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'Negro sobre rojo', ¿quiénes salvan las campañas más penosas del campo sevillano?: "Venimos a progresar, y cumplimos"

El 90% de quienes recolectan el campo en la peor canícula de agosto son migrantes contratados que, pese a los falsos mitos, llevan años enlazando contratos pero que no le quitan el trabajo a nadie: en Lebrija hay miles de ejemplos que ni viven bajo un plástico ni cobran 20 euros ni son irregulares

  • Un subsahariano trabaja en una parcela lebrijana estos días, en la campaña del pimiento rojo. del -

Mientras los telediarios y las redes sociales se calientan con la avalancha de Ceuta, miles de trabajadores extranjeros de diversas nacionalidades se levantan lo más temprano posible para “robarle tiempo al tiempo” y que “no nos pille la calor”, como dice en auténtico andaluz de aquí abajo la colombiana Amalia, de 32 años y que estos días se desvive “por cumplir” con su trabajo como contratada para la campaña del pimiento rojo en Lebrija, una alternativa cada vez más palpable al tomate industrial, aunque este siga llevándose la palma de todos los esfuerzos de las fábricas transformadoras, pues solo para la cooperativa Las Marismas del Guadalquivir supone un 65% de su actividad, con 1.200 hectáreas cultivadas, de las 3.500 que se dedican a la materia prima del kétchup para toda Europa y de las 5.700 dispuestas para ello en toda la provincia de Sevilla.

  • Los subsaharianos y los latinos son mano de obra fundamental en las campañas de recolección a mano, como le ocurre al pimiento rojo en Lebrija.
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Para pimiento rojo, la superficie cultivada solo en Lebrija es la mitad, pero la gran diferencia es que se trata de un producto que se recolecta a mano, y hacen falta muchas. Podrían ser los propios lebrijanos, o sevillanos de otras localidades limítrofes los que ejercieran esta labor, pero no hay más que darse una vuelta por las parcelas del sector B-XII para comprobar hasta qué punto la mano de obra extranjera ejerce en esta penosa recolección un papel más que fundamental.

Lo reconocen los propios dueños de las tierras. “Esto no saldría adelante sin ellos”, dice sin tapujos el lebrijano Iván Lozano, propietario y encargado de organizar cuadrillas para otras parcelas. “Alrededor del 90% son aquí trabajadores extranjeros”, insiste Jan Carlos, un colombiano afincado en Sevilla y acostumbrado a organizar cuadrillas de más de un centenar de jornaleros para recolectar todo lo recolectable en la provincia de Sevilla durante las cuatro estaciones del año. Lozano insiste en que, solo en Lebrija y las marismas del Bajo Guadalquivir –que se extienden hacia Utrera, Las Cabezas y Los Palacios y Villafranca- puede haber más de un millar de trabajadores en labores manuales de campo, “y sobre el 90% son extranjeros, seguro”.

  • El 90% de los jornaleros de Lebrija en tareas agrícolas manuales son extranjeros con permiso de residencia.
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Colombianos como él, desde luego, pero también uruguayos, nicaragüenses, mexicanos y, desde luego, subsaharianos. Y ninguno de ellos responde al tópico de irregulares explotados que vienen a quitarle el pan a los campesinos de aquí. “Aquí es que no encuentras mano de obra dispuesta a estos trabajos”, reconoce Lozano. Otro lebrijano que tiene contratados a decenas de subsaharianos, Félix Herrera, puede corroborar la idea. Como puede corroborarla el propio Jan Carlos cuando se le pregunta por la preferencia de estos contratados extranjeros: “Es que nosotros venimos a trabajar y tenemos la idea muy clara de qué se espera de nosotros. Venimos a progresar, y cumplimos. No venimos a armar bronca ni a buscarnos problemas, sino a cumplir con nuestro deber y a mandar lo que podamos a nuestras familias”.

