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¿Cuándo van a parar los terremotos en Granada? ¿puede haber otro más fuerte? Dos expertos responden a las preguntas que todos se hacen

Jesús Ibáñez, catedrático de Física de la Tierra de la Universidad de Granada y Mercedes Feriche Fernández-Castanys, responsable del Área de Prevención del Instituto Andaluz de Geofísica de la UGR, explican por qué está temblando Granada, cuánto puede prolongarse la actual serie sísmica y qué debemos hacer si vuelve a producirse una sacudida

  • Daños en Granada tras el terremoto de este martes. -

Granada vuelve a mirar al suelo. Después del terremoto principal de magnitud 5 y de una sucesión de réplicas, algunas de ellas suficientemente intensas como para devolver el miedo a las calles y viviendas, las preguntas se repiten entre quienes han sentido cómo se movía el suelo, crujían las estructuras o caían objetos de las estanterías. ¿Es normal lo que está ocurriendo? ¿Cuándo terminarán los terremotos? ¿Puede llegar otro importante? Y, quizá la cuestión más práctica de todas: ¿Qué debemos hacer si vuelve a temblar mientras estamos dentro de casa? La respuesta de los científicos contiene una mezcla de tranquilidad y prudencia: lo que está sucediendo encaja en el comportamiento sísmico conocido de Granada, pero nadie puede poner fecha y hora al final de esta secuencia ni predecir con certeza el siguiente terremoto.

Dos especialistas de la Universidad de Granada ayudan a entender qué está pasando bajo los pies de miles de ciudadanos. Jesús Ibáñez, catedrático de Física de la Tierra de la Universidad de Granada, recuerda que los terremotos no constituyen una anomalía en este territorio, sino una realidad geológica documentada durante siglos. Mercedes Feriche Fernández-Castanys, responsable del Área de Prevención del Instituto Andaluz de Geofísica de la Universidad de Granada, va incluso más allá: "Lo raro es que no se produzca más a menudo". Ambos coinciden también en algo especialmente importante en estos días de nerviosismo y mensajes que corren por las redes sociales: la sismología permite comprender los procesos, estudiar las secuencias y establecer probabilidades, pero no dispone de una bola de cristal capaz de anunciar cuándo se producirá el próximo terremoto.

¿Es normal lo que está ocurriendo en Granada?

"En Granada es normal que ocurra este tipo de terremotos. Es una zona en donde históricamente siempre ha ocurrido", explica Ibáñez. Para comprender la razón hay que descender bajo la superficie y observar la propia configuración geológica del territorio. El fenómeno está relacionado de manera general con la tectónica, pero en este caso concreto resulta fundamental la denominada Depresión de Granada, una cuenca sometida a un proceso extremadamente lento de hundimiento. Esa deformación genera tensiones en las rocas hasta que, en determinados puntos, estas terminan rompiéndose. Las zonas en las que se producen esas rupturas son las fallas y la liberación brusca de la energía acumulada es lo que percibimos en superficie como un terremoto.

Ibáñez introduce una precisión para evitar una simplificación frecuente: no siempre puede señalarse sobre un mapa una falla perfectamente visible y atribuirle inmediatamente cada terremoto. "Lo que no podemos decir es cuál es la falla, porque, en realidad, la falla se identifica muy pocas veces en superficie", señala. Muchas de esas estructuras terminan reconstruyéndose precisamente a partir de la distribución de los terremotos registrados. En el caso actual, el catedrático sitúa las rupturas dentro del entorno de la cuenca granadina, aproximadamente en una alineación que discurre desde la zona del río Dílar hacia el centro de la depresión.

Feriche coincide en el diagnóstico y ayuda a visualizar lo que existe bajo la ciudad y su área metropolitana: una cuenca intensamente fracturada por numerosas fallas que se cruzan entre sí. Estas estructuras se deforman y acumulan energía durante largos periodos hasta que alguna termina moviéndose. "Esta falla se mueve, libera la energía bruscamente y sentimos nosotros el terremoto", explica. El movimiento principal, sin embargo, no supone necesariamente el final. Una vez producida la ruptura, la zona necesita reajustarse y buscar un nuevo equilibrio, y ese proceso es precisamente el que genera las réplicas.

De ahí que los terremotos posteriores al principal no deban interpretarse automáticamente como un fenómeno inesperado. "Lo normal es que haya un terremoto principal, como el que ocurrió el otro día de magnitud 5,0, y que después haya una serie de réplicas hasta que se recupera la normalidad", señala Feriche. Algunas de ellas pueden acercarse considerablemente a la magnitud del seísmo principal. Por eso, movimientos posteriores en el entorno de 4,7 o 4,8, acompañados de otros superiores a magnitud 4, pueden entrar perfectamente dentro de la evolución de una serie sísmica. "No siempre ocurre, pero a veces ocurre", precisa.

