Entre polvo y salvas, la Virgen del Rocío vuelve a Almonte
La Blanca Paloma emprende al caer la tarde un camino de más de 15 kilómetros para cumplir una tradición que Almonte revive cada siete años y que volvió a reunir a centenares de miles de personas entorno a la devoción rociera
Al filo de las ocho de la tarde, más de cuatro horas después de su salida y cuando el sol comenzaba a caer sobre el horizonte de las marismas, la Virgen del Rocío fue cubierta con su nuevo capote y su rostro quedó protegido por el pañito. Era la señal de que la Venida comenzaba. La Blanca Paloma dejaba la aldea para emprender el camino hacia Almonte, un recorrido de algo más de 15 kilómetros que se prolongará durante toda la noche y la madrugada hasta su llegada al pueblo.
La imagen se presenta con una vestimenta que puede resultar insólita para quienes contemplan por primera vez este traslado, pero que responde a una necesidad esencial: protegerla del polvo, la arena y las condiciones de un camino largo en el que miles de personas avanzan junto a sus andas. El capote permanecerá sobre la Virgen durante todo el trayecto y será retirado al amanecer, cuando llegue el momento de entrar en Almonte, una ceremonia que tendrá lugar sobre las 6 horas en el Alto del Molinillo en el parque del Chaparral.
El tránsito de la Virgen bajo la cúpula de flores que marca el camino por la aldea.
Hermandad Matriz Almonte
Una Venida con cuatro siglos de historia
La noche del miércoles al jueves vuelve a poner en escena una de las tradiciones más singulares del calendario rociero. La Venida tiene raíces antiguas y existen referencias a su celebración desde el siglo XVII. Algunos estudiosos de esta tradición apuntan incluso a que la de este año podría ser la número 60, lo que situaría sus orígenes hace más de cuatro siglos si esta referencia histórica es correcta.
No es una romería ni una procesión al uso. La Venida es una celebración propia de Almonte, sin hermandades, sin simpecados, sin curas elevados a hombros para cantar la Salve y con unos códigos particulares que se mantienen generación tras generación. Entre ellos destaca el sonido de las salvas de escopeta que acompañan el caminar de la Virgen. Centenares de almonteños portan estas armas y marcan con sus disparos el paso de la imagen, una tradición que dicen esta vinculada a la memoria del cazador que, según la historia, encontró a la Blanca Paloma.
Una de las muchas metaladas de flores que recibió la Virgen del Rocío en la aldea.
Hermandad Matriz Almonte
El pito y el tamboril ponen también su particular banda sonora, así como los cantos de la eterna Salve de Los Doñana; sin embargo el ambiente sonoro de la Venida está dominado por ese estruendo de las salvas y por el clamor de una multitud que acompaña a la Patrona en su camino hacia el pueblo.
Por el Camino de los Llanos
Hay otro elemento que adquiere un protagonismo especial durante esta noche: los pañuelos de yerba anudados al cuello. Una prenda habitual como seña de identidad rociera que durante la Venida cumple su auténtica función.
El Camino de la Virgen, conocido también como Camino de los Llanos, se convierte con el paso de la multitud en una enorme nube de polvo. El tránsito de miles de personas levanta una auténtica polvareda que hace difícil incluso respirar junto a las andas de la Virgen. Por eso ese pañuelo, utilizado tradicionalmente en las labores del campo, se convierte en un elemento imprescindible. Otros recurren a mascarillas o cualquier otro sistema que permita protegerse de una nube de polvo que hace casi imposible acercarse a la imagen.
Antes de alcanzar el camino entre los pinares, la Virgen recorrió durante casi cinco horas la aldea, desde aproximadamente las tres y media de la tarde hasta llegar al arco donde comenzó la preparación para el traslado. El recorrido estuvo señalado por un gran toldo de flores de papel y los postes cubiertos de romero que han transformado El Rocío durante estos días.
El Rocío se transforma en una multitud
Desde días atrás ya se percibía el ambiente de una Venida que vuelve a producir un enorme movimiento en la aldea. Numerosas casas han estado ocupadas por visitantes y rocieros que, en muchos casos, prolongaron los alquileres de la pasada Romería para permanecer hasta estos días de agosto.
