El asombroso Museo del Belén que muy pocos conocen en Jerez pero merece una gran visita: "Es único en el mundo"
Ramón García, presidente de la Asociación de Belenistas de Jerez, una institución que celebra medio siglo de vida este año, hace una visita guiada a lavozdelsur.es de un complejo museístico que apenas se conoce, pero que sorprende y "emociona" a todo el que lo visita. "100% recomendable; merecería Jerez una visita solo por ver este museo", reflejan las reseñas en Google
Si las luces de Navidad de Vigo se montan en verano, en Jerez es Navidad todo el año. Y de una manera más artística, sostenible y con menos gasto energético. La quintaesencia de la Navidad jerezana requiere de mucha paciencia, horas de trabajo todo el año y un profundo amor por el hiperrealismo.
El belenismo, declarado el pasado 2024 Bien de Interés Etnológico andaluz, tiene un museo "único en el mundo" en un casco bodeguero decimonónico y perfectamente rehabilitado en el centro de Jerez. Solo la experiencia de ver ese patrimonio industrial reconvertido en cuidado espacio museístico ya merecería la pena.
Ramón García, presidente de la Asociación de Belenistas de Jerez, repasa en una visita guiada con lavozdelsur.es los 30 años de historia del Museo del Belén: un proyecto nacido en 1996, construido a mano por decenas de artistas locales, reconocido como referencia nacional del sector y que arrastra, según denuncia y evidencia la soledad de la visita en plena temporada alta en la provincia, un problema crónico de promoción turística.
¿Cómo es posible que las reseñas en Google reflejen el aplauso unánime a la dimensión artística y patrimonial de este activo turístico y cultural de la ciudad y, luego, apenas nadie visite el museo? Un visitante escribió hace un mes: "Aunque habíamos visto de la existencia del Museo, fuimos un poco por casualidad, buscando huir del calor infernal del día e intentando entretener a dos niños pequeños. Desde el precio insignificante de la entrada, hasta el trato recibido, pasando por cada uno de los rincones de este precioso y espectacular museo, merecen la pena. ¡Hemos transformado pleno verano en Navidad! Un museo así sólo se puede mantener y puede existir por amor al arte. Con mayúsculas. 100% recomendable. Y merecería Jerez una visita solo por ver este museo".
Ramón García, ante una de las escenas del Belén Monumental.
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JUAN CARLOS TORO
Ni los jerezanos prácticamente lo conocen
Jerez guarda uno de esos secretos que sorprenden hasta a sus propios vecinos: un museo capaz de emocionar hasta las lágrimas —así lo señalan algunas de las reseñas— a quienes lo visitan, y un espacio que es "referencia nacional". Detrás de esa frase hay treinta años de historia —la asociación de belenistas cumple este año medio siglo de tradición—, decenas de artistas y un problema que el propio Ramón no duda en señalar: ni siquiera las agencias de viajes lo conocen lo suficiente. Y claro, lo que no se conoce, no existe.
El origen del museo se remonta a 1996, cuando Jerez acogió el Congreso Nacional Belenista. Para la ocasión, la asociación montó un gran belén al estilo del actual Belén Monumental: una pieza envolvente, de unos 300 metros cuadrados, en la que el visitante quedaba literalmente inmerso por las diferentes escenas y recorría distintas fases del relato bíblico sobre el que gira la Navidad. Aquel montaje se instaló temporalmente en el centro histórico, pero el resultado fue tan sorprendente —"una verdadera obra de arte", recuerda García— que nadie quiso desmontarlo. Había que buscarle un lugar fijo.
El Belén napolitano del museo, una joya.
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JUAN CARLOS TORO
Con los años, la idea de darle una sede permanente fue tomando forma en una nave que era patrimonio municipal y que, en principio, estaba destinada a ser derribada. El Ayuntamiento decidió finalmente reconvertirla en el actual museo, aunque el proceso se hizo en dos fases: la inauguración de 2010 se limitó al Belén Monumental, y no fue hasta 2011 cuando abrió la totalidad del edificio.
Durante los primeros años, mantener el museo abierto al público dependió por completo del voluntariado de la propia asociación, que llegó a tenerlo accesible prácticamente todo el año, incluidas visitas guiadas concertadas directamente con los socios. Más adelante llegó el convenio con la Fundación Cultural Universitaria de las Artes de Jerez, Fundarte —que gestiona y explota el Villamarta—, refrendado a finales de 2023. Ese acuerdo terminó de estabilizar los horarios de apertura y consolidó el museo como un recurso turístico más de la ciudad.
Sin embargo, esa apertura estable no se ha traducido en un aumento del grado de conocimiento y visitas en las instalaciones. Unos 4.200 visitantes en el último año están a años luz de los cientos de miles de personas que llegan a los campos de golf, al Circuito de Jerez o visitan bodegas y el Alcázar, el monumento de titularidad municipal más visitado.
