Ediciones:

Seguir en Discover
  • Yéssica Brea, jerezana de nacimiento y ahora Trianera Adoptiva tras casi dos décadas enseñando flamenco en Sevilla.

sevilla

Jerezana de cuna, trianera de adopción: el reconocimiento a la bailaora que lleva 17 años dando vida al barrio

Yéssica Brea ha recibido el homenaje de la Velá de Santa Ana tras convertir su academia de flamenco en un referente para vecinos y alumnos, como relata a lavozdelsur.es

 En la academia de la calle Evangelista, en el número 9 de Triana, sonaban palmas, sones flamencos y las indicaciones habituales de una profesora acostumbrada a corregir pasos y marcar compases cuando llegó una llamada de teléfono. Al otro lado de la línea estaba Manuel Alés, delegado del distrito. La noticia tardaría todavía unos días en hacerse oficial, pero ya había alterado por completo la rutina de aquella mañana: Yéssica Brea acababa de enterarse de que sería reconocida como Trianera Adoptiva en la Velá de Santa Ana.

La bailaora jerezana, que lleva 17 años al frente de una academia que se ha convertido en uno de los puntos de encuentro del barrio, confiesa que nunca imaginó recibir un homenaje de ese tipo. Acostumbrada a pensar en premios vinculados a los escenarios, a los espectáculos o a la profesión artística, lo que no esperaba era un reconocimiento nacido de las calles que recorre cada día y de los vecinos con los que convive desde que llegó a Sevilla para estudiar Periodismo.

"Me sentí feliz y emocionada. Nunca me había planteado algo así. Un reconocimiento de mis vecinos, por la labor que llevo tantos años haciendo en el barrio, no entraba en mis planes", recuerda. Aquella mañana, sin embargo, no tuvo tiempo para detenerse demasiado en la noticia. Tocaba seguir dando clase. "Ya no me salían ni las coreografías", admite entre risas.

Una escuela convertida en lugar de encuentro

Cuando abrió su academia en Triana, hace ya casi dos décadas, no imaginaba que acabaría echando raíces tan profundas en el barrio. Había llegado desde Jerez con 18 años para estudiar la carrera de Periodismo y, en ningún momento, pensó que Sevilla acabaría convirtiéndose en su hogar definitivo. Mucho menos que terminaría levantando un proyecto educativo alrededor del flamenco.

Con el paso de los años, la escuela dejó de ser únicamente un espacio para aprender a bailar. Por sus aulas han pasado generaciones enteras de vecinos. Niños que comenzaron dando sus primeros pasos y que hoy son adultos, madres que esperan en la puerta durante las clases, familias enteras que identifican el local como una referencia cotidiana dentro del barrio.

  • Yéssica Brea, la jerezana reconocida como Trianera Adoptiva en Sevilla.
  • -

"La escuela se ha convertido en un punto de encuentro. Todo el mundo sabe dónde está. Vayan o no a clase, pasan por allí, saludan y forman parte de ese ambiente", explica la artista, que habla de Triana con la familiaridad de quien ha construido allí buena parte de su vida adulta.

La relación con el barrio va mucho más allá de las clases diarias. Cada año, cuando llega el Día Internacional del Flamenco, la bailaora organiza talleres en colegios de la zona y participa en actividades destinadas a acercar el arte a los más pequeños. Ahora, tras el reconocimiento recibido durante la Velá, asegura que siente todavía más ganas de seguir impulsando iniciativas vinculadas a Triana.

De Jerez al corazón de Sevilla

Aunque Sevilla le ha dado una familia, una carrera como docente y el lugar donde han nacido sus hijos, la artista no esconde el peso que tiene Jerez en su identidad. La ciudad gaditana aparece constantemente en su discurso, en su manera de entender el flamenco y hasta en la forma de relacionarse con quienes la rodean.

"Yo no sería quien soy si no hubiera nacido en Jerez", afirma con rotundidad. Para ella, la herencia artística y personal se construyó mucho antes de instalarse en Triana. Allí están sus primeras vivencias, sus referentes y la manera de entender el compás que, asegura, la acompaña allá donde va.

La pregunta sobre si se siente más jerezana o trianera le provoca una sonrisa. La respuesta, lejos de ser sencilla, mezcla dos mundos que considera inseparables. "Soy jerezana de cuna, eso no lo puedo cambiar, pero Triana me ha dado muchísimo. Aquí están mis amigos, mis hijos, mi vida. No puedo decir que sea más una cosa que otra".

Quizá por eso insiste en los paralelismos entre ambas ciudades. Habla de las calles, de la cercanía entre vecinos, de la costumbre de saludar a quien se cruza por el camino aunque apenas se conozcan. "Lo mejor de Triana es su gente. Y se parece mucho a la gente de Jerez".