Durante el martes y, especialmente, desde las primeras horas del miércoles, la afluencia fue creciendo hasta convertir las calles de El Rocío en un enorme escenario de cultos y sabor rociero ante la proximidad de la salida de la Virgen.
Bajo un toldo de flores blancas en el camino de la Virgen del Rocío por su aldea.
Hermandad Matriz Almonte
Durante los días previos se habían escuchado voces reclamando que la Virgen no abandonara la ermita hasta la caída del sol para evitar las horas de mayor calor. Pero el hecho de que la jornada amaneciera con temperaturas suaves y abundante nubosidad, hasta el punto de que durante buena parte del día se llegó a pensar que la lluvia podría acompañar al Rocío Chico, vaticinaba que se volvería a vivir otro salto temprano. Así fue pero menos que hace siete años que sucedió sobre las 14.30 horas.
Almonte espera a su Patrona
La tradición vuelve a cumplirse siete años después. La Virgen del Rocío se dirige hacia el pueblo del que es Patrona, donde permanecerá durante los próximos meses hasta las vísperas de la próxima Romería de Pentecostés.
La llegada tendrá lugar al amanecer, cuando la Virgen alcance el Alto del Molinillo, en el parque del Chaparral. Allí será despojada del capote y del pañito que han protegido su rostro durante la noche y comenzará una nueva parte de la Venida: la entrada de la Patrona en un Almonte completamente transformado para recibirla.
Las calles se encuentran engalanadas desde hace semanas con enormes arcos de flores de papel, cúpulas y estructuras efímeras elaboradas artesanalmente por los propios almonteños. Todo está preparado para que la Virgen atraviese estas calles camino de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción.
Desde ese momento, el epicentro de la devoción rociera se trasladará de la aldea al pueblo. Allí permanecerá la Virgen, se sucederán las visitas corporativas de las hermandades y la iglesia se convertirá cada día en lugar de oración y encuentro para miles de personas.
La Venida habrá terminado, pero para Almonte comenzará entonces otra etapa: la de convivir durante meses con su Patrona y con todo el movimiento religioso, social y económico que genera la presencia de la Virgen del Rocío en su pueblo.
Al filo de las ocho de la tarde, más de cuatro horas después de su salida y cuando el sol comenzaba a caer sobre el horizonte de las marismas, la Virgen del Rocío fue cubierta con su nuevo capote y su rostro quedó protegido por el pañito. Era la señal de que la Venida comenzaba. La Blanca Paloma dejaba la aldea para emprender el camino hacia Almonte, un recorrido de algo más de 15 kilómetros que se prolongará durante toda la noche y la madrugada hasta su llegada al pueblo.
La imagen se presenta con una vestimenta que puede resultar insólita para quienes contemplan por primera vez este traslado, pero que responde a una necesidad esencial: protegerla del polvo, la arena y las condiciones de un camino largo en el que miles de personas avanzan junto a sus andas. El capote permanecerá sobre la Virgen durante todo el trayecto y será retirado al amanecer, cuando llegue el momento de entrar en Almonte, una ceremonia que tendrá lugar sobre las 6 horas en el Alto del Molinillo en el parque del Chaparral.
El tránsito de la Virgen bajo la cúpula de flores que marca el camino por la aldea.
Hermandad Matriz Almonte
Una Venida con cuatro siglos de historia
La noche del miércoles al jueves vuelve a poner en escena una de las tradiciones más singulares del calendario rociero. La Venida tiene raíces antiguas y existen referencias a su celebración desde el siglo XVII. Algunos estudiosos de esta tradición apuntan incluso a que la de este año podría ser la número 60, lo que situaría sus orígenes hace más de cuatro siglos si esta referencia histórica es correcta.
No es una romería ni una procesión al uso. La Venida es una celebración propia de Almonte, sin hermandades, sin simpecados, sin curas elevados a hombros para cantar la Salve y con unos códigos particulares que se mantienen generación tras generación. Entre ellos destaca el sonido de las salvas de escopeta que acompañan el caminar de la Virgen. Centenares de almonteños portan estas armas y marcan con sus disparos el paso de la imagen, una tradición que dicen esta vinculada a la memoria del cazador que, según la historia, encontró a la Blanca Paloma.