Eso no significa que los científicos hayan resuelto ya todos los interrogantes de esta secuencia. Feriche plantea otra posibilidad que necesitará tiempo y muchos más datos para ser confirmada o descartada: que la liberación de energía de una falla haya alterado los esfuerzos sobre estructuras próximas y haya terminado afectando a otra falla adyacente. "Eso es lo que aún no sabemos", reconoce. Determinar si todos estos movimientos pertenecen a una misma estructura o si se han visto implicadas fallas diferentes requerirá estudiar la serie completa. "Hasta dentro de un mes o así no sabremos si esos terremotos pertenecen a la misma falla o a otra falla diferente. Un mes te he dicho como poco; probablemente sea más tiempo", advierte.

Ibáñez explica, además, que la distribución de las réplicas sigue patrones estadísticos conocidos. Después de un terremoto principal, la ruptura del terreno no se produce como un corte perfecto, sino mediante un reajuste progresivo. La ley de Gutenberg-Richter describe precisamente la relación entre la magnitud de los terremotos y el número de eventos esperables. De forma aproximada, explica el catedrático, un terremoto de magnitud 5 puede ir acompañado por unos diez movimientos entre magnitud 4 y 5, un centenar entre 3 y 4 y alrededor de un millar entre 2 y 3. La aparición de terremotos de magnitud 4 después del principal encajaría así dentro de ese proceso de liberación y reajuste de energía.

Tampoco estamos ante algo desconocido para la historia de Granada. Ibáñez recuerda la serie sísmica de hace cinco años en el entorno de Santa Fe, Albolote y Atarfe, así como la de 1956, de mayor gravedad y con víctimas. Pero el registro histórico permite retroceder mucho más. Precisamente en 2026 se cumplen 500 años de los terremotos de 1526, cuando Carlos V e Isabel de Portugal residían en Granada. Según recuerda el catedrático, aquella sucesión de movimientos generó tal temor que Isabel de Portugal abandonó la Alhambra para trasladarse al monasterio de San Jerónimo. Hay series separadas por décadas y otras que se repiten en periodos mucho más cortos. "Es una forma de ocurrir terremotos en la zona de Granada bastante común", resume.

A la naturaleza sísmica de Granada se suma una característica que explica por qué algunos movimientos se perciben con tanta violencia. Estos terremotos son muy superficiales. La mayor parte de los terremotos se origina en la corteza terrestre y, en términos generales, se consideran superficiales aquellos que ocurren en los primeros 30 kilómetros. Pero cuando el foco se encuentra en los primeros cinco kilómetros, como sucede con terremotos de estas características, la energía tiene que recorrer muy poca distancia hasta alcanzar la población. "La energía llega muy rápidamente a donde está la población", explica Ibáñez. Además, la Depresión de Granada contiene un importante relleno de sedimentos que amplifica la señal sísmica, incrementando la aceleración y, con ello, la sensación de sacudida.

Es precisamente esa aceleración la que puede provocar caídas de cornisas, elementos ornamentales, falsos techos o mobiliario. Ibáñez destaca que los daños conocidos hasta ahora no apuntan a problemas estructurales que obliguen a derribar edificios, sino fundamentalmente a desperfectos reparables. Y despeja también otro temor que ha podido aparecer estos días: estos terremotos no pueden provocar un tsunami. "No. No, porque para que se produzca un tsunami el terremoto tiene que ocurrir debajo, en la corteza debajo del mar", explica. Granada se encuentra a decenas de kilómetros de la costa y los actuales terremotos son continentales. "No hay alerta de tsunami, no hay posibilidad de que se produzca ningún tsunami y no hay que estar atentos ni nada por el estilo", recalca.

¿Cuándo van a parar los terremotos? ¿Puede haber otro más fuerte?

Aquí aparece la pregunta que nadie puede responder con una fecha. La evolución más probable es que la actividad vaya disminuyendo progresivamente, pero la ciencia no puede garantizar cuándo terminará esta serie ni asegurar que no se produzca entretanto otro terremoto claramente perceptible. Feriche lo reconoce con absoluta claridad: "Probablemente esto tienda a estabilizarse, pero es que no lo sabemos". Podría producirse otro movimiento de magnitud 4, continuar las réplicas menores o incluso entrar en juego otra falla como consecuencia de la redistribución de esfuerzos en el subsuelo. Establecer ahora una certeza sería científicamente irresponsable.

"Es una ciencia incierta y no tenemos ni bola de cristal ni visión de rayos X para ver qué está pasando ahí debajo", señala Feriche. Esa imposibilidad de realizar predicciones exactas lleva a la responsable del Área de Prevención del Instituto Andaluz de Geofísica a lanzar una advertencia particularmente útil ante rumores y mensajes que circulan después de cada terremoto: "Que la gente no se crea cuando le dicen 'va a haber otro terremoto'. Eso no lo sabemos ni nosotros. Ojalá lo supiéramos, que nos faltaría tiempo para avisar a la población". Una cosa es estudiar una secuencia, observar la frecuencia de las réplicas y calcular probabilidades; otra completamente diferente es afirmar que un terremoto ocurrirá a una hora o un día determinados.

