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Opinión

Ticlio

Nuestro contacto con la naturaleza era intenso. Uno de nuestros mayores entretenimientos era tratar de entender los sonidos de los animales. Los memorizábamos y los reproducíamos cada vez mejor

  • Ticlio.

Eran algo más de las 6 de la mañana y en La Voz de Oriente concluía una información sobre El Ángel, sin llegar a enterarme de lo que había pasado. Apagué la radio y salí corriendo a buscarlo.

El Ángel es el nombre del camión que conduce Ángel para llevar madera de Pucallpa a Lima y regresar con electrodomésticos para el comercio local.

Ángel y yo somos amigos desde muy niños. En realidad, su nombre era Koni, porque era escurridizo como una anguila, pero a eso de los 7 años los del Instituto Lingüístico de Verano nos enredaron -literalmente, nos echaron las redes y nos pescaron- y a él le cambiaron el nombre, no querían su nombre nativo y lo llamaron Jesús. Felizmente que tres años después nos pudimos librar del proselitismo de estos Evangelistas. Jesús se cambió el nombre por el de Ángel, porque tenía y tiene especial interés por el espacio, por el universo y eso de tener un nombre de personaje alado y poder volar le pareció que era perfecto para él.

Ya llegué a su casa, no está y no logro comunicarme con él. Iré a la emisora de Radio Amazonía Yurimaguas para tener información. Debo regresar a casa para ir en moto, demoraría mucho a pie. No sé por qué se me vienen a la mente estas imágenes y recuerdos. Rebobinar el pasado es como un mal presagio, me preocupa aún más.

Nuestro contacto con la naturaleza era intenso. Uno de nuestros mayores entretenimientos era tratar de entender los sonidos de los animales. Los memorizábamos y los reproducíamos cada vez mejor. En algunos casos creo que llegábamos a entender los mensajes de los monos y especialmente los de las aves. Recuerdo que Ángel miraba al cielo y me decía: “Nosotros, aquí al aire libre, estamos en contacto directo con el espacio del universo, pero no lo podemos apreciar por la atmósfera, la niebla, las nubes. Claro que el cielo despejado con ese azul intenso es una maravilla, y también un atardecer en Yarinacocha con un cielo rojo bermellón que se funde con el horizonte verde de la Amazonía. ¡Qué cosa más bella! Pero el espacio del universo tiene que ser incomparable.”

Voy en la moto, preocupado y distraído por los recuerdos, pero no los puedo evitar, brotan uno detrás de otro.

Durante nuestra juventud aprendimos mucho del chamán, tanto de la naturaleza en general como de nuestra mente. Entre Ángel y yo empezamos a desarrollar la telepatía. Primero con ejercicios muy simples. Uno pensaba uno de los diez dígitos y nos mirábamos a los ojos y el otro tenía que lograr captar el mensaje. Luego íbamos aumentando la dificultad; con números de varios dígitos, luego sin mirarnos, aumentando las distancias, enviándonos mensajes, etc. Esto nos tomó algunos años. Un día Ángel consiguió un libro de inicio en el viaje astral. Lo leímos con especial interés y lo comentamos con el chamán. Se abría un nuevo mundo ante nosotros, la posibilidad de una vivencia extracorporal.

Hoy es domingo y hay Luna nueva. Ángel debía haber llegado ayer de Lima en la madrugada. Tiene dos rutas, dependiendo del clima y de la Luna. Cuando hay Luna llena va hasta San Alejandro y toma el desvío a la derecha hacia Tingo María, Huánuco Cerro de Pasco, hasta Lima. Con la luz de la Luna puedes cruzar la Cordillera de los Andes sin necesidad de encender las luces. Todo el paisaje es azul, se pueden ver kilómetros de la serpenteante carretera. El Planeta Azul es ahora completamente azul.

Cuando hay Luna nueva va por la Carretera Central. En San Alejandro toma a la izquierda, hacia La Merced, San Ramón, Tarma, La Oroya y para en Ticlio, el abra de Anticona, a más de 4800 de altitud. La visión del espacio estelar es impresionante. Varias veces he acompañado a Ángel, se tumba en el techo de la cabina del camión y se queda horas mirando el firmamento. Su capacidad de realizar un viaje astral es asombrosa, puede viajar distancias inmensas y percibir o tener conocimiento de todo el entorno sin el uso de los sentidos, todo es a través de su energía cerebral.

Podría haberse quedado en Ticlio, son como 600 Km. desde Pucallpa y entre 12 a 15 horas dependiendo del clima. Ir ahora en moto a buscarlo allá sería una locura. Bueno, llegué a la emisora de la radio. El parte forense dice: “Ángel Shumay, de 33 años, natural de la comunidad Shipibo – Konibo, conductor del camión El Ángel, ha sido encontrado sin vida sobre la cabina del vehículo. Se encontraba echado bocarriba, con los brazos abiertos y sin ningún tipo de violencia, como dormido”.

No pudo o no quiso retornar su energía a su cuerpo. La cultura Shipiba está de luto. Ángel voló para siempre. Las mujeres de la comunidad dibujaran nuevas tramas de sus bellas geometrías sobre sus telares en homenaje a este ángel tan especial.

