Maestro Dueñas, 170 años convirtiendo la música en emoción: la banda que es escuela y emblema de El Puerto
Javier Alonso Barba, director de la banda de El Puerto de Santa María desde hace 18 años, resume la fórmula de una formación musical a la que solo le mueve la "pasión por la música"
Hay momentos en los que una banda de música se convierte en protagonista de un evento en el que no deja de ser un elemento secundario al espectáculo que acompaña. Unos instantes, minutos en los que la música consigue algo muy difícil: llegar a los sentimientos, levantar al público y provocar una emoción colectiva.
La Banda Maestro Dueñas conoce bien esos momentos. Los ha vivido en las calles, detrás de un paso de palio y, especialmente, hace muy poco en la plaza de toros portuense en el ciclo taurino de agosto donde la música llegó a convertirse en parte esencial del espectáculo.
Javier Alonso dirigiendo a la banda.
JUAN CARLOS TORO
La formación de El Puerto de Santa María atraviesa desde hace años una etapa de amplio reconocimiento sin parangón en sus 170 años de historia. Al frente está desde hace 18 años Javier Alonso Barba, que cuenta 43 años de edad, músico de profesión, director y también responsable de mantener encendida una maquinaria que supera el centenar de músicos y cuya edad media ronda los 25 años.
El director dando indicaciones y corrigiendo a los músicos.
Alonso sabe que hay que disfrutar estos momentos extraordinarios, pero también que no se puede vivir de lo conseguido ayer. “Saborear” el éxito, sí, pero al día siguiente toca volver a empezar. “Mañana ponemos los pies en el suelo y hay que seguir trabajando”. Porque detrás de una ovación hay horas de ensayo, preparación y sacrificio. “Estamos viviendo una temporada dulce, aunque la mente está pensando en la siguiente actuación, prepararse para lo siguiente”.
Músicos de la sección de metales en pleno ensayo.
JUAN CARLOS TORO
"El secreto simplemente es trabajo, trabajo y trabajo"
Y si hubiera que encontrar una fórmula para explicar el momento de Maestro Dueñas, el director no necesita demasiadas palabras: “Trabajo y trabajo”. En pleno agosto, cuando buena parte de la actividad musical podría detenerse, la banda continúa ensayando y actuando. Alonso se muestra “súper orgulloso” de unos músicos que organizan su propia vida alrededor de la formación. “Se organizan el trabajo y las vacaciones para poder asistir con la banda. El secreto simplemente es trabajo, trabajo y trabajo”.
Clarinetes de la banda de música Maestro Dueñas, formación con una importante presencia femenina.
JUAN CARLOS TORO
Cuando una plaza de toros se queda en silencio
Pero hay algo más difícil de explicar que el éxito en las redes: lo que sucede cuando una plaza entera escucha. Alonso lo describe desde dentro, desde ese lugar privilegiado en el que música, toro, torero y público terminan formando una sola escena.
“Allí en la plaza salen los duendes, se une un buen toro, se une un buen torero, se une la luz de la plaza, el silencio… y encima la música. La verdad que era para haberlo vivido cuando sonó el concierto de Aranjuez; había media plaza llorando con lo que estaba viendo, escuchando y sintiendo”, recuerda Alonso aún estremecido cuando lo evoca.
El local de ensayos que ha sido reformado recientemente.
JUAN CARLOS TORO
Son instantes excepcionales. Una banda puede tocar correctamente, interpretar una obra con solvencia y cumplir con su cometido. Pero conseguir que el público se ponga en pie para aplaudirla pertenece a otra dimensión. “Eso es maravilloso. Ese minuto que dura, ese aplauso de todo el mundo y el torero…”.
"Había media plaza llorando con lo que estaba viendo, escuchando y sintiendo"
El director, sin embargo, vive esas tardes desde una tensión que difícilmente percibe quien escucha desde la grada. Alonso se siente más cómodo detrás de un paso de palio, por su condición de cofrade —fue mayordomo de la Hermandad de la Soledad de Jerez—. En una corrida, la responsabilidad pesa de otra manera. “Yo lo paso fatal en las corridas. Muy mal, muy mal. Acabo con la mano temblando”.