Ibáñez introduce, no obstante, un elemento de tranquilidad. Si la actual secuencia continúa evolucionando de acuerdo con las leyes físicas que hasta ahora parece estar siguiendo, lo esperable es que los terremotos vayan disminuyendo de magnitud. La aparición de los movimientos superiores a 4 encaja en el reajuste esperado después del terremoto principal y cubre una parte de ese espectro de réplicas que todavía faltaba por producirse. Eso no excluye nuevas sacudidas importantes para la percepción humana. "Probablemente ocurra algún que otro terremoto de magnitud 4, 4 y algo", explica, y serán precisamente esos los que puedan volver a inquietar a la población.

  • Nuevo terremoto de magnitud 4,8 en Granada.
  • -

El proceso, además, puede necesitar semanas para estabilizarse. La escala temporal de la naturaleza no coincide con la humana y varios días de terremotos, que para quienes los sufren constituyen una situación angustiosa y prolongada, representan muy poco dentro del proceso geológico de reajuste. "El tiempo en la naturaleza es completamente diferente al humano", recuerda Ibáñez. Si la secuencia mantiene el patrón observado, lo razonable es que la frecuencia y magnitud de los movimientos vayan reduciéndose hasta que el terreno alcance un nuevo equilibrio.

La incertidumbre científica adquiere otra dimensión cuando se traslada a quienes llevan días sintiendo los terremotos a pocos kilómetros de los epicentros. Andrea Rozúa, vecina de La Zubia, reconoce que vive la sucesión de sacudidas con miedo y en un estado de tensión permanente, especialmente después de comprobar cómo, tras unas horas de relativa tranquilidad, un nuevo movimiento fuerte volvía a alterar la normalidad. "Lo único que piensas es que te vas a morir, que se te va a caer el techo, que se te va a caer la casa", relata la joven, que admite que esta situación le está generando ansiedad y que ha preferido alejarse temporalmente de la zona: "Yo ahora mismo no me encuentro allí porque me da mucho miedo. No sé lo que va a pasar. Esto es como estar en constante tensión". El episodio también ha trastocado situaciones tan cotidianas como hacer la compra: al encontrarse el supermercado cerrado, Rozúa recuerda haberse preguntado qué iban a hacer incluso para comer. Una anécdota aparentemente menor que refleja hasta qué punto los terremotos han condicionado durante estas horas la rutina de algunos vecinos. Y mientras explicaba precisamente ese miedo y la imposibilidad de saber cuándo volvería a moverse el suelo, una nueva réplica sorprendió a Rozúa en pleno transcurso de la entrevista y volvió a provocar el sobresalto de la joven granadina.

Eso tampoco significa que Granada vaya a dejar de temblar para siempre. La estabilización de esta secuencia únicamente supondrá el final de este episodio concreto. En el futuro podrá aparecer otra serie sísmica en una zona próxima de la cuenca, como ya ha ocurrido repetidamente a lo largo de la historia. Feriche insiste por eso en cambiar la pregunta. Si no podemos saber cuándo llegará exactamente el siguiente terremoto, sí podemos decidir cómo prepararnos. "Lo único que podemos hacer nosotros es estar preparados", afirma. Y esa preparación empieza por construir adecuadamente, continúa dentro de las propias viviendas y termina con una ciudadanía que conozca cómo actuar durante una emergencia.

Una estantería anclada a la pared, por ejemplo, puede parecer un detalle menor hasta que comienza a moverse el suelo. Feriche recomienda fijar este tipo de mobiliario y colocar los objetos más pesados en las zonas inferiores, evitando que puedan caer desde altura. La prevención sísmica no consiste únicamente en grandes planes de emergencia o normas de construcción; también se encuentra en pequeñas decisiones domésticas capaces de reducir lesiones cuando se produce una sacudida.

¿Qué hago si vuelve a producirse un terremoto?

La primera recomendación de los dos expertos contradice precisamente el impulso que probablemente sienta mucha gente: no hay que salir corriendo a la calle mientras está temblando. Si una persona se encuentra dentro de un edificio que no está colapsando, debe permanecer en el interior durante la sacudida. Ibáñez admite que pedir calma es mucho más sencillo que conservarla cuando el suelo se mueve. Él mismo experimentó uno de los últimos terremotos dentro de un centro comercial, mientras caían objetos de las estanterías y "crujía completamente toda la estructura de hierro". En esas circunstancias, reconoce, mantener la serenidad resulta extraordinariamente difícil. Pero precisamente por eso es necesario tener interiorizadas previamente unas pautas básicas.

