Dos hermanas estudiantes en la UCA montan una lavandería en San Fernando: unos 1.500 militares como clientes potenciales
Lucía y Elena han decidido compaginar sus carreras con un negocio familiar, Seco y Espuma, que responde a una necesidad cada vez mayor: "En menos de una hora tienes la ropa lavada y secada"
Lucía y Elena Busto dentro de la lavandería que regentan en San Fernando. -
Hay negocios que nacen después de un estudio de mercado. Otros, porque alguien detecta una oportunidad. Y si esa oportunidad son unos 1.500 militares dispuestos a lavar su ropa, no podía dejarse escapar.
Jesús Busto, vecino de San Fernando, quería ofrecer a sus hijas, Lucía, de 21 años, y Elena, de 20, la oportunidad de tener un negocio que, además, les permitiera compatibilizar sus estudios universitarios. Fue entonces cuando pensó en el negocio de las lavanderías autoservicio.
Cuando buscó la ubicación, no escogió el lugar al azar. Camposoto tiene algo que considera especialmente interesante: un barrio familiar, vecinos que pueden necesitar el servicio y, muy cerca, una importante concentración de personal militar. "Ahí hay 1.500 militares que tienen que lavarse la ropa", explica que pensó cuando ya rondaba por su cabeza montar el establecimiento.
Lucía y Elena, frente a su lavandería, Seco y Espuma, en Camposoto.
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MANU GARCÍA
El resultado es Seco y Espuma, en la carretera de Camposoto. Como ya está dicho, al frente de la lavandería, abierta hace justo dos meses, están sus hijas, Lucía y Elena. La primera estudia Ingeniería Mecánica; la segunda, Filología Hispánica, Lingüística y Lenguas Aplicadas, ambas en la Universidad de Cádiz (UCA).
La lavandería les permite, al menos sobre el papel, poder organizar sus horarios alrededor de las clases. "Lo bueno es que es un trabajo que nos permite compaginar nuestros estudios", explica Elena.
Y así, entre lavadoras, secadoras, apuntes universitarios y clientes, las dos hermanas se han incorporado a un sector que está viviendo un crecimiento notable.
De negocio extraño a servicio cotidiano
Y es que hubo un tiempo en el que las lavanderías autoservicio solo se veían en las series y películas norteamericanas. El protagonista llegaba con su bolsa de ropa sucia, la introducía en una lavadora de gran capacidad, la secaba en otra máquina y volvía a su casa con la colada lista.
Por eso, cuando llegaron a España, empezaron a despertar cierta curiosidad, pero a día de hoy, y poco a poco, ya se están convirtiendo en una imagen común del paisaje de cualquier ciudad. Las propias hermanas lo han comprobado desde el comienzo del proyecto. "Hace tiempo no se veían, últimamente se ha visto más como necesidad", señalan.
La explicación que dan en cuanto al porqué de la proliferación de estos establecimientos es sencilla: comodidad. Entre quienes acuden, señalan, hay personas que viven solas, estudiantes, parejas, familias y trabajadores que necesitan lavar prendas voluminosas que difícilmente caben en una lavadora doméstica.
También hay otro factor que puede jugar a favor del negocio. Después de un verano de calor, está por ver qué ocurrirá cuando vuelvan las lluvias. "Esperamos a ver qué pasa en invierno, porque si llueve tanto como el anterior pensamos que vendrá más gente", explican.
Una de las secadoras destinadas a la ropa de mascotas.
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MANU GARCÍA
Lavadoras de 20 kilos y hasta ropa de mascotas
El establecimiento cuenta con máquinas de 15 y 20 kilos de capacidad. La de mayor tamaño permite realizar una colada por nueve euros, aunque existe una tarjeta prepago y de fidelización que permite obtener un 10% de descuento en cada lavado.
Pero hay un elemento con el que Lucía y Elena quieren diferenciarse de otros establecimientos de la zona: también han pensado en las mascotas. La lavandería dispone de servicio autoservicio específico para animales, tanto de lavado como de secado.