"No venimos a armar bronca ni a buscar problemas, sino a progresar y a cumplir con nuestro deber"

 

“Es que la mayoría de los españoles que siguen trabajando aquí en el campo están con los tractores y con otros trabajos mecanizados, pero te será muy difícil encontrar a uno de aquí pulseando a mano y recolectando”, explica Lozano, quien recuerda que no es solamente en estos meses de verano, sino también en otoño e invierno, cuando se empieza con la recolección del brócoli o la coliflor. “Es verdad que entonces hace falta menos mano de obra, pero son los mismos quienes recolectan”.

El propietario lebrijano Juanma Sevillano, por su parte, que ha apostado este año por el pimiento rojo en vez de por el acostumbrado tomate industrial, asegura que "el pimiento, aunque no está el precio todo lo adecuado que debería, tiene algo más de rentabilidad que el tomate", y añade: "Y eso que este año estoy incorporando una máquina para recolectar por el problema que tenemos de personal". En efecto, aunque durante el mes de agosto no falta, y casi todos son subsaharianos o latinos, "cuando empiece la aceituna se van casi todas las cuadrillas porque les pilla más cerca de donde ellos viven", señala Sevillano. El resultado es que no hay personal porque, sin extranjeros, ¿quién recolecta el campo?

  • El pimiento rojo es un producto creciente en el sector B-XII de Lebrija. 
  • -

En Lebrija se está a punto de terminar la recolección del pimiento rojo, con 70 toneladas por hectárea y un precio de salida al mercado de 34 céntimos el kilo. El destino mayoritario es la industria agroalimentaria de comunidades como Murcia o Navarra.

“Nadie viene a trabajar por 20 o 30 euros”

El colombiano Jan Carlos, con amplia experiencia en la contratación de cuadrillas de lo más heterogéneas, asegura que “nadie viene al campo por 20 o 30 euros, eso es una vil mentira”. Lo asegura cuando se le pregunta por el tópico que tanto se oye. “Somos gente que sabemos a lo que vamos, pero que, en función del tajo, nos ganamos entre 50 euros como mínimo o más de 100 en un día”, asegura, e insiste: “Yo mismo he estado en tareas agrícolas y me he ganado más de 100 euros en una jornada”, bien porque ha habido pluses como el de nocturnidad o bien porque se cobre por producción, a destajo. Pero, siempre que sea en el horario habitual, respetando la jornada de seis horas y media.

No somos gente que nos echemos para atrás, puede preguntárselo a los patronos, a ver a quiénes prefieren”, reta Jan Carlos, muy seguro de lo que dice. Los patronos a los que ha preguntado lavozdelsur.es, en efecto, prefieren a estas cuadrillas de extranjeros que a gente local. A la vista está. Pero porque los trabajadores locales prefieren sobrevivir de otros modos y disponen de otros recursos, no porque compitan directamente con estos trabajadores que tienen permiso residencial en España solo porque siguen trabajando.

"No somos gente que nos echemos para atrás; puede preguntárselo a cualquier patrón, a ver a quiénes prefieren en sus fincas"

“Nadie podría vivir hoy con 20 euros al día, eso es una tontería”, corrobora Daniel, otro colombiano de 25 años que lleva cuatro en España, está casando aquí con una venezolana y tienen un hijo de cuatro meses. A veces, “cuando puedo”, manda dinero a sus padres, “pero la vida aquí en España y en Sevilla todos sabemos cómo está”, insiste, antes de explicar que “el tiempo dirá si volvemos a mi país o no”, pues de momento “solo pensamos en seguir trabajando, mientras haya tajo”. De hecho, en dos o tres semanas habrá terminado la campaña del pimiento lebrijano y estará dispuesto a empezar con el verdeo de la aceituna, pero en otras zonas de la provincia de Sevilla.

  • Más de 5.000 trabajadores extranjeros trabajan en el campo sevillano durante estos meses.
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“Siempre sale algo, y ahí estaremos dándolo todo”, insiste Daniel, que como su compatriota Amalia, que solo lleva cuatro meses aquí y se está quedando en Lebrija, empieza muy temprano cada día su jornada laboral, “sobre las cinco y pico de la mañana, para ir ganándole tiempo al tiempo y restarle horas de calor al sol”. Todos procuran terminar antes de la una del mediodía, cuando el termómetro se dispone a alcanzar las máximas.