  • La bailaora Yéssica Brea en la Velá de Santa Ana.
  • -

Una niña que aprendió a bailar antes que a soñar con escenarios

La relación de Yéssica Brea con el flamenco comenzó cuando apenas tenía seis años. Su madre la llevó a la academia de Manuela Carpio y, desde entonces, el baile pasó a ocupar un espacio central en su vida. Lo que empezó como una actividad infantil terminó convirtiéndose en una forma de entender el mundo.

La formación artística continuó durante la adolescencia, cuando con apenas 13 años comenzó a trabajar en La Gaviota y Parrilla, un tablao jerezano que ya no existe y que recuerda como una auténtica escuela de vida. Allí compartió escenario con artistas mayores y descubrió que el flamenco iba mucho más allá de memorizar coreografías.

"Aprendí a ser artista", resume. No se refiere únicamente a bailar. Habla de improvisar, de sentarse en un escenario, de maquillarse antes de actuar, de observar a los compañeros y de absorber todo lo que ocurría a su alrededor. "Bebí de personas que tenían mucha más experiencia que yo".

Aquellos años también moldearon una manera particular de entender el baile. Una forma de moverse que identifica rápidamente con su tierra y que, asegura, resulta reconocible incluso fuera de Andalucía. "El sello de Jerez es inconfundible. Está en la bulería, en la espontaneidad y en la manera de vivir el flamenco".

El misterio de la bulería

Pocas cosas despiertan tanta admiración entre sus alumnos sevillanos como la bulería. En Triana, explica, existe una enorme tradición ligada al baile por tangos, pero el compás jerezano continúa rodeado de cierta aura de dificultad que muchos consideran imposible de alcanzar.

"La gente piensa que la bulería es dificilísima", comenta la profesora. Durante años ha intentado desmontar esa idea entre quienes llegan a la academia convencidos de que hace falta una técnica extraordinaria para atreverse con uno de los palos más emblemáticos del flamenco.

La jerezana defiende, sin embargo, una visión mucho más natural. Recuerda que, en su ciudad, el flamenco forma parte de la vida cotidiana y que no es extraño ver a personas sin formación profesional arrancarse por bulerías en cualquier celebración familiar o reunión entre amigos.

  • Yéssica Brea, en una actuación.
  • -

"Eso solo pasa en nuestra tierra", explica. Para ella, el secreto está precisamente en perder el miedo. "No hace falta ser profesional para bailar por bulerías. Hay que hacerlo con respeto, pero también con naturalidad".

En sus clases intenta transmitir esa filosofía. Más allá de los pasos y la técnica, busca que quienes aprenden entiendan el flamenco como una forma de expresión y disfruten de la experiencia sin la presión de alcanzar la perfección.

La carrera que nunca imaginó ejercer

Pocos alumnos saben que, antes de convertirse en profesora de baile, Yéssica Brea estudió Periodismo en Sevilla. Llegó a la ciudad convencida de que ese sería su futuro profesional, aunque la vida terminó llevándola por un camino distinto.

Cuando terminó la carrera, el panorama laboral no era sencillo. Las promociones eran numerosas y encontrar trabajo resultaba complicado. En aquel momento apareció la oportunidad de sustituir a una profesora de baile y aceptó casi sin imaginar que aquella experiencia marcaría el rumbo de su vida.

"Me di cuenta de que disfrutaba enseñando", recuerda. Descubrió que le gustaba el contacto constante con las personas y, sobre todo, observar cómo quienes acudían a clase encontraban un espacio para desconectar y ser felices durante unas horas.

Aun así, evita definirse como maestra. "No me considero maestra. En Jerez esa palabra son palabras mayores", comenta, consciente del peso que tiene el término dentro del mundo del flamenco.

  • La bailaora Yéssica Brea, ahora Trianera Adoptiva.
  • -

El futuro pasa por seguir llenando las calles de compás

Lejos de pensar en bajar el ritmo, la responsable de la academia asegura que cada septiembre afronta el inicio del curso con la misma ilusión que el primero. La rutina de las clases convive con nuevas ideas, espectáculos y actividades pensadas para que los alumnos experimenten el flamenco más allá del espejo del estudio.

Le gusta organizar actuaciones en la calle, pequeños montajes para quienes están aprendiendo y propuestas que permitan a sus alumnos enfrentarse al escenario por primera vez. "Quiero que vivan esa experiencia", explica.

El reconocimiento recibido en la Velá de Santa Ana ha reforzado todavía más esa intención. Habla de talleres, de proyectos vinculados al barrio y de nuevas formas de acercar el flamenco a quienes todavía no se han atrevido a entrar en una academia.

