Una nueva travesía poética que nos propone la escritora Paloma Fernández Gomá bajo la atenta mirada de las ediciones Búho Búcaro Poesía, capitaneadas por Pilar Sastre Tarduchy. Una hermosa plaquette titulada La travesía del verso, acaso 18 poemas o fragmentos. Publicación que se complementa con un intenso y elegante poema de Juana Vázquez Martín en la contraportada, así como de un lúcido y sugerente prólogo de la poeta María Antonia Ortega, sin desdeñar la parte gráfica, especialmente de Benito Marín. Con mucha certeza, la prologuista nos traza la guía de lectura, apelando a la metáfora como la propia travesía, entendiendo que el poemario de Paloma Fernández Gomá es “un puente de todos los puentes y metáforas. Es un proceso de generalización y por tanto de ideas. No es una descripción, sino una reflexión”. En efecto, desde los primeros versos, Paloma Fernández Gomá, resalta el carácter fragmentario, pero intenso de esta plaquette, y, el lector percibe no solo una extraordinaria carga poética sino también metafísica, centradas esencialmente en la suspensión del tiempo y en la esfera de lo dual, las dos orillas, la paradoja de lo arcano y secreto frente a lo cercano y lo tangible.
La dualidad y el compromiso son recurrencias fundamentales en la poesía de nuestra autora; con toda nitidez y belleza lo sintetiza, María Antonia Ortega que subraya el juego de paradojas y diversidades: “En el espejo yo soy el otro, parecen querer decirnos estos poemas”. Ciertamente, el espacio espiritual, quizá los obstáculos existenciales, traspasan lo meramente visible; el poemario abre con “Las dos orillas arcanas y en cercanía,/posponen todos los instantes”, casi puede sentirse esa sensación de omnipresencia marcada por la suspensión temporal, a lo que sumamos la paradoja de lo remoto y al mismo tiempo de lo cercano, la evocación de un eterno presente, o por ser exacto de la detención del flujo cronológico, circunstancia muy común en la poesía mística y surrealista, dos tendencias que nuestra autora abraza sin ambigüedades. En cualquier caso, siempre se sitúa en la tradición de explorar cómo el lenguaje puede "detener" el tiempo a través de la imagen de la orilla, que es siempre un lugar de frontera y tránsito. Poeta, ensayista y gestora cultural, es una de las voces más comprometidas con el diálogo intercultural en el ámbito literario y, su poesía se enmarca dentro del Humanismo Solidario, en el cuadrante de la poesía fronteriza que aproxima distancias. La metáfora de Paloma Fernández Gomá, ya es algo más, pues al concretarse deviene símbolo, un símbolo de esperanza con forma de puente fundamentalmente entre Europa y África, especialmente entre las personas. De nuevo el profundo compromiso con la palabra en su doble vertiente ética y estética.
Le siguen, medinas del sur, ángeles, bahías, vigilias, caminos, luz, mar, viajes y “el gemido permante de las madres” en un poema crucial titulado “Palestina”, cargado de dolor, desolación y una profunda sensación de violencia traumática. El poema empieza con “el aire se respira enrarecido” no solo sugiere un conflicto extremo, una opresión física, también la tensión y la atmósfera viciada, recalcada por imágenes que evocan enfermedades, sufrimientos, injusticias, “junto al olor enfurecido/de la sangre/que fue testigo de tanto llanto,/de llgas y temblor,/de pozos sin agua, de tierra arrebatada/y de senderos hacia la nada”.
Sin embargo, la evidente necesidad de la lucha asoma en los textos, como por ejemplo, en el poema titulado “Volver a nacer”. Se inicia el texto, “enséñame a doblegar la fuerza del viento y pasear junto a otra orilla para buscar en la arena versos perdidos que no pudieron descifrar, el aroma de otro tiempo, una barca a la deriva”.