Eran algo más de las 6 de la mañana y en La Voz de Oriente concluía una información sobre El Ángel, sin llegar a enterarme de lo que había pasado. Apagué la radio y salí corriendo a buscarlo.

El Ángel es el nombre del camión que conduce Ángel para llevar madera de Pucallpa a Lima y regresar con electrodomésticos para el comercio local.

Ángel y yo somos amigos desde muy niños. En realidad, su nombre era Koni, porque era escurridizo como una anguila, pero a eso de los 7 años los del Instituto Lingüístico de Verano nos enredaron -literalmente, nos echaron las redes y nos pescaron- y a él le cambiaron el nombre, no querían su nombre nativo y lo llamaron Jesús. Felizmente que tres años después nos pudimos librar del proselitismo de estos Evangelistas. Jesús se cambió el nombre por el de Ángel, porque tenía y tiene especial interés por el espacio, por el universo y eso de tener un nombre de personaje alado y poder volar le pareció que era perfecto para él.

Ya llegué a su casa, no está y no logro comunicarme con él. Iré a la emisora de Radio Amazonía Yurimaguas para tener información. Debo regresar a casa para ir en moto, demoraría mucho a pie. No sé por qué se me vienen a la mente estas imágenes y recuerdos. Rebobinar el pasado es como un mal presagio, me preocupa aún más.

Nuestro contacto con la naturaleza era intenso. Uno de nuestros mayores entretenimientos era tratar de entender los sonidos de los animales. Los memorizábamos y los reproducíamos cada vez mejor. En algunos casos creo que llegábamos a entender los mensajes de los monos y especialmente los de las aves. Recuerdo que Ángel miraba al cielo y me decía: “Nosotros, aquí al aire libre, estamos en contacto directo con el espacio del universo, pero no lo podemos apreciar por la atmósfera, la niebla, las nubes. Claro que el cielo despejado con ese azul intenso es una maravilla, y también un atardecer en Yarinacocha con un cielo rojo bermellón que se funde con el horizonte verde de la Amazonía. ¡Qué cosa más bella! Pero el espacio del universo tiene que ser incomparable.”

Voy en la moto, preocupado y distraído por los recuerdos, pero no los puedo evitar, brotan uno detrás de otro.

Durante nuestra juventud aprendimos mucho del chamán, tanto de la naturaleza en general como de nuestra mente. Entre Ángel y yo empezamos a desarrollar la telepatía. Primero con ejercicios muy simples. Uno pensaba uno de los diez dígitos y nos mirábamos a los ojos y el otro tenía que lograr captar el mensaje. Luego íbamos aumentando la dificultad; con números de varios dígitos, luego sin mirarnos, aumentando las distancias, enviándonos mensajes, etc. Esto nos tomó algunos años. Un día Ángel consiguió un libro de inicio en el viaje astral. Lo leímos con especial interés y lo comentamos con el chamán. Se abría un nuevo mundo ante nosotros, la posibilidad de una vivencia extracorporal.

Hoy es domingo y hay Luna nueva. Ángel debía haber llegado ayer de Lima en la madrugada. Tiene dos rutas, dependiendo del clima y de la Luna. Cuando hay Luna llena va hasta San Alejandro y toma el desvío a la derecha hacia Tingo María, Huánuco Cerro de Pasco, hasta Lima. Con la luz de la Luna puedes cruzar la Cordillera de los Andes sin necesidad de encender las luces. Todo el paisaje es azul, se pueden ver kilómetros de la serpenteante carretera. El Planeta Azul es ahora completamente azul.

Cuando hay Luna nueva va por la Carretera Central. En San Alejandro toma a la izquierda, hacia La Merced, San Ramón, Tarma, La Oroya y para en Ticlio, el abra de Anticona, a más de 4800 de altitud. La visión del espacio estelar es impresionante. Varias veces he acompañado a Ángel, se tumba en el techo de la cabina del camión y se queda horas mirando el firmamento. Su capacidad de realizar un viaje astral es asombrosa, puede viajar distancias inmensas y percibir o tener conocimiento de todo el entorno sin el uso de los sentidos, todo es a través de su energía cerebral.

Podría haberse quedado en Ticlio, son como 600 Km. desde Pucallpa y entre 12 a 15 horas dependiendo del clima. Ir ahora en moto a buscarlo allá sería una locura. Bueno, llegué a la emisora de la radio. El parte forense dice: “Ángel Shumay, de 33 años, natural de la comunidad Shipibo – Konibo, conductor del camión El Ángel, ha sido encontrado sin vida sobre la cabina del vehículo. Se encontraba echado bocarriba, con los brazos abiertos y sin ningún tipo de violencia, como dormido”.

No pudo o no quiso retornar su energía a su cuerpo. La cultura Shipiba está de luto. Ángel voló para siempre. Las mujeres de la comunidad dibujaran nuevas tramas de sus bellas geometrías sobre sus telares en homenaje a este ángel tan especial.

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