Detalles claramente andaluces en este belén.
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JUAN CARLOS TORO
Un nacimiento en el interior de una bota de vino de Jerez.
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JUAN CARLOS TORO
Un tesoro de interés cultural que las agencias de viajes ignoran
Ramón García no esconde su frustración con lo que considera el problema de fondo: la falta de promoción turística de un espacio vinculado a un arte reconocido como de interés etnológico. "El fallo es la promoción turística", resume, pero también de no darlo a conocer entre los propios vecinos y vecinas. "Hay gente que se asoma a la puerta y dice, bah, un belén, yo por eso no pago". Y el precio de la entrada es de 5 euros, muy por debajo de lo que costaría la visita a cualquier museo de grandes ciudades del mundo.
A su juicio, el error de partida es pensar que el belenismo es un fenómeno estrictamente estacional, ligado solo a la Navidad, cuando en otras ciudades —tanto de España como del resto del mundo— los museos del belén están integrados en las redes museísticas y forman parte habitual de los circuitos que ofrecen las agencias de viaje.
Entrada a las instalaciones.
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JUAN CARLOS TORO
En Jerez, sin embargo, la mayoría de esas agencias o touroperadores ni siquiera sabe que el museo existe. Quienes llegan hasta sus puertas suelen hacerlo casi por casualidad, tras haberse enterado por su cuenta o haberlo localizado buscando en internet. Y entre ese público hay un porcentaje muy alto de extranjeros —italianos, visitantes de países nórdicos e incluso de América— que, cuando están en la zona, incluyen expresamente el museo en su recorrido porque lo consideran un punto de visita relevante. "Todo el mundo alucina con lo que ve aquí", resume.
La visita empieza ya dando pistas de lo que vendrá después. En el vestíbulo de entrada, la asociación ha compuesto una suerte de collage con belenes atípicos, los llamados belenes-cuadro: piezas colgadas, de muy poca profundidad real, que juegan con el engaño visual y la perspectiva para simular volúmenes mucho mayores de los que en realidad ocupan. En el centro de esa composición hay un belén que funciona casi como una cartela introductoria, pensado para explicar al visitante en qué consiste el arte del belenismo antes de adentrarse en el resto del recorrido.
Ya en la sala de usos múltiples aparece uno de los sellos más particulares del museo: dioramas que no representan el nacimiento de Jesús, sino escenas costumbristas típicamente jerezanas, firmadas por autores como Esteban Benítez Domínguez, Manolo Salado o Vicente Rodríguez. Uno de los más reconocibles recrea la Puerta de San Francisco con el rey sentado, rodeado de niños que posan para la foto, una estampa muy propia de los años setenta y ochenta del siglo pasado que cualquier jerezano de cierta edad identifica al instante.
La mítica tienda 'El Malagueño' o 'La Malagueña' en calle Algarve.
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JUAN CARLOS TORO
Otro diorama reconstruye una sacristía de la ciudad, con el cura y los monaguillos montando el pequeño belén que después se colocaba delante del altar. Hay una tercera pieza dedicada a La Malagueña que retrata el escaparate de la mítica tienda de curiosidades, belenismo y bromas pesadas de la calle Algarve; el cura camino de San Dionisio, el "cuponero" que vendía siempre en la puerta y el vendedor de cacharros para la zambomba. Cerca de ahí, otra pieza recupera a los Reyes Magos trabajando la madera, dentro del conjunto dedicado a los preparativos de la Navidad. Los dioramas van más allá de la Navidad y son recreaciones sociológicas y antropológicas de un Jerez, de una parte de la historia, que ya no existe.
Todo lo que se ve en estas piezas —insiste Ramón— es invención e íntegramente hecho a mano por cada autor: prácticamente todas las figuras se crean expresamente para el diorama en el que van a colocarse, sin reciclar piezas de otros conjuntos. El tiempo de ejecución varía mucho según el artista: los hay que resuelven una escena en dos o tres meses y otros que necesitan hasta seis.
Exposición de figuras.
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JUAN CARLOS TORO
Uno de los relatos que más se repite entre los belenistas de Jerez es el del relevo generacional, y el museo lo escenifica de forma literal. Vicente Rodríguez continúa hoy el legado de Ángel Martínez, uno de los grandes escultores andaluces del siglo XX en este arte, reconocido con títulos nacionales de Bellas Artes. Martínez se especializó en recrear oficios y actividades tradicionales de la zona —el tonelero, la carbonería, la carpintería— vestidos con el detalle de la época. Uno de sus dioramas se contempla a través de una pequeña ventana, en la que aparecen, precisamente, artesanos montando un belén dentro del propio belén. Otro reúne carbonería, carpintería, cuadras y bodega, con sus correspondientes garrafas de vino. Incluso la arquitectura de fondo busca semejanzas con estampas jerezanas: una torre que recuerda al Alcázar tal y como era antes de su restauración, cuando estaba integrado entre las casas adosadas a la muralla y no aislado como se ve hoy.