Entre las prendas que llegan a las máquinas están los habituales edredones, mantas y ropa de cama. En verano proliferan especialmente las toallas. Pero también hay personas que tienen perros y gatos y necesitan lavar mantas, camas u otros textiles que prefieren no introducir en la lavadora de casa por motivos de higiene.
Las dos hermanas, posando en su lavandería.
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MANU GARCÍA
El cliente militar, preferencial
Pero si se le ha echado el ojo especialmente a un tipo de cliente, ese es el militar. De hecho, la ubicación del establecimiento no es casual. En Camposoto, en una zona residencial en la que las familias de la zona conviven con los militares que habitan los diferentes cuarteles.
"El sitio se ha buscado a conciencia", explica Jesús Busto. Sus hijas reconocen también que este colectivo constituye actualmente uno de sus principales clientes, aunque van más allá y afirman que quieren convertirse igualmente en un servicio para los vecinos del barrio.
Y es que, el poder contar con una clientela a priori tan numerosa, repercutirá en poder ir recuperando la elevada inversión inicial, que además del local y su acondicionamiento incluye lógicamente las máquinas de lavado y secado.
En este sentido, Jesús ha tenido que echar una mano a sus hijas en el plano económico. Y reconoce que "recuperar la inversión va a costar más de lo que pensaba".
Por eso, más allá de la imagen de un negocio prácticamente automatizado, existe una apuesta empresarial importante que necesita tiempo para comprobar si funciona
La lavandería cuenta con máquinas de 15 y 20 kilos de capacidad.
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MANU GARCÍA
Un negocio que ya ronda los 2.000 establecimientos en España
Lo que ha hecho la familia Busto no es una apuesta aislada. Las estimaciones del sector sitúan en alrededor de 1.976 las lavanderías autoservicio que funcionaban en España en 2025, una cifra que supondría un crecimiento cercano al 60% en cinco años, según un análisis publicado por MRA Hostelería.
La propia fuente advierte de que se trata de estimaciones y no de cifras oficiales, pero sirven para contextualizar un fenómeno cada vez más visible y en expansión, puesto que España todavía va por detrás de Francia, Reino Unido o Alemania en penetración.
El interés también se aprecia en el movimiento de las propias empresas especializadas. Bloomest, la red de lavanderías autoservicio impulsada por el Grupo Miele, creció un 41% durante el primer semestre de 2025, después de abrir diez nuevos establecimientos en España. La compañía preveía alcanzar las 21 aperturas en el país durante todo el ejercicio.
No son, por tanto, únicamente pequeños emprendedores los que están mirando hacia este modelo. También las grandes empresas vinculadas a la maquinaria y a las redes de lavanderías están detectando oportunidades en un mercado que todavía presenta margen de crecimiento.
De hecho, el análisis de MRA Hostelería sitúa la inversión necesaria para poner en marcha una lavandería autoservicio independiente a partir de unos 49.000 euros y por encima de los 100.000 en proyectos de mayor tamaño, dependiendo fundamentalmente del local, la obra y el número de máquinas. En el caso de la lavandería de Camposoto, la familia Busto explica que la inversión se sitúa muy por encima de esas cifras orientativas.
Y es que detrás de la imagen de un negocio que funciona prácticamente solo hay una serie de costes que pueden condicionar mucho su rentabilidad. La electricidad, por ejemplo, es uno de los principales gastos, especialmente por el consumo de las secadoras. También tienen un peso importante el alquiler o compra del local, la instalación eléctrica y de fontanería, el mantenimiento de la maquinaria y el sistema de cobro y gestión.
Complemento de la lavadora de casa
El crecimiento de estos establecimientos no significa necesariamente que los españoles estén dejando de tener lavadora en sus hogares. Más bien al contrario: las lavanderías autoservicio han encontrado un espacio como complemento de la lavadora doméstica.