Ninguno quiere que los fotografíen con nombre y apellidos, pero ninguno tiene tampoco ningún problema en las fotos generales o en hablar cara a cara con lavozdelsur.es sobre sus realidades. Harold, nicaragüense de 26 años, lleva varios años viviendo en Sevilla, "en un piso alquilado que compartimos mi mujer y yo con mi cuñado y otro amigo". “Mando dinero a casa regularmente, pero lo que quiero es que no nos falte el trabajo”, dice mientras vuelca otra espuerta de pimientos al remolque.

  • Detalle en la recolección de pimiento rojo en las marismas de Lebrija, esta misma semana.
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A Sekuba todos lo llaman aquí Seku, a secas, que es una forma entre económica y cariñosa de ahorrarse las presentaciones para un africano de Mali que lleva en España casi la mitad de su vida. Aquí aprendió el español mientras trabajaba. "Al menos para defenderme", dice sonriendo, pero luego sigue hablando y demuestra que le sobra la competencia lingüística a pesar de que en su país de origen solo hablaba francés. “Todo el mundo me llama Seku”, dice él volviendo a sonreír, con una de esas dentaduras tan francas como su currículum. Seku tiene 41 años, y lleva en nuestro país 19. “He trabajado en todo lo que he podido, desde la ferralla hasta la hostelería”, asegura, pero “en lo que más tiempo llevo es en la agricultura”. Vive ahora mismo en Tocina, una localidad de la Vega sevillana desde donde le coge cerca empalmar su tarea con los pimientos este mes en Lebrija con otras labores agrícolas como los cítricos (naranjas y mandarinas) dentro de un mes o el verdeo, o incluso la naranja amarga en la capital cuando llegue el invierno. "Seku domina el español perfectamente", dice Lozano, y antes de que el chico negro reaccione, Lozano contraataca con toda la retranca: "Sobre todo cuando se cabrea, porque ha aprendido a disparatar con todas las palabras que aquí decimos". Entonces Seku va a decir algo gordo, pero se contiene, y estallan las carcajadas. 

Mientras los telediarios y las redes sociales se calientan con la avalancha de Ceuta, miles de trabajadores extranjeros de diversas nacionalidades se levantan lo más temprano posible para “robarle tiempo al tiempo” y que “no nos pille la calor”, como dice en auténtico andaluz de aquí abajo la colombiana Amalia, de 32 años y que estos días se desvive “por cumplir” con su trabajo como contratada para la campaña del pimiento rojo en Lebrija, una alternativa cada vez más palpable al tomate industrial, aunque este siga llevándose la palma de todos los esfuerzos de las fábricas transformadoras, pues solo para la cooperativa Las Marismas del Guadalquivir supone un 65% de su actividad, con 1.200 hectáreas cultivadas, de las 3.500 que se dedican a la materia prima del kétchup para toda Europa y de las 5.700 dispuestas para ello en toda la provincia de Sevilla.

  • Los subsaharianos y los latinos son mano de obra fundamental en las campañas de recolección a mano, como le ocurre al pimiento rojo en Lebrija.
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Para pimiento rojo, la superficie cultivada solo en Lebrija es la mitad, pero la gran diferencia es que se trata de un producto que se recolecta a mano, y hacen falta muchas. Podrían ser los propios lebrijanos, o sevillanos de otras localidades limítrofes los que ejercieran esta labor, pero no hay más que darse una vuelta por las parcelas del sector B-XII para comprobar hasta qué punto la mano de obra extranjera ejerce en esta penosa recolección un papel más que fundamental.