Mientras tanto, la puerta del número 9 de la calle Evangelista continúa abierta cada tarde. Dentro, siguen escuchándose palmas, tacones y conversaciones entre vecinos. 17 años después de llegar a Triana sin imaginar que acabaría quedándose, la jerezana que un día vino a Sevilla para estudiar Periodismo ha terminado convertida en una de las caras más reconocibles de un barrio que ya la siente como propia.

 En la academia de la calle Evangelista, en el número 9 de Triana, sonaban palmas, sones flamencos y las indicaciones habituales de una profesora acostumbrada a corregir pasos y marcar compases cuando llegó una llamada de teléfono. Al otro lado de la línea estaba Manuel Alés, delegado del distrito. La noticia tardaría todavía unos días en hacerse oficial, pero ya había alterado por completo la rutina de aquella mañana: Yéssica Brea acababa de enterarse de que sería reconocida como Trianera Adoptiva en la Velá de Santa Ana.

La bailaora jerezana, que lleva 17 años al frente de una academia que se ha convertido en uno de los puntos de encuentro del barrio, confiesa que nunca imaginó recibir un homenaje de ese tipo. Acostumbrada a pensar en premios vinculados a los escenarios, a los espectáculos o a la profesión artística, lo que no esperaba era un reconocimiento nacido de las calles que recorre cada día y de los vecinos con los que convive desde que llegó a Sevilla para estudiar Periodismo.

"Me sentí feliz y emocionada. Nunca me había planteado algo así. Un reconocimiento de mis vecinos, por la labor que llevo tantos años haciendo en el barrio, no entraba en mis planes", recuerda. Aquella mañana, sin embargo, no tuvo tiempo para detenerse demasiado en la noticia. Tocaba seguir dando clase. "Ya no me salían ni las coreografías", admite entre risas.

Una escuela convertida en lugar de encuentro

Cuando abrió su academia en Triana, hace ya casi dos décadas, no imaginaba que acabaría echando raíces tan profundas en el barrio. Había llegado desde Jerez con 18 años para estudiar la carrera de Periodismo y, en ningún momento, pensó que Sevilla acabaría convirtiéndose en su hogar definitivo. Mucho menos que terminaría levantando un proyecto educativo alrededor del flamenco.

Con el paso de los años, la escuela dejó de ser únicamente un espacio para aprender a bailar. Por sus aulas han pasado generaciones enteras de vecinos. Niños que comenzaron dando sus primeros pasos y que hoy son adultos, madres que esperan en la puerta durante las clases, familias enteras que identifican el local como una referencia cotidiana dentro del barrio.

  • Yéssica Brea, la jerezana reconocida como Trianera Adoptiva en Sevilla.
  • -

"La escuela se ha convertido en un punto de encuentro. Todo el mundo sabe dónde está. Vayan o no a clase, pasan por allí, saludan y forman parte de ese ambiente", explica la artista, que habla de Triana con la familiaridad de quien ha construido allí buena parte de su vida adulta.

La relación con el barrio va mucho más allá de las clases diarias. Cada año, cuando llega el Día Internacional del Flamenco, la bailaora organiza talleres en colegios de la zona y participa en actividades destinadas a acercar el arte a los más pequeños. Ahora, tras el reconocimiento recibido durante la Velá, asegura que siente todavía más ganas de seguir impulsando iniciativas vinculadas a Triana.

De Jerez al corazón de Sevilla

Aunque Sevilla le ha dado una familia, una carrera como docente y el lugar donde han nacido sus hijos, la artista no esconde el peso que tiene Jerez en su identidad. La ciudad gaditana aparece constantemente en su discurso, en su manera de entender el flamenco y hasta en la forma de relacionarse con quienes la rodean.

"Yo no sería quien soy si no hubiera nacido en Jerez", afirma con rotundidad. Para ella, la herencia artística y personal se construyó mucho antes de instalarse en Triana. Allí están sus primeras vivencias, sus referentes y la manera de entender el compás que, asegura, la acompaña allá donde va.

La pregunta sobre si se siente más jerezana o trianera le provoca una sonrisa. La respuesta, lejos de ser sencilla, mezcla dos mundos que considera inseparables. "Soy jerezana de cuna, eso no lo puedo cambiar, pero Triana me ha dado muchísimo. Aquí están mis amigos, mis hijos, mi vida. No puedo decir que sea más una cosa que otra".

Quizá por eso insiste en los paralelismos entre ambas ciudades. Habla de las calles, de la cercanía entre vecinos, de la costumbre de saludar a quien se cruza por el camino aunque apenas se conozcan. "Lo mejor de Triana es su gente. Y se parece mucho a la gente de Jerez".

  • La bailaora Yéssica Brea en la Velá de Santa Ana.
  • -

Una niña que aprendió a bailar antes que a soñar con escenarios

La relación de Yéssica Brea con el flamenco comenzó cuando apenas tenía seis años. Su madre la llevó a la academia de Manuela Carpio y, desde entonces, el baile pasó a ocupar un espacio central en su vida. Lo que empezó como una actividad infantil terminó convirtiéndose en una forma de entender el mundo.

