En el año 711, unos 12000 bereberes cruzaron el estrecho de Gibraltar hacia la península en la que dominaban unos 250000 visigodos, pueblo que venía del báltico, que a su vez habían invadido este territorio en el siglo V y gobernaban a los cuatro millones de hispanoromanos que componían prácticamente el 90 por ciento de la población peninsular. Los bereberes consiguieron ganar rápidamente, a pesar de que no llegaron a ser más de 80000 soldados los que batallaron a las huestes bárbaras de Don Rodrigo y demás líderes visigodos, una victoria que les fue llevando hasta la conquista casi total de todo el territorio. Los visigodos, que llevaban más de doscientos años en hispania, fueron poco a poco desromanizando a la población y, a pesar de sus continuas luchas de poder, se habían instalado como un reino unificado y potente. Eran de religión arriana hasta que en el año 589 Recadero adopta para todo el reino el catolicismo, impuesto a sangre y fuego a una población que seguía, en su mayor parte, la tradición más arraigada, como era todo el panteón romano y sus dioses.
La islamización del antiguo reino visigodo fue rápida y llegó hasta el norte de hispania, quedándose, como los romanos, a las puertas de algunos territorios en los cuales tampoco llegaron los propios bárbaros del norte. Hubo momentos de gran esplendor del reino musulmán, fundamentalmente en algunas ciudades y en torno al califato de Córdoba y los Abderramanes (por cierto eran más de aquí que casi todos nosotros). Después, ya sabemos, la llamada reconquista que, en realidad tiene más de mito que lo que verdaderamente fue. Después llegó Castilla. Llegó Aragón…
Hubo más invasiones, la más famosa por estos lares fue la que intentó Napoleón en 1808 y que fue rechazada después de varios años de lucha encarnizada entre franceses, españoles e ingleses. Cierto es que cuando la entrada de los 100000 hijos de San Luis para restaurar el poder absoluto del felón Fernando VII y aniquilar todo lo conseguido por la Constitución de 1812 y todo el trienio liberal de Riego y compañía, los franceses se quedaron en nuestra tierra, tutelaron al rey, a su gobierno e incluso se instalaron como ejército regular entre otros sitios en Cádiz (por eso me parece un poco fuera de lugar y de un chauvinismo muy cateto el que continuamente digamos que los franceses no entraron en Cádiz. No ni ná. Lo hicieron en 1823 y se quedaron hasta el 1828).
Hubo otra invasión, nuevamente musulmana, o mejor dicho, que venían del norte de África (siempre cometemos el error de señalar la religión en vez de sus intenciones o geografías), y en un número parecido al del ejército bereber del 711, unos 80000 moros, que así se les llamaba, y que entraron también por el estrecho de Gibraltar en el año 1936, en este caso no vinieron por voluntad propia, lo hicieron por petición expresa de Franco que había dado un golpe de estado y necesitaba a esos regulares africanos para crear el terror en esta zona a base de asesinatos crueles, violaciones, asaltos… (mi madre siempre me decía que lo que recordaba del principio de “la guerra” era a los moros por las calles llamando a las puertas de las casas al grito de «¡María!», y es que Queipo de Llano les había dado permiso para coger a las mujeres y violarlas sin ningún recato).
Hay más invasiones, una muy sibilina, pero eficaz, fue la de los americanos a través de los acuerdos de Eisenhower y Franco. También tenemos hoy los bazares de los chinos, aunque últimamente no están tan en boga teniendo en cuenta que han creado Shein, Temu, Ali Express… Siempre nos invaden. Lo que en estos días se ha puesto de moda es que nos han vuelto a intentar conquistar los “moros”. Sí. Unos 80000 (curiosamente los mismos que invadieron la península en el 711 y los mismos que trajo Franco para violar a las mujeres españolas) y entrando en Ceuta. Evidentemente, no faltaría más, tanto gobierno como oposición han condenado esa invasión/ataque, el cual parece que ha sido coordinado por el rey Mohamed, Trump y Netanyahu (eso dicen, que yo ni desmiento ni confirmo). Muchos españoles de bien, que son algunos, se han llevado las manos a la cabeza, han pedido que salgamos de cacería a por esos moros que quieren echarnos de nuestro país. A mí, qué queréis que os diga, me parece exagerado: ayer mismo, comentando esto con alguien con estructura ideológica muy ultra, me afirmaba que, ¡hombre!, son las mismas circunstancias con un pequeños matiz, me decía: lo de 711 y lo de ahora es para imponer el islamismo y quedarse con España, lo de 1936 era para ayudar a Franco, no tenían pensamiento de quedarse. Pues tiene razón, de hecho no se quedaron, una vez que mataron, violaron, secuestraron, robaron, hicieron cuanto quisieron, Franco les pidió que se volvieran a su tierra excepto la guardia mora, que quedaba bien en los desfile. Lo de ahora, pidiendo trabajo, casa y futuro es peor (además, se supone, de imponernos el culto a Alá, Mahona y toda su estirpe). Supongo.
En definitiva, de invasiones estamos bien servidos y todas, todas, son bárbaras y algunas una barbaridad, incluso como se las combate.