Esa insistencia en el detalle no es casual. Para García, la clave del belenismo tal y como se entiende en Jerez es el hiperrealismo: la búsqueda constante de que cada figura, cada oficio y cada rincón resulten lo más creíbles posible.
El recorrido suma más escenas costumbristas: desde la matanza del cerdo hasta la elaboración de pestiños, o una alegoría dedicada a los antiguos pescadores de cangrejos del arroyo. Rafael Martínez Gómez firma una pieza esculpida íntegramente en 3D por él mismo, La recogida de Moisés, que el cicerone de esta visita sitúa ya dentro de una nueva evolución de este arte. En esa misma línea de innovación se enmarca el belén de sobremesa de Juan Miguel Barba, o una obra a cuatro caras en la que cada frente ha sido resuelto por un autor distinto, aunque el conjunto termina encajando como una sola pieza, además de otra composición cercana que recurre al formato de viñeta para presentar sus alegorías. El museo conserva también la recreación de un retablo original, un tríptico que se cierra sobre sí mismo y que en su interior desarrolla la Adoración de los Reyes junto con el bautismo de Jesús.
El Belén Monumental, la joya de la corona: 20 minutos de luces, voces y simbolismo
Si hay una pieza que resume la ambición del museo, esa es el Belén Monumental, al que el propio Ramón se refiere como la joya de la corona del conjunto. Se trata de una instalación pensada como un auténtico espectáculo audiovisual de unos veinte minutos, en el que seis escenas se van iluminando de manera sucesiva mientras una narración —con distintas voces— va explicando lo que ocurre en cada una. Cada escena está firmada por un autor distinto, y el conjunto estuvo dirigido y coordinado por Manolo Salado, encargado de diseñar la estructura global y de encajar las seis narraciones en un solo relato.
Detalle de piezas del museo.
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JUAN CARLOS TORO
El nivel simbólico de la pieza es minucioso. Arranca en una recreación del monte Atlas, donde nacen los tres grandes ríos del mundo, a modo de Jardín del Edén; ese curso de agua —movido con motores ocultos, la versión profesional de aquellos papeles de plata de la infancia— recorre después todo el belén. En el propio jardín hay un manzano con una manzana caída al suelo, alegoría del pecado original que, más adelante, queda "roto" con la escena de la Anunciación a María. El detalle se cuida hasta en los rincones que apenas se perciben a simple vista: la herramienta de carpintería junto a José y la burra, como guiño a su oficio, o pequeños nidos de pájaros escondidos entre las piedras.
La escena de la Anunciación a los Pastores —realizada y dirigida por el propio Ramón García— desarrolla otra alegoría central: detrás de la anunciación aparece un túmulo que representa la muerte, vencida por la llegada de Jesús, en una lectura de triunfo de la vida frente a la muerte. El resto de escenas del Monumental llevan también firma propia: la Natividad es obra de Enrique Fernández Quevedo; el llamado Belén de Ciudad, que ambienta el pueblo, de Javier Gutiérrez; la escena de los Reyes Magos, con una escenografía de movimiento muy elaborada, de Juan Mateo Portillo, con las figuras realizadas por Pedro Ramírez Pazos; y la Huida a Egipto, de Miguel Pérez Carrillo, que cierra el ciclo del agua: los mismos ríos que nacían en la escena de la Anunciación a María reaparecen aquí, en el tramo final del relato.
Otra escena del Belén Monumental, la Anunciación.
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JUAN CARLOS TORO
Según cuenta Ramón García, muchos de quienes contemplan el Belén Monumental "terminan emocionados" ante la combinación de luces, sonido y narración. Y no es una afirmación gratuita: sostiene que se trata de un espacio único en el mundo, con muy pocos referentes comparables y que su forma de presentar los belenes, con narraciones y escenas sucesivas, ha sido imitada después por otros proyectos. En España existe un espacio de mayor tamaño, el Museo Internacional del Belén de Mollina (Málaga), que reúne piezas de todo el mundo, pero que Ramón describe como una experiencia distinta, más fría en el trato: "el que viene aquí le hace un pellizquito más" que en otros museos similares, resume sobre la experiencia jerezana.
Un espectáculo para los sentidos.
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JUAN CARLOS TORO
El museo también reserva una zona a modo de galería de escultores, con obras de autores andaluces, de otros puntos de España e incluso internacionales, como una pieza procedente de Colombia, además de la serie que la propia asociación llama la sala de los Reyes Magos. Entre esas obras destaca el trabajo de Ángel Martínez con el llamado pictograma, una técnica en la que la escena tridimensional se continúa con una pintura realizada por el propio autor. Estas piezas retratan épocas pasadas con la misma vocación costumbrista que el resto del museo.