"Cuando nosotros tenemos un terremoto, lo ideal en este tipo de seismos es no salir a la calle si la casa no se está hundiendo", explica Ibáñez. Huir puede llevarnos directamente hacia uno de los lugares más peligrosos: la fachada del edificio. Cornisas, revestimientos, cristales, carteles, elementos decorativos o piezas de azoteas pueden desprenderse durante el movimiento. En centros comerciales existen además luminarias, chapas y otros objetos suspendidos que pueden caer. La prioridad debe ser identificar rápidamente aquello que puede desprenderse y buscar protección, preferentemente debajo de una mesa o de algún elemento resistente.

Feriche insiste con especial contundencia: "Durante el terremoto hay que quedarse. Si estamos dentro del edificio, nos quedamos dentro. Si estamos fuera, nos alejamos de las fachadas". La responsable de prevención recuerda que muchos de los daños personales asociados a terremotos no están provocados por el colapso completo de los edificios, sino por objetos y elementos constructivos que caen desde altura. Salir despavorido puede colocar a una persona justo debajo de una cornisa o un revestimiento en el peor momento. "Eso es lo que mata a la gente, saliendo despavorida de su casa", advierte.

Dentro de la vivienda, la pauta es bajarse al suelo, protegerse la cabeza con las manos y buscar refugio debajo de una mesa resistente siempre que sea posible. Si no tenemos una cerca, Feriche recalca que permanecer en el suelo sigue siendo preferible a correr por la vivienda. Los propios muebles pueden actuar como barrera frente a determinados objetos que se desprendan del techo o caigan desde una estantería. "Si se desprende algo del techo, el falso techo, una lámpara, se cae una estantería, lo paran los muebles que tengamos a nuestro alrededor, no nuestra cabeza", explica.

Si el terremoto sorprende en el exterior, la regla se invierte: hay que alejarse de fachadas y buscar un espacio abierto, precisamente para reducir el riesgo de ser alcanzado por objetos desprendidos. Solo cuando haya terminado la sacudida debe decidirse si se abandona el inmueble. "Cuando ya termine el terremoto, entonces, si queremos, nos vamos a donde nos dé la gana. Por tranquilidad, por lo que sea", señala Feriche. Pero durante esos segundos críticos la prioridad debe ser protegerse, no desplazarse.

Una vez terminado el movimiento tampoco conviene precipitarse. No se debe utilizar el ascensor, porque un corte del suministro eléctrico puede dejar atrapados a sus ocupantes. Feriche incorpora además una recomendación doméstica especialmente práctica: "Nunca salir descalzo". Después de una sacudida puede haber cristales rotos, cascotes y otros restos cortantes en el suelo. Cuando se haya comprobado que la vivienda o el edificio se encuentran en buenas condiciones y no existen daños que comprometan su seguridad, se puede regresar con normalidad.

  • Toldos destrozados por el segundo de los terremotos en Granada.
  • -

Un llamamiento a ayuntamientos y organismos públicos

La prevención, además, no termina dentro de las casas. Feriche hace un llamamiento expreso a ayuntamientos, responsables municipales y comunidades de propietarios para que presten atención a los elementos que hayan podido quedar debilitados después de los primeros terremotos. Una cornisa, revestimiento o elemento ornamental puede no haberse desprendido con el movimiento principal pero haber quedado inestable. Una réplica posterior, incluso de menor magnitud, podría terminar haciéndolo caer sobre la vía pública. "Es muy importante que todos los ayuntamientos, los responsables municipales e incluso las comunidades de propietarios sepan que los elementos que están sueltos pueden caerse con réplicas posteriores y, si caen a la vía pública, pueden causar heridos", advierte.

Los terremotos de estos días han devuelto a Granada una realidad que nunca se marchó del todo. La provincia está situada en una zona sísmicamente activa y volverá a experimentar terremotos en el futuro, aunque resulte imposible determinar cuándo. La actual secuencia, según explican Ibáñez y Feriche, presenta hasta ahora un comportamiento compatible con los procesos conocidos de reajuste tras un terremoto principal. Lo esperable es que vaya perdiendo intensidad, aunque todavía puedan aparecer movimientos suficientemente fuertes como para ser sentidos claramente.

La respuesta científica, por tanto, puede resultar menos tranquilizadora que una fecha exacta, pero es mucho más útil. Nadie puede asegurar cuándo dejará definitivamente de temblar Granada ni cuándo llegará el próximo terremoto. Sí sabemos cómo reducir el riesgo cuando ocurra. Anclar muebles, colocar correctamente los objetos pesados, revisar los elementos dañados, no correr hacia la calle durante la sacudida, proteger la cabeza, alejarse de las fachadas cuando se está en el exterior y evitar el ascensor después del movimiento son decisiones sencillas que pueden evitar lesiones. Porque frente a un fenómeno que no puede predecirse con precisión, la mejor herramienta disponible no es adivinar cuándo volverá a moverse el suelo, sino saber exactamente qué hacer cuando lo haga.