La decisión de tocar o no tocar puede convertir unos segundos en una eternidad. “La tensión de decidir si se toca o no se toca es tremenda porque lo mismo la plaza te aplaude y se ponen de pie, lo mismo te pita y al final el músico lo que se lleva es lo que siente”. Y esa responsabilidad, explica, termina recayendo sobre él. “El músico se tiene que ir lleno; de que su trabajo ha contribuido al espectáculo y al final esa responsabilidad nadie la asume, ni la empresa, ni el empresario, ni el torero, ni nadie: recae sobre mí y se pasa muy mal. Hay un punto de no retorno, o tocas ahora o ya no tocas”.
Juventud y veteranía entre los saxofones de la banda.
JUAN CARLOS TORO
No tocar notas, sino decir algo
La concepción musical de Javier Alonso es que Maestro Dueñas no pretende limitarse a ejecutar partituras. Aspira a transmitir. A contar. A conseguir que quien escucha reciba algo que va más allá de la propia música.
“Cuando tocan cara al público sea donde sea y en el contexto que corresponda, no se trata solo de tocar las notas, intentamos interpretar, conmover, poder decir algo. No tocar una pieza, sino poder decir algo, que al final es lo que busca cualquier músico profesional”.
Esa filosofía explica también la exigencia interna de la formación. Mantener el nivel alcanzado no es sencillo y requiere una idea de equipo por encima de cualquier individualidad. Para Javier Alonso, la excelencia no nace de las estrellas, sino de la suma de todos.
Trombones y percusión interpretando una pieza musical.
JUAN CARLOS TORO
"No consiste en tocar una pieza, sino poder decir algo; es lo que busca cualquier músico profesional"
“Pasión”, responde cuando habla de la clave para sostener ese nivel. Pero inmediatamente aparece la dificultad: “El que entra en la banda sabe que forma parte de un equipo. No hay estrellas; es un equipo donde nadie es imprescindible, pero todos somos necesarios y todos tenemos que aportar. Cuando salimos, nadie puede ser el eslabón débil de la banda porque ese eslabón débil afecta a todo”.
Los timbales de la banda.
JUAN CARLOS TORO
Una entrega a la música unida a un fuerte entusiasmo que no se traduce en dinero. Maestro Dueñas es una asociación, no es la banda municipal de El Puerto, y sus músicos forman parte del proyecto de forma altruista. Hay gastos, desplazamientos y compensaciones, pero detrás de cada actuación hay muchas horas que no aparecen en ninguna nómina.
“Cuando se paga una banda divídelo entre 100 personas, quitas autobuses, te tomas una tapa, una cerveza y prácticamente ya te has comido lo que vayas a cobrar ¿Cuántas horas hemos echado en los toros o detrás de un paso? ¿Cuánto tiempo le hemos quitado a la familia, a las novias, a los novios? Cuando te das cuenta, estás horas fuera de casa. No te compensa. No puedes mirar la banda como algo económico, lo haces como un hobby que te aporta muchos valores”. Y entonces llega la definición. La más sencilla y, probablemente, la más exacta: “Pasión por la música”.
Ensayo de Maestro Dueñas en agosto preparando próximos conciertos.
JUAN CARLOS TORO
Una banda que también fabrica su futuro
Maestro Dueñas mantiene un acuerdo con el Ayuntamiento de El Puerto de Santa María que constituye una fuente fundamental de ingresos, junto a salidas procesionales y la plaza de toros. La evolución económica de la entidad ha sido notable. Alonso recuerda que hace algo más de una década las actuaciones pactadas con el Consistorio apenas suponían unos 8.000 euros al año.
Hoy la situación ha cambiado y la banda ha podido afrontar incluso importantes mejoras en su sede. Alonso destaca especialmente la implicación municipal. “El concejal que tenemos de Cultura tiene una sensibilidad extrema con nosotros. Nos ha ido dando más actuaciones, nos ha ampliado todo lo que era gratuito, nos ha dado más actuaciones y con eso y el impulso del alcalde Germán Beardo hemos podido afrontar una obra que era impensable”.