Belenes-misterio con piedras pintadas y homenajes al pionero de los nacimientos, San Francisco
Entre las piezas con más carga emotiva está la que recuerda la pandemia. En aquellos meses, todas las asociaciones belenistas de Andalucía se sumaron a una iniciativa común: montar belenes con piedras pintadas a mano, en los que José, María y el Niño formaban el misterio central. El Niño llevaba mascarilla, un símbolo que identificaba a quién iba dedicada cada pieza: se repartieron como agradecimiento entre las fuerzas de seguridad y los centros hospitalarios que intervinieron durante la crisis sanitaria. En total, entre todas las asociaciones andaluzas, se llegaron a entregar más de 3.000 belenes-misterio hechos con piedras pintadas.
San Francisco de Asís, patrón universal de los belenistas, tiene también su espacio propio, con una pieza realizada por el propio Ramón que recrea la Cueva de Greccio, en Italia, donde el santo creó el primer belén del mundo, y en la que el suelo representa el mundo; la obra incluye, además, un pequeño homenaje al fallecido belenista Pepe Guerra, autor en su día de un diorama en el que San Francisco aparecía arrodillado sobre una montaña sosteniendo un pequeño belén entre las manos. El cartel de la Navidad de la asociación de este año, por su parte, puede verse en la exposición del museo y está dedicado al mundo gitano: recrea un patio jerezano con el canastero, el latero, María sentada en una canasta, José trabajando como carpintero y el Niño rodeado de juguetes, en homenaje a una comunidad que el año pasado cumplió 500 años de presencia en la ciudad.
El museo guarda también un asombroso belén napolitano que reproduce cómo se exponían estas piezas en los grandes salones de las casas señoriales de Nápoles, contra paredes decoradas con frescos de temática grecorromana. Nada de lo anterior es estático. Tanto éste como el propio Belén Monumental siguen incorporando detalles con el paso del tiempo. "Constantemente vamos viendo pequeños detalles y modificando pequeños detalles", resume Ramón García sobre una exposición museística que, insiste, "va renovándose" año tras año.
Homenaje al mundo gitano.
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JUAN CARLOS TORO
Esa dedicación no se limita a las piezas ya expuestas. Ramón reconoce que, en el momento de la entrevista, tiene cinco grandes belenes preparados para montar y está inmerso en otros dos, en un trabajo que arranca a mediados de febrero y no se detiene hasta que llega la Navidad. "No podemos improvisar", explica: la gente espera ver grandes belenes cada año, y eso exige empezar con meses de antelación. Él mismo dedica entre cinco y seis horas diarias a este arte.
Una asociación con 200 socios pendiente de relevo generacional
Para el responsable de la Asociación de Belenistas de Jerez, que cuenta hoy con unos 200 socios, ser belenista es una forma de entender la vida que compara directamente con otras disciplinas artísticas: igual que un escritor se sienta a escribir un libro o un pintor dedica su tiempo al lienzo, los belenistas modelan y pintan sus propias escenas. Lamenta que, durante años, este trabajo se haya entendido como una simple afición sin el reconocimiento artístico que merece, aunque cree que la percepción está cambiando poco a poco: "Yo no lo considero un hobby —afirma—. Es una manera de expresar los sentimientos y el arte que cada uno tiene".
El presidente de la Asociación de Belenistas de Jerez, retratado en días pasados.
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JUAN CARLOS TORO
Preguntado por si la tradición corre el riesgo de perder relevo generacional, lo relativiza y lo describe casi como un ciclo natural: la asociación lleva 50 años organizando un certamen de nacimientos dirigido a escolares, en el que participan niños de todas las edades. Durante la adolescencia, reconoce, muchos "desaparecen" y parecen perder el interés, pero suelen volver más adelante, casi "como por arte de magia".
Para reforzar ese relevo, la asociación intenta poner en marcha escuelas de belenismo, aunque necesita apoyo institucional para desarrollarlas. Ramón cuenta, no sin cierta decepción, que intentaron establecer vínculos con la Escuela de Arte de Jerez y que la respuesta fue que la escultura de figuras de belén no encajaba en su esquema educativo, pese a que entre los socios de la propia asociación hay cinco escultores belenistas de proyección nacional e internacional que se formaron precisamente en esa escuela. Ese contraste —entre el reconocimiento que despierta el museo puertas afuera y la falta de apoyo puertas adentro— resume, en cierto modo, la historia de un museo que ahora está ante una nueva oportunidad para ser relanzado y descubierto por quienes aún no tuvieron la suerte de disfrutar de la experiencia.
La Fundación Andrés de Ribera, según se aprobó en pleno y en el patronato de la entidad dependiente del Ayuntamiento de Jerez, se hará cargo a partir de octubre de la gestión de los Museos de Lola Flores y del Museo del Belén. Tal y como explicó el primer teniente de alcaldesa, Agustín Muñoz, este cambio de gestión se realiza al objeto de dotar a estos centros de una gestión más ágil, coordinada y eficiente, consolidando así la oferta cultural de la ciudad. Se trata, como señaló el responsable municipal, de "optimizar los recursos humanos y técnicos, racionalizar el gasto y diseñar estrategias conjuntas para mejorar la promoción turística y reforzar el impacto desde el punto de vista social, económico, cultural y turístico".
