Andalucía

La fraternidad entre catalanes y andaluces que sacó a los homosexuales de las cárceles en 1979

El Front d'Alliberament Gai de Catalunya y el Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria de Andalucía fueron vitales para que los actos de homosexualidad salieran del Código Penal en 1979

A finales de 1976 llegó una revista clandestina a manos de Paquito Cambrollé, un joven homosexual de 19 años de las Tres Mil Viviendas que militaba en las Juventudes Obreras Cristianas (JOC). Leyó un artículo sobre homosexualidad desde una perspectiva marxista donde encontró respuestas a todas sus dudas, personales e ideológicas, y le motivó a aparcar la lucha por la justicia social y dedicarse a hacer su revolución. “Luchando por la justicia social había mucha gente pero a favor de los homosexuales no había nadie”, dice cuatro décadas después Mar Cambrollé, la mujer que se escondía en el interior de Paquito.

Sin pensarlo dos veces, Cambrollé llamó por teléfono a la redacción de ‘El Viejo Topo’ para pedir hablar con Roger de Gaimon, el pseudónimo con el que firmaba el catalán Armand de Fluvià, el fundador en 1970 del Movimiento Español de Liberación Homosexual (MELH), el primer grupo clandestino que se puso como primera tarea enviarle cartas a los obispos que entonces eran también miembros de las Cortes Españolas, sin firma y sin remite, para intentar influir positivamente en la Ley sobre Peligrosidad Social aprobada ese mismo año.

Por motivos de seguridad, en la redacción de la revista no le pudieron faciitar el teléfono de Fluvià a ese niño mariquita del barrio más pobre de Sevilla, pero a los pocos días llamaría a su casa el mismísimo Armand de Fluvià, que, a sus 87 años, ha estado estos días en Sevilla invitado por la Plataforma 40 Aniversario. “¿Quién eres?”, le preguntó el catalán a Cambrollé. “Un maricón de Sevilla”, respondió. “Mire, yo quiero montar aquí un movimiento como el que ustedes tienen en Cataluña”. No hizo falta más.

A los quince días, tras toda una noche viajando en ‘El Catalán’, el tren de madera en el que viajó la emigración andaluza a Cataluña, Cambrollé llegó a Plaza Cataluña, donde le esperaba otro pionero. Jordi Petit, un jovencísimo militante comunista del PSUC y hoy todo un referente en la lucha LGTB en el Estado español, acompañó a Cambrollé hasta casa de Armand de Fluvià, un aristócrata hijo de una de las familias industriales más poderosas de Cataluña. En Barcelona estuvo Cambrollé cinco días formándose y aprendiendo de Armand de Fluvià y otros activistas fundadores del Front d’Alliberament Gai de Catalunya, creado en 1975.

Armand de Fluvià es considerado el padre del movimiento de liberación homosexual en el Estado español. FOTO: MARCEAU HAMER.

A la vuelta a Sevilla, Cambrollé venía con cargamento ideológico para nutrir a sus compañeros del Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria (MHAR) que convocaría la primera manifestación andaluza por la libertad sexual en 1978, todavía con la ley en vigor que podría haber llevado a prisión a La Peli, Paquito Cambrollé, Miguel, Paco Pepe, José África, Antonio Morillo, Carlitos, María, José, Alberto o Eugenio, que fueron los primeros valientes que empezaron a reunirse en el Palacio Arzobispal, valiéndose de que Cambrollé tenía las llaves por su militancia en las Juventudes Obreras Cristianas, para derribar una legislación que los consideraba delincuentes, a nivel individual, y una banda de malhechores, como organización.

Reunión en Andalucía

En 1977, meses después de que Cambrollé visitara Barcelona, se reúnen en Madrid los distintos grupos territoriales que bebían del colectivo catalán creado por Fluviá y crean la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español, compuesto por activistas organizados de Cataluña, País Valenciano, Euskadi, Baleares, Galicia, Castilla y Andalucía. En la primavera de 1978 se volverán a reunir en Sevilla para diseñar una estrategia común que haría caer definitivamente los actos de homosexualidad de la Ley de Peligrosidad Social.

En la capital andaluza se decide el lema, los carteles y el día de las manifestaciones coordinadas en el resto del Estado. Así, el 25 de junio de 1978 se manifestaron al unísono en cada uno de los diferentes territorios: “Por la libertad sexual, amnistía sexual y abolición de la Ley de Peligrosidad Social”. En Andalucía, el lema fue tuneado: “Libertad sexual, amnistía total y abolición de la Ley de Peligrosidad Social: presos a la calle, maricones también”.

En Barcelona se había celebrado ya un año antes la primera manifestación por la libertad sexual del Estado, en 1977, con fuertes cargas policiales contra los manifestantes. “Estábamos cagados de miedo, a mí me temblaban las piernas”, confiesa Miguel Domínguez, que se encargó de pintar la pancarta andaluza que iba en cabeza en el primer Orgullo LGTB de Andalucía. La marcha estuvo precedida de un mitin en las instalaciones de Comisiones Obreras en la calle Calatrava de la capital hispalense, un acto que desbordó las previsiones de los organizadores: “Esperábamos a 100 personas, como mucho, y fueron más de 1.000 personas”.

La Peli, Miguel, Paco Pepe, Paquito Cambrollé, María, África, Carlitos, José, Antonio Morillo, Alberto y Eugenio no daban crédito al éxito. Durante casi un año antes habían estado trabajando en la recogida de firmas para la abolición de la Ley de Peligrosidad Social. “De la calle Sierpes y de la Facultad de Derecho tuvimos que salir corriendo porque Fuerza Nueva llegó, le dio una patada a la mesa y nos increparon”, cuenta Cambrollé, que recuerda que recogieron 1.300 firmas heroicas. “Entonces era muy difícil que te firmaran, porque tenían que darte el DNI y estaba en vigor la ley que penalizaba la homosexualidad. Además, firmar a favor de los gais equivalía más o menos que a decir que eras gai”, asegura Miguel, quien entonces tenía 22 años y llegó al Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria de la mano de Paco Pepe.

Unos meses más tarde, en diciembre de 1978, se votó en el Congreso de los Diputados la exclusión de los actos de homosexualidad de la Ley de Peligrosidad Social, aunque no entraría en vigor hasta 1979. Los homosexuales españoles irían a votar la Constitución Española, refrendada en la urnas el 6 de diciembre de 1978, siendo todavía delincuentes. “La democracia para nosotros tardó mucho más en venir que para el resto de ciudadanos”, concluye Mar Cambrollé, la mujer detrás de la que se escondía Paquito que con una llamada de teléfono, desde uno de los barrios más pobres de Andalucía, creó un lazo de fraternidad entre homosexuales catalanes y andaluces que derribó la estructura represiva del franquismo contra los disidentes sexuales.

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