Jerez

Los ‘penúltimos’ de La Vega

Un repaso a los días gloriosos y a la decadencia de la histórica cafetería con sus clientes habituales, a días de que cierre para una más que merecida reforma

Teresa nació en 1930 y no recuerda los años que para en la cafetería La Vega. “Aquí me distraigo, esto está en el centro, al lado de la Plaza de Abastos… Hay mucha vida”. Sabe que en unos días el histórico negocio cerrará sus puertas para sufrir una reforma merecida. “Esto está para que lo tiren entero”, cuenta otro parroquiano sentado en la terraza.

Son más de 50 años los que La Vega lleva abierta sin apenas sufrir obras de mejora. De hecho, ahora mismo no hay servicios en la planta baja, solo en la primera, y además no están adaptados para personas con movilidad reducida, un problema para una cafetería con una clientela compuesta principalmente por mayores.

La actual La Vega la abre a mediados del pasado siglo la familia Herrero, pero antes, a unos metros de su actual emplazamiento, se encontraba la antigua cafetería, del mismo nombre, que abrió un comerciante de apellido Vallejo. Era otra plaza Esteve, con el cine de verano Salón Jerez, el comercio textil Los Madrileños, una Plaza de Abastos que ocupaba hasta lo que hoy es el edificio del IARA y la propia La Vega… Lo recuerda bien Antonio, por entonces un niño, que ahora, sentado junto a unos amigos en la terraza de la cafetería, hace memoria. “Recuerdo que en la planta de arriba había unos billares y que los fines de semana veníamos porque había música en directo”.

José Luis, Ángeles y Mercedes, durante su conversación con lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA

Felipe, compañero de mesa, también recuerda aquella época, más gloriosa que la actual. “Ahora el edificio se ha quedado muy viejo, no es lo de antes. Esto lleva necesitando la reforma desde hace años”. A pesar de todo, tanto él como sus amigos siguen siendo fieles al histórico establecimiento. “Ya es por costumbre. No venimos a desayunar, sino a charlar y a intentar arreglar el mundo”, bromea Antonio.

En una mesa cercana, Ángeles, su marido José Luis y su amiga Mercedes toman un café. “Esto es un sitio muy familiar, pero le hace falta un cambio profundo”, dice la primera, que añade. “Lo que pasa es que venimos porque somos masoquistas”, ríe. Los tres vienen a diario. Toman el autobús bien temprano, que los deja en Esteve, y a las ocho ya están desayunando. Aquí pasan unas dos horas “todos los días, en invierno y verano, lloviendo y venteando”.

Preguntamos por el tipo de clientela que ha tenido La Vega históricamente, ya que ahora lo conforman mayoritariamente jubilados. “Aquí ha habido de todo, pero siempre ha sido más de gente mayor, comenta Ángeles. “A esto le dicen el club de las viudas”, añade Mercedes —que desgraciadamente forma parte del ‘club’—, para responder claramente al perfil que hay en la cafetería.

Manuel Blanco, sirviendo unos churros a Josefa, clienta de La Vega. FOTO: MANU GARCÍA

Dentro, en el puesto de churros, Manuel Blanco vende los últimos de la mañana y los ‘penúltimos’ antes de que comiencen las obras en unas semanas. Aprendió el oficio como hobby con 14 años, pero ya ha cumplido 20 en el negocio, que ha intercalado con la construcción. En La Vega ha pasado los últimos 11 meses y no sabe si cuando reabra volverá al puesto, que cambiará de ubicación. “La obra la necesita como el comer. Esto ya hace años que no está en las mejores condiciones”, señala, aunque apunta que su puesto está en perfecto estado de revista todos los días.

Josefa es una de sus últimas clientas. Compra un euro de churros y se sienta junto a su marido Francisco en una mesa en el interior. “Esto más vale que lo tiren entero”, responde cuando le preguntamos cómo ven el histórico negocio. Vienen a La Vega desde hace muchos años, antes a diario, ya no, entre otras cosas porque a Francisco le cuesta desplazarse más que antes, pero también afirman que por la cada vez mayor decadencia de la cafetería. “Muchos clientes también han dejado de venir por lo mismo”, añade.

En unas semanas, cuando La Vega eche el cierre por obras, tendrán que cambiar de lugar de desayuno. “Iremos a la calle Larga, o enfrente del Ayuntamiento, que se desayuna muy bien”. Eso sí: “Cuando reabra, volveremos”.

Etiquetas

Más artículos en esta categoría:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.