Una de las muchas metaladas de flores que recibió la Virgen del Rocío en la aldea.
Hermandad Matriz Almonte
El pito y el tamboril ponen también su particular banda sonora, así como los cantos de la eterna Salve de Los Doñana; sin embargo el ambiente sonoro de la Venida está dominado por ese estruendo de las salvas y por el clamor de una multitud que acompaña a la Patrona en su camino hacia el pueblo.
Por el Camino de los Llanos
Hay otro elemento que adquiere un protagonismo especial durante esta noche: los pañuelos de yerba anudados al cuello. Una prenda habitual como seña de identidad rociera que durante la Venida cumple su auténtica función.
El Camino de la Virgen, conocido también como Camino de los Llanos, se convierte con el paso de la multitud en una enorme nube de polvo. El tránsito de miles de personas levanta una auténtica polvareda que hace difícil incluso respirar junto a las andas de la Virgen. Por eso ese pañuelo, utilizado tradicionalmente en las labores del campo, se convierte en un elemento imprescindible. Otros recurren a mascarillas o cualquier otro sistema que permita protegerse de una nube de polvo que hace casi imposible acercarse a la imagen.
Antes de alcanzar el camino entre los pinares, la Virgen recorrió durante casi cinco horas la aldea, desde aproximadamente las tres y media de la tarde hasta llegar al arco donde comenzó la preparación para el traslado. El recorrido estuvo señalado por un gran toldo de flores de papel y los postes cubiertos de romero que han transformado El Rocío durante estos días.
El Rocío se transforma en una multitud
Desde días atrás ya se percibía el ambiente de una Venida que vuelve a producir un enorme movimiento en la aldea. Numerosas casas han estado ocupadas por visitantes y rocieros que, en muchos casos, prolongaron los alquileres de la pasada Romería para permanecer hasta estos días de agosto.
Durante el martes y, especialmente, desde las primeras horas del miércoles, la afluencia fue creciendo hasta convertir las calles de El Rocío en un enorme escenario de cultos y sabor rociero ante la proximidad de la salida de la Virgen.
Bajo un toldo de flores blancas en el camino de la Virgen del Rocío por su aldea.
Hermandad Matriz Almonte
Durante los días previos se habían escuchado voces reclamando que la Virgen no abandonara la ermita hasta la caída del sol para evitar las horas de mayor calor. Pero el hecho de que la jornada amaneciera con temperaturas suaves y abundante nubosidad, hasta el punto de que durante buena parte del día se llegó a pensar que la lluvia podría acompañar al Rocío Chico, vaticinaba que se volvería a vivir otro salto temprano. Así fue pero menos que hace siete años que sucedió sobre las 14.30 horas.
Almonte espera a su Patrona
La tradición vuelve a cumplirse siete años después. La Virgen del Rocío se dirige hacia el pueblo del que es Patrona, donde permanecerá durante los próximos meses hasta las vísperas de la próxima Romería de Pentecostés.
La llegada tendrá lugar al amanecer, cuando la Virgen alcance el Alto del Molinillo, en el parque del Chaparral. Allí será despojada del capote y del pañito que han protegido su rostro durante la noche y comenzará una nueva parte de la Venida: la entrada de la Patrona en un Almonte completamente transformado para recibirla.
Las calles se encuentran engalanadas desde hace semanas con enormes arcos de flores de papel, cúpulas y estructuras efímeras elaboradas artesanalmente por los propios almonteños. Todo está preparado para que la Virgen atraviese estas calles camino de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción.
Desde ese momento, el epicentro de la devoción rociera se trasladará de la aldea al pueblo. Allí permanecerá la Virgen, se sucederán las visitas corporativas de las hermandades y la iglesia se convertirá cada día en lugar de oración y encuentro para miles de personas.
La Venida habrá terminado, pero para Almonte comenzará entonces otra etapa: la de convivir durante meses con su Patrona y con todo el movimiento religioso, social y económico que genera la presencia de la Virgen del Rocío en su pueblo.
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