Si las luces de Navidad de Vigo se montan en verano, en Jerez es Navidad todo el año. Y de una manera más artística, sostenible y con menos gasto energético. La quintaesencia de la Navidad jerezana requiere de mucha paciencia, horas de trabajo todo el año y un profundo amor por el hiperrealismo.
El belenismo, declarado el pasado 2024 Bien de Interés Etnológico andaluz, tiene un museo "único en el mundo" en un casco bodeguero decimonónico y perfectamente rehabilitado en el centro de Jerez. Solo la experiencia de ver ese patrimonio industrial reconvertido en cuidado espacio museístico ya merecería la pena.
Ramón García, presidente de la Asociación de Belenistas de Jerez, repasa en una visita guiada con lavozdelsur.es los 30 años de historia del Museo del Belén: un proyecto nacido en 1996, construido a mano por decenas de artistas locales, reconocido como referencia nacional del sector y que arrastra, según denuncia y evidencia la soledad de la visita en plena temporada alta en la provincia, un problema crónico de promoción turística.
¿Cómo es posible que las reseñas en Google reflejen el aplauso unánime a la dimensión artística y patrimonial de este activo turístico y cultural de la ciudad y, luego, apenas nadie visite el museo? Un visitante escribió hace un mes: "Aunque habíamos visto de la existencia del Museo, fuimos un poco por casualidad, buscando huir del calor infernal del día e intentando entretener a dos niños pequeños. Desde el precio insignificante de la entrada, hasta el trato recibido, pasando por cada uno de los rincones de este precioso y espectacular museo, merecen la pena. ¡Hemos transformado pleno verano en Navidad! Un museo así sólo se puede mantener y puede existir por amor al arte. Con mayúsculas. 100% recomendable. Y merecería Jerez una visita solo por ver este museo".
Ramón García, ante una de las escenas del Belén Monumental.
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JUAN CARLOS TORO
Ni los jerezanos prácticamente lo conocen
Jerez guarda uno de esos secretos que sorprenden hasta a sus propios vecinos: un museo capaz de emocionar hasta las lágrimas —así lo señalan algunas de las reseñas— a quienes lo visitan, y un espacio que es "referencia nacional". Detrás de esa frase hay treinta años de historia —la asociación de belenistas cumple este año medio siglo de tradición—, decenas de artistas y un problema que el propio Ramón no duda en señalar: ni siquiera las agencias de viajes lo conocen lo suficiente. Y claro, lo que no se conoce, no existe.
El origen del museo se remonta a 1996, cuando Jerez acogió el Congreso Nacional Belenista. Para la ocasión, la asociación montó un gran belén al estilo del actual Belén Monumental: una pieza envolvente, de unos 300 metros cuadrados, en la que el visitante quedaba literalmente inmerso por las diferentes escenas y recorría distintas fases del relato bíblico sobre el que gira la Navidad. Aquel montaje se instaló temporalmente en el centro histórico, pero el resultado fue tan sorprendente —"una verdadera obra de arte", recuerda García— que nadie quiso desmontarlo. Había que buscarle un lugar fijo.
El Belén napolitano del museo, una joya.
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JUAN CARLOS TORO
Con los años, la idea de darle una sede permanente fue tomando forma en una nave que era patrimonio municipal y que, en principio, estaba destinada a ser derribada. El Ayuntamiento decidió finalmente reconvertirla en el actual museo, aunque el proceso se hizo en dos fases: la inauguración de 2010 se limitó al Belén Monumental, y no fue hasta 2011 cuando abrió la totalidad del edificio.
Durante los primeros años, mantener el museo abierto al público dependió por completo del voluntariado de la propia asociación, que llegó a tenerlo accesible prácticamente todo el año, incluidas visitas guiadas concertadas directamente con los socios. Más adelante llegó el convenio con la Fundación Cultural Universitaria de las Artes de Jerez, Fundarte —que gestiona y explota el Villamarta—, refrendado a finales de 2023. Ese acuerdo terminó de estabilizar los horarios de apertura y consolidó el museo como un recurso turístico más de la ciudad.
Sin embargo, esa apertura estable no se ha traducido en un aumento del grado de conocimiento y visitas en las instalaciones. Unos 4.200 visitantes en el último año están a años luz de los cientos de miles de personas que llegan a los campos de golf, al Circuito de Jerez o visitan bodegas y el Alcázar, el monumento de titularidad municipal más visitado.
Detalles claramente andaluces en este belén.
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JUAN CARLOS TORO
Un nacimiento en el interior de una bota de vino de Jerez.