En el año 711, unos 12000 bereberes cruzaron el estrecho de Gibraltar hacia la península en la que dominaban unos 250000 visigodos, pueblo que venía del báltico, que a su vez habían invadido este territorio en el siglo V y gobernaban a los cuatro millones de hispanoromanos que componían prácticamente el 90 por ciento de la población peninsular. Los bereberes consiguieron ganar rápidamente, a pesar de que no llegaron a ser más de 80000 soldados los que batallaron a las huestes bárbaras de Don Rodrigo y demás líderes visigodos, una victoria que les fue llevando hasta la conquista casi total de todo el territorio. Los visigodos, que llevaban más de doscientos años en hispania, fueron poco a poco desromanizando a la población y, a pesar de sus continuas luchas de poder, se habían instalado como un reino unificado y potente. Eran de religión arriana hasta que en el año 589 Recadero adopta para todo el reino el catolicismo, impuesto a sangre y fuego a una población que seguía, en su mayor parte, la tradición más arraigada, como era todo el panteón romano y sus dioses.
La islamización del antiguo reino visigodo fue rápida y llegó hasta el norte de hispania, quedándose, como los romanos, a las puertas de algunos territorios en los cuales tampoco llegaron los propios bárbaros del norte. Hubo momentos de gran esplendor del reino musulmán, fundamentalmente en algunas ciudades y en torno al califato de Córdoba y los Abderramanes (por cierto eran más de aquí que casi todos nosotros). Después, ya sabemos, la llamada reconquista que, en realidad tiene más de mito que lo que verdaderamente fue. Después llegó Castilla. Llegó Aragón…
Hubo más invasiones, la más famosa por estos lares fue la que intentó Napoleón en 1808 y que fue rechazada después de varios años de lucha encarnizada entre franceses, españoles e ingleses. Cierto es que cuando la entrada de los 100000 hijos de San Luis para restaurar el poder absoluto del felón Fernando VII y aniquilar todo lo conseguido por la Constitución de 1812 y todo el trienio liberal de Riego y compañía, los franceses se quedaron en nuestra tierra, tutelaron al rey, a su gobierno e incluso se instalaron como ejército regular entre otros sitios en Cádiz (por eso me parece un poco fuera de lugar y de un chauvinismo muy cateto el que continuamente digamos que los franceses no entraron en Cádiz. No ni ná. Lo hicieron en 1823 y se quedaron hasta el 1828).
Hubo otra invasión, nuevamente musulmana, o mejor dicho, que venían del norte de África (siempre cometemos el error de señalar la religión en vez de sus intenciones o geografías), y en un número parecido al del ejército bereber del 711, unos 80000 moros, que así se les llamaba, y que entraron también por el estrecho de Gibraltar en el año 1936, en este caso no vinieron por voluntad propia, lo hicieron por petición expresa de Franco que había dado un golpe de estado y necesitaba a esos regulares africanos para crear el terror en esta zona a base de asesinatos crueles, violaciones, asaltos… (mi madre siempre me decía que lo que recordaba del principio de “la guerra” era a los moros por las calles llamando a las puertas de las casas al grito de «¡María!», y es que Queipo de Llano les había dado permiso para coger a las mujeres y violarlas sin ningún recato).
Hay más invasiones, una muy sibilina, pero eficaz, fue la de los americanos a través de los acuerdos de Eisenhower y Franco. También tenemos hoy los bazares de los chinos, aunque últimamente no están tan en boga teniendo en cuenta que han creado Shein, Temu, Ali Express… Siempre nos invaden. Lo que en estos días se ha puesto de moda es que nos han vuelto a intentar conquistar los “moros”. Sí. Unos 80000 (curiosamente los mismos que invadieron la península en el 711 y los mismos que trajo Franco para violar a las mujeres españolas) y entrando en Ceuta. Evidentemente, no faltaría más, tanto gobierno como oposición han condenado esa invasión/ataque, el cual parece que ha sido coordinado por el rey Mohamed, Trump y Netanyahu (eso dicen, que yo ni desmiento ni confirmo). Muchos españoles de bien, que son algunos, se han llevado las manos a la cabeza, han pedido que salgamos de cacería a por esos moros que quieren echarnos de nuestro país. A mí, qué queréis que os diga, me parece exagerado: ayer mismo, comentando esto con alguien con estructura ideológica muy ultra, me afirmaba que, ¡hombre!, son las mismas circunstancias con un pequeños matiz, me decía: lo de 711 y lo de ahora es para imponer el islamismo y quedarse con España, lo de 1936 era para ayudar a Franco, no tenían pensamiento de quedarse. Pues tiene razón, de hecho no se quedaron, una vez que mataron, violaron, secuestraron, robaron, hicieron cuanto quisieron, Franco les pidió que se volvieran a su tierra excepto la guardia mora, que quedaba bien en los desfile. Lo de ahora, pidiendo trabajo, casa y futuro es peor (además, se supone, de imponernos el culto a Alá, Mahona y toda su estirpe). Supongo.
En definitiva, de invasiones estamos bien servidos y todas, todas, son bárbaras y algunas una barbaridad, incluso como se las combate.
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