Granada vuelve a mirar al suelo. Después del terremoto principal de magnitud 5 y de una sucesión de réplicas, algunas de ellas suficientemente intensas como para devolver el miedo a las calles y viviendas, las preguntas se repiten entre quienes han sentido cómo se movía el suelo, crujían las estructuras o caían objetos de las estanterías. ¿Es normal lo que está ocurriendo? ¿Cuándo terminarán los terremotos? ¿Puede llegar otro importante? Y, quizá la cuestión más práctica de todas: ¿Qué debemos hacer si vuelve a temblar mientras estamos dentro de casa? La respuesta de los científicos contiene una mezcla de tranquilidad y prudencia: lo que está sucediendo encaja en el comportamiento sísmico conocido de Granada, pero nadie puede poner fecha y hora al final de esta secuencia ni predecir con certeza el siguiente terremoto.

Dos especialistas de la Universidad de Granada ayudan a entender qué está pasando bajo los pies de miles de ciudadanos. Jesús Ibáñez, catedrático de Física de la Tierra de la Universidad de Granada, recuerda que los terremotos no constituyen una anomalía en este territorio, sino una realidad geológica documentada durante siglos. Mercedes Feriche Fernández-Castanys, responsable del Área de Prevención del Instituto Andaluz de Geofísica de la Universidad de Granada, va incluso más allá: "Lo raro es que no se produzca más a menudo". Ambos coinciden también en algo especialmente importante en estos días de nerviosismo y mensajes que corren por las redes sociales: la sismología permite comprender los procesos, estudiar las secuencias y establecer probabilidades, pero no dispone de una bola de cristal capaz de anunciar cuándo se producirá el próximo terremoto.

¿Es normal lo que está ocurriendo en Granada?

"En Granada es normal que ocurra este tipo de terremotos. Es una zona en donde históricamente siempre ha ocurrido", explica Ibáñez. Para comprender la razón hay que descender bajo la superficie y observar la propia configuración geológica del territorio. El fenómeno está relacionado de manera general con la tectónica, pero en este caso concreto resulta fundamental la denominada Depresión de Granada, una cuenca sometida a un proceso extremadamente lento de hundimiento. Esa deformación genera tensiones en las rocas hasta que, en determinados puntos, estas terminan rompiéndose. Las zonas en las que se producen esas rupturas son las fallas y la liberación brusca de la energía acumulada es lo que percibimos en superficie como un terremoto.

Ibáñez introduce una precisión para evitar una simplificación frecuente: no siempre puede señalarse sobre un mapa una falla perfectamente visible y atribuirle inmediatamente cada terremoto. "Lo que no podemos decir es cuál es la falla, porque, en realidad, la falla se identifica muy pocas veces en superficie", señala. Muchas de esas estructuras terminan reconstruyéndose precisamente a partir de la distribución de los terremotos registrados. En el caso actual, el catedrático sitúa las rupturas dentro del entorno de la cuenca granadina, aproximadamente en una alineación que discurre desde la zona del río Dílar hacia el centro de la depresión.

Feriche coincide en el diagnóstico y ayuda a visualizar lo que existe bajo la ciudad y su área metropolitana: una cuenca intensamente fracturada por numerosas fallas que se cruzan entre sí. Estas estructuras se deforman y acumulan energía durante largos periodos hasta que alguna termina moviéndose. "Esta falla se mueve, libera la energía bruscamente y sentimos nosotros el terremoto", explica. El movimiento principal, sin embargo, no supone necesariamente el final. Una vez producida la ruptura, la zona necesita reajustarse y buscar un nuevo equilibrio, y ese proceso es precisamente el que genera las réplicas.

De ahí que los terremotos posteriores al principal no deban interpretarse automáticamente como un fenómeno inesperado. "Lo normal es que haya un terremoto principal, como el que ocurrió el otro día de magnitud 5,0, y que después haya una serie de réplicas hasta que se recupera la normalidad", señala Feriche. Algunas de ellas pueden acercarse considerablemente a la magnitud del seísmo principal. Por eso, movimientos posteriores en el entorno de 4,7 o 4,8, acompañados de otros superiores a magnitud 4, pueden entrar perfectamente dentro de la evolución de una serie sísmica. "No siempre ocurre, pero a veces ocurre", precisa.