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JUAN CARLOS TORO
Un tesoro de interés cultural que las agencias de viajes ignoran
Ramón García no esconde su frustración con lo que considera el problema de fondo: la falta de promoción turística de un espacio vinculado a un arte reconocido como de interés etnológico. "El fallo es la promoción turística", resume, pero también de no darlo a conocer entre los propios vecinos y vecinas. "Hay gente que se asoma a la puerta y dice, bah, un belén, yo por eso no pago". Y el precio de la entrada es de 5 euros, muy por debajo de lo que costaría la visita a cualquier museo de grandes ciudades del mundo.
A su juicio, el error de partida es pensar que el belenismo es un fenómeno estrictamente estacional, ligado solo a la Navidad, cuando en otras ciudades —tanto de España como del resto del mundo— los museos del belén están integrados en las redes museísticas y forman parte habitual de los circuitos que ofrecen las agencias de viaje.
Entrada a las instalaciones.
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JUAN CARLOS TORO
En Jerez, sin embargo, la mayoría de esas agencias o touroperadores ni siquiera sabe que el museo existe. Quienes llegan hasta sus puertas suelen hacerlo casi por casualidad, tras haberse enterado por su cuenta o haberlo localizado buscando en internet. Y entre ese público hay un porcentaje muy alto de extranjeros —italianos, visitantes de países nórdicos e incluso de América— que, cuando están en la zona, incluyen expresamente el museo en su recorrido porque lo consideran un punto de visita relevante. "Todo el mundo alucina con lo que ve aquí", resume.
La visita empieza ya dando pistas de lo que vendrá después. En el vestíbulo de entrada, la asociación ha compuesto una suerte de collage con belenes atípicos, los llamados belenes-cuadro: piezas colgadas, de muy poca profundidad real, que juegan con el engaño visual y la perspectiva para simular volúmenes mucho mayores de los que en realidad ocupan. En el centro de esa composición hay un belén que funciona casi como una cartela introductoria, pensado para explicar al visitante en qué consiste el arte del belenismo antes de adentrarse en el resto del recorrido.
Ya en la sala de usos múltiples aparece uno de los sellos más particulares del museo: dioramas que no representan el nacimiento de Jesús, sino escenas costumbristas típicamente jerezanas, firmadas por autores como Esteban Benítez Domínguez, Manolo Salado o Vicente Rodríguez. Uno de los más reconocibles recrea la Puerta de San Francisco con el rey sentado, rodeado de niños que posan para la foto, una estampa muy propia de los años setenta y ochenta del siglo pasado que cualquier jerezano de cierta edad identifica al instante.
La mítica tienda 'El Malagueño' o 'La Malagueña' en calle Algarve.
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Otro diorama reconstruye una sacristía de la ciudad, con el cura y los monaguillos montando el pequeño belén que después se colocaba delante del altar. Hay una tercera pieza dedicada a La Malagueña que retrata el escaparate de la mítica tienda de curiosidades, belenismo y bromas pesadas de la calle Algarve; el cura camino de San Dionisio, el "cuponero" que vendía siempre en la puerta y el vendedor de cacharros para la zambomba. Cerca de ahí, otra pieza recupera a los Reyes Magos trabajando la madera, dentro del conjunto dedicado a los preparativos de la Navidad. Los dioramas van más allá de la Navidad y son recreaciones sociológicas y antropológicas de un Jerez, de una parte de la historia, que ya no existe.
Todo lo que se ve en estas piezas —insiste Ramón— es invención e íntegramente hecho a mano por cada autor: prácticamente todas las figuras se crean expresamente para el diorama en el que van a colocarse, sin reciclar piezas de otros conjuntos. El tiempo de ejecución varía mucho según el artista: los hay que resuelven una escena en dos o tres meses y otros que necesitan hasta seis.
Exposición de figuras.
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JUAN CARLOS TORO
Uno de los relatos que más se repite entre los belenistas de Jerez es el del relevo generacional, y el museo lo escenifica de forma literal. Vicente Rodríguez continúa hoy el legado de Ángel Martínez, uno de los grandes escultores andaluces del siglo XX en este arte, reconocido con títulos nacionales de Bellas Artes. Martínez se especializó en recrear oficios y actividades tradicionales de la zona —el tonelero, la carbonería, la carpintería— vestidos con el detalle de la época. Uno de sus dioramas se contempla a través de una pequeña ventana, en la que aparecen, precisamente, artesanos montando un belén dentro del propio belén. Otro reúne carbonería, carpintería, cuadras y bodega, con sus correspondientes garrafas de vino. Incluso la arquitectura de fondo busca semejanzas con estampas jerezanas: una torre que recuerda al Alcázar tal y como era antes de su restauración, cuando estaba integrado entre las casas adosadas a la muralla y no aislado como se ve hoy.
Esa insistencia en el detalle no es casual. Para García, la clave del belenismo tal y como se entiende en Jerez es el hiperrealismo: la búsqueda constante de que cada figura, cada oficio y cada rincón resulten lo más creíbles posible.