Un instante de uno de los cuatro ensayos semanales de la banda.
JUAN CARLOS TORO
La entidad tiene unos gastos mensuales que rondan los 2.000 euros entre seguros, fotocopias, luz, agua, alarma o vigilancia de la sede. A eso se suma el coste que genera cada músico, desde el mantenimiento hasta las reparaciones de los instrumentos. La banda es grande y sostenerla exige una estructura igualmente importante.
Así han llegado las reformas. La sede cuenta ahora con mejoras en climatización, insonorización y suelo que permiten hacer más llevaderos los ensayos. “Gracias a Germán Beardo, nuestro alcalde del que hemos conseguido ayuda para adecuar la insonorización de las paredes, aires acondicionados y un nuevo suelo”.
Pero quizá la inversión más importante no está en las paredes. Está en las personas. La escuela de música es una de las grandes apuestas de la formación. “La mimamos porque en El Puerto, el conservatorio no nos nutre de músicos formados en saxofón o clarinete. Si por ejemplo necesito un trombón, o me viene uno de fuera o tengo que coger a ese músico y crearlo. Es decir, enseñarle solfeo, enseñarle desde cero y eso requiere tiempo”.
Javier Alonso afinando un instrumento.
JUAN CARLOS TORO
La escuela cuenta actualmente con unos 80 alumnos que han terminado el curso y tiene continuidad en una banda académica en la que los nuevos comienzan a adquirir experiencia hasta alcanzar el nivel necesario para incorporarse a la formación principal. Alonso lo dice con orgullo: “La escuela está muy cuidada por la banda, muy cuidada por la ciudad y a Dios gracias hay cantera para seguir”.
Porque quizá ahí esté la verdadera dimensión de Maestro Dueñas. No solo en las ovaciones, en las redes sociales, en las plazas de toros o en las grandes citas cofrades. También en los que empiezan, en los músicos que sacrifican vacaciones, en los ensayos de agosto y en quienes entienden que una banda se construye con esfuerzo, vocación y pasión por la música. Y con el empuje, clarividencia musical y gestión dede el director hasta el último de los músicos.
Hay momentos en los que una banda de música se convierte en protagonista de un evento en el que no deja de ser un elemento secundario al espectáculo que acompaña. Unos instantes, minutos en los que la música consigue algo muy difícil: llegar a los sentimientos, levantar al público y provocar una emoción colectiva.
La Banda Maestro Dueñas conoce bien esos momentos. Los ha vivido en las calles, detrás de un paso de palio y, especialmente, hace muy poco en la plaza de toros portuense en el ciclo taurino de agosto donde la música llegó a convertirse en parte esencial del espectáculo.
Javier Alonso dirigiendo a la banda.
JUAN CARLOS TORO
La formación de El Puerto de Santa María atraviesa desde hace años una etapa de amplio reconocimiento sin parangón en sus 170 años de historia. Al frente está desde hace 18 años Javier Alonso Barba, que cuenta 43 años de edad, músico de profesión, director y también responsable de mantener encendida una maquinaria que supera el centenar de músicos y cuya edad media ronda los 25 años.
El director dando indicaciones y corrigiendo a los músicos.
Alonso sabe que hay que disfrutar estos momentos extraordinarios, pero también que no se puede vivir de lo conseguido ayer. “Saborear” el éxito, sí, pero al día siguiente toca volver a empezar. “Mañana ponemos los pies en el suelo y hay que seguir trabajando”. Porque detrás de una ovación hay horas de ensayo, preparación y sacrificio. “Estamos viviendo una temporada dulce, aunque la mente está pensando en la siguiente actuación, prepararse para lo siguiente”.
Músicos de la sección de metales en pleno ensayo.