La formación artística continuó durante la adolescencia, cuando con apenas 13 años comenzó a trabajar en La Gaviota y Parrilla, un tablao jerezano que ya no existe y que recuerda como una auténtica escuela de vida. Allí compartió escenario con artistas mayores y descubrió que el flamenco iba mucho más allá de memorizar coreografías.

"Aprendí a ser artista", resume. No se refiere únicamente a bailar. Habla de improvisar, de sentarse en un escenario, de maquillarse antes de actuar, de observar a los compañeros y de absorber todo lo que ocurría a su alrededor. "Bebí de personas que tenían mucha más experiencia que yo".

Aquellos años también moldearon una manera particular de entender el baile. Una forma de moverse que identifica rápidamente con su tierra y que, asegura, resulta reconocible incluso fuera de Andalucía. "El sello de Jerez es inconfundible. Está en la bulería, en la espontaneidad y en la manera de vivir el flamenco".

El misterio de la bulería

Pocas cosas despiertan tanta admiración entre sus alumnos sevillanos como la bulería. En Triana, explica, existe una enorme tradición ligada al baile por tangos, pero el compás jerezano continúa rodeado de cierta aura de dificultad que muchos consideran imposible de alcanzar.

"La gente piensa que la bulería es dificilísima", comenta la profesora. Durante años ha intentado desmontar esa idea entre quienes llegan a la academia convencidos de que hace falta una técnica extraordinaria para atreverse con uno de los palos más emblemáticos del flamenco.

La jerezana defiende, sin embargo, una visión mucho más natural. Recuerda que, en su ciudad, el flamenco forma parte de la vida cotidiana y que no es extraño ver a personas sin formación profesional arrancarse por bulerías en cualquier celebración familiar o reunión entre amigos.

  • Yéssica Brea, en una actuación.
  • -

"Eso solo pasa en nuestra tierra", explica. Para ella, el secreto está precisamente en perder el miedo. "No hace falta ser profesional para bailar por bulerías. Hay que hacerlo con respeto, pero también con naturalidad".

En sus clases intenta transmitir esa filosofía. Más allá de los pasos y la técnica, busca que quienes aprenden entiendan el flamenco como una forma de expresión y disfruten de la experiencia sin la presión de alcanzar la perfección.

La carrera que nunca imaginó ejercer

Pocos alumnos saben que, antes de convertirse en profesora de baile, Yéssica Brea estudió Periodismo en Sevilla. Llegó a la ciudad convencida de que ese sería su futuro profesional, aunque la vida terminó llevándola por un camino distinto.

Cuando terminó la carrera, el panorama laboral no era sencillo. Las promociones eran numerosas y encontrar trabajo resultaba complicado. En aquel momento apareció la oportunidad de sustituir a una profesora de baile y aceptó casi sin imaginar que aquella experiencia marcaría el rumbo de su vida.

"Me di cuenta de que disfrutaba enseñando", recuerda. Descubrió que le gustaba el contacto constante con las personas y, sobre todo, observar cómo quienes acudían a clase encontraban un espacio para desconectar y ser felices durante unas horas.

Aun así, evita definirse como maestra. "No me considero maestra. En Jerez esa palabra son palabras mayores", comenta, consciente del peso que tiene el término dentro del mundo del flamenco.

  • La bailaora Yéssica Brea, ahora Trianera Adoptiva.
  • -

El futuro pasa por seguir llenando las calles de compás

Lejos de pensar en bajar el ritmo, la responsable de la academia asegura que cada septiembre afronta el inicio del curso con la misma ilusión que el primero. La rutina de las clases convive con nuevas ideas, espectáculos y actividades pensadas para que los alumnos experimenten el flamenco más allá del espejo del estudio.

Le gusta organizar actuaciones en la calle, pequeños montajes para quienes están aprendiendo y propuestas que permitan a sus alumnos enfrentarse al escenario por primera vez. "Quiero que vivan esa experiencia", explica.

El reconocimiento recibido en la Velá de Santa Ana ha reforzado todavía más esa intención. Habla de talleres, de proyectos vinculados al barrio y de nuevas formas de acercar el flamenco a quienes todavía no se han atrevido a entrar en una academia.

Mientras tanto, la puerta del número 9 de la calle Evangelista continúa abierta cada tarde. Dentro, siguen escuchándose palmas, tacones y conversaciones entre vecinos. 17 años después de llegar a Triana sin imaginar que acabaría quedándose, la jerezana que un día vino a Sevilla para estudiar Periodismo ha terminado convertida en una de las caras más reconocibles de un barrio que ya la siente como propia.

Comentarios