Eso no significa que los científicos hayan resuelto ya todos los interrogantes de esta secuencia. Feriche plantea otra posibilidad que necesitará tiempo y muchos más datos para ser confirmada o descartada: que la liberación de energía de una falla haya alterado los esfuerzos sobre estructuras próximas y haya terminado afectando a otra falla adyacente. "Eso es lo que aún no sabemos", reconoce. Determinar si todos estos movimientos pertenecen a una misma estructura o si se han visto implicadas fallas diferentes requerirá estudiar la serie completa. "Hasta dentro de un mes o así no sabremos si esos terremotos pertenecen a la misma falla o a otra falla diferente. Un mes te he dicho como poco; probablemente sea más tiempo", advierte.

Ibáñez explica, además, que la distribución de las réplicas sigue patrones estadísticos conocidos. Después de un terremoto principal, la ruptura del terreno no se produce como un corte perfecto, sino mediante un reajuste progresivo. La ley de Gutenberg-Richter describe precisamente la relación entre la magnitud de los terremotos y el número de eventos esperables. De forma aproximada, explica el catedrático, un terremoto de magnitud 5 puede ir acompañado por unos diez movimientos entre magnitud 4 y 5, un centenar entre 3 y 4 y alrededor de un millar entre 2 y 3. La aparición de terremotos de magnitud 4 después del principal encajaría así dentro de ese proceso de liberación y reajuste de energía.

Tampoco estamos ante algo desconocido para la historia de Granada. Ibáñez recuerda la serie sísmica de hace cinco años en el entorno de Santa Fe, Albolote y Atarfe, así como la de 1956, de mayor gravedad y con víctimas. Pero el registro histórico permite retroceder mucho más. Precisamente en 2026 se cumplen 500 años de los terremotos de 1526, cuando Carlos V e Isabel de Portugal residían en Granada. Según recuerda el catedrático, aquella sucesión de movimientos generó tal temor que Isabel de Portugal abandonó la Alhambra para trasladarse al monasterio de San Jerónimo. Hay series separadas por décadas y otras que se repiten en periodos mucho más cortos. "Es una forma de ocurrir terremotos en la zona de Granada bastante común", resume.

A la naturaleza sísmica de Granada se suma una característica que explica por qué algunos movimientos se perciben con tanta violencia. Estos terremotos son muy superficiales. La mayor parte de los terremotos se origina en la corteza terrestre y, en términos generales, se consideran superficiales aquellos que ocurren en los primeros 30 kilómetros. Pero cuando el foco se encuentra en los primeros cinco kilómetros, como sucede con terremotos de estas características, la energía tiene que recorrer muy poca distancia hasta alcanzar la población. "La energía llega muy rápidamente a donde está la población", explica Ibáñez. Además, la Depresión de Granada contiene un importante relleno de sedimentos que amplifica la señal sísmica, incrementando la aceleración y, con ello, la sensación de sacudida.

Es precisamente esa aceleración la que puede provocar caídas de cornisas, elementos ornamentales, falsos techos o mobiliario. Ibáñez destaca que los daños conocidos hasta ahora no apuntan a problemas estructurales que obliguen a derribar edificios, sino fundamentalmente a desperfectos reparables. Y despeja también otro temor que ha podido aparecer estos días: estos terremotos no pueden provocar un tsunami. "No. No, porque para que se produzca un tsunami el terremoto tiene que ocurrir debajo, en la corteza debajo del mar", explica. Granada se encuentra a decenas de kilómetros de la costa y los actuales terremotos son continentales. "No hay alerta de tsunami, no hay posibilidad de que se produzca ningún tsunami y no hay que estar atentos ni nada por el estilo", recalca.

¿Cuándo van a parar los terremotos? ¿Puede haber otro más fuerte?

Aquí aparece la pregunta que nadie puede responder con una fecha. La evolución más probable es que la actividad vaya disminuyendo progresivamente, pero la ciencia no puede garantizar cuándo terminará esta serie ni asegurar que no se produzca entretanto otro terremoto claramente perceptible. Feriche lo reconoce con absoluta claridad: "Probablemente esto tienda a estabilizarse, pero es que no lo sabemos". Podría producirse otro movimiento de magnitud 4, continuar las réplicas menores o incluso entrar en juego otra falla como consecuencia de la redistribución de esfuerzos en el subsuelo. Establecer ahora una certeza sería científicamente irresponsable.

"Es una ciencia incierta y no tenemos ni bola de cristal ni visión de rayos X para ver qué está pasando ahí debajo", señala Feriche. Esa imposibilidad de realizar predicciones exactas lleva a la responsable del Área de Prevención del Instituto Andaluz de Geofísica a lanzar una advertencia particularmente útil ante rumores y mensajes que circulan después de cada terremoto: "Que la gente no se crea cuando le dicen 'va a haber otro terremoto'. Eso no lo sabemos ni nosotros. Ojalá lo supiéramos, que nos faltaría tiempo para avisar a la población". Una cosa es estudiar una secuencia, observar la frecuencia de las réplicas y calcular probabilidades; otra completamente diferente es afirmar que un terremoto ocurrirá a una hora o un día determinados.