JUAN CARLOS TORO
"El secreto simplemente es trabajo, trabajo y trabajo"
Y si hubiera que encontrar una fórmula para explicar el momento de Maestro Dueñas, el director no necesita demasiadas palabras: “Trabajo y trabajo”. En pleno agosto, cuando buena parte de la actividad musical podría detenerse, la banda continúa ensayando y actuando. Alonso se muestra “súper orgulloso” de unos músicos que organizan su propia vida alrededor de la formación. “Se organizan el trabajo y las vacaciones para poder asistir con la banda. El secreto simplemente es trabajo, trabajo y trabajo”.
Clarinetes de la banda de música Maestro Dueñas, formación con una importante presencia femenina.
JUAN CARLOS TORO
Cuando una plaza de toros se queda en silencio
Pero hay algo más difícil de explicar que el éxito en las redes: lo que sucede cuando una plaza entera escucha. Alonso lo describe desde dentro, desde ese lugar privilegiado en el que música, toro, torero y público terminan formando una sola escena.
“Allí en la plaza salen los duendes, se une un buen toro, se une un buen torero, se une la luz de la plaza, el silencio… y encima la música. La verdad que era para haberlo vivido cuando sonó el concierto de Aranjuez; había media plaza llorando con lo que estaba viendo, escuchando y sintiendo”, recuerda Alonso aún estremecido cuando lo evoca.
El local de ensayos que ha sido reformado recientemente.
JUAN CARLOS TORO
Son instantes excepcionales. Una banda puede tocar correctamente, interpretar una obra con solvencia y cumplir con su cometido. Pero conseguir que el público se ponga en pie para aplaudirla pertenece a otra dimensión. “Eso es maravilloso. Ese minuto que dura, ese aplauso de todo el mundo y el torero…”.
"Había media plaza llorando con lo que estaba viendo, escuchando y sintiendo"
El director, sin embargo, vive esas tardes desde una tensión que difícilmente percibe quien escucha desde la grada. Alonso se siente más cómodo detrás de un paso de palio, por su condición de cofrade —fue mayordomo de la Hermandad de la Soledad de Jerez—. En una corrida, la responsabilidad pesa de otra manera. “Yo lo paso fatal en las corridas. Muy mal, muy mal. Acabo con la mano temblando”.
La decisión de tocar o no tocar puede convertir unos segundos en una eternidad. “La tensión de decidir si se toca o no se toca es tremenda porque lo mismo la plaza te aplaude y se ponen de pie, lo mismo te pita y al final el músico lo que se lleva es lo que siente”. Y esa responsabilidad, explica, termina recayendo sobre él. “El músico se tiene que ir lleno; de que su trabajo ha contribuido al espectáculo y al final esa responsabilidad nadie la asume, ni la empresa, ni el empresario, ni el torero, ni nadie: recae sobre mí y se pasa muy mal. Hay un punto de no retorno, o tocas ahora o ya no tocas”.
Juventud y veteranía entre los saxofones de la banda.
JUAN CARLOS TORO
No tocar notas, sino decir algo
La concepción musical de Javier Alonso es que Maestro Dueñas no pretende limitarse a ejecutar partituras. Aspira a transmitir. A contar. A conseguir que quien escucha reciba algo que va más allá de la propia música.
“Cuando tocan cara al público sea donde sea y en el contexto que corresponda, no se trata solo de tocar las notas, intentamos interpretar, conmover, poder decir algo. No tocar una pieza, sino poder decir algo, que al final es lo que busca cualquier músico profesional”.
Esa filosofía explica también la exigencia interna de la formación. Mantener el nivel alcanzado no es sencillo y requiere una idea de equipo por encima de cualquier individualidad. Para Javier Alonso, la excelencia no nace de las estrellas, sino de la suma de todos.
Trombones y percusión interpretando una pieza musical.
JUAN CARLOS TORO
"No consiste en tocar una pieza, sino poder decir algo; es lo que busca cualquier músico profesional"
“Pasión”, responde cuando habla de la clave para sostener ese nivel. Pero inmediatamente aparece la dificultad: “El que entra en la banda sabe que forma parte de un equipo. No hay estrellas; es un equipo donde nadie es imprescindible, pero todos somos necesarios y todos tenemos que aportar. Cuando salimos, nadie puede ser el eslabón débil de la banda porque ese eslabón débil afecta a todo”.
