181 años de historia y están consideradas como Fiesta de Interés Turístico Internacional, lo que a su vez la convierten en una enorme maquinaria económica.
"El montaje, el transporte, la gastronomía, los hoteles, los bares, los restaurantes y todo el sector turístico de la ciudad se benefician de las carreras", y recuerda además que en verano, la época grande de la localidad, Sanlúcar "prácticamente duplica" su población.
Una de las carreras de esta pasada primera jornada.
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MANU GARCÍA
Otra persona que conoce bien el impacto de las carreras en la ciudad es Hermenegildo Mergelina. Durante 30 años estuvo al frente de la gerencia de la Real Sociedad de Carreras de Caballos. Ahora, jubilado de esta responsabilidad, observa el espectáculo desde la barrera, pero con la tranquilidad de saber que, con José Manuel Romero, la actual gerencia "está en buenas manos".
Mergelina mira el recinto y destaca cómo cada año "mejora el control, las infraestructuras y la puesta en escena". Para él, las carreras siguen siendo "el mayor espectáculo de las playas del sur".
Y no se le puede contrariar porque, al asomarnos desde ese coqueto balcón que son los palcos, uno mira la desembocadura del Guadalquivir, con sus pequeñas embarcaciones fondeadas en su orilla y, al fondo, Doñana. Una estampa que, no por conocida deja de ser idílica.
Un par de jockeys, justo antes de salir a competir.
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MANU GARCÍA
Unos se van, otros se quedan
La última carrera está programada para las ocho y media de la tarde. Comenzará apenas siete minutos después de la hora oficial.
Para entonces la playa se disfruta, por fin, sin calor. Las sombrillas empiezan a cerrarse. Se apuran las últimas cervezas, cubatas y refrescos.
Por megafonía se anuncia el inicio del último premio, el más numeroso, con diez participantes. Durante poco más de un minuto todo vuelve a detenerse. El coche de la Guardia Civil pasa a toda velocidad y el público se agolpa.
Los caballos corren, la gente grita y los teléfonos vuelven a levantarse para grabar. Después de un día entero en la playa, conocer quién es el último ganador ya casi ni interesa.
Vicky recoge sus cosas. Los niños desmontan “La Tribu” y las familias emprenden el camino de vuelta. En los palcos, sin embargo, todavía quedará fiesta por delante.
Vicky sabe que para disfrutar del conocido como mayor espectáculo de las playas del Sur hay que correr incluso más que los propios caballos. A las ocho y media de la mañana, cuenta, ya había aparcado en las inmediaciones de la playa de Las Piletas para asegurarse un sitio. Después, se fue andando a trabajar y a las tres de la tarde ya estaba pisando la arena y plantando su sombrilla.
"A la playa solo vengo para ver las carreras", cuenta. Junto a ella, familiares y amigos se sitúan en una pequeña parcela en el que no faltan sillas, sombrillas, neveras y todo lo necesario para convertir un día de playa en uno de los días grandes del verano sanluqueño.
La familia de Vicky esperando para la última carrera del día.
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MANU GARCÍA
Y es que, en Sanlúcar las carreras no empiezan cuando los caballos acceden a la playa. Como Vicky, otras miles de personas tienen claro que merece la pena madrugar. Hay familias, parejas y grupos de amigos que llevan años repitiendo el mismo ritual entre neveras, comida, cervezas, cubatas, sillas, sombrillas e incluso carpas para protegerse del sol.
Así que, mucho antes de que comience la primera carrera, se produce otra más popular: la que se vive en Las Piletas para hacerse con los mejores sitios para contemplar a los purasangre.
Leo, con sus amigos, en La Tribu, su puesto, uno de tantos en Las Piletas.
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MANU GARCÍA
Otra imagen clásica es la de los puestos de apuestas infantiles: ‘La Herradura Rosa’, ‘La Coqueta’, ‘El Galope Verdiblanco’ o el ‘Hipódromo Infantil Los Primos’ son algunos de los nombres que se divisan dando un paseo por la playa y donde los más pequeños juegan a ser corredores, apostantes y empresarios.
Leo, uno de los niños del grupo de Vicky, lleva uno de estos puestos, al que junto a unos amigos ha bautizado como ‘La Tribu’ y que está decorado al más puro estilo polinesio. Cerca de ellos, otros niños ofrecen pulseras. Han entendido pronto que alrededor de las carreras también hay negocio.
Algunos asistentes a las carreras, desde los palcos VIP.
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MANU GARCÍA
La otra sanlúcar
A pocos metros, empieza otra Sanlúcar. Igual de auténtica, pero menos popular.
Una valla separa la playa del recinto oficial de la Real Sociedad de Carreras de Caballos de Sanlúcar. Aquí el acento gaditano ya no impera tanto. Sevillanos, madrileños, catalanes, vascos e incluso canarios se dejan ver y oír.
Aquí están las gradas, los ambigús y los puestos oficiales de apuestas. Estos últimos están llenos durante buena parte de la jornada, porque, aunque aquí todo el mundo sabe que no se va a hacer rico, eso no resta las ilusiones de cada uno por acertar la victoria de su caballo favorito.
Las gradas, repletas, vistas desde la playa.
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MANU GARCÍA
Conforme se acercan las horas de inicio de las carreras las gradas se van llenando. Y los que apuran hasta última hora para acceder a ellas se arriesgan a que la seguridad privada les impida el paso cuando el aforo se completa. Y cuando pasa, llegan algunos cabreos.