Lo reconocen los propios dueños de las tierras. “Esto no saldría adelante sin ellos”, dice sin tapujos el lebrijano Iván Lozano, propietario y encargado de organizar cuadrillas para otras parcelas. “Alrededor del 90% son aquí trabajadores extranjeros”, insiste Jan Carlos, un colombiano afincado en Sevilla y acostumbrado a organizar cuadrillas de más de un centenar de jornaleros para recolectar todo lo recolectable en la provincia de Sevilla durante las cuatro estaciones del año. Lozano insiste en que, solo en Lebrija y las marismas del Bajo Guadalquivir –que se extienden hacia Utrera, Las Cabezas y Los Palacios y Villafranca- puede haber más de un millar de trabajadores en labores manuales de campo, “y sobre el 90% son extranjeros, seguro”.

  • El 90% de los jornaleros de Lebrija en tareas agrícolas manuales son extranjeros con permiso de residencia.
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Colombianos como él, desde luego, pero también uruguayos, nicaragüenses, mexicanos y, desde luego, subsaharianos. Y ninguno de ellos responde al tópico de irregulares explotados que vienen a quitarle el pan a los campesinos de aquí. “Aquí es que no encuentras mano de obra dispuesta a estos trabajos”, reconoce Lozano. Otro lebrijano que tiene contratados a decenas de subsaharianos, Félix Herrera, puede corroborar la idea. Como puede corroborarla el propio Jan Carlos cuando se le pregunta por la preferencia de estos contratados extranjeros: “Es que nosotros venimos a trabajar y tenemos la idea muy clara de qué se espera de nosotros. Venimos a progresar, y cumplimos. No venimos a armar bronca ni a buscarnos problemas, sino a cumplir con nuestro deber y a mandar lo que podamos a nuestras familias”.

"No venimos a armar bronca ni a buscar problemas, sino a progresar y a cumplir con nuestro deber"

 

“Es que la mayoría de los españoles que siguen trabajando aquí en el campo están con los tractores y con otros trabajos mecanizados, pero te será muy difícil encontrar a uno de aquí pulseando a mano y recolectando”, explica Lozano, quien recuerda que no es solamente en estos meses de verano, sino también en otoño e invierno, cuando se empieza con la recolección del brócoli o la coliflor. “Es verdad que entonces hace falta menos mano de obra, pero son los mismos quienes recolectan”.

El propietario lebrijano Juanma Sevillano, por su parte, que ha apostado este año por el pimiento rojo en vez de por el acostumbrado tomate industrial, asegura que "el pimiento, aunque no está el precio todo lo adecuado que debería, tiene algo más de rentabilidad que el tomate", y añade: "Y eso que este año estoy incorporando una máquina para recolectar por el problema que tenemos de personal". En efecto, aunque durante el mes de agosto no falta, y casi todos son subsaharianos o latinos, "cuando empiece la aceituna se van casi todas las cuadrillas porque les pilla más cerca de donde ellos viven", señala Sevillano. El resultado es que no hay personal porque, sin extranjeros, ¿quién recolecta el campo?

  • El pimiento rojo es un producto creciente en el sector B-XII de Lebrija. 
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En Lebrija se está a punto de terminar la recolección del pimiento rojo, con 70 toneladas por hectárea y un precio de salida al mercado de 34 céntimos el kilo. El destino mayoritario es la industria agroalimentaria de comunidades como Murcia o Navarra.

“Nadie viene a trabajar por 20 o 30 euros”

El colombiano Jan Carlos, con amplia experiencia en la contratación de cuadrillas de lo más heterogéneas, asegura que “nadie viene al campo por 20 o 30 euros, eso es una vil mentira”. Lo asegura cuando se le pregunta por el tópico que tanto se oye. “Somos gente que sabemos a lo que vamos, pero que, en función del tajo, nos ganamos entre 50 euros como mínimo o más de 100 en un día”, asegura, e insiste: “Yo mismo he estado en tareas agrícolas y me he ganado más de 100 euros en una jornada”, bien porque ha habido pluses como el de nocturnidad o bien porque se cobre por producción, a destajo. Pero, siempre que sea en el horario habitual, respetando la jornada de seis horas y media.