Ibáñez introduce, no obstante, un elemento de tranquilidad. Si la actual secuencia continúa evolucionando de acuerdo con las leyes físicas que hasta ahora parece estar siguiendo, lo esperable es que los terremotos vayan disminuyendo de magnitud. La aparición de los movimientos superiores a 4 encaja en el reajuste esperado después del terremoto principal y cubre una parte de ese espectro de réplicas que todavía faltaba por producirse. Eso no excluye nuevas sacudidas importantes para la percepción humana. "Probablemente ocurra algún que otro terremoto de magnitud 4, 4 y algo", explica, y serán precisamente esos los que puedan volver a inquietar a la población.

  • Nuevo terremoto de magnitud 4,8 en Granada.
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El proceso, además, puede necesitar semanas para estabilizarse. La escala temporal de la naturaleza no coincide con la humana y varios días de terremotos, que para quienes los sufren constituyen una situación angustiosa y prolongada, representan muy poco dentro del proceso geológico de reajuste. "El tiempo en la naturaleza es completamente diferente al humano", recuerda Ibáñez. Si la secuencia mantiene el patrón observado, lo razonable es que la frecuencia y magnitud de los movimientos vayan reduciéndose hasta que el terreno alcance un nuevo equilibrio.

La incertidumbre científica adquiere otra dimensión cuando se traslada a quienes llevan días sintiendo los terremotos a pocos kilómetros de los epicentros. Andrea Rozúa, vecina de La Zubia, reconoce que vive la sucesión de sacudidas con miedo y en un estado de tensión permanente, especialmente después de comprobar cómo, tras unas horas de relativa tranquilidad, un nuevo movimiento fuerte volvía a alterar la normalidad. "Lo único que piensas es que te vas a morir, que se te va a caer el techo, que se te va a caer la casa", relata la joven, que admite que esta situación le está generando ansiedad y que ha preferido alejarse temporalmente de la zona: "Yo ahora mismo no me encuentro allí porque me da mucho miedo. No sé lo que va a pasar. Esto es como estar en constante tensión". El episodio también ha trastocado situaciones tan cotidianas como hacer la compra: al encontrarse el supermercado cerrado, Rozúa recuerda haberse preguntado qué iban a hacer incluso para comer. Una anécdota aparentemente menor que refleja hasta qué punto los terremotos han condicionado durante estas horas la rutina de algunos vecinos. Y mientras explicaba precisamente ese miedo y la imposibilidad de saber cuándo volvería a moverse el suelo, una nueva réplica sorprendió a Rozúa en pleno transcurso de la entrevista y volvió a provocar el sobresalto de la joven granadina.

Eso tampoco significa que Granada vaya a dejar de temblar para siempre. La estabilización de esta secuencia únicamente supondrá el final de este episodio concreto. En el futuro podrá aparecer otra serie sísmica en una zona próxima de la cuenca, como ya ha ocurrido repetidamente a lo largo de la historia. Feriche insiste por eso en cambiar la pregunta. Si no podemos saber cuándo llegará exactamente el siguiente terremoto, sí podemos decidir cómo prepararnos. "Lo único que podemos hacer nosotros es estar preparados", afirma. Y esa preparación empieza por construir adecuadamente, continúa dentro de las propias viviendas y termina con una ciudadanía que conozca cómo actuar durante una emergencia.

Una estantería anclada a la pared, por ejemplo, puede parecer un detalle menor hasta que comienza a moverse el suelo. Feriche recomienda fijar este tipo de mobiliario y colocar los objetos más pesados en las zonas inferiores, evitando que puedan caer desde altura. La prevención sísmica no consiste únicamente en grandes planes de emergencia o normas de construcción; también se encuentra en pequeñas decisiones domésticas capaces de reducir lesiones cuando se produce una sacudida.

¿Qué hago si vuelve a producirse un terremoto?

La primera recomendación de los dos expertos contradice precisamente el impulso que probablemente sienta mucha gente: no hay que salir corriendo a la calle mientras está temblando. Si una persona se encuentra dentro de un edificio que no está colapsando, debe permanecer en el interior durante la sacudida. Ibáñez admite que pedir calma es mucho más sencillo que conservarla cuando el suelo se mueve. Él mismo experimentó uno de los últimos terremotos dentro de un centro comercial, mientras caían objetos de las estanterías y "crujía completamente toda la estructura de hierro". En esas circunstancias, reconoce, mantener la serenidad resulta extraordinariamente difícil. Pero precisamente por eso es necesario tener interiorizadas previamente unas pautas básicas.