Después están los palcos VIP, habilitados para disfrute de la organización y de los invitados de las empresas e instituciones patrocinadores de las carreras. Un mundo diferente dentro del mismo recinto. Más copas, más gastronomía y también más gente pendiente de quién está y quién no está.
Cayetano Martínez de Irujo posando con la revista de lavozelsur.es
Por allí se deja ver Cayetano Martínez de Irujo. También la presidenta de la Diputación de Cádiz, Almudena Martínez del Junco, presente en una jornada en la que la institución provincial patrocina una de las pruebas.
En uno de los palcos, el jerezano mago Bernabé luce con una llamativa chaqueta azul de lentejuelas. En otro palco, cortadores de jamón trabajan con precisión quirúrgica mientras el público charla, come y bebe no tan pendiente de las carreras.
Un minuto que lo cambia todo
La primera carrera comienza con catorce minutos de retraso. El coche de la Guardia Civil que encabeza al grupo de jinetes anuncia que ha llegado el momento. La gente se acerca a la red que separa la pista, los niños dejan sus pequeños puestos de apuestas, se elevan los móviles y los caballos aparecen.
Finalmente, gana el número 3, Never Ever.
Una llegada a meta muy ajustada.
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MANU GARCÍA
Después toca esperar de nuevo. Casi una hora para una segunda carrera que también comienza con un poco de retraso y en el que se produce la baja de última hora de uno de los caballos. Vence el número 2.
La tercera carrera provoca sorpresa entre muchos. Gana el número 4. "¡No me lo puedo creer!", dice una mujer. Un grupo de amigos catalanes tampoco dan crédito al resultado. "¡A seis y pico se pagaba el cuatro!". Eso sí, los que apostaron por él lo celebran entre risas: "¡Nos lo ha pagado tó!".
La jornada oficialmente arranca a las seis de la tarde y finaliza pasadas las ocho y media, pero realmente cada carrera dura poco más de un minuto. Mucho más se tarda en organizarlo todo para que nada falle.
Rafael Hidalgo, presidente de la Real Sociedad de Carreras de Caballos.
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MANU GARCÍA
Eso lo sabe bien Rafael Hidalgo, presidente de la Real Sociedad de Carreras de Caballos, que reconoce que "nunca se acostumbra uno", cuando se le pregunta por los nervios previos al inicio.
Hidalgo está "pendiente de todo. Desde que terminan las carreras de un año hasta que comienza el montaje del siguiente", dice, no sin razón. Desde luego, transformar un trozo de playa en un hipódromo efímero no es ninguna broma. Y recuerda que de aquellos grupos de amigos que se reunían hace décadas en pequeños palcos se ha pasado a una organización que hoy maneja un presupuesto de 1,3 millones de euros. Eso sí, recuerda que lo que no ha cambiado es “la esencia” de las carreras.
"Tienen éxito deportivo, social y turístico", explica Hidalgo. Y sobre todo, tiene un componente social que se entiende mirando alrededor: gente que se reencuentra después de años, sanluqueños que viven fuera y regresan, amigos que se citan cada verano y visitantes y empresarios que han convertido las Carreras en una tradición propia.
La multitud, en la zona de ocio.
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MANU GARCÍA
Sanlúcar se duplica
En los palcos también encontramos a la alcaldesa de Sanlúcar, Carmen Álvarez, que habla de una fiesta que trasciende el deporte. Las carreras han cumplido 181 años de historia y están consideradas como Fiesta de Interés Turístico Internacional, lo que a su vez la convierten en una enorme maquinaria económica.
"El montaje, el transporte, la gastronomía, los hoteles, los bares, los restaurantes y todo el sector turístico de la ciudad se benefician de las carreras", y recuerda además que en verano, la época grande de la localidad, Sanlúcar "prácticamente duplica" su población.
Una de las carreras de esta pasada primera jornada.
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MANU GARCÍA
Otra persona que conoce bien el impacto de las carreras en la ciudad es Hermenegildo Mergelina. Durante 30 años estuvo al frente de la gerencia de la Real Sociedad de Carreras de Caballos. Ahora, jubilado de esta responsabilidad, observa el espectáculo desde la barrera, pero con la tranquilidad de saber que, con José Manuel Romero, la actual gerencia "está en buenas manos".
Mergelina mira el recinto y destaca cómo cada año "mejora el control, las infraestructuras y la puesta en escena". Para él, las carreras siguen siendo "el mayor espectáculo de las playas del sur".
Y no se le puede contrariar porque, al asomarnos desde ese coqueto balcón que son los palcos, uno mira la desembocadura del Guadalquivir, con sus pequeñas embarcaciones fondeadas en su orilla y, al fondo, Doñana. Una estampa que, no por conocida deja de ser idílica.
Un par de jockeys, justo antes de salir a competir.
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MANU GARCÍA
Unos se van, otros se quedan
La última carrera está programada para las ocho y media de la tarde. Comenzará apenas siete minutos después de la hora oficial.
Para entonces la playa se disfruta, por fin, sin calor. Las sombrillas empiezan a cerrarse. Se apuran las últimas cervezas, cubatas y refrescos.
Por megafonía se anuncia el inicio del último premio, el más numeroso, con diez participantes. Durante poco más de un minuto todo vuelve a detenerse. El coche de la Guardia Civil pasa a toda velocidad y el público se agolpa.
Los caballos corren, la gente grita y los teléfonos vuelven a levantarse para grabar. Después de un día entero en la playa, conocer quién es el último ganador ya casi ni interesa.
Vicky recoge sus cosas. Los niños desmontan “La Tribu” y las familias emprenden el camino de vuelta. En los palcos, sin embargo, todavía quedará fiesta por delante.
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