Un edredón, una manta, varias toallas o una gran cantidad de ropa pueden poner a prueba la capacidad de un electrodoméstico convencional. Para determinados clientes resulta más cómodo concentrar toda esa ropa en una máquina industrial y salir del establecimiento con el proceso prácticamente resuelto.
A ello se suman quienes viven solos, parejas, estudiantes, trabajadores desplazados o personas que simplemente prefieren dedicar una hora a la colada semanal en lugar de repartirla durante varios días.
La rapidez es una de las bazas del modelo. En la lavandería de Camposoto, las propietarias calculan que algunos clientes pueden tener listo el lavado y el secado en menos de una hora.
Pero también está el factor espacio. No todo el mundo dispone en casa de sitio para instalar una lavadora de gran capacidad y, mucho menos, una secadora, a menos que sea un aparato que tenga incorporada las dos funciones. Pero en viviendas pequeñas, o simplemente en hogares donde no se quiere ocupar más espacio con electrodomésticos, acudir ocasionalmente a un establecimiento de este tipo puede convertirse en una alternativa.
Seco y Espuma espera atender no solo a los vecinos, también a los militares.
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MANU GARCÍA
"Que lo piensen mucho"
Precisamente por eso, cuando se le pregunta qué recomendaría a alguien que esté pensando en abrir una lavandería autoservicio, Elena Busto es clara: "Que lo piense mucho y lo valore".
Además, las hermanas aseguran que no han llegado a Camposoto con intención de quitar clientes a nadie. De hecho, explican que mantienen buena relación con otras lavanderías de San Fernando, pero también creen que existe espacio para nuevos negocios porque "es un servicio que hace falta".
Ahora toca esperar. Hace apenas dos meses que Lucía y Elena abrieron las puertas de Seco y Espuma. El tiempo dirá si la comodidad, la rapidez, las máquinas de gran capacidad y una ubicación pensada para atender a un colectivo concreto son suficientes para hacer rentable su lavandería.
De momento, las lavadoras ya están girando. Y detrás de ellas, dos hermanas de 20 y 21 años intentan demostrar que también hay sitio para una nueva generación de emprendedores en un negocio que hasta hace no demasiado tiempo parecía sacado de una película americana.
Hay negocios que nacen después de un estudio de mercado. Otros, porque alguien detecta una oportunidad. Y si esa oportunidad son unos 1.500 militares dispuestos a lavar su ropa, no podía dejarse escapar.
Jesús Busto, vecino de San Fernando, quería ofrecer a sus hijas, Lucía, de 21 años, y Elena, de 20, la oportunidad de tener un negocio que, además, les permitiera compatibilizar sus estudios universitarios. Fue entonces cuando pensó en el negocio de las lavanderías autoservicio.
Cuando buscó la ubicación, no escogió el lugar al azar. Camposoto tiene algo que considera especialmente interesante: un barrio familiar, vecinos que pueden necesitar el servicio y, muy cerca, una importante concentración de personal militar. "Ahí hay 1.500 militares que tienen que lavarse la ropa", explica que pensó cuando ya rondaba por su cabeza montar el establecimiento.
Lucía y Elena, frente a su lavandería, Seco y Espuma, en Camposoto.
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MANU GARCÍA
El resultado es Seco y Espuma, en la carretera de Camposoto. Como ya está dicho, al frente de la lavandería, abierta hace justo dos meses, están sus hijas, Lucía y Elena. La primera estudia Ingeniería Mecánica; la segunda, Filología Hispánica, Lingüística y Lenguas Aplicadas, ambas en la Universidad de Cádiz (UCA).
La lavandería les permite, al menos sobre el papel, poder organizar sus horarios alrededor de las clases. "Lo bueno es que es un trabajo que nos permite compaginar nuestros estudios", explica Elena.
Y así, entre lavadoras, secadoras, apuntes universitarios y clientes, las dos hermanas se han incorporado a un sector que está viviendo un crecimiento notable.