El recorrido suma más escenas costumbristas: desde la matanza del cerdo hasta la elaboración de pestiños, o una alegoría dedicada a los antiguos pescadores de cangrejos del arroyo. Rafael Martínez Gómez firma una pieza esculpida íntegramente en 3D por él mismo, La recogida de Moisés, que el cicerone de esta visita sitúa ya dentro de una nueva evolución de este arte. En esa misma línea de innovación se enmarca el belén de sobremesa de Juan Miguel Barba, o una obra a cuatro caras en la que cada frente ha sido resuelto por un autor distinto, aunque el conjunto termina encajando como una sola pieza, además de otra composición cercana que recurre al formato de viñeta para presentar sus alegorías. El museo conserva también la recreación de un retablo original, un tríptico que se cierra sobre sí mismo y que en su interior desarrolla la Adoración de los Reyes junto con el bautismo de Jesús.
El Belén Monumental, la joya de la corona: 20 minutos de luces, voces y simbolismo
Si hay una pieza que resume la ambición del museo, esa es el Belén Monumental, al que el propio Ramón se refiere como la joya de la corona del conjunto. Se trata de una instalación pensada como un auténtico espectáculo audiovisual de unos veinte minutos, en el que seis escenas se van iluminando de manera sucesiva mientras una narración —con distintas voces— va explicando lo que ocurre en cada una. Cada escena está firmada por un autor distinto, y el conjunto estuvo dirigido y coordinado por Manolo Salado, encargado de diseñar la estructura global y de encajar las seis narraciones en un solo relato.
Detalle de piezas del museo.
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JUAN CARLOS TORO
El nivel simbólico de la pieza es minucioso. Arranca en una recreación del monte Atlas, donde nacen los tres grandes ríos del mundo, a modo de Jardín del Edén; ese curso de agua —movido con motores ocultos, la versión profesional de aquellos papeles de plata de la infancia— recorre después todo el belén. En el propio jardín hay un manzano con una manzana caída al suelo, alegoría del pecado original que, más adelante, queda "roto" con la escena de la Anunciación a María. El detalle se cuida hasta en los rincones que apenas se perciben a simple vista: la herramienta de carpintería junto a José y la burra, como guiño a su oficio, o pequeños nidos de pájaros escondidos entre las piedras.
La escena de la Anunciación a los Pastores —realizada y dirigida por el propio Ramón García— desarrolla otra alegoría central: detrás de la anunciación aparece un túmulo que representa la muerte, vencida por la llegada de Jesús, en una lectura de triunfo de la vida frente a la muerte. El resto de escenas del Monumental llevan también firma propia: la Natividad es obra de Enrique Fernández Quevedo; el llamado Belén de Ciudad, que ambienta el pueblo, de Javier Gutiérrez; la escena de los Reyes Magos, con una escenografía de movimiento muy elaborada, de Juan Mateo Portillo, con las figuras realizadas por Pedro Ramírez Pazos; y la Huida a Egipto, de Miguel Pérez Carrillo, que cierra el ciclo del agua: los mismos ríos que nacían en la escena de la Anunciación a María reaparecen aquí, en el tramo final del relato.
Otra escena del Belén Monumental, la Anunciación.
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JUAN CARLOS TORO
Según cuenta Ramón García, muchos de quienes contemplan el Belén Monumental "terminan emocionados" ante la combinación de luces, sonido y narración. Y no es una afirmación gratuita: sostiene que se trata de un espacio único en el mundo, con muy pocos referentes comparables y que su forma de presentar los belenes, con narraciones y escenas sucesivas, ha sido imitada después por otros proyectos. En España existe un espacio de mayor tamaño, el Museo Internacional del Belén de Mollina (Málaga), que reúne piezas de todo el mundo, pero que Ramón describe como una experiencia distinta, más fría en el trato: "el que viene aquí le hace un pellizquito más" que en otros museos similares, resume sobre la experiencia jerezana.
Un espectáculo para los sentidos.
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JUAN CARLOS TORO
El museo también reserva una zona a modo de galería de escultores, con obras de autores andaluces, de otros puntos de España e incluso internacionales, como una pieza procedente de Colombia, además de la serie que la propia asociación llama la sala de los Reyes Magos. Entre esas obras destaca el trabajo de Ángel Martínez con el llamado pictograma, una técnica en la que la escena tridimensional se continúa con una pintura realizada por el propio autor. Estas piezas retratan épocas pasadas con la misma vocación costumbrista que el resto del museo.
Belenes-misterio con piedras pintadas y homenajes al pionero de los nacimientos, San Francisco
Entre las piezas con más carga emotiva está la que recuerda la pandemia. En aquellos meses, todas las asociaciones belenistas de Andalucía se sumaron a una iniciativa común: montar belenes con piedras pintadas a mano, en los que José, María y el Niño formaban el misterio central. El Niño llevaba mascarilla, un símbolo que identificaba a quién iba dedicada cada pieza: se repartieron como agradecimiento entre las fuerzas de seguridad y los centros hospitalarios que intervinieron durante la crisis sanitaria. En total, entre todas las asociaciones andaluzas, se llegaron a entregar más de 3.000 belenes-misterio hechos con piedras pintadas.