No somos gente que nos echemos para atrás, puede preguntárselo a los patronos, a ver a quiénes prefieren”, reta Jan Carlos, muy seguro de lo que dice. Los patronos a los que ha preguntado lavozdelsur.es, en efecto, prefieren a estas cuadrillas de extranjeros que a gente local. A la vista está. Pero porque los trabajadores locales prefieren sobrevivir de otros modos y disponen de otros recursos, no porque compitan directamente con estos trabajadores que tienen permiso residencial en España solo porque siguen trabajando.

"No somos gente que nos echemos para atrás; puede preguntárselo a cualquier patrón, a ver a quiénes prefieren en sus fincas"

“Nadie podría vivir hoy con 20 euros al día, eso es una tontería”, corrobora Daniel, otro colombiano de 25 años que lleva cuatro en España, está casando aquí con una venezolana y tienen un hijo de cuatro meses. A veces, “cuando puedo”, manda dinero a sus padres, “pero la vida aquí en España y en Sevilla todos sabemos cómo está”, insiste, antes de explicar que “el tiempo dirá si volvemos a mi país o no”, pues de momento “solo pensamos en seguir trabajando, mientras haya tajo”. De hecho, en dos o tres semanas habrá terminado la campaña del pimiento lebrijano y estará dispuesto a empezar con el verdeo de la aceituna, pero en otras zonas de la provincia de Sevilla.

  • Más de 5.000 trabajadores extranjeros trabajan en el campo sevillano durante estos meses.
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“Siempre sale algo, y ahí estaremos dándolo todo”, insiste Daniel, que como su compatriota Amalia, que solo lleva cuatro meses aquí y se está quedando en Lebrija, empieza muy temprano cada día su jornada laboral, “sobre las cinco y pico de la mañana, para ir ganándole tiempo al tiempo y restarle horas de calor al sol”. Todos procuran terminar antes de la una del mediodía, cuando el termómetro se dispone a alcanzar las máximas.

Ninguno quiere que los fotografíen con nombre y apellidos, pero ninguno tiene tampoco ningún problema en las fotos generales o en hablar cara a cara con lavozdelsur.es sobre sus realidades. Harold, nicaragüense de 26 años, lleva varios años viviendo en Sevilla, "en un piso alquilado que compartimos mi mujer y yo con mi cuñado y otro amigo". “Mando dinero a casa regularmente, pero lo que quiero es que no nos falte el trabajo”, dice mientras vuelca otra espuerta de pimientos al remolque.

  • Detalle en la recolección de pimiento rojo en las marismas de Lebrija, esta misma semana.
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A Sekuba todos lo llaman aquí Seku, a secas, que es una forma entre económica y cariñosa de ahorrarse las presentaciones para un africano de Mali que lleva en España casi la mitad de su vida. Aquí aprendió el español mientras trabajaba. "Al menos para defenderme", dice sonriendo, pero luego sigue hablando y demuestra que le sobra la competencia lingüística a pesar de que en su país de origen solo hablaba francés. “Todo el mundo me llama Seku”, dice él volviendo a sonreír, con una de esas dentaduras tan francas como su currículum. Seku tiene 41 años, y lleva en nuestro país 19. “He trabajado en todo lo que he podido, desde la ferralla hasta la hostelería”, asegura, pero “en lo que más tiempo llevo es en la agricultura”. Vive ahora mismo en Tocina, una localidad de la Vega sevillana desde donde le coge cerca empalmar su tarea con los pimientos este mes en Lebrija con otras labores agrícolas como los cítricos (naranjas y mandarinas) dentro de un mes o el verdeo, o incluso la naranja amarga en la capital cuando llegue el invierno. "Seku domina el español perfectamente", dice Lozano, y antes de que el chico negro reaccione, Lozano contraataca con toda la retranca: "Sobre todo cuando se cabrea, porque ha aprendido a disparatar con todas las palabras que aquí decimos". Entonces Seku va a decir algo gordo, pero se contiene, y estallan las carcajadas. 

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