De negocio extraño a servicio cotidiano
Y es que hubo un tiempo en el que las lavanderías autoservicio solo se veían en las series y películas norteamericanas. El protagonista llegaba con su bolsa de ropa sucia, la introducía en una lavadora de gran capacidad, la secaba en otra máquina y volvía a su casa con la colada lista.
Por eso, cuando llegaron a España, empezaron a despertar cierta curiosidad, pero a día de hoy, y poco a poco, ya se están convirtiendo en una imagen común del paisaje de cualquier ciudad. Las propias hermanas lo han comprobado desde el comienzo del proyecto. "Hace tiempo no se veían, últimamente se ha visto más como necesidad", señalan.
La explicación que dan en cuanto al porqué de la proliferación de estos establecimientos es sencilla: comodidad. Entre quienes acuden, señalan, hay personas que viven solas, estudiantes, parejas, familias y trabajadores que necesitan lavar prendas voluminosas que difícilmente caben en una lavadora doméstica.
También hay otro factor que puede jugar a favor del negocio. Después de un verano de calor, está por ver qué ocurrirá cuando vuelvan las lluvias. "Esperamos a ver qué pasa en invierno, porque si llueve tanto como el anterior pensamos que vendrá más gente", explican.
Una de las secadoras destinadas a la ropa de mascotas.
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MANU GARCÍA
Lavadoras de 20 kilos y hasta ropa de mascotas
El establecimiento cuenta con máquinas de 15 y 20 kilos de capacidad. La de mayor tamaño permite realizar una colada por nueve euros, aunque existe una tarjeta prepago y de fidelización que permite obtener un 10% de descuento en cada lavado.
Pero hay un elemento con el que Lucía y Elena quieren diferenciarse de otros establecimientos de la zona: también han pensado en las mascotas. La lavandería dispone de servicio autoservicio específico para animales, tanto de lavado como de secado.
Entre las prendas que llegan a las máquinas están los habituales edredones, mantas y ropa de cama. En verano proliferan especialmente las toallas. Pero también hay personas que tienen perros y gatos y necesitan lavar mantas, camas u otros textiles que prefieren no introducir en la lavadora de casa por motivos de higiene.
Las dos hermanas, posando en su lavandería.
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MANU GARCÍA
El cliente militar, preferencial
Pero si se le ha echado el ojo especialmente a un tipo de cliente, ese es el militar. De hecho, la ubicación del establecimiento no es casual. En Camposoto, en una zona residencial en la que las familias de la zona conviven con los militares que habitan los diferentes cuarteles.
"El sitio se ha buscado a conciencia", explica Jesús Busto. Sus hijas reconocen también que este colectivo constituye actualmente uno de sus principales clientes, aunque van más allá y afirman que quieren convertirse igualmente en un servicio para los vecinos del barrio.
Y es que, el poder contar con una clientela a priori tan numerosa, repercutirá en poder ir recuperando la elevada inversión inicial, que además del local y su acondicionamiento incluye lógicamente las máquinas de lavado y secado.
En este sentido, Jesús ha tenido que echar una mano a sus hijas en el plano económico. Y reconoce que "recuperar la inversión va a costar más de lo que pensaba".
Por eso, más allá de la imagen de un negocio prácticamente automatizado, existe una apuesta empresarial importante que necesita tiempo para comprobar si funciona
La lavandería cuenta con máquinas de 15 y 20 kilos de capacidad.
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MANU GARCÍA
Un negocio que ya ronda los 2.000 establecimientos en España
Lo que ha hecho la familia Busto no es una apuesta aislada. Las estimaciones del sector sitúan en alrededor de 1.976 las lavanderías autoservicio que funcionaban en España en 2025, una cifra que supondría un crecimiento cercano al 60% en cinco años, según un análisis publicado por MRA Hostelería.
La propia fuente advierte de que se trata de estimaciones y no de cifras oficiales, pero sirven para contextualizar un fenómeno cada vez más visible y en expansión, puesto que España todavía va por detrás de Francia, Reino Unido o Alemania en penetración.