"Cuando nosotros tenemos un terremoto, lo ideal en este tipo de seismos es no salir a la calle si la casa no se está hundiendo", explica Ibáñez. Huir puede llevarnos directamente hacia uno de los lugares más peligrosos: la fachada del edificio. Cornisas, revestimientos, cristales, carteles, elementos decorativos o piezas de azoteas pueden desprenderse durante el movimiento. En centros comerciales existen además luminarias, chapas y otros objetos suspendidos que pueden caer. La prioridad debe ser identificar rápidamente aquello que puede desprenderse y buscar protección, preferentemente debajo de una mesa o de algún elemento resistente.

Feriche insiste con especial contundencia: "Durante el terremoto hay que quedarse. Si estamos dentro del edificio, nos quedamos dentro. Si estamos fuera, nos alejamos de las fachadas". La responsable de prevención recuerda que muchos de los daños personales asociados a terremotos no están provocados por el colapso completo de los edificios, sino por objetos y elementos constructivos que caen desde altura. Salir despavorido puede colocar a una persona justo debajo de una cornisa o un revestimiento en el peor momento. "Eso es lo que mata a la gente, saliendo despavorida de su casa", advierte.

Dentro de la vivienda, la pauta es bajarse al suelo, protegerse la cabeza con las manos y buscar refugio debajo de una mesa resistente siempre que sea posible. Si no tenemos una cerca, Feriche recalca que permanecer en el suelo sigue siendo preferible a correr por la vivienda. Los propios muebles pueden actuar como barrera frente a determinados objetos que se desprendan del techo o caigan desde una estantería. "Si se desprende algo del techo, el falso techo, una lámpara, se cae una estantería, lo paran los muebles que tengamos a nuestro alrededor, no nuestra cabeza", explica.

Si el terremoto sorprende en el exterior, la regla se invierte: hay que alejarse de fachadas y buscar un espacio abierto, precisamente para reducir el riesgo de ser alcanzado por objetos desprendidos. Solo cuando haya terminado la sacudida debe decidirse si se abandona el inmueble. "Cuando ya termine el terremoto, entonces, si queremos, nos vamos a donde nos dé la gana. Por tranquilidad, por lo que sea", señala Feriche. Pero durante esos segundos críticos la prioridad debe ser protegerse, no desplazarse.

Una vez terminado el movimiento tampoco conviene precipitarse. No se debe utilizar el ascensor, porque un corte del suministro eléctrico puede dejar atrapados a sus ocupantes. Feriche incorpora además una recomendación doméstica especialmente práctica: "Nunca salir descalzo". Después de una sacudida puede haber cristales rotos, cascotes y otros restos cortantes en el suelo. Cuando se haya comprobado que la vivienda o el edificio se encuentran en buenas condiciones y no existen daños que comprometan su seguridad, se puede regresar con normalidad.

  • Toldos destrozados por el segundo de los terremotos en Granada.
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Un llamamiento a ayuntamientos y organismos públicos

La prevención, además, no termina dentro de las casas. Feriche hace un llamamiento expreso a ayuntamientos, responsables municipales y comunidades de propietarios para que presten atención a los elementos que hayan podido quedar debilitados después de los primeros terremotos. Una cornisa, revestimiento o elemento ornamental puede no haberse desprendido con el movimiento principal pero haber quedado inestable. Una réplica posterior, incluso de menor magnitud, podría terminar haciéndolo caer sobre la vía pública. "Es muy importante que todos los ayuntamientos, los responsables municipales e incluso las comunidades de propietarios sepan que los elementos que están sueltos pueden caerse con réplicas posteriores y, si caen a la vía pública, pueden causar heridos", advierte.

Los terremotos de estos días han devuelto a Granada una realidad que nunca se marchó del todo. La provincia está situada en una zona sísmicamente activa y volverá a experimentar terremotos en el futuro, aunque resulte imposible determinar cuándo. La actual secuencia, según explican Ibáñez y Feriche, presenta hasta ahora un comportamiento compatible con los procesos conocidos de reajuste tras un terremoto principal. Lo esperable es que vaya perdiendo intensidad, aunque todavía puedan aparecer movimientos suficientemente fuertes como para ser sentidos claramente.

La respuesta científica, por tanto, puede resultar menos tranquilizadora que una fecha exacta, pero es mucho más útil. Nadie puede asegurar cuándo dejará definitivamente de temblar Granada ni cuándo llegará el próximo terremoto. Sí sabemos cómo reducir el riesgo cuando ocurra. Anclar muebles, colocar correctamente los objetos pesados, revisar los elementos dañados, no correr hacia la calle durante la sacudida, proteger la cabeza, alejarse de las fachadas cuando se está en el exterior y evitar el ascensor después del movimiento son decisiones sencillas que pueden evitar lesiones. Porque frente a un fenómeno que no puede predecirse con precisión, la mejor herramienta disponible no es adivinar cuándo volverá a moverse el suelo, sino saber exactamente qué hacer cuando lo haga.

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