Allí nos propone que para doblegar la fuerza del viento, no basta la oposición, sino más bien la complicidad, pues se trata de un arte de sutileza, casi de alquimia. Para ese viaje hacia la otra orilla, el alma que se inclina, ese ajustar velas, pensamientos, nos recuerda que la misma fuerza que empuja hacia atrás se convierte en el impulso que nos lleva adelante. La lucha contra las ráfagas precisa de usarlas como cincel para perfilar el camino, precisamente nos remite a otro poema “El final del camino”. Pasear por "otra orilla" requiere dejar atrás el peso de lo cotidiano, sabiendo que el aroma de otro tiempo solo se percibe cuando el presente guarda silencio, de la misma manera que descifrar los versos perdidos en la arena, es asumir los versos que no están escritos con tinta, sino con ausencias. Cada objeto será una palabra de un poema que nadie terminó de leer, en esa barca a la deriva, hemos de entender que sobre la tradición reposa el conocimiento del lenguaje de las corrientes y la historia literaria, todo en el oficio que hemos de buscar con la memoria. A todas luces, la poeta está dispuesta a escribir sus versos sobre la arena a sabiendas de su brevedad, porque la verdadera poesía no se posee, se habita por un instante. Señala María Antonia Ortega: “A menos tiempo, más intensidad. Esta es la ley de la poesía y del poeta. Lo es por disponer de poco tiempo, pero sí de eternidad”.
Su escritura poética, marcada por la reflexión lleva parejo el viaje, permanece fiel a su voz y a su temática, a saber, el Estrecho, la conciencia, la intimidad, el desarrollo personal, los diálogos personales y colectivos. Un viaje que se nutre de su propia trayectoria poética, que intercepta la experiencia y fundamenta la observación en un introspectivo viaje, es decir, todo lo vivido abre todavía más el eje de la mirada. Podría decirse que es un recurso paralelo a hacer testamento, quizá una suerte de inventario que se trasluce por el recuerdo. De hecho, el poema “Hacer testamento”, en gran medida recompone esa visión del espejo: “En mi adiós no quiero boatos/que son mentira/ni calles donde luego se orinan/los hombres y los perros,/tampoco homenajes póstumos/que son atril para los mentirosos...Fui hasta donde llegué./Parto para no dejar más huella/que la del recuerdo”.
Una nueva travesía poética que nos propone la escritora Paloma Fernández Gomá bajo la atenta mirada de las ediciones Búho Búcaro Poesía, capitaneadas por Pilar Sastre Tarduchy. Una hermosa plaquette titulada La travesía del verso, acaso 18 poemas o fragmentos. Publicación que se complementa con un intenso y elegante poema de Juana Vázquez Martín en la contraportada, así como de un lúcido y sugerente prólogo de la poeta María Antonia Ortega, sin desdeñar la parte gráfica, especialmente de Benito Marín. Con mucha certeza, la prologuista nos traza la guía de lectura, apelando a la metáfora como la propia travesía, entendiendo que el poemario de Paloma Fernández Gomá es “un puente de todos los puentes y metáforas. Es un proceso de generalización y por tanto de ideas. No es una descripción, sino una reflexión”. En efecto, desde los primeros versos, Paloma Fernández Gomá, resalta el carácter fragmentario, pero intenso de esta plaquette, y, el lector percibe no solo una extraordinaria carga poética sino también metafísica, centradas esencialmente en la suspensión del tiempo y en la esfera de lo dual, las dos orillas, la paradoja de lo arcano y secreto frente a lo cercano y lo tangible.
La dualidad y el compromiso son recurrencias fundamentales en la poesía de nuestra autora; con toda nitidez y belleza lo sintetiza, María Antonia Ortega que subraya el juego de paradojas y diversidades: “En el espejo yo soy el otro, parecen querer decirnos estos poemas”. Ciertamente, el espacio espiritual, quizá los obstáculos existenciales, traspasan lo meramente visible; el poemario abre con “Las dos orillas arcanas y en cercanía,/posponen todos los instantes”, casi puede sentirse esa sensación de omnipresencia marcada por la suspensión temporal, a lo que sumamos la paradoja de lo remoto y al mismo tiempo de lo cercano, la evocación de un eterno presente, o por ser exacto de la detención del flujo cronológico, circunstancia muy común en la poesía mística y surrealista, dos tendencias que nuestra autora abraza sin ambigüedades. En cualquier caso, siempre se sitúa en la tradición de explorar cómo el lenguaje puede "detener" el tiempo a través de la imagen de la orilla, que es siempre un lugar de frontera y tránsito. Poeta, ensayista y gestora cultural, es una de las voces más comprometidas con el diálogo intercultural en el ámbito literario y, su poesía se enmarca dentro del Humanismo Solidario, en el cuadrante de la poesía fronteriza que aproxima distancias. La metáfora de Paloma Fernández Gomá, ya es algo más, pues al concretarse deviene símbolo, un símbolo de esperanza con forma de puente fundamentalmente entre Europa y África, especialmente entre las personas. De nuevo el profundo compromiso con la palabra en su doble vertiente ética y estética.