El interés también se aprecia en el movimiento de las propias empresas especializadas. Bloomest, la red de lavanderías autoservicio impulsada por el Grupo Miele, creció un 41% durante el primer semestre de 2025, después de abrir diez nuevos establecimientos en España. La compañía preveía alcanzar las 21 aperturas en el país durante todo el ejercicio.
No son, por tanto, únicamente pequeños emprendedores los que están mirando hacia este modelo. También las grandes empresas vinculadas a la maquinaria y a las redes de lavanderías están detectando oportunidades en un mercado que todavía presenta margen de crecimiento.
De hecho, el análisis de MRA Hostelería sitúa la inversión necesaria para poner en marcha una lavandería autoservicio independiente a partir de unos 49.000 euros y por encima de los 100.000 en proyectos de mayor tamaño, dependiendo fundamentalmente del local, la obra y el número de máquinas. En el caso de la lavandería de Camposoto, la familia Busto explica que la inversión se sitúa muy por encima de esas cifras orientativas.
Y es que detrás de la imagen de un negocio que funciona prácticamente solo hay una serie de costes que pueden condicionar mucho su rentabilidad. La electricidad, por ejemplo, es uno de los principales gastos, especialmente por el consumo de las secadoras. También tienen un peso importante el alquiler o compra del local, la instalación eléctrica y de fontanería, el mantenimiento de la maquinaria y el sistema de cobro y gestión.
Complemento de la lavadora de casa
El crecimiento de estos establecimientos no significa necesariamente que los españoles estén dejando de tener lavadora en sus hogares. Más bien al contrario: las lavanderías autoservicio han encontrado un espacio como complemento de la lavadora doméstica.
Un edredón, una manta, varias toallas o una gran cantidad de ropa pueden poner a prueba la capacidad de un electrodoméstico convencional. Para determinados clientes resulta más cómodo concentrar toda esa ropa en una máquina industrial y salir del establecimiento con el proceso prácticamente resuelto.
A ello se suman quienes viven solos, parejas, estudiantes, trabajadores desplazados o personas que simplemente prefieren dedicar una hora a la colada semanal en lugar de repartirla durante varios días.
La rapidez es una de las bazas del modelo. En la lavandería de Camposoto, las propietarias calculan que algunos clientes pueden tener listo el lavado y el secado en menos de una hora.
Pero también está el factor espacio. No todo el mundo dispone en casa de sitio para instalar una lavadora de gran capacidad y, mucho menos, una secadora, a menos que sea un aparato que tenga incorporada las dos funciones. Pero en viviendas pequeñas, o simplemente en hogares donde no se quiere ocupar más espacio con electrodomésticos, acudir ocasionalmente a un establecimiento de este tipo puede convertirse en una alternativa.
Seco y Espuma espera atender no solo a los vecinos, también a los militares.
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MANU GARCÍA
"Que lo piensen mucho"
Precisamente por eso, cuando se le pregunta qué recomendaría a alguien que esté pensando en abrir una lavandería autoservicio, Elena Busto es clara: "Que lo piense mucho y lo valore".
Además, las hermanas aseguran que no han llegado a Camposoto con intención de quitar clientes a nadie. De hecho, explican que mantienen buena relación con otras lavanderías de San Fernando, pero también creen que existe espacio para nuevos negocios porque "es un servicio que hace falta".
Ahora toca esperar. Hace apenas dos meses que Lucía y Elena abrieron las puertas de Seco y Espuma. El tiempo dirá si la comodidad, la rapidez, las máquinas de gran capacidad y una ubicación pensada para atender a un colectivo concreto son suficientes para hacer rentable su lavandería.
De momento, las lavadoras ya están girando. Y detrás de ellas, dos hermanas de 20 y 21 años intentan demostrar que también hay sitio para una nueva generación de emprendedores en un negocio que hasta hace no demasiado tiempo parecía sacado de una película americana.
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