San Francisco de Asís, patrón universal de los belenistas, tiene también su espacio propio, con una pieza realizada por el propio Ramón que recrea la Cueva de Greccio, en Italia, donde el santo creó el primer belén del mundo, y en la que el suelo representa el mundo; la obra incluye, además, un pequeño homenaje al fallecido belenista Pepe Guerra, autor en su día de un diorama en el que San Francisco aparecía arrodillado sobre una montaña sosteniendo un pequeño belén entre las manos. El cartel de la Navidad de la asociación de este año, por su parte, puede verse en la exposición del museo y está dedicado al mundo gitano: recrea un patio jerezano con el canastero, el latero, María sentada en una canasta, José trabajando como carpintero y el Niño rodeado de juguetes, en homenaje a una comunidad que el año pasado cumplió 500 años de presencia en la ciudad.
El museo guarda también un asombroso belén napolitano que reproduce cómo se exponían estas piezas en los grandes salones de las casas señoriales de Nápoles, contra paredes decoradas con frescos de temática grecorromana. Nada de lo anterior es estático. Tanto éste como el propio Belén Monumental siguen incorporando detalles con el paso del tiempo. "Constantemente vamos viendo pequeños detalles y modificando pequeños detalles", resume Ramón García sobre una exposición museística que, insiste, "va renovándose" año tras año.
Homenaje al mundo gitano.
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JUAN CARLOS TORO
Esa dedicación no se limita a las piezas ya expuestas. Ramón reconoce que, en el momento de la entrevista, tiene cinco grandes belenes preparados para montar y está inmerso en otros dos, en un trabajo que arranca a mediados de febrero y no se detiene hasta que llega la Navidad. "No podemos improvisar", explica: la gente espera ver grandes belenes cada año, y eso exige empezar con meses de antelación. Él mismo dedica entre cinco y seis horas diarias a este arte.
Una asociación con 200 socios pendiente de relevo generacional
Para el responsable de la Asociación de Belenistas de Jerez, que cuenta hoy con unos 200 socios, ser belenista es una forma de entender la vida que compara directamente con otras disciplinas artísticas: igual que un escritor se sienta a escribir un libro o un pintor dedica su tiempo al lienzo, los belenistas modelan y pintan sus propias escenas. Lamenta que, durante años, este trabajo se haya entendido como una simple afición sin el reconocimiento artístico que merece, aunque cree que la percepción está cambiando poco a poco: "Yo no lo considero un hobby —afirma—. Es una manera de expresar los sentimientos y el arte que cada uno tiene".
El presidente de la Asociación de Belenistas de Jerez, retratado en días pasados.
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JUAN CARLOS TORO
Preguntado por si la tradición corre el riesgo de perder relevo generacional, lo relativiza y lo describe casi como un ciclo natural: la asociación lleva 50 años organizando un certamen de nacimientos dirigido a escolares, en el que participan niños de todas las edades. Durante la adolescencia, reconoce, muchos "desaparecen" y parecen perder el interés, pero suelen volver más adelante, casi "como por arte de magia".
Para reforzar ese relevo, la asociación intenta poner en marcha escuelas de belenismo, aunque necesita apoyo institucional para desarrollarlas. Ramón cuenta, no sin cierta decepción, que intentaron establecer vínculos con la Escuela de Arte de Jerez y que la respuesta fue que la escultura de figuras de belén no encajaba en su esquema educativo, pese a que entre los socios de la propia asociación hay cinco escultores belenistas de proyección nacional e internacional que se formaron precisamente en esa escuela. Ese contraste —entre el reconocimiento que despierta el museo puertas afuera y la falta de apoyo puertas adentro— resume, en cierto modo, la historia de un museo que ahora está ante una nueva oportunidad para ser relanzado y descubierto por quienes aún no tuvieron la suerte de disfrutar de la experiencia.
La Fundación Andrés de Ribera, según se aprobó en pleno y en el patronato de la entidad dependiente del Ayuntamiento de Jerez, se hará cargo a partir de octubre de la gestión de los Museos de Lola Flores y del Museo del Belén. Tal y como explicó el primer teniente de alcaldesa, Agustín Muñoz, este cambio de gestión se realiza al objeto de dotar a estos centros de una gestión más ágil, coordinada y eficiente, consolidando así la oferta cultural de la ciudad. Se trata, como señaló el responsable municipal, de "optimizar los recursos humanos y técnicos, racionalizar el gasto y diseñar estrategias conjuntas para mejorar la promoción turística y reforzar el impacto desde el punto de vista social, económico, cultural y turístico".
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