Le siguen, medinas del sur, ángeles, bahías, vigilias, caminos, luz, mar, viajes y “el gemido permante de las madres” en un poema crucial titulado “Palestina”, cargado de dolor, desolación y una profunda sensación de violencia traumática. El poema empieza con “el aire se respira enrarecido” no solo sugiere un conflicto extremo, una opresión física, también la tensión y la atmósfera viciada, recalcada por imágenes que evocan enfermedades, sufrimientos, injusticias, “junto al olor enfurecido/de la sangre/que fue testigo de tanto llanto,/de llgas y temblor,/de pozos sin agua, de tierra arrebatada/y de senderos hacia la nada”.
Sin embargo, la evidente necesidad de la lucha asoma en los textos, como por ejemplo, en el poema titulado “Volver a nacer”. Se inicia el texto, “enséñame a doblegar la fuerza del viento y pasear junto a otra orilla para buscar en la arena versos perdidos que no pudieron descifrar, el aroma de otro tiempo, una barca a la deriva”.
Allí nos propone que para doblegar la fuerza del viento, no basta la oposición, sino más bien la complicidad, pues se trata de un arte de sutileza, casi de alquimia. Para ese viaje hacia la otra orilla, el alma que se inclina, ese ajustar velas, pensamientos, nos recuerda que la misma fuerza que empuja hacia atrás se convierte en el impulso que nos lleva adelante. La lucha contra las ráfagas precisa de usarlas como cincel para perfilar el camino, precisamente nos remite a otro poema “El final del camino”. Pasear por "otra orilla" requiere dejar atrás el peso de lo cotidiano, sabiendo que el aroma de otro tiempo solo se percibe cuando el presente guarda silencio, de la misma manera que descifrar los versos perdidos en la arena, es asumir los versos que no están escritos con tinta, sino con ausencias. Cada objeto será una palabra de un poema que nadie terminó de leer, en esa barca a la deriva, hemos de entender que sobre la tradición reposa el conocimiento del lenguaje de las corrientes y la historia literaria, todo en el oficio que hemos de buscar con la memoria. A todas luces, la poeta está dispuesta a escribir sus versos sobre la arena a sabiendas de su brevedad, porque la verdadera poesía no se posee, se habita por un instante. Señala María Antonia Ortega: “A menos tiempo, más intensidad. Esta es la ley de la poesía y del poeta. Lo es por disponer de poco tiempo, pero sí de eternidad”.
Su escritura poética, marcada por la reflexión lleva parejo el viaje, permanece fiel a su voz y a su temática, a saber, el Estrecho, la conciencia, la intimidad, el desarrollo personal, los diálogos personales y colectivos. Un viaje que se nutre de su propia trayectoria poética, que intercepta la experiencia y fundamenta la observación en un introspectivo viaje, es decir, todo lo vivido abre todavía más el eje de la mirada. Podría decirse que es un recurso paralelo a hacer testamento, quizá una suerte de inventario que se trasluce por el recuerdo. De hecho, el poema “Hacer testamento”, en gran medida recompone esa visión del espejo: “En mi adiós no quiero boatos/que son mentira/ni calles donde luego se orinan/los hombres y los perros,/tampoco homenajes póstumos/que son atril para los mentirosos...Fui hasta donde llegué./Parto para no dejar más huella/que la del recuerdo”.
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