Los timbales de la banda.
JUAN CARLOS TORO
Una entrega a la música unida a un fuerte entusiasmo que no se traduce en dinero. Maestro Dueñas es una asociación, no es la banda municipal de El Puerto, y sus músicos forman parte del proyecto de forma altruista. Hay gastos, desplazamientos y compensaciones, pero detrás de cada actuación hay muchas horas que no aparecen en ninguna nómina.
“Cuando se paga una banda divídelo entre 100 personas, quitas autobuses, te tomas una tapa, una cerveza y prácticamente ya te has comido lo que vayas a cobrar ¿Cuántas horas hemos echado en los toros o detrás de un paso? ¿Cuánto tiempo le hemos quitado a la familia, a las novias, a los novios? Cuando te das cuenta, estás horas fuera de casa. No te compensa. No puedes mirar la banda como algo económico, lo haces como un hobby que te aporta muchos valores”. Y entonces llega la definición. La más sencilla y, probablemente, la más exacta: “Pasión por la música”.
Ensayo de Maestro Dueñas en agosto preparando próximos conciertos.
JUAN CARLOS TORO
Una banda que también fabrica su futuro
Maestro Dueñas mantiene un acuerdo con el Ayuntamiento de El Puerto de Santa María que constituye una fuente fundamental de ingresos, junto a salidas procesionales y la plaza de toros. La evolución económica de la entidad ha sido notable. Alonso recuerda que hace algo más de una década las actuaciones pactadas con el Consistorio apenas suponían unos 8.000 euros al año.
Hoy la situación ha cambiado y la banda ha podido afrontar incluso importantes mejoras en su sede. Alonso destaca especialmente la implicación municipal. “El concejal que tenemos de Cultura tiene una sensibilidad extrema con nosotros. Nos ha ido dando más actuaciones, nos ha ampliado todo lo que era gratuito, nos ha dado más actuaciones y con eso y el impulso del alcalde Germán Beardo hemos podido afrontar una obra que era impensable”.
Un instante de uno de los cuatro ensayos semanales de la banda.
JUAN CARLOS TORO
La entidad tiene unos gastos mensuales que rondan los 2.000 euros entre seguros, fotocopias, luz, agua, alarma o vigilancia de la sede. A eso se suma el coste que genera cada músico, desde el mantenimiento hasta las reparaciones de los instrumentos. La banda es grande y sostenerla exige una estructura igualmente importante.
Así han llegado las reformas. La sede cuenta ahora con mejoras en climatización, insonorización y suelo que permiten hacer más llevaderos los ensayos. “Gracias a Germán Beardo, nuestro alcalde del que hemos conseguido ayuda para adecuar la insonorización de las paredes, aires acondicionados y un nuevo suelo”.
Pero quizá la inversión más importante no está en las paredes. Está en las personas. La escuela de música es una de las grandes apuestas de la formación. “La mimamos porque en El Puerto, el conservatorio no nos nutre de músicos formados en saxofón o clarinete. Si por ejemplo necesito un trombón, o me viene uno de fuera o tengo que coger a ese músico y crearlo. Es decir, enseñarle solfeo, enseñarle desde cero y eso requiere tiempo”.
Javier Alonso afinando un instrumento.
JUAN CARLOS TORO
La escuela cuenta actualmente con unos 80 alumnos que han terminado el curso y tiene continuidad en una banda académica en la que los nuevos comienzan a adquirir experiencia hasta alcanzar el nivel necesario para incorporarse a la formación principal. Alonso lo dice con orgullo: “La escuela está muy cuidada por la banda, muy cuidada por la ciudad y a Dios gracias hay cantera para seguir”.
Porque quizá ahí esté la verdadera dimensión de Maestro Dueñas. No solo en las ovaciones, en las redes sociales, en las plazas de toros o en las grandes citas cofrades. También en los que empiezan, en los músicos que sacrifican vacaciones, en los ensayos de agosto y en quienes entienden que una banda se construye con esfuerzo, vocación y pasión por la música. Y con el empuje, clarividencia musical y gestión dede el director hasta el último de los músicos.
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